You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

Anecdota familiar

Raúl el novio de mi mamá nos llevo a conocer su pueblo. El calor en el pueblo de Raúl era insoportable, pero el río lo hacía todo más llevadero. Yo en ese entonces tenia 11 años, solo pensaba en meterme a nadar en el rio. Raúl se puso a beber con sus familiares, y le pidió a su sobrino Fermín que me acompañara al río.
—Llévalo a conocer el rio, fermin. Que se divierta un rato —le dijo, dándole una palmada en la espalda.
Fermín tenia 13 años, pero como era bajo y delgado parecía de mi edad. Tenía una mirada tranquila, pero intensa. Aceptó sin problema.
Mi mamá que estaba un poco molesta con Raúl decidió acompañarnos.
—Voy con ustedes, no me quiero quedar con los viejos —dijo con esa sonrisa que siempre desarmaba a cualquiera. Raúl solo asintió, como si le pareciera la mejor idea del mundo.
Los tres bajamos por el sendero hasta el río. El agua corría clara y fresca entre las piedras. Fermín y yo nos quitamos la ropa sin pensarlo y nos lanzamos al agua en traje de baño. El frío me cortó la respiración, pero era delicioso. Nadamos un rato, salpicándonos y riendo. De pronto, Fermín se quedó quieto en medio del río. Sus ojos se clavaron en la orilla.
Mi mamá estaba allí, de pie sobre las piedras lisas. Con movimientos lentos, se quitó los jeans. El pantalón se deslizó por sus piernascomo una caricia, revelando un short ajustado muy pequeño que apenas contenía sus curvas. Se desabotono la blusa y quedo en top. Sus senos se veían llenos y firmes, la cintura marcada, las caderas anchas y suaves. El sol brillaba sobre su piel bronceada, haciéndola lucir como si estuviera hecha para ser mirada.
Fermín tragó saliva con fuerza. No disimulaba en absoluto.Su mirada era oscura, hambrienta, recorriendo cada centímetro de su cuerpo sin vergüenza. Yo sentí un calor extraño subir por mi pecho al ver cómo la observaba. Mi mamá entró al agua despacio, dejando que las olas le rozaran primero las piernas, luego los muslos, y finalmente la cintura. Cuando el agua le llegó al pecho, soltó un gemido suave y largo:
—Mmm… qué fría… me está poniendo la piel de gallina. Fermín sonrojadose acercó un poco más, con una sonrisa.
—¿Quieres jugar voleibol, tía? Así entra en calor —preguntó con voz ronca, sin apartar los ojos de mi mamá. Ella soltó una risa baja y sensual,mirándolo directamente a los ojos.
—Juguemos, Fermín… quiero calentarme rápido —respondió, mordiéndose el labio inferior con descaro. Me pregunto que si quería jugar con ellos, pero el tonto de mí solo quería nadar.
Empezaron a jugar voleibol en el agua. Yo segui nadando hasta que escuche risas entre ellos, mire lo que pasaba. La pelota volaba entre ellos mientras el agua salpicaba sus cuerpos. Cada vez que mi mamá saltaba para atrapar la pelota, sus senos se movían con fuerza dentro del top. El frío del agua había endurecido sus pezones, que se marcaban claramente contra la tela negra, y Fermín no perdía detalle. En un momento, ella se estiró demasiado y el tirante del bikini se deslizó por su hombro, dejando casi al descubierto uno de sus senos. Fermín se quedó congelado, mirando con la boca entreabierta.
 
—Se te está saliendo… —dijo con voz grave, sin apartar la vista. Mi mamá, en lugar de arreglárselo rápido, lo miró con una sonrisa provocadora y se tomó su tiempo para subir el tirante, rozando lentamente su propia piel.
—Ya conociste a mi “niña”… te gusta? —preguntó con tono juguetón pero cargado.
—Si —respondió Fermín sin dudar, acercándose más a ella en el agua—. Ella rio, pero esta vez su risa sonó más ronca. Se acercó un poco más a él, casi rozando su pecho con el de ella mientras le lanzaba la pelota confuerza. El juego continuó, pero ahora los roces eran más frecuentes. Cuando ella saltaba, Fermín “accidentalmente” ponía las manos en su cintura para“ayudarla”.
En una ocasión, su mano se deslizó un poco más abajo, rozando la curva de su cadera. Mi mamá no se apartó. Al contrario, se quedó un segundo de más pegada a él, mirándolo a los ojos con esa intensidad que hacía que el aire se sintiera más pesado. Yo flotaba un poco más lejos, observandotodo. El corazón me latía fuerte. Ver a mi mamá tan abiertamente dejándose comer por la mirada Fermín, me provocaba una mezcla extraña y caliente de celos vergüenza y excitación. El sol brillaba sobre el agua, el bikini de mi mamá cada vez más pegado a su piel trasparentando sus “niñas”, pensé que ya era suficiente y deje de nadar. Me acerque a ellos y le dije a mi mamá que comiéramos. Pero mi mamá no se puso la blusa, asi comio, mientras el travieso de Fermin comia su sandwich con la boca y con la mirada devoraba las "peras" de mi mamá.
Honestamente Fermín se saco la lotería en ver a mi mamá ensu prime. Y desde entonces supe que a mi mamá le gusta el colágeno.

0 comentarios - Anecdota familiar