El cielo no quiso esperar...







Ya era tarde por la noche. Estábamos acostados con mi marido viendo un capítulo de la serie de Luis Miguel, cuando suena el teléfono. El fijo. 
Creánme cuando les digo que una llamada a esa hora no puede ser nada bueno. 
Mi marido pone pausa y me levanto a atender. Y por supuesto que no se trata de ninguna buena noticia, sino de la peor de todas. Mi tío Carlos había fallecido.
Era mi mamá la que llamaba y pese a lo que tal pérdida significa para mí, no me puse a llorar, al menos no en ese momento, solo regresé al cuarto, le di la fatídica noticia a mi marido y me quedé sentada en la cama, sintiendo que el mundo se derrumbaba a mis pies.
Hacía tan sólo un par de semanas que había estado en su casa, jugando al ajedrez, costumbre que habíamos adquirido luego de que ese maldito accidente lo dejó postrado en una silla.
Como mi tía Edith no estaba, hicimos la apuesta de siempre. Esta vez gané yo, así que dispuesta a cobrar mi deuda, me levanté de la silla, aparté el tablero con las piezas, y sentándome sobre la mesa, de frente a él, me abrí de piernas. 
Inclinando el cuerpo hacia adelante, mi tío me levantó la pollera, me hizo a un lado la bombacha y me pegó una terrible chupada de concha. De esas que eran su marca registrada.
Si el ganador hubiese sido él, yo tendría que haber chupado la pija, aunque conseguir una erección fuese una tarea prácticamente imposible.
Después del accidente mi tío había quedado disminuido de la cintura para abajo. 
Al principio, luego de incontables operaciones, había llegado a usar un bastón, pero con el paso de los años terminó relegado a una silla de ruedas. Ya casi no se le paraba, lo cuál para un cogedor consuetudinario como él, era como estar muerto en vida. Lo que sí, seguía chupando como los Dioses. Aquella vez me hizo acabar con su lengua como tantas otras veces. Ni siquiera llegué a imaginarme que el final estuviera tan cerca.
Creo que nunca conté como fue la historia con mi tío. Si son seguidores de mis relatos seguro están al tanto de que fue el primer hombre de mi vida. Sin embargo, pese a algunas referencias, no he profundizado demasiado en nuestra relación.
No sé bien como es el tema de la edad legal y todo eso, pero para no meter la pata les diré que todo empezó en 1997, nací en el 82 así que saquen la cuenta.
El ya tenía casi cuarenta, pero pese a la diferencia de edad no fue para nada traumático ni violento como puede llegar a suponerse cuando se habla de una relación entre un hombre mayor y una adolescente. Incluso se tomó su tiempo para seducirme, aunque a mí ya me gustaba desde mucho antes.
Mi tío era cantante de tangos. De chica solíamos ir a verlo con toda la familia en diversas presentaciones y me quedaba fascinada con su presencia en el escenario. Incluso mis primeras pajas lo tenían a él como inagotable fuente de inspiración.
Nuestro primer acercamiento se dio en la Nochebuena de ese año. Como siempre se celebraba en nuestra casa, en San Justo. 
Luego del brindis, agarré a mi perrita "Chili" y subí a la terraza para ver mejor la pirotecnia que el resto de la familia hacia estallar en la vereda. Él pareció tener la misma idea, ya que al rato y mientras el cielo se iluminaba con los fuegos artificiales, lo veo subir con una copa de champán en una mano y un cigarrillo en la otra.
-Esto me recuerda a una película...- me dice con la voz pastosa -El protagonista le canta a su amada una canción en una terraza de París, con la torre Eiffel de fondo- entona con su voz de barítono una canción en francés mientras me rodea la cintura con un brazo -estallan los fuegos artificiales y...- se me queda mirando.
-¿Y, que pasa entonces?- le pregunto sintiendo como me tiembla todo el cuerpo.
-Entonces..., la besa- prosigue y me besa a mí. 
Por primera vez siento los labios de un hombre sobre los míos y la sensación me resulta por demás embriagadora. Quiero que siga, que me bese como en las novelas, pero enseguida se aparta y me pide disculpas.
-Perdoname, estoy borracho- me dice y se va, dejándome con las ganas a flor de piel.
Debo decir que a esa edad yo ya era toda una mujer, todavía no había tenido sexo pero ya menstruaba y aunque recién había terminado tercer año, tenía los pechos más voluptuosos de todo el colegio, superando incluso a las de quinto.
Nuestro siguiente encuentro se dio varios meses después, en el cumpleaños de mi tía Edith. Como siempre le dedicó una canción de su autoría, aunque cada vez que cantaba una estrofa romántica, me parecía que miraba hacia donde yo estaba sentada.
Luego de la canción y de la torta, empezó la música y el baile. Él bailó primero con mi tía y luego me sacó a bailar a mí. Y aunque estábamos rodeados de toda nuestra familia, allí, en ese momento y lugar, fue que sellamos nuestro destino.
-¿Y como te va en el colegio?- me preguntó como para romper el hielo.
-Bien, soy la primera de mi clase-
Siempre fui una buena alumna, mis padres jamás tuvieron que preocuparse por mis notas.
-Que bueno, tu novio debe estar contento de que además de linda seas inteligente- me dice y en mis oídos quedan resonando sus palabras diciendo que soy linda.
-No tengo novio- me apuro en aclararle.
-¡¿No?!- me mira sorprendido -¿Que les pasa a los chicos de hoy en día? ¿Acaso no te invitan a salir?-
-Sí me invitan, soy yo la que no acepta-
Todavía no había aprendido a tener el SI fácil.
Se queda pensativo un momento, como evaluando las implicancias de una decisión que habría de trastocar nuestras vidas. Finalmente, tras asegurarse de que nadie nos escucha, se decide y me propone:
-¿Que te parece si en la semana te paso a buscar por el colegio y vamos a dar una vuelta?-
-Sí claro, me encantaría- me apuro en aceptar.
Ahí mismo arreglamos para vernos ese mismo lunes, en la esquina del colegio, una  institución emblemática de San Justo. 
El día en cuestión salgo ni bien toca el timbre y lo primero que veo es su inconfundible Dodge 1500 anaranjado estacionado en la esquina. Todo el fin de semana había estado esperando por ese momento, pero recién entonces me daba cuenta de lo que realmente significaba. Tenía una cita con un hombre, con alguien que en ese entonces tenía edad como para ser mi padre, y que encima estaba casado. Que además fuese mi tío resultaba apenas anecdótico, ya que estaba casado con la hermana de mi mamá, la tía Edith, por lo que nuestro parentesco era solo político.
Para disimular me despido de mis amigas y me voy hacia el otro lado, pero tras asegurarme que ya no hay nadie en la puerta del colegio, vuelvo sobre mis pasos y corro hacia su auto, con el corazón galopándome a mil por hora. 
Me subo y ahí es que sucede. Nos besamos. 
Pero no fue solo un escarceo como aquella vez en la terraza, sino un beso con toda la boca, jugoso y profundo, tanto es así que al separarnos nuestros labios seguían unidos por un hilo de saliva.
-¿Sabés lo que esto significa?- me pregunta luego del beso.
-¿Que estamos enamorados?- sí, alguna vez yo también fui ingenua e inocente.
Durante un tiempo estuvimos viéndonos así, él me pasaba a buscar a la salida del colegio, y estacionando en algún lugar poco transitado, apretábamos dentro del auto. Por mi edad no podíamos ir a un telo, aunque yo ya me moría de ganas de que me cogiera.
Por suerte la oportunidad se nos presentó cuando mi mamá y la tía Edith, viajaron a Santiago del Estero, de donde es originaria mi familia materna, a visitar a mi abuela. Recién entonces pudimos vernos a solas, en su casa, en la forma que tanto deseábamos. Aún recuerdo cada detalle de aquel día. 
Como siempre salí temprano de mi casa, aunque no fui al colegio. Me hice la rata, como me la haría toda esa semana. Me tomé el 55 hasta Primera Junta, que era dónde vivían mis tíos en aquel tiempo, en un departamento sobre la calle Rojas, apenas pasando las vías del tren.
Cuando llegué mi tío Carlos ya me estaba esperando con el desayuno preparado. Café con leche y medialunas. 
Por supuesto ambos sabíamos muy bien lo que iba a pasar entre nosotros, pero no nos apuramos, nos tomamos nuestro tiempo, dejando que el momento llegara por sí solo.
Sentados en el sofá de la sala, el uno al lado del otro, acaramelados, vimos unos videos en donde se lo veía cantando en un programa de tangos en canal nueve. 
-Ahí estás churrísimo- le digo refiriéndome a las grabaciones.
-¿Eso quiere decir que ahora no lo estoy?- repone haciéndose el ofendido.
-Ahora estás más churro que nunca- le aseguro dándole un beso en la boca.
Al separarnos se queda mirándome serio y me dice:
-Sabés lo que va a pasar hoy, ¿no?-
-Sí-
-¿Y querés que eso pase?-
-Más que nada en el mundo- le aseguro.
Entonces se levanta, me toma de la mano y me lleva a su dormitorio. Camino detrás suyo, segura y confiada, enamorada, sabiendo que al volver de esa puerta ya no seré la misma.
Hacía algún tiempo había visto a escondidas unas revistas porno de mis hermanos, por lo que sabía que tenía que chuparle la pija. Por los menos las mujeres de las fotos le chupaban la pija a los tipos con los que cogían. 
Así que al entrar al cuarto, traté de desabrocharle el pantalón, pero él me lo impidió diciéndome que ya habría tiempo para eso más tarde. Entonces me llevó hacia la cama y acostándose conmigo, se dedicó a besarme en la forma más dulce y romántica que ni en mis noches más húmedas pude haber imaginado.
Los besos los acompañaba con caricias igual de incitantes, recorriendo mi cuerpo por sobre la ropa, con especial predilección por mis pechos y mi entrepierna.
-¡Estás empapada...!- exclamó sorprendido al meterme la mano.
No le dije que ya estaba empapada desde que me levanté aquella misma mañana.
Nos sacamos la ropa y les juro que cuando le vi la pija por primera vez, me pareció enorme. Hasta entonces solo se la había tocado a través del pantalón cuando apretábamos en el auto, pero verla así, parada, tan vigorosa y rebosante, me parecía algo fuera de toda proporción. 
Recuerden que era la primera poronga que veía en mi vida, aunque luego, comparándola con la de otros hombres, me daría cuenta que mi tío la tenía de un tamaño muy normal.
Ahora sí me dejó chupársela. Y aunque también era la primera vez que me metía una en la boca, se mostró bastante sorprendido por la habilidad que demostraba. Hasta llegó a preguntarme si ya lo había hecho antes. Por supuesto le respondí que no, aunque no se quedó del todo convencido. 
¿Que puedo decir? Creo que ya nací con ese don.
Luego me chupo él a mí, haciéndome ver el cielo y las estrellas con cada lamida. 
Así como yo tenía un talento natural para chupar pijas, lo de mi tío era la superación de la experiencia.
Sabía dónde y cuándo tocar para provocar esos estremecimientos que me hacían retorcer de placer. Su lengua era el pincel y mi concha el lienzo sobre el cuál delineaba sus trazos más húmedos e incitantes.
Entonces llegó el momento, el que ambos tanto deseábamos, sobre todo yo, claro.
Se me subió encima, me puso la pija en las puertas de mi conchita toda mojada de saliva y flujo, y empujó hacia adentro. 
Pese a mi falta de experiencia al respecto, me daba cuenta que trataba de no hacerme daño, pero le resultó imposible. 
Me dolió, y mucho, pero fue lo más hermoso y placentero que haya vivido jamás, una experiencia única, irrepetible, que te queda grabada no solo en la memoria, sino también en el cuerpo. Lástima que solo suceda una vez.
(Dos si contamos el culo, pero no es lo mismo)
Cuando te desvirgan sentís el rompimiento, hasta te parece escuchar la rotura y luego un fuego que te quema toda por dentro. Te arde y te duele, pero aunque te resulte insoportable, no querés que te la saquen, ya que se trata de un dolor delicioso, un incendio voraz que te complace cuanto más intenso se vuelve.
Cuando quise darme cuenta ya la tenía toda adentro, bien metida, llenándome en esa forma exquisita a la que prontamente me haría adicta.
Ya no era virgen, mi propio tío me había desvirgado, y más allá de los sentimientos que siempre había albergado hacia él, el hecho de que fuera un hombre casado, casi treinta años mayor, y que lo estuviésemos haciendo en su propia cama matrimonial, le agregaba al momento ese morbo que con el tiempo se haría recurrente en la mayoría de mis relaciones. 
Estaba disfrutando esa sensación de sentirme suya en plenitud, como tantas veces había deseado, cuando empieza a moverse, entrando y saliendo en toda su aguerrida extensión, desandando en mi interior el camino hacia la Gloria. 
Me parecía imposible, pero sentía que me entraba mucho más adentro todavía, como si en aquel primer envión no hubiese alcanzado todavía mi mayor profundidad.
No sabía que tuviera tanto espacio adentro, pero él me lo rellenaba con entusiasmo y suficiencia.
Entre quejidos de dolor y placer, me aferré a su cuerpo, con brazos y piernas, adosándome en forma inconsciente a sus movimientos.
Era suya, me sentía suya, en la forma más plena y absoluta en que una mujer le puede pertenecer a un hombre.
Sabía por supuesto que una relación formal entre nosotros sería imposible, no solo por la diferencia de edad, sino también por el parentesco, por lo que desde ese mismo momento estuve dispuesta a ser su mujer en la clandestinidad. Y así lo fui hasta el último día. Hasta que también me convertí en su viuda.
Esa primera vez no llegué al orgasmo, los nervios, la emoción, el entusiasmo me lo impidieron. Claro que él supo acabar por los dos, llenándome de calor y efusividad. 
Recién entonces, mientras sentía la leche derramándose por mis conductos, me di cuenta de decirle que tal vez debimos cuidarnos.
-¿No te preguntaste porque tu tía y yo nunca tuvimos hijos?- me dice luego, en una pausa, mientras enciende un cigarrillo.
No, nunca me lo había preguntado. Me contó entonces de una enfermedad que tuvo de joven y que le había provocado esterilidad.
-Puedo acabarte adentro todas las veces que quiera que jamás vas a quedarte embarazada, no te preocupes por eso-
-Me gusta sentir tu leche adentro- le digo, acariciándome la concha, tapándomela con las manos para que no se me escape ni una sola gota.
La segunda vez que lo hicimos,  acabé como si toda mi vida hubiese estado esperando por ese momento. Recuerdo claramente estar en cuatro, el culito en pompa, con él detrás, bombeándome ahora sí con la seguridad que le daba el haberme desvirgado. 
La pija de mi tío se había amoldado ya a mis dimensiones interiores, y se deslizaba fluida y profundamente, haciendo unos ruiditos húmedos por demás enloquecedores. 
Mientras me cogía, yo me acariciaba el clítoris, tal como él mismo me había enseñado, asegurándome que así el placer sería mucho más intenso. Me tenía bien sujeta de las caderas, entrando y saliendo, acoplando su pelvis a mis nalgas cuando se metía todo adentro. 
-Avisame cuando estés por acabar...- me pedía entre roncos jadeos -Vamos a acabar juntos...-
Cuando siento ya la cercanía del placer, algo parecido a lo que sentía cuando me masturbaba pensando en él pero multiplicado por un millón, se lo digo:
-¡Ya estoy..., ya..., acabo...!- se lo anuncio entre gemidos, sintiendo como el orgasmo, el primero que tendría con mi tío, me galopaba las entrañas.
Acelera en ese último tramo, empujándome todo adentro, como si quisiera sacármela por la boca, y dejándomela bien guardada, me vuelve a llenar de leche. 
Apenas siento el primer lechazo, acabo yo también, uniendo mis jadeos a los que él ya estaba exhalando.
Sin dejar de jadear y gruñir, se queda abrochado a mí, descargando en mi interior una buena provisión láctea, más cuantiosa incluso que la primera.
Ése era mi lugar en el mundo, en cuatro y con la pija de mi tío clavada en la concha, llenándome de calor y placer, haciéndome suya para siempre.
Esa semana cogimos todos los días, ensayando todas las poses sexuales que puedan imaginarse. 
Dudo que al verme salir de mi casa por las mañanas, en jumper y con la mochila cargada de libros, alguien pudiera llegar a pensar que en vez de ir al colegio me iba a garchar con un tipo veinte años mayor. Pero así era. Ése sería nuestro secreto, entonces y siempre.
Aquella fue la mejor época de mi vida, lo digo sin dudarlo, superando incluso a mi propio casamiento y al nacimiento de mi hijo. 
Compartir esos días con mi tío, en su casa, sintiéndome su mujer, representaba el ideal de felicidad que había imaginado desde que me enamoré de él siendo todavía una niña.
Con el tiempo empezamos a frecuentar albergues transitorios, llegando a conocer prácticamente todos los de San Justo.
Me acuerdo que el mismo día de mi cumpleaños número 18, luego de la fiesta que hicimos en casa, le dije a mi mamá que saldría con unas amigas, lo cuál era una excusa para pernoctar con mi tío en un tradicional telo de la zona. Fue el mejor regalo que pude haber recibido.
Cogimos toda la noche. Ninguno se cansaba. Nos echábamos un polvo y ya estábamos listos para el segundo y hasta para un tercero.
Cuando me puse de novia con Ignacio, mi primer novio en serio, creí que lo nuestro se terminaría, quedando como un grato recuerdo de mi adolescencia. Pero volvimos a estar juntos, convirtiendo al bueno de Nacho en la primera víctima de mis infidelidades. Para entonces ya había cumplido los veinte.
Hubo otros novios, otros hombres, pero los encuentros con mi tío siguieron inalterables. Tan intensos y salvajes como cuando era pendeja. Incluso continuaron estando ya de novia con quién sería mi marido, quizás ya no con la frecuencia de antes, pero cada cierto tiempo nos encontrábamos para revivir aquellos días de Gloria.
Luego pasó lo del accidente, la convalecencia y lo que ya saben. Aún así lo nuestro fue inquebrantable. Amantes hasta el final, hasta el último suspiro.
Por todo eso, por nuestra historia juntos, por ser el primer hombre al que amé y que me amó, vaya éste humilde homenaje a mi querido tío Carlos. El verdadero responsable de que exista una "Maritainfiel".










 

22 comentarios - El cielo no quiso esperar...

Desert-Foxxx
Te convirtió en toda una experta la infidelidad.
RPG2525
Gracias por compartir. Sólo tú tienes la habilidad de volver un momento así en algo tan caliente. Lamento tu pérdida.
kramalo
Muy bueno..!! lástima tu pérdida. Te mando un abrazo y mi más sentido pésamo.
No te olvides, que siempre podrás encontrar a otro Tio, no es lo mismo, pero te puede hacer tocar el cielo igual. un Beso.
NaneroE
Transmito mis condolencias x tu pérdida, física xq el señor dejó su huella característica e imborrable en vos. No dejé de leer ni uno de tus relatos, no se si decir q este me gustó x el contexto, pero no x eso está exento de tu impronta tan sensual q eriza todos mis sentidos.Descansa en paz, don Carlos.
Loza_Kyle
Lo siento mucho @maritainfiel minmas sentido pésame!!! Y precioso recuerdo a tu tío hermosa!!! Ya te extrañaba ahora entiendo porque la demora de tu post
RockEater
@maritainfiel, no hay recuerdo mas imborrable que el que se marca en la piel y en la memoria.. seguro tu tio lo supo y disfruto de eso que tenian tanto como vos, eso es inmenso, un abrazo enorme Mari
Omar896
Este relato es sublime
Excelente amiga
Te doy mi pesame por la perdida de tan entrañable hombre que era para vos
celta05
Una genia. Podés relatar con detalle la lujuria, lo pornográfico de la relación y al mismo tiempo se nota la ternura y el amor sincero que sentís. Excelente escritora, mejor amante
Andy_Bauer
Mis condolencias y felicitaciones por haber disfrutado tanto de la relación con tu tío, y él también haber difrutado de vos hasta último momento.
Hoy me levanté y leía los relatos y casi te escribo para ver por qué hacía tanto que no leía nada tuyo.... y después encuentro esto!!! Besos
Pervberto
Es bueno sobrevivir así en las demás personas con la que se compartió la doble llama del amor y el placer. ¡Gracias, Marita, por transformar lo fúnebre en vitalidad!
Bass_07
mi sentido pesame por tu perdida marita, y mira vos, si hice las cuentas bien eras una nena! aunque yo por alguna razon pensaba que habia sido mucho antes jeje
jorgecba339
Lamento mucho tu perdida mariela. Gracias a tu tía sos lo que sos hoy en día.
badboy +1
Mis condolencias y maravilloso relato. Pero yo recuerdo que al inicio contaste tu primera ves en la que tu mamá y tu tia salieron a comprar, tu y tu tío se quesaron cocinando y fuiste al cuarto por in recetario que resultó ser una revista porno y ahí pasó
anitafuck_81
Yo también leí ese relato de la primera vez...
Pero no importa cómo haya sido, nos calentás igual jajaja
Mis sentidas condolencias Mariela 😔
Neotete
definitivamente me dejaría ganar siempre... para chuparte la concha y dejarte temblando las piernas bonita!
van 10, beso Vikingo
navcoin
Se presentia de que tanta ausencia se debia a algo importante, mi sentido pesame por tu perdida y tengas fuerzas para superar esta perdida. Esperramos verte pronto con nuevas aventuras.
Lolopaluka
Una historia muy ardiente me habría encantado haber sido tu tío.
waltate
Que relato Marita y te acompaño en el sentimiento, el mejor regalo que te dejo tu tio es hacerte una experta en el sexo, todos tus relatos son muy bueno y este relato es el mejor regalo que podes hacer a tu tio recordandolo los lindos momentos que pasaron juntos con el, y ese gran hombre lo vas a llevar siempre en tu corazon, y el te va iluminar siempre desde haya arriba, besos Marita
Lujisex
Qué relato....👏👏👏👏👏
38015
Guuuaaauu buenísimo , excelente,,, la verdad te pasaste !!! Creo k todos onla mayoría tenemos algo escondido k nos marca para siempre , felicitaciones..