Allí no nos conocía nadie. En lo físico, me parezco a mi madre. Al poco de llegar allí, me vino mi primera regla y como todavía no había hecho amigas, pues era verano, en plenas vacaciones. Estaba sola en casa cuando noté que manchaba y estaba muy asustada. Al llegar mi padre a casa, nos sentamos en el sillón, me abrazó fuerte y me explicó todo lo que debía saber. Según me iban creciendo los pechos, notaba que mi padre me miraba más. Al poco de cumplir los 18 años, un día al regresar a casa, me encontré a mi padre saliendo del baño desnudo. Estaba lloviendo y yo regresaba a casa empapada. Llevaba una blusa muy fina y un sujetador bastante transparente, por lo que al estar mojados se me marcaban mucho los pezones. Nos quedamos mirándonos el uno al otro y me preguntó si había conocido algún chico en el barrio. Le dije que no. Seguía mirándole fijamente y a mi padre se le estaba poniendo tiesa. Le pregunté a ver si podía tocárselo y me dijo que sí, pero que antes me diese un baño y me pusiese ropa seca para no coger una pulmonía. Antes de ir al baño, al pasar junto a él le rocé con la mano y le dije:

--¡Qué suave, papá!

Él me retiró la mano y me dijo que lo dejara para luego. Entré en la bañera, y a los pocos minutos entró mi padre preguntándome se quería que me frotara la espalda. De niña me lo había hecho muchas veces, aunque al ir creciendo dejó de hacerlo. Le dije que sí, que me gustaba. Se puso detrás, se echó un poco de gel en la mano y comenzó a frotarme suavemente la espalda, los hombros. Luego me hizo ponerme de pie y siguió frotándome el culo, las piernas, Volví a sentarme en la bañera y siguió sus manos por mis clavículas, llegaron a mis pechos y ahí se quedaron unos momentos, mientras con uno de sus dedos masajeaba suavemente mis pezones. Éstos se iban poniendo cada vez más duros y notaba un ardor en mi sexo. Le dije a mi padre y me contestó que enseguida me lo calmaría.

Seguidamente bajó su mano por mi estómago hasta llegar a mi sexo. Pegué un bote y me dijo que estuviese muy tranquila, que no me iba a hacer daño y que esas caricias me encantarían. Mientras su mano seguía allí, uno de sus curiosos dedos, encontró el botoncito erótico y empezó a masajeármelo. Yo estaba estremecida y empecé a gemir y a jadear de placer. Al poco papá me dijo que me había corrido por primera vez. Que había anhelado hacer esto hacía bastante tiempo. Salí de la bañera y me sequé rápidamente.

Papá me esperaba en su habitación. Me sentí cohibida y me abrazó fuertemente, diciéndome palabras cariñosas. Me tumbó en la cama y me besó. Sentir sus labios pegados a los míos, su lengua suave jugueteando con la mía, me volvió a excitar. Bajé mis manos por su torso y agarré su pene. Era tan suave, y estaba tan grande, y tan dura que al principio me asusté al pensar que al penetrarme me iba a partir en dos.

Papá me tranquilizó diciéndome que mamá también se había asustado la primera vez, pero que luego le pedía continuamente que se lo volviese a meter. Eso me tranquilizó. Se tumbó a mi lado y me preguntó si quería saborearle. Le dije que sí y me metió su hermosa polla en la boca. Le fui lamiendo poco a poco y notaba como se iba hinchado más hasta que explotó dentro de mi boca. Me tragué su semen y me gustó. Luego me volvió a tumbar en la cama boca arriba y se puso encima y empezó a bajar sus labios por mi cuello, hasta llegar a mis pechos. Me los chupó, lamió y saboreó todo lo que quiso y siguió bajando sus labios por mi estómago hasta llegar a mi sexo. Me dijo que si con la mano me había dado placer, con la boca iba a disfrutar más. Estaba muy caliente y según noté su lengua por mi sexo, entrando en mi vagina, exploté. Instintivamente apretaba con las manos la cabeza de papá contra mí cuerpo. Veía mis jugos en su cara, en su boca. Él volvía a estar totalmente empalmado. Se colocó entre mis piernas yse metió de un golpe. Grité de dolor, pero me calmó con suaves caricias y palabras cariñosas. Empezó a moverse lentamente al principio, para ir sacando y metiendo con más fuerza cada vez. Me gritó que se iba a correr y en cuanto sentí su semen fluir por mi cuerpo exploté. Nos quedamos tumbados, sin aliento, durante un rato mientras recuperábamos la respiración, él todavía con su pene dentro de mí, sudorosos, mientras nos besábamos suavemente. Al rato, se volvió a empalmar y entonces me penetró por detrás, mientras que sus dedos jugaban con mi clítoris. Fue fantástico. Posteriormente, me enseñó muchas posturas y maneras de hacer.