Mi timidez y las mujeres de mi familia 33

Mi timidez y las mujeres de mi familia 33




RELATO ANTERIOR: 
Mi  timidez y las mujeres de mi familia 32


http://www.poringa.net/posts/relatos/3127638/Mi-timidez-y-las-mujeres-de-mi-familia-32.html

Mi timidez y mi responsabilidad guiaron mi juventud, hasta que mis tías, mi madre y mi prima y otras chicas me hicieron despertar, pero las circunstancias me abrieron los horizontes.



-        Clara, me muero por desayunar tu coño.



Me miró amorosamente y se horcajo sobre mi cara, sus muslos alrededor de mi cabeza, fue bajando hasta que mi boca quedó pegada a sus labios, mi lengua recorrió toda su raja, el aroma a flores que traía de la ducha fue cambiando a flujo vaginal, el olor a mujer caliente me excitaba al máximo, ella veía como mi polla se balanceaba como la batuta de un director de orquesta, no quiso dejarme abandonado a mi suerte y se inclino sobre mí, aunque mi lengua no alcanzaba ya su culo, seguí con el clítoris y los labios hinchados, mi polla ya tenía dueña, su boca la había hecho suya, , la lamía hasta mojarla de saliva para luego tragarla hasta la garganta, cuando me iba acorrer no le avise, Clara creo que sí que se daría cuenta, pero siguió sin parar, con mis primeras andanadas de leche se atragantó hasta salirle por la nariz,  pero no se interrumpió, siguió tragando semen según le iba inundando mientras yo le mordisqueaba el clítoris, mis últimos espasmos coincidieron con los primeros latigazos de su orgasmo, me abrace a sus nalgas para evitar que escapara y en el máximo de frenesí cayó casi desfallecida entre mi polla y mi pierna, su cara empapa de leche descansaba sobre mis huevos vacios, unos minutos más tarde se incorporó y mirando el reloj salió volando otra vez al baño donde se ducho y volvió a la habitación, con el uniforme puesto se bajó a empezar el día.


Cuando salí eran más de las diez de la mañana, tenía un hambre atroz y después de darme una ducha fugaz me fui para bajo a almorzar.


Al pasar por la habitación de mi prima tenía la puerta abierta, ya casi estaba arreglada para bajar también, me vio y me llamó.


-        Primo espera, solo quería saludarte y darte la bienvenida, no había tenido ocasión de hacerlo.



Ya tenía los labios pintados y además de rojo vivo, pero el beso que me dio en la boca me los calcó del mismo color, se me pegó como una segunda piel y palpándome el paquete me dijo…


-        Manu no creas que me he olvidado de ti y de tu “amigo”, te tengo muchas ganas atrasadas, anda ve y quítate el carmín de la boca o en el bar van a sospechar algo, jajaja.


Tuve que volver a mi habitación y buscar alguna toallita húmeda de mi madre, cuando salí mis labios ya era de color normal pero estaban hinchados de tanto frotar.


Me disponía a almorzar tranquilo, pero las mesas estaban todas llenas, me puse en la barra pero Raquel me dijo que si la podía ayudar a servir, ella me decía donde iba cada plato y yo los repartía, en todas la mesa habían cuatro personas o más, se apiñaban entre ellos, se gastaban bromas, uno de ellos al parecer el más gracioso me puso la mano en el hombro cuando le estaba dejando el plato en la mesa.


-        Manu, te voy a pedir un favor especial, te agradecería que dejaras que a nosotros nos sirviera Raquel, te importa?


No lo acabé de comprender y me excusé…


-        Lo siento, sé que soy novato del todo, pero solo era por ayudar.


-        Sí, eso está bien, no es por ti, es por ella.


Me indicó que mirara a la mesa de al lado donde en ese momento estaba Raquel repartiendo los cafés, lo comprendí enseguida, por el escote abierto de la camisa de la chica se le veían colgar un par de tetas que se perdían en el abismo del canalillo, me puse rojo y los cuatro chicos se pusieron a reír, Raquel nos miró y siguió con lo que estaba haciendo.


Cuando se marcharon, Raquel me preguntó que había pasado con aquellos clientes, le dije que se habían burlado de mí porque había equivocado los platos, nada más, ella pareció creerlo aunque no le gustó.


Casi cuando ya había bajado la marea de almuerzos me senté en una mesa al lado de la ventana, estaba con mi bocadillo cuando por la acera de enfrente vi pasar a una señora con un carrito de la compra lleno, en la otra mano llevaba a un perro, lo habría reconocido entre mil, salte a la calle y grité.


-        Thor, Thor, soy yo, Manu.


El perro se volvió y dio un tirón a la correa que lo sujetaba al carrito, esté se escurrió de las manos de la señora y casi le hace caer, el perro cruzó la calle sin mirar y saltando casi me hace caer hacia atrás, me lamió la cara con su lengua y su hocico húmedo, a la vez que me ladraba cariñosamente, cuando dejé de acariciarlo volví con el perro al lado de la señora, le pedí excusas y me di a conocer.


-        Hola, soy Manu, el hijo de Clara, la chica del restaurante, el sobrino de Julia, perdone pero Thor es mi perro, bueno lo era hasta que me quedé solo.


-        Ah! Ya sé quién eres, bueno tu perro sigue siendo tuyo, yo solo lo cuido y él me cuida a mí, me alegro de conocerte, me llamo Encarna.


-        Casi le tira al suelo, es que va muy cargada.


-        Si ya lo sé, pero ocurre que tenía que haber venido mi hija para ayudarme, pero se ha retrasado.


-        Si quiere le acompaño y le ayudo con el carrito.


-        Pues… gracias, pero la verdad me harías un favor, vivo aquí cerca.


Lentamente, acomodando el paso de la señora fuimos hacia su casa, Thor se enredaba entre mis piernas haciéndome zalamerías, estaba muy contento de volverme a ver, yo también lo estaba.


La casa de la señora estaba muy cerca, pero para subir al ascensor había un tramo de escalera, le subí el carro y me disponía a volver cuando me invitó…


-        Sube a casa y de paso te invito a un refresco y puedes estar un rato con tu perro.


-        Me encantó la idea de jugar con Thor un rato, en el restaurante no había mucho que hacer a estas horas.


Cuando estábamos un rato en casa de la señora Encarna, se oyó la puerta de la casa, unos pasos acelerados y desde el pasillo…


-        Ya estoy aquí mamá, perdona que me haya retrasado.


-        Pasa hija, tenemos un invitado.


-        Al volverme me pareció una alucinación, a ella también le ocurrió lo mismo, nos quedamos sorprendidos, la señora Encarna dijo…


-        Que ya os conocéis?


-        Pues nos hemos conocido en el tren, aunque no sabemos ni nuestros nombres, dijo ella.


-        Es cierto, es imperdonable, le contesté.


Me levante de un salto y me presenté.


-        Hola, me llamo Manu.


-        Hola, me llamo Elvira.


La señora Encarna le contó cómo nos habíamos conocido a través del perro y después de sacar la compra dijo que estaba cansada del susto y quería tumbarse un poco.


Me levanté y me dispuse a irme, Elvira me cogió del brazo y me dijo, no, espera un poco, voy a acostar a mi madre y charlamos un rato.


Cuando se reunió conmigo en el salón me pidió disculpas por no haberme agradecido mi gesto “caballeroso” y no haberse presentado debidamente, yo a la vez también reconocí que salimos demasiado deprisa de la estación, el caso es que al final estuvimos rememorando el episodio de una forma más relajada, incluso como una anécdota.


Me contó que no vivía muy lejos y que era modista, de hecho venía de la ciudad de entregar un vestido que le habían encargado, yo le conté que estaba estudiando y que ahora disfrutaba de unos días de vacaciones con mi familia.


Me explicó que se iba ganando la vida cosiendo, aunque con la crisis todo el mundo se compraba la ropa de confección, pero ella tenía una clientela bastante buena que le permitía subsistir bien, de momento recordó que tenía que hacer un apaño que le había encargado su hija, sacó del bolso un paquete y una carterita con los utensilios de coser, yo quise irme y dejarla tranquila con su tarea pero ella parecía que no acostumbraba tener muchas ocasiones de charlar y me insistió para que me quedara un rato más. 


Acaricié a Thor y se acostó a mi lado.


Me contó mientras abría el paquete que su hija se había comprado por internet un bikini que le gustaba mucho, pues se lo había visto a una famosa en una revista…


-        Hay que ver como son las jóvenes, esto no se puede comprar sin verlo antes, ahora el trabajo es para las madres y menos mal que yo coso, que si no!


Ella iba hablando casi para sí mientras desenvolvía la prenda, me la enseño y me preguntó con dudas qué me parecía.


En verdad era un bikini muy bonito, blanco y de buena calidad, la madre moviendo la cabeza seguía protestando por la compra, yo no lo entendía y le dije que me parecía muy bonito y que era muy de moda, pero ella me explicó el verdadero problema…


-        Si, bonito sí que es y tengo que reconocer que de buena marca y de calidad, es una buena compra, pero mi hija no ha tenido en cuenta una cosa…


Me extendió el sujetador delante de mis ojos y me dijo…


-        Fíjate, ves? En esto no había pensado.


Yo me quede igual, para mí todo estaba correcto, pero ella poniendo la mano en una copa me dijo…


-        Aún no te has dado cuenta?


-        Pues… lo siento Elvira pero lo veo bien.


-        Pues mejor lo verías después de mojárselo, se le trasparentaría todo el pezón!


-        Ah! Pues yo no habría pensado nunca, y que va a hacer?


-        Pues le voy a poner un forro por dentro.


Sin más explicaciones con mucha maestría sacó un trozo de tela blanca y le hizo un forro y lo hilvanó, cuando lo tuvo en una copa me pidió mi parecer…


-        Ves la diferencia? Ahora está mejor.


Yo debí hacer cara de bobo, por lo que un poco impaciente se despasó la camisa y volviéndose de espaldas se soltó el sujetador y se puso el bikini, luego se volvió hacia mí.


-        Qué tal lo ves ahora?


A mi sinceramente me parecían igual, lo que si me fijé que aunque tenía una talla bastante aceptable el bikini le venía grande, por mi cara se dio cuenta…


-        Bueno no te fijes mucho como me queda, mi hija tiene alguna talla más que yo, aunque ya has visto en el tren que no las tengo pequeñas, verdad?


-        Pues… la verdad es que con la tensión del momento no me fijé - le mentí.


-        Pues mira la diferencia,


Se mojó un dedo con saliva y se lo puso en la copa que no tenía el forro aún, mi cara lo dijo todo…


-        Ahora sí que lo has visto claro, verdad?


Tenía marcado todo el circulo del pezón moreno y con la saliva se le había salido escandalosamente...


-        Bueno ya veo que si, a otro no se lo habría demostrado, pero contigo hay confianza y como ya me lo habías visto…


Si me ayudas me lo ajustaré bien.


Yo ya me anime, le pregunté que tenía que hacer y Elvira me dijo que sostuviera las cintas que se anudaban al cuello, ella lo abrocho a la espalda y quedó con las dos manos libres para colocarse los forros en su sitio, se estuvo colocando de diferentes maneras, pero cuando se colocaba uno, el otro se salía del sitio, al fin me pidió que le sujetara uno mientas ella aseguraba el gemelo, con una mano sujetaba las cintas del cuello y con la otra la copa con el forro, en un movimiento brusco que hizo al agacharse, se me soltaron las cintas del cuello y la copa se me cayó dejándome la teta en la palma de la mano, la sorpresa fue para los dos, pero yo no la quité, estuve sosteniéndola como sopesándola esperando sus ordenes, ella mientras estaba ocupada con el otro forro que se resistía, en mi mano notaba como el pezón se iba endureciendo, Elvira aunque un poco mayor que mi madre tenía unas tetas que aunque un poco caídas por la gravedad, seguían duras y suaves, el pezón seguía progresando y llegó a incrustarse entre dos de mis dedos, lo presioné un poco y ella suspiró levemente, volví a apretarlo un poco y dejó lo que estaba haciendo, se me quedó mirando fijamente y cogiéndome la otra mano me dijo…


-        Manu, el otro pezón reclama tus caricias también.


Me puso mi mano sobre su teta ya sin el bikini, con las dos en las manos solo me dijo con voz grave y excitada…


-        Por favor cómemelos, hace mucho que no me lo hacen.


Los levanté y con la boca abierta los fui abarcando, los absorbía y con la lengua los agitaba haciendo que salieran cada vez más, ella estaba quieta frente a mí, saboreando el momento con los ojos cerrados, solo los abrió cuando llamaron al timbre de la puerta, yo solté las tetas que tenían en la boca y en la mano y ella buscó su sujetador y en un abrir y cerrar los ojos se había puesto la camisa.
Desde la habitación de su madre se oyó…


-        Elvira, abre, debe ser tu hija.


Salió corriendo hacia la puerta, y cuando abrió se oyó la voz de una chica joven que saludaba.


Cuando entró donde yo estaba me quedé sorprendido y ella también, a coro dijimos…


-        Hola! Que haces tú aquí?


La chica que había entrado y por supuesto la hija de Elvira era Raquel, la camarera de mi tía Julia, su cara no salía de su asombro, yo reaccioné antes y me fije más en ella, vestida de calle no parecía la misma, era más alta y con su delgadez se notaban mucho más los pechos que llevaba ceñidos en un suéter de pico, el pantalón le sacaba un poco más de culo que el del trabajo y la melena rubia le hacía un conjunto muy atractivo.


Nos explicamos mutuamente la casualidad de encontrarnos y una vez aclarado todo, ella dijo…


Bueno mamá me voy a duchar porque huelo a todas las comidas del menú.


Desapareció como un ensalmo, su madre aún se arregló un poco las tetas dentro de su sujetador, aún se le notaban bastante los dos pezones aprisionados.


Elvira le llamó a la puerta del baño y le dijo algo…


-        Raquel, te estoy arreglando el bikini que te has comprado, vaya desastre, ven que te lo pruebe ahora que has venido.


Raquel al rato salió envuelta hasta el cuello con una bata de baño, su madre le enseño la solución que le estaba dando y a ella no le pareció del todo mala pero tenía sus dudas, volvió al baño y se puso el sujetador que le dio su madre, cuando volvió solo se abrió la bata un poco, lo justo para ver cómo le quedaba, su madre le dijo…


-        Hija así no puedo ver el efecto, no tengas vergüenza que en la playa enseñáis más.


Le hizo bajarse hasta la cintura la bata y pude ver en toda su grandeza el bikini blanco, esta vez lleno de las exuberantes tetas de Raquel, ahora si se llenaba la prenda, incluso se le salían algo por las sisas y por debajo, ella hacía lo imposible para meter la carne dura pero se salía por arriba, estuvo peleando con ellas hasta que se igualaron, yo procuraba no mirar descaradamente, pero Elvira me hizo opinar, con la experiencia vivida hacía un rato le hice la observación experta de que habría que ver la diferencia una vez mojado.


Elvira me miró, había entendido muy bien mi insinuación, en un vaso con agua que había en la mesa metió dos dedos y los pasó por la copa del bikini sin forro, Raquel se estremeció y ante mí se produjo el milagro, el blanco inmaculado se volvió en un circulo negro, más que el de su madre y el pezón empezó a emerger desafiante, su madre me dijo cogiéndole el pezón a Raquel…


-        Ves Manu? Este es el problema, cuando salga del agua se le va a notar todo.


-        Bueno, personalmente no me parece tan mal.


-        No ves que contraste con el blanco?


Diciendo esto aún le apretaba más el pezón a Raquel, aquella protestaba…


-        Mamá, por favor!


-        Bueno, decidido, te pongo el forro, no te parece Manu?


-        Creo que será lo mejor, pero es raro que siendo rubia tenga los pezones tan oscuros.


-        Es que en realidad en tan morena o más que yo, pero le gusta más ir de rubia. Vale Raquel, ya está claro, ah! Ya que estás aquí, pruébate la braguita no sea que tenga que retocarla también.


La chica con cara de resignación volvió al baño y salió con la bata puesta, su madre se la quitó, ya un poco harta.


-        Vamos a ver… esto está mejor, pero vas a tener el otro problema, me entiendes? 


El de siempre…


Raquel dio una pisada de fastidio en el suelo.


Yo estaba embobado admirando el tipazo de Raquel, con las dos prendas no sabía dónde dirigir la mirada, pero Elvira me sacó de dudas.


-        Mira Manu, tú que ves en la braguita de malo?


-        Pues así de momento… de malo, nada.


-        Sí, hombre, el problema aún es peor…


-        Bueno, si se refiere a la transparencia con el agua? Y si es tan morena…


-        Eso está claro, pero fíjate bien. Raquel separa un poco las piernas!


La chica un poco avergonzada, separó las piernas, su madre me señaló la marca que dejaban sus labios en la braguita, tenía un pubis muy hinchado, con unos labios muy carnosos y que le nacían desde muy arriba, estuve a punto de gritar “vaya coño!”, me contuve tragando saliva. Su madre me explicó…


-        El problema como ves es que tienes los labios muy prominentes, en eso tiene a quien parecerse, y siempre se le marcan en las prendas ceñidas, nunca ha podido ponerse legings ni mallas, desde que era muy chiquilla le tuve que depilar el pubis, porque con la mata de vello que tiene parecía que llevaba paquete, fíjate, va toda depilada.


Para demostrármelo le presionaba la pelvis y aún se marcaba más el coño como una segunda piel, Raquel mirando al techo le recriminaba…


-        Mamaaaa,


-        Y eso no es lo peor, agáchate hija, lo va a ver Manu y nos dirá que opina.


-        La chica se agachó volviéndose y mostrando las nalgas, sin ser grandiosas, estaban morenas y entre ellas se escondía la braguita, su madre le separó los cachetes y la braguita se seguía metiendo entre los labios del coño, a un lado se había quedado mal colocado el clítoris, su madre intentó esconderlo, pero no lo hizo bien y aún lo dejó peor, brillaba entre los mofletes del coño juvenil, yo agachado detrás de ella no me atrevía a levantarme, la polla se me había salido del slip y bajaba dura a lo largo de mi muslo.


-        Ale Raquel, ya puedes quitarte el bikini, ya sé lo que hay que hacer.


Esto lo dijo mirándome la polla que marcaba bajo mi pantalón, Raquel corrió al baño y 
salió ya vestida con otra ropa, estaba bonita, ahora me gustaba mucho más que antes.


-        Desde la habitación la señora encarna preguntó…


-        Habéis encontrado alguna solución?


-        De momento hemos visto los problemas, más adelante veremos las soluciones, dijo Elvira mirándome la polla.


Me despedí con una mano en el bolsillo sujetándome el bulto, Elvira me dio un abrazo, se pegó a mi literalmente, Raquel, me dio dos besos en la mejilla, con un hasta mañana, aun sin proponérselo me rozó con sus tetas, la erección me duró hasta el bar.




Continuará.

2 comentarios - Mi timidez y las mujeres de mi familia 33

12345678919881
Estos relatos son de verdad o de fantasia? Van +10
JBares
hacía rat que no se ponía tan bueno. Congrats