"Una remodelación en casa, yo una chica de 21 años dulcemente sensual y cachonda, a solas con 7 albañiles en casa durante 4 días, una botella de vodka y pastillas de viagra. Fueron la receta perfecta para un “gang bang” que me dejo exhausta, satisfecha, adolorida y con el culo roto"

Mi nombre es Alexandra, tengo 28 años, mido 1.68 m. Soy de piel clara, tengo el cabello castaño claro, me gusta traerlo largo, me llega hasta la mitad de la espalda, soy delgada, tengo una cara bonita y ojos color café claro me gusta maquillarme y usar labiales rojos. En esta ocasión les quiero relatar una fuerte experiencia que tuve con unos albañiles cuando era una chica universitaria de 21 años. Como se podrán imaginar a esa edad yo estaba en plena flor, tenía bonita figura ya que desde chica me ha gustado hacer ejercicio solo para tonificar mis piernas y glúteos, mis senos medianitos y redondos, mis pezones son rositas y como montañitas. La cintura definida, el abdomen plano y un culito muy bien formado sobre todo cuando uso jeans, se me marcan muy bien mis nalgas levantaditas y al juntar mis piernas se me forma un huequito apretando mi zona intima, tengo piernas estilizadas que me gusta mostrar cuando uso minifaldas pues tengo la piel muy suave. Me gusta ser muy femenina, seductora y vestir provocativa, aunque siempre procurando mantener una buena imagen ante las personas que me conocen.

En aquel entonces yo estudiaba en la universidad la licenciatura en administración, y el semestre había terminado por lo que yo estaba de vacaciones y me la pasaba todo el día en casa. Mis padres estaban divorciados y yo pasaba la mayor parte del tiempo en casa de mi mamá en Zapopan, Jalisco ya que ahí se encontraba la escuela donde estudiaba. Mi mamá trabajaba como enfermera en una clínica, y tenía un horario muy extenso, se iba desde las 7 de la mañana y regresaba aproximadamente a las 8 de la noche.
Un día escuché que mi mamá estaba hablando con un señor, se trataba de un maestro albañil que le habían recomendado para hacer una remodelación en nuestra casa. Mi mamá le dijo que si podía ir al día siguiente por la mañana ya que era sábado y ella descansaría, por lo que podría recibirlo para que le hiciera el presupuesto. Como yo siempre he sido muy vanidosa, al saber que iba a llegar gente a la casa, me levante temprano, me bañe y me peine aplicando una crema para el cabello que me lo deja fresco y con aroma a coco, me vestí muy coqueta con una blusa rosada de tirantes que me quedaba arriba del ombligo, decidí no ponerme sostén porque quería se notaran mis pezones en la blusa, un short vaquero muy pequeño que resaltaba mis nalgas y me puse mis tenis. Por lo que me veía como una jovencita atractiva y fresca.

De pronto escuche que tocaron el timbre y mi mamá me pidió que abriera la puerta. Así que fui a ver quién era y al abrir la puerta vi al Maestro albañil.
—Hola, buenos días, soy Don Felipe. —Me dijo recorriendo mi cuerpo con su mirada.
—Hola buenos días soy Alexa, la hija de la señora que lo llamó. —Le contesté muy dulcemente.
Él era un hombre rudo y fuerte, moreno claro, con barba, de aproximadamente 40 años. Venía acompañado de sus 6 ayudantes, todos ellos de aproximadamente 35 a 38 años, también morenos claros, rudos, algunos tenían tatuajes en los brazos y se podía ver que sus cuerpos estaban curtidos por el trabajo duro. Pude notar que se me quedaron viendo directamente a los senos de forma lasciva, pues mis pezones estaban levantados ya que me acababa de bañar y con el frio se me ponen duritos y muy lindos.
—¿Está tu mamá? —Me preguntó mientras me miraba mis pezones duritos.
—¡Sí, pasen por favor! —Respondí con mi voz de escuincla cachonda.
Los fui guiando hasta la sala mientras caminaba muy femenina contoneando mi trasero pues yo sabía lo que tenía, mi culito se veía hermoso, muy bien formadito. Subí a la habitación de mi mamá.

—Mami ya llegaron los albañiles, los dejé pasar y están esperándote en la sala.
—Ah, está bien hija. Diles que ahorita bajo que, me esperen tantito por favor.
—Dice mi mamá que ahorita baja que, la esperen tantito por favor. —Les dije de forma dulce y coqueta.
—Sí está bien niña, aquí la esperamos. —Todos ellos me estaban cogiendo con la mirada, me puse muy nerviosa y mis pezones se me alargaron levantando la tela de la blusa.
—Hola, buenos días. —Dijo mi mamá bajando las escaleras.
—Hola, buenos días. Soy Don Felipe y ellos son mis chalanes.

—Mucho gusto, yo soy la señora Rocío. —Les dijo mi mamá a los albañiles.
—Usted me comentó que quiere le hagamos una remodelación ¿Verdad? Si gusta decirme que tipo de trabajo necesita que le hagamos, para hacerle el presupuesto. —Les cuestionó Don Felipe.
—Sí, por favor, acompáñenme al patio trasero. —Todos salimos al patio trasero para que mi mamá les explicase mejor.
—Debido a la delincuencia que se está dando en esta zona, me da miedo que alguien pueda saltarse por las bardas del patio. Entonces me gustaría que levanten la barda un metro más y que le pongan alambre de púas. También quisiera que la barda quedara con un acabado igual al que ya tiene, para que no se vaya a ver fea, y que la pinten del mismo color.
—Ah, muy bien señora. Entonces déjeme tomar unas medidas.
El maestro albañil junto con sus chalanes, comenzaron a tomar medidas con una cinta métrica. Al terminar hizo algunas llamadas desde su celular preguntando por precios de materiales. Después de unos minutos le hizo el presupuesto a mi mamá.
—Este tipo de trabajo lo podemos terminar muy rápido, aproximadamente en 4 días y quedaría muy bien. Podríamos comenzar a trabajar el día lunes. —Le propuso Don Felipe a mi mamá.
—Me parece muy bien, entonces aquí los esperamos eh.
Los acompañamos hasta la puerta, yo me fui caminando por delante de ellos disfrutando de sentirme mirada por esos hombres fuertes. Nos despedimos y les dije que los esperábamos el lunes.
Todo el fin de semana me la pasé teniendo pensamientos morbosos sobre las cosas que podría hacer con esos hombres para estarlos provocando durante esos 4 días. Yo había perdido la virginidad desde muy chica y disfrutaba mucho de masturbarme y tener pensamientos eróticos, pues por mis atributos físicos toda mi vida había sido asediada por los hombres y aprendí a disfrutarlo.

Mi mamá me pidió que de favor a partir del lunes estuviera al pendiente de la casa, por si se les ofrecía algo a los albañiles, me reí por dentro ya que yo era quien se les iba a ofrecer. Me comentó que ella dejaría algo de comida para que les ofreciera y dinero por si necesitaba comprar algo.
El día lunes, me levanté muy temprano por la mañana para arreglarme. Quería verme muy sexy, así que me peiné y maquillé. Para vestir elegí unos jeans blancos con rasgaduras al frente y una ligera rasgadura debajo de la nalga derecha, una blusa blanca de tirantes escotada y unos tacones negros y altos. Estaba muy nerviosa y ansiosa por que llegaran, para que me vieran así de linda, arreglada para ellos. De pronto escuché el timbre y abrí la puerta, ahí estaban todos ellos, mis hombre fuertes y rudos a los que había elegido para seducir y sentirme muy deseada, estaba en mi casa y nadie lo sabría. Ellos se me quedaron viendo con mucho morbo, eran miradas sucias, las que recibí directo a mi culito esta vez, pues los jeans blancos y ajustados marcaban mi figura a la perfección y se podía ver mi vagina con sus labios apretados por la tela, las rasgaduras que dejaban ver la piel de mis piernas invitaban a que me tocaran, aunque aún no era momento.

Así que entraron a la casa cargando sus herramientas y yo los guie para que me fueran comiendo el culo con su mirada, pues la tela estaba tan ajustada que me separaba ligeramente las nalgas y las levantaba, llegamos al patio trasero dejaron sus herramientas y comenzaron a descargar de una camioneta algunos bultos de cemento, tabiques, arena y demás material para construcción. Yo me fui a sentar en el sofá de la sala muy sexy, bajé los tirantes de mi blusa, para mostrar un poquito mi sostén y ellos pudieran verme cada que pasaran.
Los albañiles, continuaron con sus labores y más tarde cuando ya iba a ser la hora de la comida, subí a mi habitación para retocarme el maquillaje y peinarme. Estaba muy nerviosa y excitada pues quería seducirlos mostrándoles un poco más de mi cuerpo, me miré en un espejo grande y comencé a tocar mis senos y estimulé mis pezones, frotaba mi vagina pasando mi mano sobre el pantalón ajustado, sentí como lubriqué y mojé mis jeans dejando una pequeña macha de humedad, después metí las manos en mi sostén para levantar más mis senos y que mis pezones quedaran ligeramente visibles, solamente dejé abajo un tirante para que la blusa cayera un poco y se viera mi sostén negro, era una lencería de mi marca favorita victoria´s, bajé y salí al patio para invitarles a pasar al comedor, se sentaron y comencé a servirles en sus platos. Cada que me acercaba a uno de ellos para servirles de comer, me sentía su zorra, les arrimaba mis nalgas hasta sentir mi pantalón rosando con sus brazos, un par de veces deje caer cubiertos al suelo para recogerlos, era el pretexto perfecto para inclinarme y mostrarles mi culito que ya estaba bien mojado, así como mis senos que casi se salían del sostén al inclinarme. Los albañiles no paraban de voltear a verme con miradas morbosas, como si quisieran meter su lengua en mi vagina y comérsela a lengüetadas. Miraban mis senos lascivamente, sentía como mis pezones se endurecían cada que los volteaban a ver.

Esa misma rutina estuve siguiendo los primeros 3 días, cambiando mis looks y siempre ofreciéndoles mi cuerpo en cada oportunidad. Los albañiles ya iban avanzados en su trabajo, los escuché decir que al día siguiente en la tarde terminarían. La casa es de dos pisos y mi habitación esta arriba, así que como estaba un poco aburrida me subí a descansar. En mi habitación hay una ventana en dirección al patio trasero, pude ver a los albañiles sentados platicando y escuche decían cosas muy morbosas sobre mí.
—¡Esa morrita está bien buena!
—¡Sí, dan ganas de meterle la verga bien duro!
—¿Si le viste las tetas güey?
—Sí, no mames me daban ganas de agarrárselas y mordérselas.
—Yo cuando me estaba sirviendo de comer el otro día quería meterle la mano entre las nalgas.
—A mí me dan ganas de romperle su culito.
—Sí, yo se la metería bien duro por atrás.
Al escuchar esos comentarios, sentí miedo pues estaba sola en mi casa y ellos eran 7 hombres adultos, fuertes que estaban deseosos de cogerme, y peor aún ya estaban hablando de cogerme analmente, pues querían reventarme el culo y en ese momento yo no estaba preparada.
Me puse muy nerviosa pero también muy excitada y comencé a tocarme los senos, mis pezones estaban muy sensibles y mi vagina muy lubricada, me ruboricé mucho y me masturbé mientras los miraba a escondidas por la ventana y seguía escuchando todo lo que les gustaría hacerme. En ese momento decidí que quería ser suya, me surgió un fuerte deseo morboso de ser penetrada por todos ellos y que saciaran sus ganas conmigo, deseaba sentirme sumisa y vulnerada.

Esa noche antes de que mi mamá regresara de trabajar, fui a comprar unas cervezas para ofrecérselas a los albañiles al día siguiente y las guardé en mi habitación, después fui a la habitación de mi mamá y busque dentro de los cajones de su recamara, ya que como es enfermera tiene acceso a medicamentos para la impotencia que se trae de la clínica para dárselos a su actual pareja. Después de hurgar en su cajón, encontré unas cajas con tabletas azules, ¡Viagra! Entonces saque 7 tabletas una para cada uno de los albañiles.
Como ya les había comentado soy una chica que ha explorado en su sexualidad muy rápidamente, por tanto, ya me había convertido en una experta practicado el sexo anal con mi novio Eduardo. Así que fui a mi recamara y busqué mi enema para limpieza anal y un plug anal con adorno de corazón que había comprado desde hace unos años. Entre a bañarme y me apliqué varias veces el enema hasta quedar limpia y me puse en el ano un lubricante intimo que siempre traigo en mi bolso, comencé a introducirme el plug en el ano muy suavemente, sentí una punzada, pero fue pasando. Me dormí desnuda con el plug anal dentro de mi ano toda la noche, para estar muy dilatada por la mañana.

Desperté muy cachonda, con las hormonas al máximo pues estaba en mis días fértiles y lubricaba mucho, cada rosé de las sábanas con mi piel era una delicia, me sentía mujer, muy femenina y tan dilatada que ya no sentía el plug en mi ano, pues me había acostumbrado a su grosor. Así que me levanté y me aplique el enema nuevamente para asegurarme de estar limpia, me depile completamente pues soy una mujer muy vanidosa, y me bañe con agua caliente enjabonándome el cuerpo muy sensualmente, me di mucho cariño, me sentía muy excitada. Me puse lubricante en el ano y coloqué de nuevo el plug.
Me puse una crema con aroma a coco que dejo mi piel deliciosamente suave, me puse una tanguita muy erótica color negra de mi marca favorita y decidí no usar sostén ya que me gustaba mucho la forma natural de mis seños, pues estaban muy firmes. Elegí un vestido blanco de tirantes delgados, estaba muy cortito me quedaba a tres dedos debajo de mis nalgas, era de una tela muy delgada y me quedaba muy ajustado mostrando mi figura perfectamente, mis pezones quedaban marcados levantando la tela, hacia lucir mi culito hermoso, y tenía un escote muy pronunciado que dejaba ver en medio de mis senos. Me puse tacones plateados y altos que tenían unos retoques de brillantes. Alacié mi cabello castaño claro y largo. Me maquillé y puse labial rojo, pestañas postizas, mis arracadas de plata 925 y además me puse un perfume muy fino, que solo usaba en fiestas. Quede hecha una princesa, lista para que esos hombres me cogieran brutalmente, pues es lo que buscaba.

Antes de que llegaran bajé a la cocina para preparar carne tártara, pues el día seria caluroso y me pareció que les gustaría comer eso, pues se acompaña muy bien con una limonada.
Estaba tan nerviosa que no tenía ganas de desayunar, absurdamente sentía mariposas en el estómago, me temblaban las manos pues, esos albañiles me verían como los perros ven un pedazo de carne. Fui a la habitación de mi mamá y tomé una botella de vodka que tenía en su cajón. Le di un buen trago con el estómago vacío. Después de unos minutos sentí como mi cara se ponía caliente por el efecto del alcohol, me sentí muy cachonda, mi vagina lubricaba mucho. Sentía un delicioso calor y sensibilidad en mi ano con el plug anal puesto. Unos minutos después escuché el timbre, tomé las cervezas que escondí en mi cuarto y bajé con ellas para meterlas en el refrigerador, después caminé hacia la puerta dejando el aroma de mi perfume por toda la casa. Miré por la ventana y pude ver que eran los albañiles, me estremecí y sentí mucho temor, así que no abrí, fue hasta que tocaron el timbre de nuevo que tomé valor y les abrí. Al verme se quedaron callados, sentí que me estaban devorando con sus miradas morbosas, mis senos se pusieron firmes y sentí como se erizaba mi piel levantando mis pezones tras la tela del ajustado vestido, mi vagina estaba hecha un rio, casi podía sentir sus vergas atravesándome. Les pedí que pasaran y los acompañé de nuevo al patio para que fuesen detrás de mi comiéndome el culo con sus miradas. Llegamos al patio y les comenté que me gustaba mucho el trabajo que estaban haciendo y les pregunté que si ese mismo día terminarían y me dijeron que sí. Se quedarían hasta las 8 de la noche que llegara mi mamá, para entregarle la obra que hicieron y retirarse. Sali del patio para que ellos continuaran con su trabajo y me senté en el sofá de la sala a ver televisión.
Cuando vi que comenzaba a hacer un poco de calor, fui a mi habitación por las tabletas de viagra, yo quería provocar más a esos albañiles, y con esas pastillas sabía que sus vergas se pondrían mucho más duras y mantendrían la erección mucho más tiempo, que les puedo decir era una chica muy cachonda y quería ser cogída durante horas sin parar. Preparé una limonada y la vacié junto con las 7 pastillas en la licuadora, dejé remojar unos minutos para después encender la licuadora y disolverlas perfectamente. Subí mi vestido un poquito más, justamente donde comenzaban mis nalgas y bajé uno de los tirantes del vestido para descubrir un poco mis senos sin que llegaran a verse mis pezones. Servi siete vasos y se los fui llevando a cada uno de los albañiles diciéndoles que se los preparaba con mucho cariño, mientras ellos miraban mis suaves y hermosos senos. También les ofrecí algunas tostadas de carne tártara y comí junto con ellos. Me dieron las gracias y me retiré a mi habitación durante una hora en lo que hacían efecto las pastillas.
Cuando llegó el momento fui a la habitación de mi mamá que está al lado del mío y me llevé la botella de vodka a mi habitación, me serví en un vaso de cristal hasta la mitad, sabía que era demasiado alcohol, y que si lo tomaba se me iba a subir muy rápido ya que no había desayunado, pero yo quería alcoholizarme completamente para no poner resistencia a nada, quería que me cogieran brutalmente e hicieran con mi cuerpo cuanto quisieran esos albañiles sucios y rudos. Así que me tomé el vodka de un trago, a los 5 minutos sentí como se me adormeció la cara y me comencé a sentir muy cachonda y desinhibida, tanto que comencé a tocar mis senos y frotar mis pezones frente al espejo de mi habitación quedaron muy levantados y duros. Baje mis manos para introducir tres dedos en mi vagina lo que me hizo soltar algunos gemidos. Ya era el momento de ofrecerme completamente a esos albañiles, estaba sola en mi casa y mi mamá llegaría hasta las 8 de la noche, me sentí, desprotegida, vulnerable, a merced de esos hombres.
Saqué del refrigerador los dos six de cerveza muy fríos y los deje en mi habitación. Volteé a verme en el espejo y me levanté el vestido descubriendo la mitad de mis nalgas, para ofrecerles una hermosa vista de mi culito bien caliente y lubricado, así como de mis deliciosas piernas de jovencita universitaria. Enseguida con suavidad retiré el plug de mi ano, sentí muy rico cuando salió y vi escurrir lubricante entre mis nalgas, en ese momento creí que mi ano ya estaba listo para ser penetrado violentamente por esas vergas que estarían reventando de gruesas. Me bajé los dos tirantes del vestido, jalé la tela un poco hacia abajo para dejar mis pezones rositas completamente descubiertos, estaban muy duros y sensibles.

Saqué el lubricante vaginal de mi bolsa y lo dejé en la cama. Bajé las escaleras sintiéndome muy alcoholizada y con la vagina mojada. Salí al patio trasero con el corazón latiendo rápido, el abdomen se me contraía de los nervios, estaba frente a los albañiles, podían verme los pezones de fuera y el vestido mostrando la mitad de mi culito.
—Hola chicos ¿Les gustaría descansar tantito para tomarnos unas cervezas? — Les dije con mi voz nerviosa, dulce y cachonda de escuincla, sintiendo mis pezones excitados y descubiertos ante ellos.
—¡Sí, está bien! —Los albañiles no podían dejar de verme los pezones.
—Nada más que, me gustaría que nos las tomáramos allá arriba en mi habitación, es que ahí me voy a sentir más cómoda. —Cuando les dije eso me sentí muy sensible y femenina, estaba invitando a esos albañiles a mi habitación, era mi lugar especial, donde me sentiría cómoda para entregarme completamente a ellos.
—¡Ah! ¡Sí está bien! —Me dijeron recorriendo mi cuerpo con sus miradas.
—¡Si gustan venir, ya tengo las cervezas en mi habitación! —Mi vagina estaba muy caliente y lubricada, podía sentir mi tanguita mojada.
Me di la vuelta y comencé a caminar muy femenina con mi vestido mostrándoles la mitad de mi culito, cuando ya íbamos subiendo las escaleras fui levantando el vestido con mis manos hasta dejar completamente descubiertas mis nalgas. Casi sentía sus lenguas lamiéndome el culo. Llegamos a mi habitación y les di una cerveza a cada quien, la destaparon y comenzaron a tomar. Ya que tenía a esos hombres con su cerveza en mano, me moría de ganas por desnudarme ante ellos, así que me quité el vestido muy lentamente, quedando mis senos completamente expuestos ante ellos, mis pezones nunca los había sentido tan excitados. Me dejé puestos los tacones, me recosté en la cama boca arriba y abrí mis piernas para mostrarles mi zona íntima a esos albañiles vulgares y morbosos. Lo único que me hacía sentir protegida en ese momento era mi tanguita negra que ya estaba completamente mojada.

Continuara
Este relato pertenece a AlexaScarlett en TodoRelatos

Mi nombre es Alexandra, tengo 28 años, mido 1.68 m. Soy de piel clara, tengo el cabello castaño claro, me gusta traerlo largo, me llega hasta la mitad de la espalda, soy delgada, tengo una cara bonita y ojos color café claro me gusta maquillarme y usar labiales rojos. En esta ocasión les quiero relatar una fuerte experiencia que tuve con unos albañiles cuando era una chica universitaria de 21 años. Como se podrán imaginar a esa edad yo estaba en plena flor, tenía bonita figura ya que desde chica me ha gustado hacer ejercicio solo para tonificar mis piernas y glúteos, mis senos medianitos y redondos, mis pezones son rositas y como montañitas. La cintura definida, el abdomen plano y un culito muy bien formado sobre todo cuando uso jeans, se me marcan muy bien mis nalgas levantaditas y al juntar mis piernas se me forma un huequito apretando mi zona intima, tengo piernas estilizadas que me gusta mostrar cuando uso minifaldas pues tengo la piel muy suave. Me gusta ser muy femenina, seductora y vestir provocativa, aunque siempre procurando mantener una buena imagen ante las personas que me conocen.

En aquel entonces yo estudiaba en la universidad la licenciatura en administración, y el semestre había terminado por lo que yo estaba de vacaciones y me la pasaba todo el día en casa. Mis padres estaban divorciados y yo pasaba la mayor parte del tiempo en casa de mi mamá en Zapopan, Jalisco ya que ahí se encontraba la escuela donde estudiaba. Mi mamá trabajaba como enfermera en una clínica, y tenía un horario muy extenso, se iba desde las 7 de la mañana y regresaba aproximadamente a las 8 de la noche.
Un día escuché que mi mamá estaba hablando con un señor, se trataba de un maestro albañil que le habían recomendado para hacer una remodelación en nuestra casa. Mi mamá le dijo que si podía ir al día siguiente por la mañana ya que era sábado y ella descansaría, por lo que podría recibirlo para que le hiciera el presupuesto. Como yo siempre he sido muy vanidosa, al saber que iba a llegar gente a la casa, me levante temprano, me bañe y me peine aplicando una crema para el cabello que me lo deja fresco y con aroma a coco, me vestí muy coqueta con una blusa rosada de tirantes que me quedaba arriba del ombligo, decidí no ponerme sostén porque quería se notaran mis pezones en la blusa, un short vaquero muy pequeño que resaltaba mis nalgas y me puse mis tenis. Por lo que me veía como una jovencita atractiva y fresca.

De pronto escuche que tocaron el timbre y mi mamá me pidió que abriera la puerta. Así que fui a ver quién era y al abrir la puerta vi al Maestro albañil.
—Hola, buenos días, soy Don Felipe. —Me dijo recorriendo mi cuerpo con su mirada.
—Hola buenos días soy Alexa, la hija de la señora que lo llamó. —Le contesté muy dulcemente.
Él era un hombre rudo y fuerte, moreno claro, con barba, de aproximadamente 40 años. Venía acompañado de sus 6 ayudantes, todos ellos de aproximadamente 35 a 38 años, también morenos claros, rudos, algunos tenían tatuajes en los brazos y se podía ver que sus cuerpos estaban curtidos por el trabajo duro. Pude notar que se me quedaron viendo directamente a los senos de forma lasciva, pues mis pezones estaban levantados ya que me acababa de bañar y con el frio se me ponen duritos y muy lindos.
—¿Está tu mamá? —Me preguntó mientras me miraba mis pezones duritos.
—¡Sí, pasen por favor! —Respondí con mi voz de escuincla cachonda.
Los fui guiando hasta la sala mientras caminaba muy femenina contoneando mi trasero pues yo sabía lo que tenía, mi culito se veía hermoso, muy bien formadito. Subí a la habitación de mi mamá.

—Mami ya llegaron los albañiles, los dejé pasar y están esperándote en la sala.
—Ah, está bien hija. Diles que ahorita bajo que, me esperen tantito por favor.
—Dice mi mamá que ahorita baja que, la esperen tantito por favor. —Les dije de forma dulce y coqueta.
—Sí está bien niña, aquí la esperamos. —Todos ellos me estaban cogiendo con la mirada, me puse muy nerviosa y mis pezones se me alargaron levantando la tela de la blusa.
—Hola, buenos días. —Dijo mi mamá bajando las escaleras.
—Hola, buenos días. Soy Don Felipe y ellos son mis chalanes.

—Mucho gusto, yo soy la señora Rocío. —Les dijo mi mamá a los albañiles.
—Usted me comentó que quiere le hagamos una remodelación ¿Verdad? Si gusta decirme que tipo de trabajo necesita que le hagamos, para hacerle el presupuesto. —Les cuestionó Don Felipe.
—Sí, por favor, acompáñenme al patio trasero. —Todos salimos al patio trasero para que mi mamá les explicase mejor.
—Debido a la delincuencia que se está dando en esta zona, me da miedo que alguien pueda saltarse por las bardas del patio. Entonces me gustaría que levanten la barda un metro más y que le pongan alambre de púas. También quisiera que la barda quedara con un acabado igual al que ya tiene, para que no se vaya a ver fea, y que la pinten del mismo color.
—Ah, muy bien señora. Entonces déjeme tomar unas medidas.
El maestro albañil junto con sus chalanes, comenzaron a tomar medidas con una cinta métrica. Al terminar hizo algunas llamadas desde su celular preguntando por precios de materiales. Después de unos minutos le hizo el presupuesto a mi mamá.
—Este tipo de trabajo lo podemos terminar muy rápido, aproximadamente en 4 días y quedaría muy bien. Podríamos comenzar a trabajar el día lunes. —Le propuso Don Felipe a mi mamá.
—Me parece muy bien, entonces aquí los esperamos eh.
Los acompañamos hasta la puerta, yo me fui caminando por delante de ellos disfrutando de sentirme mirada por esos hombres fuertes. Nos despedimos y les dije que los esperábamos el lunes.
Todo el fin de semana me la pasé teniendo pensamientos morbosos sobre las cosas que podría hacer con esos hombres para estarlos provocando durante esos 4 días. Yo había perdido la virginidad desde muy chica y disfrutaba mucho de masturbarme y tener pensamientos eróticos, pues por mis atributos físicos toda mi vida había sido asediada por los hombres y aprendí a disfrutarlo.

Mi mamá me pidió que de favor a partir del lunes estuviera al pendiente de la casa, por si se les ofrecía algo a los albañiles, me reí por dentro ya que yo era quien se les iba a ofrecer. Me comentó que ella dejaría algo de comida para que les ofreciera y dinero por si necesitaba comprar algo.
El día lunes, me levanté muy temprano por la mañana para arreglarme. Quería verme muy sexy, así que me peiné y maquillé. Para vestir elegí unos jeans blancos con rasgaduras al frente y una ligera rasgadura debajo de la nalga derecha, una blusa blanca de tirantes escotada y unos tacones negros y altos. Estaba muy nerviosa y ansiosa por que llegaran, para que me vieran así de linda, arreglada para ellos. De pronto escuché el timbre y abrí la puerta, ahí estaban todos ellos, mis hombre fuertes y rudos a los que había elegido para seducir y sentirme muy deseada, estaba en mi casa y nadie lo sabría. Ellos se me quedaron viendo con mucho morbo, eran miradas sucias, las que recibí directo a mi culito esta vez, pues los jeans blancos y ajustados marcaban mi figura a la perfección y se podía ver mi vagina con sus labios apretados por la tela, las rasgaduras que dejaban ver la piel de mis piernas invitaban a que me tocaran, aunque aún no era momento.

Así que entraron a la casa cargando sus herramientas y yo los guie para que me fueran comiendo el culo con su mirada, pues la tela estaba tan ajustada que me separaba ligeramente las nalgas y las levantaba, llegamos al patio trasero dejaron sus herramientas y comenzaron a descargar de una camioneta algunos bultos de cemento, tabiques, arena y demás material para construcción. Yo me fui a sentar en el sofá de la sala muy sexy, bajé los tirantes de mi blusa, para mostrar un poquito mi sostén y ellos pudieran verme cada que pasaran.
Los albañiles, continuaron con sus labores y más tarde cuando ya iba a ser la hora de la comida, subí a mi habitación para retocarme el maquillaje y peinarme. Estaba muy nerviosa y excitada pues quería seducirlos mostrándoles un poco más de mi cuerpo, me miré en un espejo grande y comencé a tocar mis senos y estimulé mis pezones, frotaba mi vagina pasando mi mano sobre el pantalón ajustado, sentí como lubriqué y mojé mis jeans dejando una pequeña macha de humedad, después metí las manos en mi sostén para levantar más mis senos y que mis pezones quedaran ligeramente visibles, solamente dejé abajo un tirante para que la blusa cayera un poco y se viera mi sostén negro, era una lencería de mi marca favorita victoria´s, bajé y salí al patio para invitarles a pasar al comedor, se sentaron y comencé a servirles en sus platos. Cada que me acercaba a uno de ellos para servirles de comer, me sentía su zorra, les arrimaba mis nalgas hasta sentir mi pantalón rosando con sus brazos, un par de veces deje caer cubiertos al suelo para recogerlos, era el pretexto perfecto para inclinarme y mostrarles mi culito que ya estaba bien mojado, así como mis senos que casi se salían del sostén al inclinarme. Los albañiles no paraban de voltear a verme con miradas morbosas, como si quisieran meter su lengua en mi vagina y comérsela a lengüetadas. Miraban mis senos lascivamente, sentía como mis pezones se endurecían cada que los volteaban a ver.

Esa misma rutina estuve siguiendo los primeros 3 días, cambiando mis looks y siempre ofreciéndoles mi cuerpo en cada oportunidad. Los albañiles ya iban avanzados en su trabajo, los escuché decir que al día siguiente en la tarde terminarían. La casa es de dos pisos y mi habitación esta arriba, así que como estaba un poco aburrida me subí a descansar. En mi habitación hay una ventana en dirección al patio trasero, pude ver a los albañiles sentados platicando y escuche decían cosas muy morbosas sobre mí.
—¡Esa morrita está bien buena!
—¡Sí, dan ganas de meterle la verga bien duro!
—¿Si le viste las tetas güey?
—Sí, no mames me daban ganas de agarrárselas y mordérselas.
—Yo cuando me estaba sirviendo de comer el otro día quería meterle la mano entre las nalgas.
—A mí me dan ganas de romperle su culito.
—Sí, yo se la metería bien duro por atrás.
Al escuchar esos comentarios, sentí miedo pues estaba sola en mi casa y ellos eran 7 hombres adultos, fuertes que estaban deseosos de cogerme, y peor aún ya estaban hablando de cogerme analmente, pues querían reventarme el culo y en ese momento yo no estaba preparada.
Me puse muy nerviosa pero también muy excitada y comencé a tocarme los senos, mis pezones estaban muy sensibles y mi vagina muy lubricada, me ruboricé mucho y me masturbé mientras los miraba a escondidas por la ventana y seguía escuchando todo lo que les gustaría hacerme. En ese momento decidí que quería ser suya, me surgió un fuerte deseo morboso de ser penetrada por todos ellos y que saciaran sus ganas conmigo, deseaba sentirme sumisa y vulnerada.

Esa noche antes de que mi mamá regresara de trabajar, fui a comprar unas cervezas para ofrecérselas a los albañiles al día siguiente y las guardé en mi habitación, después fui a la habitación de mi mamá y busque dentro de los cajones de su recamara, ya que como es enfermera tiene acceso a medicamentos para la impotencia que se trae de la clínica para dárselos a su actual pareja. Después de hurgar en su cajón, encontré unas cajas con tabletas azules, ¡Viagra! Entonces saque 7 tabletas una para cada uno de los albañiles.
Como ya les había comentado soy una chica que ha explorado en su sexualidad muy rápidamente, por tanto, ya me había convertido en una experta practicado el sexo anal con mi novio Eduardo. Así que fui a mi recamara y busqué mi enema para limpieza anal y un plug anal con adorno de corazón que había comprado desde hace unos años. Entre a bañarme y me apliqué varias veces el enema hasta quedar limpia y me puse en el ano un lubricante intimo que siempre traigo en mi bolso, comencé a introducirme el plug en el ano muy suavemente, sentí una punzada, pero fue pasando. Me dormí desnuda con el plug anal dentro de mi ano toda la noche, para estar muy dilatada por la mañana.

Desperté muy cachonda, con las hormonas al máximo pues estaba en mis días fértiles y lubricaba mucho, cada rosé de las sábanas con mi piel era una delicia, me sentía mujer, muy femenina y tan dilatada que ya no sentía el plug en mi ano, pues me había acostumbrado a su grosor. Así que me levanté y me aplique el enema nuevamente para asegurarme de estar limpia, me depile completamente pues soy una mujer muy vanidosa, y me bañe con agua caliente enjabonándome el cuerpo muy sensualmente, me di mucho cariño, me sentía muy excitada. Me puse lubricante en el ano y coloqué de nuevo el plug.
Me puse una crema con aroma a coco que dejo mi piel deliciosamente suave, me puse una tanguita muy erótica color negra de mi marca favorita y decidí no usar sostén ya que me gustaba mucho la forma natural de mis seños, pues estaban muy firmes. Elegí un vestido blanco de tirantes delgados, estaba muy cortito me quedaba a tres dedos debajo de mis nalgas, era de una tela muy delgada y me quedaba muy ajustado mostrando mi figura perfectamente, mis pezones quedaban marcados levantando la tela, hacia lucir mi culito hermoso, y tenía un escote muy pronunciado que dejaba ver en medio de mis senos. Me puse tacones plateados y altos que tenían unos retoques de brillantes. Alacié mi cabello castaño claro y largo. Me maquillé y puse labial rojo, pestañas postizas, mis arracadas de plata 925 y además me puse un perfume muy fino, que solo usaba en fiestas. Quede hecha una princesa, lista para que esos hombres me cogieran brutalmente, pues es lo que buscaba.

Antes de que llegaran bajé a la cocina para preparar carne tártara, pues el día seria caluroso y me pareció que les gustaría comer eso, pues se acompaña muy bien con una limonada.
Estaba tan nerviosa que no tenía ganas de desayunar, absurdamente sentía mariposas en el estómago, me temblaban las manos pues, esos albañiles me verían como los perros ven un pedazo de carne. Fui a la habitación de mi mamá y tomé una botella de vodka que tenía en su cajón. Le di un buen trago con el estómago vacío. Después de unos minutos sentí como mi cara se ponía caliente por el efecto del alcohol, me sentí muy cachonda, mi vagina lubricaba mucho. Sentía un delicioso calor y sensibilidad en mi ano con el plug anal puesto. Unos minutos después escuché el timbre, tomé las cervezas que escondí en mi cuarto y bajé con ellas para meterlas en el refrigerador, después caminé hacia la puerta dejando el aroma de mi perfume por toda la casa. Miré por la ventana y pude ver que eran los albañiles, me estremecí y sentí mucho temor, así que no abrí, fue hasta que tocaron el timbre de nuevo que tomé valor y les abrí. Al verme se quedaron callados, sentí que me estaban devorando con sus miradas morbosas, mis senos se pusieron firmes y sentí como se erizaba mi piel levantando mis pezones tras la tela del ajustado vestido, mi vagina estaba hecha un rio, casi podía sentir sus vergas atravesándome. Les pedí que pasaran y los acompañé de nuevo al patio para que fuesen detrás de mi comiéndome el culo con sus miradas. Llegamos al patio y les comenté que me gustaba mucho el trabajo que estaban haciendo y les pregunté que si ese mismo día terminarían y me dijeron que sí. Se quedarían hasta las 8 de la noche que llegara mi mamá, para entregarle la obra que hicieron y retirarse. Sali del patio para que ellos continuaran con su trabajo y me senté en el sofá de la sala a ver televisión.
Cuando vi que comenzaba a hacer un poco de calor, fui a mi habitación por las tabletas de viagra, yo quería provocar más a esos albañiles, y con esas pastillas sabía que sus vergas se pondrían mucho más duras y mantendrían la erección mucho más tiempo, que les puedo decir era una chica muy cachonda y quería ser cogída durante horas sin parar. Preparé una limonada y la vacié junto con las 7 pastillas en la licuadora, dejé remojar unos minutos para después encender la licuadora y disolverlas perfectamente. Subí mi vestido un poquito más, justamente donde comenzaban mis nalgas y bajé uno de los tirantes del vestido para descubrir un poco mis senos sin que llegaran a verse mis pezones. Servi siete vasos y se los fui llevando a cada uno de los albañiles diciéndoles que se los preparaba con mucho cariño, mientras ellos miraban mis suaves y hermosos senos. También les ofrecí algunas tostadas de carne tártara y comí junto con ellos. Me dieron las gracias y me retiré a mi habitación durante una hora en lo que hacían efecto las pastillas.
Cuando llegó el momento fui a la habitación de mi mamá que está al lado del mío y me llevé la botella de vodka a mi habitación, me serví en un vaso de cristal hasta la mitad, sabía que era demasiado alcohol, y que si lo tomaba se me iba a subir muy rápido ya que no había desayunado, pero yo quería alcoholizarme completamente para no poner resistencia a nada, quería que me cogieran brutalmente e hicieran con mi cuerpo cuanto quisieran esos albañiles sucios y rudos. Así que me tomé el vodka de un trago, a los 5 minutos sentí como se me adormeció la cara y me comencé a sentir muy cachonda y desinhibida, tanto que comencé a tocar mis senos y frotar mis pezones frente al espejo de mi habitación quedaron muy levantados y duros. Baje mis manos para introducir tres dedos en mi vagina lo que me hizo soltar algunos gemidos. Ya era el momento de ofrecerme completamente a esos albañiles, estaba sola en mi casa y mi mamá llegaría hasta las 8 de la noche, me sentí, desprotegida, vulnerable, a merced de esos hombres.
Saqué del refrigerador los dos six de cerveza muy fríos y los deje en mi habitación. Volteé a verme en el espejo y me levanté el vestido descubriendo la mitad de mis nalgas, para ofrecerles una hermosa vista de mi culito bien caliente y lubricado, así como de mis deliciosas piernas de jovencita universitaria. Enseguida con suavidad retiré el plug de mi ano, sentí muy rico cuando salió y vi escurrir lubricante entre mis nalgas, en ese momento creí que mi ano ya estaba listo para ser penetrado violentamente por esas vergas que estarían reventando de gruesas. Me bajé los dos tirantes del vestido, jalé la tela un poco hacia abajo para dejar mis pezones rositas completamente descubiertos, estaban muy duros y sensibles.

Saqué el lubricante vaginal de mi bolsa y lo dejé en la cama. Bajé las escaleras sintiéndome muy alcoholizada y con la vagina mojada. Salí al patio trasero con el corazón latiendo rápido, el abdomen se me contraía de los nervios, estaba frente a los albañiles, podían verme los pezones de fuera y el vestido mostrando la mitad de mi culito.
—Hola chicos ¿Les gustaría descansar tantito para tomarnos unas cervezas? — Les dije con mi voz nerviosa, dulce y cachonda de escuincla, sintiendo mis pezones excitados y descubiertos ante ellos.
—¡Sí, está bien! —Los albañiles no podían dejar de verme los pezones.
—Nada más que, me gustaría que nos las tomáramos allá arriba en mi habitación, es que ahí me voy a sentir más cómoda. —Cuando les dije eso me sentí muy sensible y femenina, estaba invitando a esos albañiles a mi habitación, era mi lugar especial, donde me sentiría cómoda para entregarme completamente a ellos.
—¡Ah! ¡Sí está bien! —Me dijeron recorriendo mi cuerpo con sus miradas.
—¡Si gustan venir, ya tengo las cervezas en mi habitación! —Mi vagina estaba muy caliente y lubricada, podía sentir mi tanguita mojada.
Me di la vuelta y comencé a caminar muy femenina con mi vestido mostrándoles la mitad de mi culito, cuando ya íbamos subiendo las escaleras fui levantando el vestido con mis manos hasta dejar completamente descubiertas mis nalgas. Casi sentía sus lenguas lamiéndome el culo. Llegamos a mi habitación y les di una cerveza a cada quien, la destaparon y comenzaron a tomar. Ya que tenía a esos hombres con su cerveza en mano, me moría de ganas por desnudarme ante ellos, así que me quité el vestido muy lentamente, quedando mis senos completamente expuestos ante ellos, mis pezones nunca los había sentido tan excitados. Me dejé puestos los tacones, me recosté en la cama boca arriba y abrí mis piernas para mostrarles mi zona íntima a esos albañiles vulgares y morbosos. Lo único que me hacía sentir protegida en ese momento era mi tanguita negra que ya estaba completamente mojada.

Continuara
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