(Sigue de "Sexo con Marianita 2"

Por entonces yo salía con dos minitas más. Una morocha de 24 años (Vicky), pelito corto, bocona, repetera, lindo culito. La otra una mina de 27 (Pia), castaña, chetita cagada en guita, muy cojedora: le chupabas la concha y acababa a los gritos; te chupaba la pija y te sacaba la leche en dos minutos (pero la conchuda no se la tragaga); se te subía y te cabalgaba hasta dejarte la pija mocha; y como si fuera poco le encantaba que le hicieran la cola.

Conclusión: mal no la pasaba, pero cuando cayo ésta pendeja casi dejo todo. Por suerte no lo hice, no con ella, ni con otras. Las minas putas no son para ponerse de novio. No es un pensamiento machista. Son ella que no te quieren de novio aunque te pidan que seas el novio.

Toda esta pelotudez (perdón si di la impresión de que me las se todas) para decir que a pesar de la calentura, con Mariana la cosa siguió su curso de dos veces por semana, sin dejar de ver a las otras. De hecho con Pia, solía tener las salidas más formales, de finde semana. A Vicky la veía los viernes. Y sólo en lo de Pia me quedaba a dormir (lo mismo ella en mi casa).

Los miércoles o jueves, y los domingos a la tarde, iba a lo de Mariana. Generalmente ella me invitaba el día que la hermana salía o se iba a dormir a lo del novio (Martín).
En ese tiempo con la pendeja habíamos probado unas cuantas cosas más. Como le gustaban los chiches le había comprado un collarcito de bolitas que le gustaba que se lo metiera por la cola mientras me la cojía (se las sacaba de a una y se las volvía a meter).

Y ella me había regalado un disfraz de colegiala (que se ponía para calentarme y jugar a la bebota). También un par de esposas con peluche que use un par de veces para inmovilizarla mientras le rompía mal el orto.

Como las cosas se van relajando cada vez más con el tiempo, me la cojí un par de veces con la hermana en el cuarto de al lado (durmiendo), siempre tratando de no hacer mucho ruido. Pero con Mariana eso era medio imposible. Si me la culiaba mordía un ratito la almohada tratando de no gritar, pero siempre un “seeeee, seeeeee, rompemelooooooo” se le escapaba.

Un día, estábamos estrenando un consolador más grandecito que el que ella tenía (calculo que 4x17 cm), cuando nos soltamos los dos mal. Todavía escuchaba la tele prendida en el cuarto de al lado, cuando nos pusimos a jugar. Los dos estábamos recalientes porque ella ya sabía que yo le tenía un regalo, y se salía de la vaina por probarlo.

Yo sabía que a ella le gustaba ser cojida por los dos lados (se lo habían hecho a los 14, le había encantado; y otra vez a los 16, pero esa vez la había pasado mal con los tipos, y no había vuelto a hacerlo), entonces había buscado otra pija, pero de plástico, que además vibraba.

Le había chupado el culo, la concha, le había puesto las bolitas en el orto (el collar), le había metido la pija por la concha. Una vez que acabó (yo me guardaba para el final a toda fiesta), le había sacado las bolitas y reemplazado por mi pija en ese culo mientras la obligaba a chupar el consolador (una manera de decir, ya que ella no se resistía tampoco).

-Sos el mejor, el mejor, que bien que me cojes!!!
-Te gusta puta?, te gusta mi pija?
-Me encanta tu pija, me encanta sentirla en la cola.
-Y mi otra pija, la que te compré?
-Me gusta más la que tengo en la cola.
-Sentíla toda entonces…

Se la enterré hasta los huevos.
-Ayy, siiiii!!!!!!
Y se empezó a frotar el clit.
-Usa la otra pija, para eso te la compré.
La prendió para que vibrara y se empezó a pajear.
-Querés que te la ponga yo?
-Sí, cojéme con las dos.

Se la puse. Agarrando mi pija y la otra con una mano, me la empecé a coger con las dos, una por la concha, la otra, la mía por el orto. Si hasta entonces hablábamos alto, lo que siguió fueron gritos.
-Seeee, asseeeee, dame, damee, hasta ahí, hasta ahí.

Las dos pijas entraban hasta la mitad. La concha de ella estaba empapada y abierta, y el vibro entraba sin problemas, pero el culo estaba más apretado y podía sentir además la otra pija rozándome a través de la membrana que separa la concha del ojete. Lo que hizo que mi chota se pusiera todavía un poco más al palo y gruesa.

-Cómo la tenés papi. La tenés enorme. Que buena pija mi amor.
Con lo de papi, me puso más a mil.
-Te gusta que te cojan así, con dos pijas?
-Siii. Me gusta como me cojés.
Y se empezó a tocar de nuevo.
-No te alcanza?
-No puedo más, quiero acabar ya!!! Que placer, mi amor, cómo me hacés!!!!

En los últimos tiempos usaba bastante el “mi amor”, pero sólo cuando garchábamos, así que todo bien. Yo le empecé a dar más a fondo con las dos. Después dejé el consolador y le seguí dando sólo con la mía por el culo.

-Acabooo. Acabooo. Dame…..
-Querés que te acabe bebè?
-Seee
-Quiero bañarte la cara… querés?
-Lo que vos quieras, te lo ganaste, qué bien me hacés!!!

La guacha seguía acabando, así que la esperé, y cuando sentí que yo ya estaba. Me salí, me paré en la cama. Y la esperé con la pija en la mano. Me fijé que no estuviera sucia, pero no me importaba mucho. Se la iba a dar a comer igual.

Ella se dio vuelta al toque, pensando que yo ya estaba por tirarle la leche en la espalda, y se puso a chuparla. Ni lo dudó, se la comió. La adoré. Cuando la chupó un par de veces, y la pija estuvo limpita, se la saqué y me empecé a pajear. Abrió la boca, sacó la lengua, y me pegó una chupada de huevos espectacular. Su lengüita de nena me lamía desde la base de lo huevos, cerca del orto, hasta donde empieza la pija, trazando círculos con la puntita, que alternaba con lambetazos. Una campeona.

-Ahí te va la lechita bebé
-Damm
No llegó a completar la frase. El primer chorro voló por sobre su cabeza como un metro. El segundo se lo apunté mejor, agarrando la pija. Le empapé un cachete de la cara y parte del ojo. El otro le mancho la boca y la nariz. El cuarto, más débil, cayo parte en el cuello y el pecho de ella.

Con la cara enlechada y un ojo cerrado, se rió.
-Me bañaste hijo de puta.
-Sos tremenda! Me encantás!
-Vos a mi.
Y me chupó la pija que chorreba. Después se fue corriendo al baño en pelotas. Y no me tiré en la cama.

Cuando volvió limpita, me preguntó si me quería bañar.
-Ahora voy…
-Te gustó?
-No se notó? Hasta tu hermana se debe haber enterado.
-La guacha se debe haber hecho flor de paja escuchándonos.
-Es tu hermana puta!
-Por eso, jaajajj.
-Si le gusta tanto la pija como a vos, invitémosla..
-Sabía que te ibas a salir con esa… si tenés huevos invitála vos.
Para no dar el brazo a torcer se la seguí. Pero iba en joda.
-Bueno, vos me das permiso.
-Hacé lo que quieras, pero no creo que te diga que sí. Y si te dice que sí, garchátela, pero que no adelante mío.

Supe que era hora de dejar el tema. Me fui para el baño. Después de la ducha caliente volvía al cuarto y me metí en la cama.

-Me encantó lo de recién.
-Queré más?
-No te asustes, no. Jajajjja. Quiero que me abraces.
Me encantaba la pendeja. Además de puta, a veces podía ser tierna. La abracé. Al contacto con sus tetitas duritas la pija tiró a responder. Ella me entrelazó con una pierna.
Y sintió la pija morcillona.

-Ya estás para arrancar de nuevo.
-Vos me ponés así.
Me dio un beso.
-Te quiero sabés?
“Ups”, pensé. No me quedaba otra.
-Yo también.
-Querés salir este sábado. Vamos a bailar con mis amigas a Ink. Podés venirte con tus amigos si querés.

La piba era re inteligente. Se colaba en mis sábados. Pero sin anular a mis amigos. Una genia.
-Bueno, les digo a ver que quieren hacer. Si no yo paso un rato igual a verte.
Le encantó. Otro beso. Divina la pendeja. Los besos siguieron. Me manoteó la pija. Me hizo la paja hasta que estuvo dura. Después bajó y me dedicó un pete ma-ra-vi-llo-so. Manotié un forro de la mesita de luz. Se lo pasé y me lo puso ella. Y se subió. Me encanta cuando las minas agarran ellas la pija y se la acomodan en la concha.

-Hagámoslo rápido que quedé un poco sequita.
-Querés que te la chupe?
-No, entra, entra…

Cojímos diez minutos y le acabé mientras me volvía loco chupándole los pezones chiquitos y parados que tiene. Después de eso no quería más nada. Fui al baño. Tiré el forro, me limpié y volví a la cama. Ella se había puesto un pijamita. Parecía una nena. Casi le agradezco a Dios pero no creo que él se dedique a hacer ésta clase de favores. Nos abrazamos y me quedé dormido.