Antes que nada avisar de que es un relato totalmente inventado.

Yo era un chaval de 18 años cuando ocurrió lo que os voy a contar, aunque por entonces ya había tenido varios acercamientos con las chicas de mi edad, yo todavía era virgen y, por lo tanto, estaba obsesionado con la idea del sexo.

Mi tía, en aquella época hacía unos dos años que se había divorciado y en todo ese tiempo no había estado con ningún hombre, ella tenía 39 años, era la hermana pequeña de mi madre, y para ser sincero, se conservaba muy bien para su edad, tenía cierto atractivo, incluso para mí, el chavalito de 18 años.

Mis padres de vez en cuando la visitaban para pasar el rato y hacerle compañía y, en ocasiones, se llevaban a mi hermana mayor con ellos o a mí. En una de esas visitas a casa de mi tía yo me quedé viendo la tele mientras mis padres y ella tomaban un café y hablaban de sus cosas, cuando mis padres dijeron de irnos yo estaba tan enganchado a la película que estaban emitiendo que les dije que después tomaría el autobús para volver a casa y me quedé allí. Mi tía, como no tenía mucho que hacer también se quedó viendo la película que estaba viendo.

Y entonces llegó un momento en la película en la que los protagonistas hacían el amor y no pude evitar excitarme, mi pene se puso duro e intenté disimularlo, pero ya era tarde, mi tía se dio cuenta, además, yo me había puesto rojo como un tomate.

Mi tía bromeó- Parece que te gusta eso, ¿eh?, pillín.

Yo me quedé callado mirando al suelo muy avergonzado.

-Seguro que ya lo has hecho con las chicas de tu edad, ¿tienes novia?- continuó ella.

-N..n..nn…no…- dije yo costosamente

-¿Cómo que no? Con lo guapo que tú eres tienes que haberte ligado ya a medio instituto.

-No… no he ligado con… ninguna… ch… chica aún – dije yo

-No me lo creo- dijo mi tía- ¿todavía no has tenido relaciones sexuales? Creía que a tu edad ya tendrías experiencia, pero bueno, no pasa nada, cada uno a su tiempo, no hay prisa para estos temas. Yo perdí la virginidad a los 22 años.

-¿En serio?- pregunté yo intrigado

-Sí, estaba decidida a llegar virgen al matrimonio, pero al final caí, y si quieres que te diga la verdad, no me arrepiento, el sexo es una sensación maravillosa, lástima que desde que me pusiese los cuernos el cabrón aquél no haya tenido contacto con ningún otro hombre.

-Tía… m… me… me gu…. Gustas mucho- dije yo asombrado por mis palabras

-¿queeeeeee?

-Que me gustas, tía.

-Pero ¿cómo puedes decir eso Saúl? ¿acaso quieres que tú y yo…?

-No sé, pensé que como tú llevas tiempo sin hacerlo y yo quiero dejar de ser… virgen…

-Pues no sé Saúl, yo soy tu tía, tú eres muy joven y no me parece bien, además, ¿qué dirían tus padres si se enterasen? Dejarían de hablarme.

-¿Por qué iban a enterarse? ¿Se lo dirías tú?

-Hombre, obviamente no, pero no sé, es cierto que estoy deseando encontrar un hombre que me dé caña pero no esperaba que fuese mi sobrino de 18 años. Aunque viéndolo así me da mucho morbo.

-¿Morbo? ¿Qué es eso?

-¿No lo sabes? Pues morbo es que me excita mucho eso porque es algo que sé que no debo hacer.

-Ah, pues anda que a mí, solo hace falta mirar mi cosita.

-Ya veo, ya. Jajaja.

Entonces mi tía se acercó a mí y empezó a acariciarme el pene por encima del pantalón.

-¿Te gusta?

-Me encanta, estoy superexcitado.

Y me plantó un beso en todos los morros mientras seguía acariciándome el pene sobre el pantalón.

-Tócame tú también, acaricia mi cuerpo, mis tetas, mi culo…

Hice lo que me pedía aunque torpemente, éramos dos personas de 21 años de diferencia que se estaban acariciando y besando sensualmente, me metió la lengua en la boca y se sentó sobre mi polla que estaba a punto de reventar dentro de mis calzoncillos. Con sus manos fue guiando mi cabeza para que besase su cuello, mientras ella empezó a desnudarse hasta que se quitó por completo la parte de arriba y empecé a jugar con sus tetas, aproveché también para quitarme mi camiseta y poco a poco el juego se fue poniendo más caliente.

Metió su mano dentro de mi calzoncillo y me sentí como en la gloria, estuvo unos instantes acariciándomela y luego me quitó los pantalones y los bóxers para acabar metiéndose todo mi miembro en su boca.

Estaba en el paraíso, estaba sintiendo una sensación de placer que jamás había sentido, entonces se desnudó ella por completo y me llevó la cabeza hasta su velluda entrepierna, sin embargo aquello no me espantó, me llamaba mucho la atención, nunca había tenido un coño tan cerca de mi cara y comencé a jugar con él, mi lengua hurgaba en cada rincón de aquél lugar que para mí era nuevo.

-Méteme un dedo- me dijo mi tía

Estuvimos un rato así y comenzó a gemir, poco a poco había ido yo notando cómo se mojaba el coño de mi tía. En ese momento me dijo:

-Fóllame ya, fóllame como nunca lo haya hecho nadie, ¡¡SAUUUL, ME PONES A MIL!!

En ese momento empecé a penetrarla, primero lento y poco a poco subiendo el ritmo, también jugaba con sus pezones y le metía la lengua hasta la campanilla. Estaba disfrutando como nunca.

Mi tía me dio la vuelta poniéndome abajo y empezó a cabalgar de tal forma que creía que me rompería.

-Saúl cuando te vayas a correr avisa.

No tardó mucho tiempo mi polla en llegar al orgasmo y entonces avisé a mi tía, ella rápidamente se puso de rodillas con la boca abierta y yo me corrí en su boca, antes de tragárselo me preguntó:

-¿Quieres probarlo?

-Mmm, no…- respondí y ella se tragó mi leche

-Ahora ayúdame a mí a acabar, chúpame mi almejita.

Y seguí chupándole su coño y jugando con mis dedos en el interior de su vagina hasta que llegó al clímax con muchos espasmos y su coñito muy mojado.

-No está mal para ser tu primera vez, ¡cuánto tiempo hacía que no me lo pasaba tan bien! Cuando quieras repetimos Saúl.

-Pues luego otra vez tía, antes de irme.

-Mmm, sí que te ha gustado, bueno, vale.

Esta fue la primera vez que lo hice y la primera vez que me follé a mi tía, evidentemente no fue la última, y supimos cómo engañar a mis padres para que nunca se enterasen.