Gracias a interbet me cogi mi mama

Les contaré cómo empecé a tener sexo con mi propia madre, lo cual, he de ser sincero, no me pasaba por la cabeza antes de esta experiencia, pero ahora… bueno, ya lo entenderán cuando lean el relato.

Yo me llamo Álex (el cual no es mi verdadero nombre, por supuesto, pero así me nombraré en la historia). En el momento de este relato -hace 2-, tenía yo 18 años. Mido 1.81, soy delgado, un cuerpo normal, no soy musculoso, pero tampoco flaco. Soy más o menos blanco, de cabello castaño claro y ojos cafés. No me considero demasiado guapo, pero sí tengo mi pegue con las chicas.

En cuanto a mi madre, a quien llamaré Diana en este relato, es bastante joven, pues yo nací cuando apenas tenía ella 21 años. Si saben matemáticas, se darán cuenta de que ella tenía 39 años en este relato. De físico es realmente hermosa. Es blanca, con cabello rubio oscuro, lacio, largo, ojos cafés claros, delgada, con senos no muy grandes, copa B, pero con piernas torneadas y un culito de buen tamaño, además de levantadito, en fin, es bastante guapa. Cabe decir que mi padre y ella se divorciaron desde hace más de 10 años y él poco nos visita a mí y a una hermana cuatro años menor que yo.

Como decía, yo personalmente no veía a mi madre con mirada lujuriosa o lasciva. Sabía que era una mujer bella, pero hasta ahí. No me excitaba al verla, ni algo por el estilo. Estaba pasando por una etapa dura, porque al haber entrado apenas a la universidad, a estudiar ingeniería, me daba poco tiempo y por lo mismo, mi vida social estaba muy apagada. No tenía novia y ni tiempo de buscar, y aunque tenía posibilidad con una compañera de la escuela, ni ella ni yo teníamos tiempo para ello.

Una vez, haciendo una de mis tareas, me sentí algo agobiado. Eran las 12:30 de la madrugada aproximadamente y seguía despierto tras como 3 horas de quehaceres escolares. Había terminado un trabajo que debía entregar al día siguiente y todavía faltaba otra tarea, menos labiorosa, pero al fin pendiente. Para “descansar” un poco, intenté entrar a un chat, a los cuales ya había recurrido antes, pero siempre sólo por aburrimiento, no era yo muy dado a esto. Entré a una sala de personas de mi edad, pero había pocas chicas y con la que logré hablar, era muy aburrida y me salí. Como no deseaba todavía recomenzar con los deberes, intenté en otra sala. Vi que una que decía “30 ó más” tenía bastantes participantes y decidí entrar.

Me puse como nick “Inge_00” (de “Ingeniero”), lo del número sólo fue para lograr entrar, pues “Inge” solo ya estaba ocupado. Efectivamente, había allí más mujeres, aunque todas maduras, pero para pasar el rato, no estaba mal. Después de algunos intentos, finalmente una me contestó, su nick era “Acuario_70”. Empezamos a platicar y fue algo ameno. Yo mentí diciéndole que era un solterón de 31 años, mientras que ella me dijo que era una divorciada de cerca de 40 años, pero no me reveló su edad exacta; además, olvidé preguntar de dónde era.

Luego de platicar un rato, queriendo calentarme un poco, pregunté sobre su soledad y si tenía sexo con alguien. Al inicio como que dudó y pensé que se había ido, pero luego me respondió que su vida sexual no era tan activa como ella quisiera y que tenía cerca de seis meses sin sexo, sin revelarme con quién había sido. Yo por mi parte, le dije que me encantaban las mujeres de su edad y de cuando en cuando, tenía algún encuentro con chicas mayores que yo.

Luego de un rato, dijo que debía irse a dormir, y aunque me comentó que ella no tenía messenger, hacía poco se había aficionado a ese chat y entraba ahí bastante seguido más o menos a esas horas y que si la veía, podría hablarle sin ningún problema. Extrañamente me dio energía eso, para terminar mi tarea pendiente y así lo hice.

A la siguiente noche, no pude entrar al chat, estaba muerto de cansancio, pero un día después, sí lo hice. Y efectivamente ahí estaba ella, con el mismo nick así que la contacté de inmediato y ella me recordó. Empezamos a platicar, y ya que le tenía algo de confianza, le mentí, diciéndole que el día anterior no había entrado porque había ido a tener sexo con una chica. La vez pasada, ella se había mostrado reservada, pero ahora, me pedía detalles. Según yo, había tenido sexo con una mujer de 35, en mi apartamento y habíamos gozado de lo lindo. Al terminar mi relato imaginario, ella escribió: “me habría gustado ser ella”.

- No estaría mal – le escribí yo.

- De hecho – respondió ella – me encantaría estar ahí contigo en ese momento.

Era evidente que se estaba poniendo cachonda. Mi relato la había calentado y yo también lo estaba, por supuesto – ¿y qué haríamos? – le pregunté yo, como queriendo que ella iniciara – pero primero dime cómo eres y cómo vistes, para imaginarte.

De su físico me dijo poco, sólo que era rubia, con cuerpo normal y delgado. Olvidé rápido eso cuando me confesó que estaba desnuda, pues se había tocado durante mi relato. Eso me puso a mil y empezamos el cybersexo. De inmediato relató cómo me comía la verga y luego “hicimos” un 69, para después imaginar que la cogía de perrito y algunas otras posiciones. Según ella no le gustaba el anal, pero en la fantasía terminamos haciéndolo por ahí también. Me aseguró que era el mejor orgasmo que había tenido en años, y luego de platicar unos minutos más, me dijo que tenía que despedirse, pero que deseaba hablar conmigo de nueva cuenta. Yo la insté a que activara una cuenta de messenger y me comentó que iba a hacerlo, además me avisó que hasta el martes (era jueves) regresaría al chat.

Debo confesar que anteriormente, cuando era más chico, sí había tenido cybersexo, pero nunca como en esa ocasión. Esa sensación había sido mejor que algunas cogidas que había dado y con ello, esperé impaciente el martes. Llegó el día y en la noche, entré de nueva cuenta al chat. Ella no se encontraba y pensé que me había mentido o algo así, pero tuve paciencia y pocos minutos después entró, con el mismo nick de antes. Yo para ese momento había sacado otro messenger, pues ya que estaba mintiendo, pues en el msn también tenía que ser de mi “personaje” inventado. Cuando empezamos a platicar, ella me confesó que se había masturbado dos veces más esa noche, imaginando que estábamos juntos y, para mi alegría, me dijo que sí había sacado el messenger, así que minutos después, ya estábamos hablando por esa vía.

Por supuesto, volvimos a tener un delicioso cybersexo, y al terminar, ella me preguntó lo que yo había olvidado preguntar antes – ¿de dónde eres, Iván (era mi nombre ficticio al charlar con ella)?

- De Chihuahua, ¿por qué?

- ¿En serio? ¡Yo también! – y no podía creerlo. La mujer con la que había tenido un delicioso cybersexo en par de ocasiones, vivía en la misma ciudad dónde yo. Al principio dudé, y se lo hice saber, necesitaba una foto para comprobar que realmente no era una broma. Ella me aseguró que se sacaría una foto sexy y me la enviaría a mi correo, y yo prometí devolverle el gesto si eso pasaba.

A la tarde siguiente, mientras tenía un descanso en la universidad, abrí mi internet en mi laptop y veo que hay un correo de ella. Y efectivamente hay tres fotos. Ninguna tenía su rostro, pero mostraba su bello cuerpo. Dos eran con una ropa interior muy sexy, que dejaba poco a la imaginación y en la otra estaba totalmente desnuda. Aún tenía mis dudas, pero me olvidé de ello rápido porque me pareció muy raro. Ella se había tomado las fotos en el baño y el azulejo de la pared era exactamente igual al que tenía mi madre en su baño (ella tiene su baño y mi hermana y yo el nuestro). De cualquier forma no se apreciaba muy bien, y pensé que era una coincidencia. Yo respondí el mensaje diciéndole que le enviaría mis fotos en breve. Y así hice, porque en cuanto llegué a la casa, me desnudé, y al igual que ella, tomé fotos de mí, pero sin mostrar mi rostro. Ya en la noche, ella no se conectó, pero en la tarde que revisé mi correo, ella había respondido con otra foto. El texto decía: “te deseo con locura, quiero que me poseas”. La foto estaba en archivo adjunto, pero no la abrí porque debía irme a clases.

Llegué a casa y mi madre estaba en la cocina. Cuando la vi de frente, mi mente rápidamente recordó la fotografía desnuda de “Acuario” (que así la llamaba yo). Me fijé en su cuerpo y era muy similar al de esa fotografía, aunque tal vez era mi imaginación y empecé a hablar para olvidarme de eso – te ves contenta mamá – le dije.

- Oye Álex ¿te enojarías si consiguiera un novio? – me preguntó, y me sacó de onda totalmente la pregunta – tú ya estás grande y pronto te vas a conseguir una mujer y vas a irte, y tu hermana ya no es una niña, no quiero quedarme sola.

No supe qué decirle al inicio, pero luego me suavicé – no me molesta, si tú quieres tener novio, está bien. ¿Por qué la pregunta?

- No por nada, no te preocupes – me dijo y volvió a lavar los platos, que era lo que estaba haciendo. Yo me fui a mi habitación y me decía a mí mismo que era imposible que me hubiera ligado a mi madre por internet. Recordé la fotografía y encendí mi laptop para verla. De nuevo, no se veía el rostro, pero era muy cachonda. “Acuario” estaba desnuda, con las piernas abiertas, dedeándose su conchita. En su otra mano tenía un papel y decía: “me toco pensando en ti, Iván”, lo cual hacía real la fotografía. Lo primero que hice fue ver su cuerpo detenidamente, y efectivamente, era muy similar al de mi madre. Además podía verse su cabello y era de la misma tonalidad – mi mamá es una guarra – me dije viendo esa foto y me calenté, por lo que de inmediato empecé a masturbarme, mi mente me hizo imaginarme que me cogía con locura a mi madre y que ella disfrutaba.

Por supuesto, aún no estaba seguro, pero parecía muy probable. En nuestro próximo encuentro por msn ella me pidió que nos viéramos, intenté darle evasivas, pero fue inútil, quedamos en hora y lugar. Sería afuera de un restaurante “Salads” de Plaza San Águstín (los que vivan en Chihuahua, México, sabrán dónde está). Evidentemente, no iba a comer con ella. Primeramente porque le había mentido, y en segundo, porque podría ser mi madre. Antes de despedirnos, le pedí un nuevo cybersexo y ella accedió con gusto. Fue tan y más delicioso que antes, tal vez porque la imaginé como mi madre y eso causó más excitación en mí, pero ella al final coincidió en que fue un cybersexo riquísimo.

El día de la cita, llegué un poco tarde, a propósito y entré a la plaza por el lado contrario del restaurant. Me acerqué un poco, sin que ella me viera, y sí, quedé shockeado. Mi madre estaba con una minifalda que le quedaba increible, con medias en sus piernas torneadas y una blusa roja (tal y como me había prevenido para reconocerla) que le quedaba genial. Mi pene reaccionó, pero no pude acercarme, por supuesto, y me fui. Al llegar a la casa, me pajeé tres veces seguidas.

Mi mamá llegó poco después, triste y me sentí muy culpable, pero no podía haberme aparecido ahí. En la noche, entró al msn e intenté platicar con ella. Me ignoró al principio, pero sabía que si había entrado al messenger, era por algo e insistí, al fin me contestó. Le confesé que no era un hombre de 31 años, sino alguien de apenas 18. Para mi sorpresa, ella me dijo que no le importaba y que habría salido de todas formas conmigo. Luego de eso tuvimos otro cybersex, mejor que los anteriores. Ya no me importaba que fuera mi madre. Pero seguro que a ella sí, así que tenía que estar seguro antes de subir a su habitación y hacerla mía de verdad.

- Acuario – le dije – ¿en verdad seríamos amantes sin importar mi edad?

- Claro amor – me respondió ella – tenemos gran química.

- ¿Y si yo te resultara alguien conocido?

- No me importaría – me dijo ella – no me importa quién seas, quiero estar contigo.

- Te aseguro que no lo soy – le escribí – pero en un caso hipotético de que fuera tu sobrino, seríamos amantes?

- ¿Qué más quieres que te diga? Sería tu amante aunque fueras mi sobrino, mi primo o lo que fueses.

- ¿Qué tal tu hijo, Diana? – y por cerca de un minuto, no dijo nada. Ya no me importaba lo que había pasado, total, ya estaba muy lejos – ¿estás en serio? – me dijo, pero yo dejé la laptop y subí a su habitación. La encontré desnuda, mientras yo estaba con mi ropa interior. Ella me vio, pero no se escondió ni nada, sólo agachó la mirada – sé mía – le dije y me acerqué y la besé. Ella no se resistió y luego su lengua me correspondió – déjame ser tu hombre.

- Pero somos…

- Somos amantes – no la dejé terminar y la besé otra vez. Ella ya no se resistió – sí, somos amantes – me dijo y me bajó el boxer para chupármela, tal y como en el cybersex, pero, por supuesto, mil veces mejor. Su lengua pasaba por toda mi verga y luego se la metía a su boca para chuparla toda. Yo la tomé de la cabeza y prácticamente empecé cogerle la boca. A ella no le molestó y no tardé en venirme en su boca. Se levantó y se tragó el semen con una mirada de viciosa de cuidado, nos tumbamos en la cama y seguimos acariciándonos. Hasta que me pus encima de ella y le abrí las piernas para finalmente penetrarla. Estaba tan mojada que no me costó trabajo entrar y empecé a cogerla.

Ella gemía y me decía cosas como : “sí, más, házmelo amor, te amo” y cosas así. Yo no reparé en que mi hermana podía escuchar algo, pero tampoco me habría detenido. Mientras la cogía, chupaba sus senos, y eso la hacía gemir más. Le puse sus tobillos en mis hombros y seguí cogiéndola rico, aunque después de un rato ella quiso estar sobre mí. Me cabalgaba con ganas y veía como sus senos brincaban, mientras yo le acariciaba sus piernas. Luego ella se volteó, dándome la espalda y pude ver su hermoso culito de frente. No me resistí y empecé a acariciarle el ano. Ella se detuvo un momento y me dijo que no le gustaba por ahí, pero no le hice caso y seguí frotando ahí. Ella siguió moviéndose, y gemía más, claro que le estaba gustando. Luego la puse en cuatro patitas y seguí cogiéndola. No me pude resistir y le di un par de nalgadas – perdón – le dije yo institivamente – no importa amor, hazme lo que quieras.

- Entonces serás mi putita ahora, Diana – le dije yo, un poco en broma – sí, soy tu putita, mi amor – me respondió, sonriendo, tampoco muy en serio, pero eso me puso más caliente todavía y le avise que iba a venirme pronto. Ella se salió de inmediato, asustada. Me dijo que no quería algún accidente y yo pensé rápido – pues eres mi putita, ¿no? – la volví a poner en cuatro patas y le acaricié el culito. Ella me pidió que no hiciera nada por ahí, pero no hice caso y ya cuando la tuve lubricada le puse mi verga en su entradita – por aquí no te voy a embarazar, Diana.

- Por ahí no, amor – me pidió en voz baja, para que no se hiciera gran escándalo. Yo no quise escuchar y poco a poco se la fui metiendo. Ya había hecho un par de veces sexo anal con una chica, pero ahora estaba más exitado que nunca. Pronto le metí la mitad de la verga y empecé a moverme. Ella se quejaba pero pronto empezó a gemir – no pares – me dijo quedito y claro que no lo hice, al contrario, la cogí lo más rico posible hasta venirme dentro de su culito.

- Te amo – me dijo ella antes de dormir juntos por primera vez. Ahora ya es habitual. Mi hermana creo que sospecha algo, pero nunca ha dicho nada, tratamos de tener cuidado, pero somos muy cachondos y tenemos buena química, somos amantes y espero que lo seamos por mucho tiempo.