Podés apostarque después de eso evité a Christopher en la escuela. Tenía dieciocho años,pero no era ingenua. Si hacés trampa, te llevas un buen golpe. Creo que le dabavergüenza, o tal vez le preocupaba que armara un escándalo, porque no intentóhablar conmigo. Me mandaba mensajes como loco, pero ignoraba mi teléfono. Merodeé de amigos. Les conté que lo había atrapado engañándome, pero no les dijequién era la muy zorra. De todas formas, no me habrían creído.
Hice unademostración valiente, diciéndole a todo el mundo que lo había superado. Peroeso solo era cierto en parte. Quiero decir, habíamos estado juntos principalmentepor el sexo. Todos sabían que Christopher era un idiota. Pero el Señor lobendijo con una verga increíble y los instintos para usarla. Así que, idiotacomo era, definitivamente había terminado con él como novio. Pero hijo de putacomo era, no podía dejar de pensar en él. Mi corazón no estaba roto, pero mi conchano estaba del todo bien. Me obsesioné con el recuerdo de la dicha escrita en elrostro de la Sra. Green cuando dejó que él la rociara.
Si la Sra.Green y Christopher eran capaces de eso, cualquiera podía hacer cualquier cosa,en realidad. ¿De qué era capaz yo? Cuando no estaba en la escuela o con misamigos, estaba reexaminando mis creencias. Ayudada por mi reserva de marihuana,abrí mi mente. Me adentré más en los laberintos de internet. No lo sabía en esemomento, pero me estaba preparando para dar el siguiente paso.
Una noche,justo cuando pasaba el clímax de mi orgasmo, se me ocurrió. Con las piernas aúnabiertas, alargué la mano para revisar mi teléfono. Por millonésima vez,Christopher me había enviado un mensaje ese mismo día diciendo que quería vermeen su casa. Decía que estaba preocupado por mí. Que se joda. Con los dedospegajosos, le respondí por primera vez. Lo vería después de la escuela al díasiguiente. Le escribí que no tenía que preocuparse por mí. Que estaba bien.
Por supuesto,no estaba bien. Mi mente ardía con pensamientos de Christopher y su madre. Ibaa descubrir de qué era capaz.

"Quieroque tu mamá también esté presente en esta conversación." Vi a Christopherponerse de varios tonos de rosa al mencionar a su madre. Nos sentamos en susala de estar. Encogí las piernas debajo de mí en el sofá, me alisé el vestidoy pensé mucho en lo que estaba a punto de hacer. Estaba sobria para esto. Noquería cometer ningún error. También quería estar alerta por si acasonecesitaba salir corriendo de allí y dejar un agujero con forma de Gwen en lapared.
"Yo...eh... no estoy seguro de que ella...", tartamudeó Christopher. Dieciochoaños y tonto como una piedra, pobrecito.
"Andá...traé... a tu... mamá... acá." Puse los ojos en blanco. "¿O querés queme vaya?" Pensar que no hace mucho nos susurrábamos dulces palabras aloído. Qué rápido cambian las cosas.

Se levantó sin deciruna palabra más y salió de la habitación. Un minuto después regresó con la Sra.Green.
"Hola,Gwen. Me alegra verte. Lamento lo de la última vez." Sonrió radiantementecomo si no se estuviera disculpando por haber sido sorprendida acostándose consu hijo.
"Disculpaaceptada." Casi me reí al ver el alivio en sus rostros. Creo queconfundieron mi sonrisa con una muestra de amistad.
"Bien,genial. Entonces, ¿no hay resentimientos?" Christopher se quedó de pieincómodamente junto a su madre, tratando de mantener cierta distancia entreellos. Como si eso me hiciera olvidar cómo se veía su verga mientras golpeabasu vientre cubierto de semen. Como no dije nada, intercambió una mirada con sumadre.
"Mirá, nosé cómo pasó, Gwen. Pero te prometo que algo así no volverá a suceder. Fuesolo... una casualidad." La Sra. Green parecía muy seria. Realmente estabavendiendo su mentira. Sabía con certeza que no había sido una casualidad. Laforma en que se acostaban era como una máquina bien engrasada. Incluso con eltalento de Christopher, eso no se conseguía sin práctica. Mucha práctica.
"¿Podemosolvidarlo?" Christopher parecía muy esperanzado.
"No."Negué con la cabeza.
"Eh...¿qué dijiste, Gwen?" Las cejas de la Sra. Green se fruncieron conconfusión. Era tan bonita que la expresión de su rostro era casi seductora.
"Vamos ahacer lo contrario de olvidar." Mis manos temblaban mientras las sosteníafirmemente apretadas en mi regazo. Mi concha goteaba anticipando lo que estabaa punto de decir. "Quiero verlos haciéndolo de nuevo."
La sorpresa ensus rostros era francamente cómica.
"Mirá, loque Christopher y yo hicimos fue un error. No lo volveremos a hacer." Losojos de la Sra. Green buscaron los míos. Había pensado que tenía la situaciónbajo control, pero se estaba dando cuenta de lo contrario. "Solo creoque..."
"Deje dementir, Sra. Green. No soy estúpida."
"No, porsupuesto que no, querida." Todavía estaba en modo de encubrimiento. No sehabía dado cuenta de que ya era demasiado tarde. "Pero tenés que entenderque paramos. Si esto se trata de castigarnos..." A la Sra. Greenclaramente no le gustaba que yo tuviera la ventaja. Empezaba a sospechar quetenía algún tipo de competencia conmigo. Bueno, jaque mate, cabrona.
“¿Por qué,Gwen?” La expresión en el rostro de Christopher estaba entre la alegría y elpavor. Podía leerlo como un libro. El idiota quería acostarse con su madredelante de un público, pero no sabía cuáles podrían ser las consecuencias.
"Seréhonesta. No puedo sacarme de la cabeza lo que hicieron ustedes dos."Apreté mis manos con más fuerza. No iban a ceder. "No estaría acá si nonecesitara esto. Sé que todavía están haciendo... esas cosas. Puedonotarlo." Respiré hondo. "Solo tienen que hacerlo una vez conmigomirando. Después, no los molestaré más."
"No."La señora Green negó con la cabeza enfáticamente.
"Mamá, talvez deberíamos..." Christopher estaba iniciando una buena erección en suspantalones. Fingí no darme cuenta.
"Absolutamenteno." La señora Green dio un pisotón. Literalmente estaba plantando el pie.Bien, era hora de sacar la artillería pesada.
"¿El señorGreen sabe todo esto?" Mi sonrisa era fría. Esperaba que mis nervios no senotaran.
"No teatreverías." Christopher parecía como si le hubiera apuñalado el corazón.
"Loharía." De hecho, no lo haría. Dios, ¿te imaginas meterte en ese nivel dedrama? De ninguna manera. Pero ellos nunca lo sabrían. "Claro quesí." Apreté la mandíbula con firmeza. Esa era la última palabra sobre eso.
"Deacuerdo", chilló la señora Green. Sus hombros se encogieron. Cualquieraque fuera el juego que se estuviera jugando entre nosotras, yo estabaacumulando puntos. "Vamos a la habitación de Christopher."
Me di cuenta deque Christopher se esforzaba por no saltar de alegría. Qué tonto.
"No."Recordé lo emocionante que había sido cuando Christopher y yo tuvimos sexo enla habitación de sus padres. "Quiero ir a su habitación, Sra. Green.Arriba."
Y así, losseguí escaleras arriba.
Una vez queestuvimos en la habitación con la puerta cerrada tras nosotros, Christophergiró hacia mí. "¿Entonces, nos desvestimos?"
"Sí."Fruncí el ceño mirándolo como si fuera un idiota. Y lo era.

Fue pura magiaverlos quitarse la ropa lentamente. La exuberancia mal disimulada deChristopher contrastaba maravillosamente con la vacilación de la Sra. Green. Enpoco tiempo, ambos estaban desnudos. Me senté con las piernas cruzadas en elsuelo y los miré de arriba abajo. Casualmente, la Sra. Green extendió la mano ydeslizó sus dedos alrededor de la verga erecta de Christopher. No estoy segurade que siquiera se diera cuenta de lo que estaba haciendo. Supongo que algunoshábitos son difíciles de romper.
"Adelante.Hagan como si no estuviera acá." Mi corazón prácticamente se me salía delpecho. Iba a poder verlos de nuevo.
En silencio, laSra. Green se arrodilló, dándome la espalda. Pronto, su cabeza se moviómientras sostenía sus caderas con las manos. Podía oírla murmurar alrededor desu verga. Suaves sonidos de succión llenaron la habitación. Christopher memiró, buscando contacto visual.

"Mirá aotro lado, tonto. Estás arruinando el ambiente." Le hice una mueca.Suspiró y apartó la mirada.
La felaciónduró un buen rato. Observé su culo bien formado mientras se la chupaba. Teníaque admitir que tenía unas curvas increíbles. Me pregunté si mi cuerpo se veríaasí algún día.
"Vamos,mamá." Christopher la levantó. Me emocionó oírlo llamarla"mamá". Una catarata corría entre mis piernas. Mientras se movían ala cama, me levanté el vestido y me bajé la bombacha. Esto era mucho mejor que internet.Christopher se dejó caer de espaldas y su madre se sentó a horcajadas sobre él,dándome la espalda. Me estaba dando una vista estupenda de su culo y su concha.Podía ver la humedad en sus labios mientras se acomodaba sobre él.
"Oh...Chris... cariño, es tan grande." Sus caderas encontraron un movimientorítmico. Se onduló encima de él, con sus manos presionando su pecho.

"Másrápido... mamá." Christopher apretó sus manos en sus caderas. Me desmayéal ver las marcas que sus dedos dejaban en su abundante carne. Deslicé dosdedos en mi concha y me masturbé al mismo ritmo con el que la Sra. Greenmontaba a su hijo. Observé cómo sus gruesos testículos temblaban con lapercusión de sus movimientos. Sabía cuánto semen almacenaba allí. ¡Mierda!, ¿ysi se corría dentro de ella? Tal vez me estaba dejando llevar un poco.


Los gemidos dela Sra. Green se volvieron más insistentes. Sonaba como una verdadera puta.Estaba de espaldas a mí. Su cara estaba oculta por el ángulo de la cama. Ahoraera el momento perfecto. Con mi mano libre, metí la mano en mi corpiño y saquémi teléfono. Tomé foto tras foto de su culo tembloroso. Miré mi teléfono. Esaseran buenas. Metí el teléfono de nuevo en mi corpiño y me puse a trabajar en miconcha seriamente.
"Oh, québueno... qué bueno... eeeeeiiiiiiiiiiii." La Sra. Green empujó su pelvishacia abajo sobre la de él y la mantuvo allí, convulsionando encima de él. Susgritos de placer me llevaron al límite, y yo también llegué al orgasmo.
Cambiaron deposición. Pronto, Christopher estaba detrás de ella. Todavía estaban deespaldas a mí.
"Por muchoque me encante tu culo carnoso, Chris, quiero ver la cara de tu madre mientras lacogés”. Me limpié los dedos en el muslo, contenta por el momento consimplemente mirar. "Dala vuelta."

"Deacuerdo." Sin dejar la concha de su madre, Christopher la dio vuelta.Luego la embistió con esas caderas mágicas suyas, haciendo que su culoondulara. Tenía la cabeza apoyada en la manta, pero yo quería verla arquearsepara él.
"Agarraladel pelo, Chris. Dale con todo." Casi me vuelvo loca viendo cómo ponía losojos en blanco mientras él la manoseaba. Esto era incluso mejor de lo queesperaba. "Decile que es tu puta."
Me miró conojos alterados mientras la penetraba con fuerza. Ella gritaba con cadaembestida, agarrando la manta con fuerza.
"Decilo."Intenté que mi voz sonara severa, pero creo que estaba demasiado excitada paraeso.
"Sos...eh... eh... mi puta... Mamá." Sus músculos se tensaron maravillosamentemientras se movía.
"Sí...oh... sí." La Sra. Green claramente se había olvidado de mí.
"Digalo,Sra. Green." Sonreí de oreja a oreja.
"Soy...ugh... tu puta... Christopher." Realmente lo era.

Los gruñidos deChristopher se convirtieron en un rugido. Estaba cerca.
Por mucho quequisiera verlo rociar a su madre de nuevo, quería más su semen dentro de ella."Decile que vas a eyacular dentro de ella, Chris."
Ni siquieradudó. Todo lo que necesitaba era un pequeño empujón. "Voy a eyacular... adentrotuyo... Mamá."
"Uf...uf... está bien", dijo la Sra. Green. Iba a dejar que su hijo laembarazara. Por lo que había presenciado la última vez, supuse que sería laprimera vez para ellos. Me pregunté si tomaba pastillas.
"Mamá...oh... Mamá... gggggggrrrrrrrrhhhhhh." Su gruñido, el anhelo en la forma enque dijo "Mamá" y las últimas embestidas erráticas de sus caderas,supe que nunca olvidaría nada de eso. Estaba eyaculando dentro de ella, yestaba claro que había provocado su propio orgasmo en respuesta.
Se desplomaronjuntos sobre el colchón, todavía unidos por esa larga verga. Después de unosminutos, las caderas de Christopher volvieron a moverse. No puedo decirte lodelicioso que sonaba ese chapoteo cuando su verga desplazó el semen en suconcha.

Saqué miteléfono y miré la hora. No quería estar ahí cuando el Sr. Green llegara acasa. Ya era suficiente por un día. Me puse de pie, pero estaban tan ocupadosel uno con el otro que no me notaron. Tomé un par de fotos más antes de irme.Esta vez sus caras estaban claras como el día.
Sentí calor yrubor en mi viaje en bicicleta a casa. Fue extraño pedalear con la bombacha tanempapada. Esperaba no rozarme. Cuando llegué a casa, fui directamente a mihabitación, saqué mi teléfono y miré las fotos que había tomado. Dios, eseidiota era dueño de la concha de su madre. Pasé el resto de la tardemasturbándome y mirando las fotos. Finalmente, me arreglé para la cena. Mepregunté si Christopher y la Sra. Green se estaban arreglando para su propiacena, o si seguirían cogiendo. El pensamiento me hizo temblar.

Mientras mesentaba a cenar e intentaba charlar un poco con mi madre, no podía dejar depensar en lo que había presenciado. Sabía que lo que había hecho no habíaaliviado mi obsesión. Solo había aumentado la presión. No iba a dejar que fueraalgo de una sola vez. Iba a ir a casa de Christopher mañana después de laescuela. Tal vez la próxima vez grabaría algún vídeo.
Hice unademostración valiente, diciéndole a todo el mundo que lo había superado. Peroeso solo era cierto en parte. Quiero decir, habíamos estado juntos principalmentepor el sexo. Todos sabían que Christopher era un idiota. Pero el Señor lobendijo con una verga increíble y los instintos para usarla. Así que, idiotacomo era, definitivamente había terminado con él como novio. Pero hijo de putacomo era, no podía dejar de pensar en él. Mi corazón no estaba roto, pero mi conchano estaba del todo bien. Me obsesioné con el recuerdo de la dicha escrita en elrostro de la Sra. Green cuando dejó que él la rociara.
Si la Sra.Green y Christopher eran capaces de eso, cualquiera podía hacer cualquier cosa,en realidad. ¿De qué era capaz yo? Cuando no estaba en la escuela o con misamigos, estaba reexaminando mis creencias. Ayudada por mi reserva de marihuana,abrí mi mente. Me adentré más en los laberintos de internet. No lo sabía en esemomento, pero me estaba preparando para dar el siguiente paso.
Una noche,justo cuando pasaba el clímax de mi orgasmo, se me ocurrió. Con las piernas aúnabiertas, alargué la mano para revisar mi teléfono. Por millonésima vez,Christopher me había enviado un mensaje ese mismo día diciendo que quería vermeen su casa. Decía que estaba preocupado por mí. Que se joda. Con los dedospegajosos, le respondí por primera vez. Lo vería después de la escuela al díasiguiente. Le escribí que no tenía que preocuparse por mí. Que estaba bien.
Por supuesto,no estaba bien. Mi mente ardía con pensamientos de Christopher y su madre. Ibaa descubrir de qué era capaz.

"Quieroque tu mamá también esté presente en esta conversación." Vi a Christopherponerse de varios tonos de rosa al mencionar a su madre. Nos sentamos en susala de estar. Encogí las piernas debajo de mí en el sofá, me alisé el vestidoy pensé mucho en lo que estaba a punto de hacer. Estaba sobria para esto. Noquería cometer ningún error. También quería estar alerta por si acasonecesitaba salir corriendo de allí y dejar un agujero con forma de Gwen en lapared.
"Yo...eh... no estoy seguro de que ella...", tartamudeó Christopher. Dieciochoaños y tonto como una piedra, pobrecito.
"Andá...traé... a tu... mamá... acá." Puse los ojos en blanco. "¿O querés queme vaya?" Pensar que no hace mucho nos susurrábamos dulces palabras aloído. Qué rápido cambian las cosas.

Se levantó sin deciruna palabra más y salió de la habitación. Un minuto después regresó con la Sra.Green.
"Hola,Gwen. Me alegra verte. Lamento lo de la última vez." Sonrió radiantementecomo si no se estuviera disculpando por haber sido sorprendida acostándose consu hijo.
"Disculpaaceptada." Casi me reí al ver el alivio en sus rostros. Creo queconfundieron mi sonrisa con una muestra de amistad.
"Bien,genial. Entonces, ¿no hay resentimientos?" Christopher se quedó de pieincómodamente junto a su madre, tratando de mantener cierta distancia entreellos. Como si eso me hiciera olvidar cómo se veía su verga mientras golpeabasu vientre cubierto de semen. Como no dije nada, intercambió una mirada con sumadre.
"Mirá, nosé cómo pasó, Gwen. Pero te prometo que algo así no volverá a suceder. Fuesolo... una casualidad." La Sra. Green parecía muy seria. Realmente estabavendiendo su mentira. Sabía con certeza que no había sido una casualidad. Laforma en que se acostaban era como una máquina bien engrasada. Incluso con eltalento de Christopher, eso no se conseguía sin práctica. Mucha práctica.
"¿Podemosolvidarlo?" Christopher parecía muy esperanzado.
"No."Negué con la cabeza.
"Eh...¿qué dijiste, Gwen?" Las cejas de la Sra. Green se fruncieron conconfusión. Era tan bonita que la expresión de su rostro era casi seductora.
"Vamos ahacer lo contrario de olvidar." Mis manos temblaban mientras las sosteníafirmemente apretadas en mi regazo. Mi concha goteaba anticipando lo que estabaa punto de decir. "Quiero verlos haciéndolo de nuevo."
La sorpresa ensus rostros era francamente cómica.
"Mirá, loque Christopher y yo hicimos fue un error. No lo volveremos a hacer." Losojos de la Sra. Green buscaron los míos. Había pensado que tenía la situaciónbajo control, pero se estaba dando cuenta de lo contrario. "Solo creoque..."
"Deje dementir, Sra. Green. No soy estúpida."
"No, porsupuesto que no, querida." Todavía estaba en modo de encubrimiento. No sehabía dado cuenta de que ya era demasiado tarde. "Pero tenés que entenderque paramos. Si esto se trata de castigarnos..." A la Sra. Greenclaramente no le gustaba que yo tuviera la ventaja. Empezaba a sospechar quetenía algún tipo de competencia conmigo. Bueno, jaque mate, cabrona.
“¿Por qué,Gwen?” La expresión en el rostro de Christopher estaba entre la alegría y elpavor. Podía leerlo como un libro. El idiota quería acostarse con su madredelante de un público, pero no sabía cuáles podrían ser las consecuencias.
"Seréhonesta. No puedo sacarme de la cabeza lo que hicieron ustedes dos."Apreté mis manos con más fuerza. No iban a ceder. "No estaría acá si nonecesitara esto. Sé que todavía están haciendo... esas cosas. Puedonotarlo." Respiré hondo. "Solo tienen que hacerlo una vez conmigomirando. Después, no los molestaré más."
"No."La señora Green negó con la cabeza enfáticamente.
"Mamá, talvez deberíamos..." Christopher estaba iniciando una buena erección en suspantalones. Fingí no darme cuenta.
"Absolutamenteno." La señora Green dio un pisotón. Literalmente estaba plantando el pie.Bien, era hora de sacar la artillería pesada.
"¿El señorGreen sabe todo esto?" Mi sonrisa era fría. Esperaba que mis nervios no senotaran.
"No teatreverías." Christopher parecía como si le hubiera apuñalado el corazón.
"Loharía." De hecho, no lo haría. Dios, ¿te imaginas meterte en ese nivel dedrama? De ninguna manera. Pero ellos nunca lo sabrían. "Claro quesí." Apreté la mandíbula con firmeza. Esa era la última palabra sobre eso.
"Deacuerdo", chilló la señora Green. Sus hombros se encogieron. Cualquieraque fuera el juego que se estuviera jugando entre nosotras, yo estabaacumulando puntos. "Vamos a la habitación de Christopher."
Me di cuenta deque Christopher se esforzaba por no saltar de alegría. Qué tonto.
"No."Recordé lo emocionante que había sido cuando Christopher y yo tuvimos sexo enla habitación de sus padres. "Quiero ir a su habitación, Sra. Green.Arriba."
Y así, losseguí escaleras arriba.
Una vez queestuvimos en la habitación con la puerta cerrada tras nosotros, Christophergiró hacia mí. "¿Entonces, nos desvestimos?"
"Sí."Fruncí el ceño mirándolo como si fuera un idiota. Y lo era.

Fue pura magiaverlos quitarse la ropa lentamente. La exuberancia mal disimulada deChristopher contrastaba maravillosamente con la vacilación de la Sra. Green. Enpoco tiempo, ambos estaban desnudos. Me senté con las piernas cruzadas en elsuelo y los miré de arriba abajo. Casualmente, la Sra. Green extendió la mano ydeslizó sus dedos alrededor de la verga erecta de Christopher. No estoy segurade que siquiera se diera cuenta de lo que estaba haciendo. Supongo que algunoshábitos son difíciles de romper.
"Adelante.Hagan como si no estuviera acá." Mi corazón prácticamente se me salía delpecho. Iba a poder verlos de nuevo.
En silencio, laSra. Green se arrodilló, dándome la espalda. Pronto, su cabeza se moviómientras sostenía sus caderas con las manos. Podía oírla murmurar alrededor desu verga. Suaves sonidos de succión llenaron la habitación. Christopher memiró, buscando contacto visual.

"Mirá aotro lado, tonto. Estás arruinando el ambiente." Le hice una mueca.Suspiró y apartó la mirada.
La felaciónduró un buen rato. Observé su culo bien formado mientras se la chupaba. Teníaque admitir que tenía unas curvas increíbles. Me pregunté si mi cuerpo se veríaasí algún día.
"Vamos,mamá." Christopher la levantó. Me emocionó oírlo llamarla"mamá". Una catarata corría entre mis piernas. Mientras se movían ala cama, me levanté el vestido y me bajé la bombacha. Esto era mucho mejor que internet.Christopher se dejó caer de espaldas y su madre se sentó a horcajadas sobre él,dándome la espalda. Me estaba dando una vista estupenda de su culo y su concha.Podía ver la humedad en sus labios mientras se acomodaba sobre él.
"Oh...Chris... cariño, es tan grande." Sus caderas encontraron un movimientorítmico. Se onduló encima de él, con sus manos presionando su pecho.

"Másrápido... mamá." Christopher apretó sus manos en sus caderas. Me desmayéal ver las marcas que sus dedos dejaban en su abundante carne. Deslicé dosdedos en mi concha y me masturbé al mismo ritmo con el que la Sra. Greenmontaba a su hijo. Observé cómo sus gruesos testículos temblaban con lapercusión de sus movimientos. Sabía cuánto semen almacenaba allí. ¡Mierda!, ¿ysi se corría dentro de ella? Tal vez me estaba dejando llevar un poco.


Los gemidos dela Sra. Green se volvieron más insistentes. Sonaba como una verdadera puta.Estaba de espaldas a mí. Su cara estaba oculta por el ángulo de la cama. Ahoraera el momento perfecto. Con mi mano libre, metí la mano en mi corpiño y saquémi teléfono. Tomé foto tras foto de su culo tembloroso. Miré mi teléfono. Esaseran buenas. Metí el teléfono de nuevo en mi corpiño y me puse a trabajar en miconcha seriamente.
"Oh, québueno... qué bueno... eeeeeiiiiiiiiiiii." La Sra. Green empujó su pelvishacia abajo sobre la de él y la mantuvo allí, convulsionando encima de él. Susgritos de placer me llevaron al límite, y yo también llegué al orgasmo.
Cambiaron deposición. Pronto, Christopher estaba detrás de ella. Todavía estaban deespaldas a mí.
"Por muchoque me encante tu culo carnoso, Chris, quiero ver la cara de tu madre mientras lacogés”. Me limpié los dedos en el muslo, contenta por el momento consimplemente mirar. "Dala vuelta."

"Deacuerdo." Sin dejar la concha de su madre, Christopher la dio vuelta.Luego la embistió con esas caderas mágicas suyas, haciendo que su culoondulara. Tenía la cabeza apoyada en la manta, pero yo quería verla arquearsepara él.
"Agarraladel pelo, Chris. Dale con todo." Casi me vuelvo loca viendo cómo ponía losojos en blanco mientras él la manoseaba. Esto era incluso mejor de lo queesperaba. "Decile que es tu puta."
Me miró conojos alterados mientras la penetraba con fuerza. Ella gritaba con cadaembestida, agarrando la manta con fuerza.
"Decilo."Intenté que mi voz sonara severa, pero creo que estaba demasiado excitada paraeso.
"Sos...eh... eh... mi puta... Mamá." Sus músculos se tensaron maravillosamentemientras se movía.
"Sí...oh... sí." La Sra. Green claramente se había olvidado de mí.
"Digalo,Sra. Green." Sonreí de oreja a oreja.
"Soy...ugh... tu puta... Christopher." Realmente lo era.

Los gruñidos deChristopher se convirtieron en un rugido. Estaba cerca.
Por mucho quequisiera verlo rociar a su madre de nuevo, quería más su semen dentro de ella."Decile que vas a eyacular dentro de ella, Chris."
Ni siquieradudó. Todo lo que necesitaba era un pequeño empujón. "Voy a eyacular... adentrotuyo... Mamá."
"Uf...uf... está bien", dijo la Sra. Green. Iba a dejar que su hijo laembarazara. Por lo que había presenciado la última vez, supuse que sería laprimera vez para ellos. Me pregunté si tomaba pastillas.
"Mamá...oh... Mamá... gggggggrrrrrrrrhhhhhh." Su gruñido, el anhelo en la forma enque dijo "Mamá" y las últimas embestidas erráticas de sus caderas,supe que nunca olvidaría nada de eso. Estaba eyaculando dentro de ella, yestaba claro que había provocado su propio orgasmo en respuesta.
Se desplomaronjuntos sobre el colchón, todavía unidos por esa larga verga. Después de unosminutos, las caderas de Christopher volvieron a moverse. No puedo decirte lodelicioso que sonaba ese chapoteo cuando su verga desplazó el semen en suconcha.

Saqué miteléfono y miré la hora. No quería estar ahí cuando el Sr. Green llegara acasa. Ya era suficiente por un día. Me puse de pie, pero estaban tan ocupadosel uno con el otro que no me notaron. Tomé un par de fotos más antes de irme.Esta vez sus caras estaban claras como el día.
Sentí calor yrubor en mi viaje en bicicleta a casa. Fue extraño pedalear con la bombacha tanempapada. Esperaba no rozarme. Cuando llegué a casa, fui directamente a mihabitación, saqué mi teléfono y miré las fotos que había tomado. Dios, eseidiota era dueño de la concha de su madre. Pasé el resto de la tardemasturbándome y mirando las fotos. Finalmente, me arreglé para la cena. Mepregunté si Christopher y la Sra. Green se estaban arreglando para su propiacena, o si seguirían cogiendo. El pensamiento me hizo temblar.

Mientras mesentaba a cenar e intentaba charlar un poco con mi madre, no podía dejar depensar en lo que había presenciado. Sabía que lo que había hecho no habíaaliviado mi obsesión. Solo había aumentado la presión. No iba a dejar que fueraalgo de una sola vez. Iba a ir a casa de Christopher mañana después de laescuela. Tal vez la próxima vez grabaría algún vídeo.
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