Placer en la cama


Hola, mi nombre es Alejandro y el relato que deseo compartir con ustedes describe el primer encuentro sexual que tuve con mi hermana Daniela.


Por aquél entonces, yo tenía 19 y ella estaba a punto de cumplir 18 años.


Vivíamos en una casa sola con mis padres: Manuel de 42 y mi mamá Berenice de 37 años.


Debo aclarar que, hasta ese verano en particular, nunca hubo un incidente o acercamiento con Daniela. Mi interés estaba centrado en otras actividades y la llevaba tranquilo con mis estudios y la natación (deporte que me gusta mucho).


En realidad, podría decirse que, aunque era mi hermana, la conocía muy poco.


Por esa razón me incomodé cuándo papá nos aviso que a partir del próximo Viernes (era Miércoles) Daniela pasaría probablemente más de una semana en mi habitación. La razón, era que la abuelita Marcela y la tía Sofía vendrían de Guadalajara para realizarle unos estudios médicos a la "abue" que sólo podían hacerse aquí en la ciudad donde yo vivía. Así que, por lo tanto, se quedarían en el cuarto de ella.


Bueno, en fin que sólo serán unos días.- pensé y ya no reproche nada pues conocía bien el carácter de mi padre.


Mi abuela y mi tía llegaron puntuales la tarde del día indicado sin contratiempos.


Papá las había recogido en la terminal de autobuses y junto con mamá las instalaba en casa; en el cuarto de mi hermana.


Yo estaba en la sala con mi hermana mientras hacían esto, la miré de reojo y le pregunté:


-vas a llevar ropa y cobijas a mi cuarto? digo, si quieres te ayudo…


–no... No creo que sea necesario, sólo vamos a dormir juntos por unos días... al menos eso espero! -me respondió sin voltear a verme.


Asentí moviendo la cabeza y agregue:


-está bien, pero si necesitas algo avísame…


Más tarde en la cena, la abuela repartió los regalos que trajo. Platicamos por un buen rato y terminando de cenar se retiró a descansar con la tía Sofí.


A nosotros, papá y mamá nos acompañaron para supervisar como nos acomodaríamos. Acordamos que Dani se quedaría en la cama y yo en el piso en una colchoneta con mi bolsa de dormir que usaba en mis antiguos días de boy scout.


Ya una vez a solas le propuse a mi hermana que se cambiara de ropa en el baño, en tanto yo lo hacia en la habitación. Y así, terminando de cambiarme, mientras mi hermana regresaba, tendí mi colchoneta en el suelo, a un lado de la cama, y me acosté.


No me di cuenta a que horas regreso porque casi de inmediato me quede dormido.


Al día siguiente no tenía que clases, pero tenía entrenamiento, así que me levante temprano. Me cambié, tome mis cosas y antes de salir miré hacia la cama... mi hermana aún estaba dormida y lo hacía boca abajo enredada entre las cobijas y sabanas.


Después de nadar regresé pasando del mediodía y encontré la casa vacía, supuse que habían salido a pasear y dejé mis cosas en la sala para después ir a la cocina por algo de fruta. Más tarde me dirigí a la habitación para ordenarla y, al abrir la puerta percibí de inmediato un olor distinto en el ambiente, era mas suave y dulce. Me aproximé a la cama y levante las sabanas para olerlas, "no había vuelta de hoja" el aroma provenía de ellas.


Daniela las impregnó con el olor de su cuerpo!


-¡Que rico! - murmuré y las jalé para sacudirlas...


En ese momento, un pequeño bulto de color azul cielo que estaba debajo de la almohada llamó mi atención, lo tomé e instintivamente lo llevé a la nariz, respiré profundo y cerré los ojos para disfrutarlo.


-Hmmm!


El aroma que se desprendía de él era más intenso; no podía definirlo, pero daba igual, era realmente muy agradable.


Lo deshice y al percatarme de lo que era, un súbito bochorno me recorrió desde los testículos hasta el rostro.


Tenía en las manos la ropa íntima de mi hermana: ¡su sostén y sus bragas!


Me perturbó demasiado el hallazgo, nervioso arreglé la cama y las dejé como las había encontrado. Después recogí el desorden en la habitación y me apresuré a salir.


De pronto, una señal de alerta cruzó por mi cabeza:


¿Como no se daría cuenta de que tomé su ropa, si la cama estaba perfectamente arreglada?


-Pequeño detalle! -Pensé y decidí que lo más conveniente era llevarlas al cesto de la ropa sucia en su cuarto pues sería menos embarazoso que fingir no haberlas visto!


Bajé a la sala a descansar y me dormí esperándoles. Mamá me despertó cuándo estuvo lista la comida. En la mesa, mis papás se sentaron a un lado de la abuela y de la tía Sofí por lo que a mi me tocó sentarme a un costado de Daniela.


Mientras ellos planeaban lo que harían empezando la semana, mi hermana volteo a mirarme y sonriendo inicio la plática conmigo:


-que bien arreglaste el cuarto!


-gracias- respondí tímidamente y en eso ella agregó en tono suspicaz:


-en cambio yo, soy un desorden y dejó la ropa tirada en cualquier lugar, verdad?


Hice como que no la escuché, pero no pude evitar sonrojarme. Mi reacción le hizo gracia y rió divertida.


La tía Sofí que era la que estaba más cerca de nosotros preguntó:


-De que tanto se ríen?


-No...Nada tía- respondimos ambos y mi hermana siguió aclarando:


- me reí porque recordé un chiste que escuché en un programa…


-si claro, con que no se estén riendo de nosotros todo esta bien eh?…-masculló mi tía Sofí fingiendo enojo y se reintegró a su conversación con los demás.


Entre bocados, comentarios y uno que otro vistazo disimulado, terminamos de comer.


A Daniela se le antojo un helado después de la comida y le pidió a Papá que saliéramos pero nadie más tenía ganas de ir así que me insistió para que la acompañara.


Ya en la calle, camino a la nevería, me sorprendió contemplándola embelesado... y cómo no si mi hermana era realmente encantadora!


Daniela tenía una mirada dulce y unos labios sensualmente carnosos! Su pelo negro que caía hasta los hombros, resaltaba con la tez blanca de su piel. Posee un tierno rostro y un cuerpo de líneas suaves y redondas en el que, sin llegar a la opulencia, se erguían unos senos voluptuosos y un trasero muy pero muy atractivo. Y de todo esto yo, apenas me estaba dando cuenta!




Daniela frunció levemente el ceño y con aire condescendiente externó algo que me altero más de lo que ya estaba:


-mira tú, si que estás lucido, antes ni caso me hacías!


Con tono sugerente prosiguió:


- nada mas jugaste con mi ropa interior y ya te dio tentación, eh? –Y, al mismo tiempo que se mordía lascivamente el labio inferior, remató preguntando con malicia.- te gustó mucho Alex?


Confundido respondí sin darme el tiempo para pensar en la respuesta:


-si... digo no!- traté de aclarar torpemente -quise decir que si...que si encontré tu ropa pero accidentalmente y de inmediato la dejé en tu cuarto!


Ella se regocijaba con la explicación y mi rostro compungido de la pena. Parecía estarle divirtiendo mucho la situación así que continuó atizándome con voz candorosa:


-no me digas que no las oliste ni tantito?


Desvié la mirada y ya no hice el intento de contestar. Supongo que ella tomo un si ante mi actitud pues claramente se veía que lo intuía sabiamente.


Con un ademán triunfalista concluyó diciendo:


-si... te gusto y mucho, lo sabía!... pero no te apures, si no lo hubieras hecho en verdad estaríamos preocupados porque a mi hermanito no le gustaran las mujeres, o no?


Ésta perspicaz observación alivió un poco la turbación que sentía y reí con ella.


Más relajados echamos a andar rumbo a donde vendían los helados y retornamos a casa para ver la televisión con la familia y esperar la hora de ir a dormir.


Mi abue y Sofí se retiraron temprano y al cabo de un rato Dani también se marchaba a dormir. Pero, antes de irse, se acercó discretamente a mi -mis papás estaban en el otro sofá- y en voz baja me sugirió que no tardará.


El tono y la manera en que me lo dijo anticipaban algo muy especial!


Después unos minutos, que me parecieron horas, mis papás se levantaron para irse a descansar. Hice lo mismo acompañándoles hasta la puerta de su habitación y después me fui a la mía.


Al llegar a mi cuarto Daniela estaba sobre la cama mirando un programa de televisión. Tenía las manos entrelazadas encima del vientre, la cabeza hundida en la almohada y estaba aún sin cambiarse.


Tría puesto el pantalón de gabardina y su ombliguera ajustada de manga larga.


Entonces note la bata de dormir doblada al pie de la cama y pregunté:


-no te la vas a poner?


Ella contestó escuetamente:


-más tarde…


Encogí los hombros y me dirigí al closet por mi pijama y mi colchoneta.


Me causó gracia la manera en que siguió mis pasos. Permanecía quieta, sin despegar la barbilla del pecho, solamente movía los ojos hacia donde me movía. Intrigado preparé mi cama y cogí mi pijama para irme a cambiar al baño. En aquel momento se levantó e intento disuadirme agregando un tono incitante a su voz:


- no te vayas Alex... no me dejes solita!


Haciendo un gesto tentador, propuso algo que me calentó el ánimo!:


- si quieres apagó la tele y las luces para que te cambies...si!?- luego, tiernamente agregó –ándale... y cierro mis ojitos para que no te de pena!


Animado por la intención implícita de la propuesta, acepté sin pensarlo dos veces!


Rápido se puso de pie y colocó el seguro de la puerta, apagó la tele, las luces y se tumbó en la cama acomodándose de modo que pudiera observar. Desplazó su brazo izquierdo por debajo de su costado y recargando el peso sobre el codo reclinó su cabeza en la mano y quedó a la expectativa.


A esas alturas yo ya estaba sudando nervioso y mi boca estaba seca de la emoción, no podía mirar su rostro en la penumbra pero sentía su mirada, ella esperaba que yo me desnudara!


Le seguí el juego. Primero me quité la playera muy despacio y se la aventé. -Mi pulso y mi respiración se alteraron porque alcance a oír un leve suspiro proveniente de la cama.- De inmediato desabroché mi pantalón y lo dejé caer al piso, al inclinarme para levantarlo percibí que la poca luz que entraba por la ventana era suficiente para vislumbrar algo, mis ojos ya se habían adaptado a la obscuridad así que traté de mirarla y, aunque con algo de esfuerzo, logré distinguirla. Esta apreciación me trastorno. Era seguro que me veía claramente puesto que yo estaba más cerca de la ventana!


Tiré mi pantalón a sus pies y en voz baja le pregunté:


-no tienes los ojos cerrados, verdad?


Ella respondió nerviosa con otra pregunta:


- tu que crees...Alex!?


A mi ya nada más me quedaba puesto el boxer, puse las manos en la orilla del resorte, me incliné de nuevo y los bajé lentamente hasta pasarlo por debajo de los pies.


Daniela se revolvió inquieta en la cama y yo sentí que el pene se me hinchaba a punto de reventar.


Con la prenda en mano me enderecé y con algunos trabajos intenté cubrirme porque mi verga ya estaba dura y caliente.


Mi hermana, que no perdía detalle, no se aguantó las ganas y se incorporó para sentarse en la borde de la cama, desabrochó su pantalón y hundió literalmente las manos entre sus piernas murmurando excitada:


- ayyy!.. Alex...mmm!, quita tus manos...siii!?


Me temblaron las piernas y un sabroso cosquilleo me subió desde los huevos al estómago.


Antes de hacerlo empuñe el falo a lo largo y jalé el prepucio hacia la base para descubrir el glande. Impregné el boxer con el jugo que escurría y lo arrojé a su cara. Ella, al sentirlo, presurosa lo tomó para olerlo y escuché que susurró encantada:


-.. uhmmm!!..sii..que rico!!


A eso le siguió un silencio expectante. Sentí su mirada explorando mi cuerpo. Contemplaba embelesada concentrando toda su atención en el abultado y húmedo trozo de carne que sobresalía firme entre mis piernas. Tragó saliva, se levantó de la cama y su pantalón cayó al piso. Lo apartó con los pies y se aproximó poniendo sus dedos en mi nariz para olerlos. Luego rompió el silencio preguntando segura de la respuesta:


-te gusta, verdad!?-


-Por supuesto que si...- Y como no si mi hermana tenía los dedos mojados con los fluidos de su vagina!


Después bajó las manos despacio acariciando mi cuerpo hasta llegar a la verga, la sujetó con sus manos masajeándola con esmero durante un rato, su aliento quemaba mi cuello erizándome la piel.


Yo estaba fascinado con las caricias! Entonces, sin soltarme la verga, me arrastró hacia la cama, dejó de apretar y me empujó para tenderme mientras se quedaba de pie.


Sin perderla de vista me acomodé cómo pude y esperé! A continuación se quitó pausadamente la ombliguera lanzándola al piso, desabrochó el sostén sutilmente, lo apretujó lasciva contra sus senos y lo dejó caer.


La vista era espléndida!! Había tenido mucha razón al pensar que desde la cama se veía con más claridad.


En seguida mi hermana se inclinó un poco sin dejar de mirarme, lentamente retiró la provocadora tanga que traía puesta y la echó en mi cara.


Luego se quedó quieta, derecha, en silencio igual que yo.


Su silueta era perfecta, la carne provocativa de sus pechos resaltaban por una notable firmeza y unos pezones rígidos enmarcados por enormes aureolas. Sus sinuosas caderas, las piernas bien delineadas, su vientre definido y el incitante pliegue entre sus piernas, eran suficientes argumentos para enloquecer a cualquiera.


Daniela sin duda alguna despedía sensualidad por cada poro de su piel!


Me puse boca arriba, cerré los ojos para despejar los sentidos y continuar deleitándome con la vista. En eso estaba cuando me sobresaltó algo tibio y húmedo chupando el pene..que agradable sensación!


Levanté la cabeza para mirar... mi preciosa hermana devoraba con avidez la endurecida y jugosa masa de carne mientras con una mano me estrujaba los huevos!


Presionándola con los labios se deslizaba a lo largo para tragársela entera y devolverla lamiendo el glande y los testículos.


Puse las manos en su cabeza y acompañe sus repetidos movimientos impresionado por la soberbia mamada que me obsequiaba.


Algunos minutos después de afanosa actividad, ella se dio cuenta de que ya esta templada la verga, a punto para prodigarse en otro lugar, así que, agilmente y sin soltarse, se montó sobre mis caderas y sus nalgas reposaron en mis muslos. Luego extendió un brazo y se apoyó en mi pecho, con la otra mano empalmó el pene a lo largo de sus pliegues humedecidos y los restregó. Mi hermana gimió complacida:


-uhmmm!


Luego de unos instantes se detuvo, alzó sus caderas, se acomodó enderezando mi falo, arrimó su vulva y bajó un poco metiendo sólo la punta que ya estaba hinchada. Ella se sacudió ligeramente y yo tensé las piernas. Ya enganchados lo soltó, juntó sus manos sobre mi pecho, contuvimos la respiración y mi hermana descendió suavemente su cadera alojando por completo el enorme pedazo de carne caliente...


-ahhhhhh!-gimió mi hermana escandalosamente y yo apreté los labios encantado para no gritar del placer!.


Quedamos inmóviles por un momento, subyugados por el acoplamiento!


Ella susurró delirante:


-ahhh!... la tengo adentro... alex... Hmmm… que dirían nuestros padrees???... uhmmm! siento...que, aghhh! me quema por dentro, te quiero tanto!


Puse mis manos en sus piernas acariciándolas y le rogué que se moviera:


- Dani... gulp!, aghhh! por favor!... exprímela mamita… es toda tuya!


-Pero… Hmmmm… que hay de mis padres????- en ese momento mi hermana quiso hacerse la inocente. Ya era demasiado tarde…


-Al diablo con ellos, menéame el culo que esta noche te voy a dar verga hasta morir… AAAHHH…


Mi hermana meneó armoniosamente la cadera hacia delante y hacia atrás, aumentando paulatinamente la intensidad.


Mi verga penetraba y emergía amenazando con estallar.


Sin detener el frenético vaivén, se inclinó para besarme apasionadamente. Su lengua hurgaba con desesperación, apreté sus nalgas y seguí el movimiento.


Ambos jadeábamos sin control mientras nos comíamos a besos.


Sus carnes lujuriosas saciaban mis deseos, sus nalgas, su espalda, sus tetas... toda ella, estaba a mi alcance!


Me faltaban manos y boca para devorarla entera! No podía creer el mujerón que tenía en mi cama! Y vaya suerte la mía, la cachonda de mi hermanita había caído solita en mi cama!


Palpaba a placer sus senos, lamía y succionaba sus apetecibles pezones mientras ella gemía y gemía trastornada:


-síii... así.... papito... comételas... son para ti!- En varias ocasiones me decía papito. Eso me extrañaba pero a la vez me excitaba mucho.


El punto álgido estaba por llegar en cualquier momento.


Dani se enderezó y echó un poco el cuerpo para atrás arqueándose, recargó las manos en sus piernas sin dejar de menearse empujando con más fuerza y suplicó:


-...ahhh!, ahhh!! mááás, así papito, asííí , dame...mááás!


Me aferré a sus caderas avasallado por su ímpetu empapado de sudor y de fluidos.


La mire enajenado, su senos rebotaban azarosos con cada arremetida, por su carne perlada en sudor resbalaban pequeñas gotas que bordeaban sus mórbidas redondeces para caer en mi cuerpo.


Ya no pude contenerme; el rocé incesante de los genitales hizo que reventara mi verga expulsando chorros de semen.


Exhalé con fuerza exacerbado:


-ahhhhhhhhh!!!


El líquido fluyó copiosamente chocando con fuerza en sus entrañas derramándose por los pliegues de su conchita.


Mi hermana exclamó en el éxtasis del clímax dejándose venir también:


-ahhh!..ahhh!...diooos...así!, papito...asííí! me vengo!..me vengooo!...ahhh! ... ayyy!.....siii, dios mío!... uhmmm! siii!... así! ...que rico!... ahhh!!..ahhh!!!


Después de bombear un poco más, ambos quedamos aturdidos, resoplando:


-ufff!!!- uffff!!


Quedé sintiendo espasmos en los genitales por el esfuerzo realizado, flácidos, encharcados y sin fuerzas.


Extenuada se desplomó sobre de mi, estiró su cuerpo y se recostó boca arriba a un lado. Giré la cabeza para mirarla, sonreía contenta. Volteó y mirándome a los ojos, preguntó retadora:


-te gustó??? quieres más!?


Correspondí a su sonrisa y moví la cabeza afirmativamente.


Daniela finalizó diciendo:


-bién... en tal caso, descansa papito... porque quiero probar tu leche…


El descanso fue muy breve, luego de unos minutos impaciente me preguntó:


-ya?... ya estás listo, papi? -era evidente que ya tenía ganas. Suspiré y contesté que si!


Se abalanzó de prisa besándome deseosa, nos abrazamos fogosamente y al sentir sus carnes ardiendo otra vez el pene comenzó a endurecerse.


Pasó una mano entre las caderas y empezó a masajear mis genitales, mientras lo hacía susurró al oído:


-sabes de que tengo ganas, papi?- sin darme tiempo a responder prosiguió melosa-quiero mamarte la verga papito ... pero también tengo ganas de que al mismo tiempo me chupes la conchita...si?


-si..claro...dime cómo!?- respondí tontamente.


-Por favor, alex!- dijo sorprendida soltando el falo y colocando las manos en mi pecho preguntó- no sabes hacer el 69? tengo ganas de hacerlo porque nunca lo he hecho y quien mejor que mi hermanito mayor para que me enseñe no??


Me sujetó por el pene, se montó dándome la espalda y descansó el culo sobre mi estómago. Luego manoseó por unos minutos mi falo hasta conseguir humedecerlo y esmeradamente lo embadurno con los fluidos que se escurrían. Acto seguido se Inclinó hacia delante y sin levantar las nalgas, juntó sus tetas con mis piernas aprisionando la verga contra la parte superior de su vientre. Por la postura en que se hallaba , al inclinarse la vagina se abrió más pegando sus pliegues húmedos contra mi abdomen.


Mientras que con la lengua acariciaba los muslos, empezó a desplazarse con suavidad hacia mi cara, se recorría tocando y lamiendo diestramente cada centímetro de piel a su alcance y sólo se detuvo hasta engullir la jugosa carne que tanto le gustaba y al sentir que se emplazaba su vulva en mi boca. En ese preciso instante, puso en práctica nuevamente su depurada técnica para mamar. En cambio yo metí la lengua entusiasmado y lamí por todos los rincones de la sonrosada conchita probando sus jugos.


El fluido era una mezcla entre saladito y dulce de consistencia semi viscosa, indefinida, pero de un sabor incomparablemente delicioso! Seguí saboreando de la fuente aunque con dificultad, porque mi hermana al contacto de mi lengua y de las succiones en su vulva, se estremeció acelerando las mamadas que me estaba prodigando.


Ambos jadeábamos con la boca ocupada:


-HMMM… HMMMMMM…


Aumentamos la intensidad de las caricias hasta que de improviso, mis piernas se tensaron y la conchita de ella se sacudió anticipando el clímax. Los dos nos dejamos venir a chorros:


-AAAHHHHH HMMMMMMMMMMM…


Daniela con dificultad se tragaba el esperma que la verga expulsaba profusamente y yo apenas podía succionar los fluidos que se escurrían en abundancia por los pliegues de su espléndida conchita!


Luego de varios minutos de solícita actividad quedamos rendidos, tendidos, ella encima de mi, satisfechos y muy pero muy contentos. Estábamos convencidos de que no había algo mejor en la vida y seguros de que tendríamos más encuentros como éste.