El administrador de la empresa para la que yo laboraba, tenía varios días trabajando en la organización del Congreso Nacional de Telefonía y al parecer necesitaba de ayuda por lo que le pidió a Luís, hermano de mi secretaria, que lo alcanzara en calidad de asistente en el hotel donde se hospedaba. En realidad lo que Jaime deseaba era la compañía sexual de Luis.


Días antes yo había hecho un trío con Nancy (nombre de mi secretaria) y con su hermano. La ausencia de Luís en las oficinas me permitió gozar sólo la compañía de Nancy a quien me la culeaba hasta en la alfombra. Era sencillo sólo levantar su falda y meter mi pene entre sus nalgas, porque a petición mía, ella no usaba pantaletas en horas de oficina.


Batallé mucho para convencerla pero después de la primera vez que la penetré por el ano, mi secretaria no quiso saber más de su vagina y en cada ocasión que me la cogía era solamente por el chiquito. Fueron muchas las culeadas que le di en los siguientes días previos al congreso que asistiríamos en una ciudad del norte de México, sin imaginar que en ese lugar me esperaban unos momentos de sexo desenfrenado. Conocería a Miriam.


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Pero antes de platicarles lo que me encontré en el Congreso, quiero platicarles algo sensacioANAL.


En uno de esos días de trabajo cotidiano, le dije a Nancy que al día siguiente no asistiría a la oficina porque iba a salir de la ciudad a hacer unas supervisiones de trabajos que se hacían en una localidad cercana.


Ya era de noche cuando me dirigía a casa y me percaté que había olvidado mi portafolios en la oficina. Ya estaba muy cerca de mi casa por lo que decidí pasar por el portafolios muy temprano al día siguiente, antes de salir de la ciudad.


Le llamé a Nancy a su celular para pedirle que a las 7:00 horas del día siguiente, estuviera en la puerta de acceso de la oficina con mi portafolio para que me lo entregara y de esa manera no perder tiempo. Yo sabía que esa hora era muy temprano, pero la ocasión así lo exigía.


Ese día llegué puntual a la puerta de acceso y Nancy no se encontraba como se lo pedí. Me molesté porque fue necesario que entrara con mi automóvil al estacionamiento del edificio y subir hasta mi oficina, pero me encontraría con una razón muy poderosa para que mi disgusto desapareciera como por arte de magia.


No había nadie en las oficinas. Llegué al área donde se encontraba mi cubículo y el escritorio de mi secretaria estaba vacío. ¿Qué le pasaría a Nancy?, me pregunté. Introduje la llave a la cerradura de la puerta y la abrí. Comprendí la razón por la que Nancy no cumplió con mi petición.


En el amplio sofá de piel que tenía en mi oficina para recibir visitas, se encontraba Nancy teniendo sexo nada menos que con Carmelita, aquella mujer que me interrumpió la primera vez que iba a penetrar por atrás a mi secretaria y a la cual me dieron ganas de estrangular en esos momentos por haber sido tan inoportuna.


Escucharon cuando abrí la puerta y entré pero no les importó. Era evidente que se habían puesto de acuerdo para tener relaciones a esa hora de la mañana en mi oficina, y también era claro que su intención era que yo las encontrara en esa situación, pues Nancy sabía que yo pasaría por mis documentos olvidados y así debió decírselo a Carmelita.


Con ojos muy abiertos, Carmelita volteó a verme y trató de incorporarse pero mi secretaría se lo impidió.


-¡Ay, Nancy, no!, dijo Carmelita. Me da pena con el arquitecto (yo).

-Nada de pena, le respondió Nancy de manera autoritaria. Tú y yo tenemos un acuerdo.


Nancy estaba arrodillada en la alfombra. Volteó a verme con ojos de lujuria y una sonrisa de picardía reflejada en su rostro y volvió a prenderse del sexo de Carmelita. El espectáculo era sensacional pues sus cuerpos estaban totalmente desnudos, lo que permitió que yo viera a plenitud el exquisito culo de Nancy. Sus nalgas se abrían para que yo pudiera ver su ano a la perfección.


Ella sabía que esa la manera de encenderme como volcán. Haciendo un fuerte chasquido desprendió su boca de la entrepierna de Carmelita y me preguntó.


-¿Me perdonas por no haberte entregado tu portafolios?.

-jajajajaja. ¿Cuál portafolios?, le pregunté. Tú sigue mamando, le dije y me obedeció.


De momento olvidé que tenía que salir de la ciudad a inspeccionar los trabajos que se estaban realizando. Me senté cómodamente en mi sillón para observarlas a escasos dos metros de distancia y hasta mis oídos llegaba el peculiar sonido de chapoteo que hace una boca cuando mama. Tomé mi celular e hice una llamada diciendo que se me había presentado "un inconveniente" y que llegaría tarde al lugar convenido. La verdad es que no iría.


¿Qué acuerdo habían tenido las damas?. Era una buena pregunta. Después sabría que las une una vieja e íntima amistad desde la Universidad, años antes de que Carmelita se casara, quien por cierto también había sido contratada por Jaime, unos dos años antes de que Nancy llegara.


Carmelita estaba recostada con sus piernas totalmente abiertas. Su pierna izquierda la subía al respaldo del sofá y la derecha la mantenía en el aire. Su pie apuntaba al techo de mi oficina. Su panocha y culo quedaba por completo a disposición de Nancy.


Me sorprendí al ver la escena sexual porque era lo que menos esperaba encontrar, pero lo que más me sorprendió fue comprobar que a Nancy también le gustaran las mujeres, además de gustarle tanto el sexo anal y coger con su hermano. Nada más faltaba que mi secretaria se prostituyera, lo cual ya no sería una sorpresa. Por supuesto que también me sorprendió la actitud de Carmelita, lo cual comprueba que a simple vista es imposible conocer las preferencias sexuales de las personas.


Yo había visto a Carmelita siempre con su uniforme por lo que no imaginaba lo que había bajo esas telas. Era una joven de la edad de Nancy, pero nunca había mostrado su lado libidinoso porque su comportamiento era demasiado serio, tal vez por su condición de mujer casada. Además yo la veía como una dama carente de esa coquetería natural tan linda de las mujeres y no me había llamado la atención porque ella trabajaba en el área de ventas, en otro piso del edificio.


Ví que tenía unos pechos deliciosos pues estaba recostada boca arriba y su cabeza en el descansabrazos del sofá. Mientras ella misma se los sobaba y se pellizcaba los pezones me lanzaba unas miradas ardientes con sus ojos casi cerrados. Nancy estaba ocupada en hacerla gozar en sus agujeros sexuales. Mi pene ya había reaccionado y estaba pidiendo a gritos libertad para salir de mis pantalones. Tenía que liberarlo y así lo hice, quedando de fuera para sobármelo lentamente.


Me quité mi calzado, me incorporé de mi sillón y me desvestí para quedar desnudo. Yo sabía que podía participar en esa fiesta aunque no me hubieran invitado. Era obvio que se trataba de una más de las deliciosas trampas que Nancy me ponía.


Me acerqué para quedar junto a las damas. Estiré mi mano derecha y acaricié el pelo de Nancy y luego me arrodillé junto a ella. Acaricié las hermosas nalgas de mi secretaria y le metí los dedos en la vagina y en el culito abierto. Sentí que su piel tembló pero no dejó de mamarle el sexo a su amiga abriéndole el rinconcito donde guarda su enrojecido clítoris.


La pierna izquierda de Carmelita que apuntaba al cielo quedó justo en mi boca. La tomé entre mis manos y la acaricié con suavidad y lentitud. Mi boca se abrió para besar y lamer su piel morena libre de bellos. Tomé su pie entre mis manos y me lo lleve a la boca. Lo besé y lo lamí. La pierna de Carmelita se cimbró entre mis manos.


Escuché el zumbido característico de un consolador vibratorio y vi que Nancy lo metía y sacaba del culo de Carmelita quien cerraba los ojos y respiraba con dificultad.


-Así…así, Nancy…me encanta…¡mmmhhhhh!...qué lindo siento por el culo…te-nías raaaa-zón…es…di-viiiii-no.

-¿Te gusta?, le pregunté.

-¡AY, SIIIIIIIIIIIIIIIIII!. Mámame Nancy, mámame más fuerte…así…asiiiiiiii.


Comprendí que Nancy le estaba dando la primera lección de sexo anal a su amiga y más me encendí. La sangre se me agolpó en las sienes como siempre me sucede en estos casos.


Por un instante, Nancy se separó de ese sexo en llamas y se acercó a mí para darme un profundo beso al cual respondí con gran pasión. Sus labios estaban más que húmedos por su saliva y por los flujos vaginales de Carmelita. Probé las mieles con sabor a sexo de mujer que dejaba en mi boca, y dejó de besarme para continuar con su labor.


Mi mano izquierda se apoderó de los pechos de Carmelita para sobárselos y estrujarlos. Le di ligeros pellizcos en sus pezones y me prendí de ellos para mamárselos de manera arrebatadora. Sus gruesos pezones y aureolas se introducían por completo en mi boca que succionaba. Mi mano derecha buscó su rincón que Nancy seguía mamando para acariciarle el clítoris y sentí entre mis dedos su botón duro al mismo tiempo que sentía la lengua de Nancy.


Me incorporé y dirigí mi verga hacia la boca de Carmelita quien la tomó entre sus manos y la jaló para metérsela en la boca. Con ambas manos la tomé por su rostro para jalarla contra mí, con la idea de que mi pene se le incrustara hasta lo más profundo de su garganta.


¡¡¡ MMMHHHHHH!!!!!!, qué rico mamaba aquella mujer. Levanté mi cara al cielo y cerré los ojos para gozar a plenitud mientras sostenía su pierna cubierta por suave piel. La dejé que hiciera lo que quisiera con mi verga y hasta los testículos me los chupó y mordió provocándome un agudo dolor.


Me separé de ella y me puse un condón de los que ya había en el sofá. Me arrodillé justo detrás de Nancy que no dejaba de mamar, como lo hace un sediento que encuentra un oasis en medio del desierto. La tomé por las caderas y se la metí hasta la empuñadura por su vagina y ya lubricada con sus propios flujos se la saqué para metérsela de un solo golpe por el culo.


Nancy dejó de mamar e hizo intento por ponerse de pie y ambos lo hicimos pero yo sin sacarle la verga del culo. Giramos un poco y me senté en el sofá con Nancy clavada en mi verga. Me recosté hacia atrás y la tomé de las tetas. Mi culo quedó a la orilla del sofá, más bien en el aire. Carmelita se levantó, se sacó el consolador del culo y se arrodilló para quedar entre las piernas de Nancy y las mías.


Nancy revolvía sus caderas contra mi pelvis con mi verga metida en el culo hasta sus intestinos y Carmelita le metió el consolador por la vagina. Sentí en mi pene las vibraciones del consolador que estaba muy cerca.


Ví cómo le metía y sacaba el consolador con gran rapidez y terminó por sacárselo cubierto, o más bien escurriéndole los fluidos vaginales producto de un orgasmo. Carmelita se prendió del sexo de Nancy para mamárselo de manera estruendosa. Su boca y su lengua chapoteaban en la panocha de Nancy que lanzaba fuertes gemidos que podrían escucharse fuera de mi oficina, pero a ninguno de los tres nos importaba tan pequeño detalle.


De pronto sentí que Carmelita metía el consolador entre mis nalgas que habían quedado al aire, al mismo tiempo que mamaba a Nancy como loca. La cabeza del consolador llegó a mi culo y sus vibraciones me produjeron un rico y apasionante cosquilleo en el chiquito que lo aflojé para permitir que me lo introdujera. El resbaladizo juguete se me fue incrustando poco a poco hasta que me lo metió todo. Ahora en mis intestinos sentía sus vibraciones.


-Ya, amor, le dije a Nancy. Ahora quiero culearme a Carmelita.

-Claro que sí, eso es lo que tu yo acordamos, le respondió Carmelita ayudando a Nancy a levantarse de mi cuerpo.


Al levantarse Nancy aproveché para quitarme el condón, pero no me saqué el consolador que lo sentía riquísimo dentro de mi culo. Yo quería sentir plenamente en mi verga el nuevo culo que estaba a punto de atravesar, además que deseaba con toda el alma depositarle la leche en sus intestinos, la cual estaba a punto de brotar de mi verga hinchada.


De espaldas a mí, Carmelita se sentó en mi verga que la esperaba con ansias locas. Tenía el culo dilatado por lo que la estocada se le fue hasta la empuñadura. Qué rica tibieza de culo sentí en mi verga. Lo tenía muy apretado a pesar de su dilatación.


-¡Mh, que rico!, expresó Carmelita. Esto es lo que tanto había deseado, mi esposo nunca me la ha metido por atrás. ¡Mh, que rico!


-¡Mh, Carmelita!, le dije. Qué lindo culo tienes, mamacita. Jamás imaginé que lo tuvieras tan bueno.


La tomé por las tetas y la jalaba contra mí con el deseo de que mi verga se le fuera más adentro, pero era imposible porque ya la tenía hasta el tope y sus ricas nalgas ya golpeaban en mi pelvis. Ella empezó a girar sus caderas y fue la locura.


Nancy me había sacado el consolador para meterme los dedos en tanto le volvía a dar una mamada en la panocha. Carmelita temblaba de pasión de pies a cabeza y lo mismo me sucedía a mí.


No aguanté más y sentí cómo mi virilidad enterrada en lo más profundo de las entrañas de Carmelita empezaba a descargar su furia contenida.


-¡AAAAGGGGGG!!!!!!!, grité por la pasión que me provocaba el clímax de la eyaculación dentro de un culo que lo tenía ensartado de manera inesperada.


-Yo también quiero leche en mi culo, dijo mi secretaria y tomó de las manos a su amiga para separarla rápidamente de mi cuerpo.


De manera muy ágil, Nancy se sentó en mi verga que seguía escupiendo fuego y se le la metía hasta el tronco. Nancy se quedó ensartada hasta que terminé de eyacular. Mi leche había sido compartida entre las dos queridas amigas. Se despegó de mí hasta que sintió que mis espasmos terminaban. Carmelita ya había ido a bañarse.


Me quedé exhausto acostado en la posición que en esos momentos sentí incómoda. Nancy se arrodilló entre mis piernas y con ambas manos me sobó la verga y los testículos, esparciendo en mi zona erógena y vientre los residuos de mi semen y de los fluidos vaginales de ella y de su amiga. Volteó a verme y fingiendo una voz tímida me preguntó:


-¿Me perdonas por no haberte entregado tu portafolios?


-JAJAJAJAJA. Eres tremenda. Por eso me fascinas.


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Tres días después, Nancy y yo tomamos el vuelo que nos llevaría al lugar donde asistiríamos al Congreso Nacional de Telefonía. Ella era mi acompañante oficial y sólo llevábamos en mente gozar como locos de los deliquios que nos proporciona el sexo puro. No sabíamos que hallaríamos a alguien más que nos ayudaría a que nuestros encuentros sexuales tomaran un sesgo inesperado y delirante.


Llegamos de noche al hotel y cuando registrábamos nuestro ingreso, llegaron al mostrador Jaime y Luís quienes nos saludaron muy entusiastamente invitándonos a cenar. Pasamos al restaurant y cenamos muy rico mientras conversábamos como grandes amigos y compañeros de trabajo sin tocar temas eróticos.


Nancy y yo nos retiramos a nuestra habitación argumentado cansancio por el viaje, pero la verdad era que deseábamos exprimirnos nuestros jugos sexuales. Ese era el término correcto: Exprimir.


-Tomen las cosas con calma, nos dijo Luis en son de broma, y no tomen mucho vino del que tienen en su habitación. Es parte del servicio.


-Tomaremos sólo lo justo. Que la pasen bien, le dije, dirigiendo mi mirada hacia Luís. Nos vemos mañana temprano en la inauguración.


Apenas entramos a la habitación cuando nos trenzamos en un fuerte abrazo y nuestras bocas se unieron desesperadas, como si no nos hubiéramos visto en años. Yo soy muy fogoso y desearía que mi cuerpo viviera siempre pegado al cuerpo de una mujer. Nancy siempre ha sido muy caliente, pero desde que probó el sexo anal, su apetito sexual se había desbordado y eso nos ponía en igualdad de circunstancias.


Nos desvestimos uno a otro y nos metimos al baño que estaba provisto de un enorme jacuzzi para dos personas, listo para ser usado.


Fue delicioso coger con Nancy entre las tibias y turbulentas aguas que masajeaban nuestra piel. Yo sentía en mi espalda el suave golpeteo del agua mientras ella me cabalgaba metiéndole la verga por la vagina mientras le agarraba y chupaba sus firmes tetas.


Fue extraño pero delicioso metérsela por delante, porque hacía muchos días que sólo lo hacía por atrás. Al menos así lo sentía quizás porque me percaté que no me había puesto condón, pero no hice intento por ponérmelo.


Nancy dejó de cabalgarme para mantener la estocada hasta el fondo. Sólo movía sus caderas hacia adelante y hacia atrás, agitando más las aguas del jacuzzi y agitando más mi respiración. Tomó dos copas de vino tinto que habíamos dejado a la orilla del hidromasajeador y me dio de beber de una de ellas. Ninguno de los dos deseábamos que mis manos dejaran de sostenerla por sus nalgas.


Bebimos con lentitud y mirándonos a los ojos. No pronunciábamos ni una palabra. El movimiento de caderas de Nancy empezó de nuevo a tomar un ritmo lento, muy lento. Mi virilidad erguida y hundida en su cuerpo era apretada por sus paredes vaginales. Me abrazó por el cuello y su boca se pegó a mi boca en un beso pasional.


De pronto se desprendió de mi cuerpo para que mi verga se le saliera de la vagina, pero sólo lo hizo para metérsela por el culo. Mi glande empezó a abrirse paso en sus pliegues anales para traspasar su culito y recorrer de nuevo ese camino conocido con rumbo a sus intestinos.


¡MMMHHHHH!, que ricura sentir de nuevo lo apretado de ese ano que tantas veces se había encargado de proporcionarme tanto placer. Nancy se la metió toda hasta que sentí que sus nalgas se posaban en mis pelvis. Me abrazó de nuevo por el cuello y nuestras bocas ansiosas se volvían a juntar. No tardé mucho para que mi pene explotara en el interior de su cavidad anal y empecé a eyacular.


Nos separamos y fuimos a terminar de bañarnos a la regadera mientras yo accionaba el desagüe del jacuzzi, que se tragaría toda el agua con nuestros fluidos sexuales mezclados.


Al acostarnos desnudos para dormir, abracé a mi secretaria por atrás en posición "de cucharita" y mi pene se acomodó entre sus nalgas, el cual estaba reaccionando, pero no quise seguir con más acciones y me dormí abrazado a ella.


-oOo-


Al día siguiente, después de desayunar, entramos a un gran salón que estaba repleto de gente y se inició la ceremonia de inauguración del Congreso. Nancy y yo nos sentamos juntos casi al final de las filas de sillas al lado de un pasillo, por lo que teníamos una vista completa del escenario.


Aunque no hubiera querido, me llamaron la atención un buen número de edecanes todas ellas muy bellas, vestidas con falda blanca corta y muy pegada a sus cuerpos, lo que hacía resaltar su hermosa figura femenina. Usaban blusa escotada al frente también de color blanco, que se notaba de suave tela y era obvio que a propósito dejaban ver una buena parte de sus tetas. Zapatos de alto tacón también de color blanco. Eran unas beldades.


Yo no puse atención a lo que dijeron los participantes. Nancy me daba de codazos en mi costado para que me fijara en las edecanes. Ella también estaba sorprendida del atractivo visual que nos estaban brindando las chicas.


Una de ellas pasó muy junto a nosotros, llevando en sus manos un vaso al parecer con café que se lo entregó a una de las personalidades de la mesa de honor. Cuando regresaba a su lugar que se encontraba fuera del recinto, lo hizo con lentitud y mirando a los asistentes, como preguntando si alguien se le ofrecía algún refresco a café, por lo que alcancé a leer su nombre en una pequeña placa dorada que se había prendido en su blusa: MIRIAM.


-Mira que hermosa mujer, me dijo Nancy con voz muy baja y junto a mi oído. Se Llama Miriam.


-Sí, le respondí. Ya ví que está hermosa.


A pesar de la manera casi silenciosa de nuestras veces Miriam nos escuchó pues estaba justo a nuestro lado. Con una sonrisa amable me vio a los ojos y luego a los de Nancy que brillaron indicando de manera inequívoca que el deseo se había apoderado de ella. Mi secretaria estiró su mano y tomó por el brazo a Miriam.


-Mi reina, le dijo, ¿me puedes ofrecer un refresco?.


-Claro que si, respondió Miriam, en un momento te lo traigo.


Apenas se retiraba Miriam, mi secretaria me hizo un comentario que seguramente la edecán escuchó y posiblemente las personas que se encontraban muy cerca de nosotros.


-¡Mh!, sería lindo hacer un trío con ella, ¿no crees?, me preguntó.


-Claro que sería sensacional, le respondí. ¿Quieres que vaya a buscarla

a ver si la convenzo?


-Por supuesto que siiiiiiiiii, dijo Nancy emocionada.


-Ok, le dije, espero que no se me anticipe nadie.


-JAJAJAJAJA, pues cualquiera quisiera tener en su cama a una mujer con esa belleza. Sería bueno que te apresuraras. ¿Le viste las tetas y el hermoso culo que tiene?.


-Claro que sí. Tiene un culo fantástico y también lindas piernas.


Miriam regresó con un vaso de refresco que le entregó a Nancy y cruzaron miradas libidinosas, indicando claramente que la atracción era recíproca. Una hora después tuve que salir al baño. En las puertas de acceso del recinto se había colocado una larga mesa con bocadillos, refrescos y café para que los asistentes degustaran en los momentos de descaso entre una conferencia y otra. Al pasar cerca de Miriam le sonreí y ella respondió con otra sonrisa.


Regresé del baño y llegué junto a ella.


-Hola Miriam, ¿cómo estás?.


-Bien señor. ¿Gusta un café?.


-Si tu me lo ofreces…con mucho gusto.


Miriam sonrió sin dejar de ver mis ojos. Dio media vuelta y se acercó a la mesa donde estaba el café y tardó más de lo debido en servir la taza, agachándose también más de lo debido. Era indudable que con toda intención me estaba mostrando su bien formado trasero que se dibujaba exquisito bajo la corta falda de color blanco, dejando ver la totalidad de sus piernas y hasta la parte baja de sus nalgas, en donde no ví ropa interior porque seguramente usaba hilo dental.


A pesar de su fina voz, yo había notado algo en su timbre que me hizo pensar que Miriam no era mujer sino transexual y un enorme morbo se apoderó de mí, porque entonces sería el más bello y deseable de los transexuales que hasta la fecha yo había conocido en persona, porque por internet había visto cientos de ellos.


Al entregarme la taza de café le tomé la mano y se la sostuve por breves segundos. Permitió que su mano quedara unida a la mía, mientras nuestras miradas se cruzaban y nuestras sonrisas se dibujaban en nuestros rostros.


-¿Le gusta el congreso, señor?


-La verdad es que hasta estos momentos, lo que más me ha gustado eres tú, le dije sin vacilar y de manera directa. No tenía caso perder más tiempo, aprovechando que nos encontrábamos solos.


-Gracias.


-Pero noto algo en tu voz. ¿Estás resfriada?.


-No, y usted lo sabe. Usted sabe lo que soy, ¿no es cierto?

-Pues lo confirmo ahora que me lo dices. ¿Todas las edecanes son cómo tu?. Además…imagino que trabajas en otra cosa además de ser edecán, ¿no?


-Tres más son igual que yo y efectivamente trabajo de noche en este lugar, me dijo entregándome una tarjeta. En ese lugar me llamo YASMÍN.


-Muy bien, le dije sintiendo que mi virilidad respondía. Nos vemos a las once de la noche, ¿ok?.


-Me parece buena hora. Pero…¿no va a invitar a su pareja?.


-Veo que Nancy te gustó y te informo que tú le gustaste a ella, tanto como a mí. ¿Quieres que me acompañe?.


-Hoy en la noche no. Vaya usted solo, pero me gustaría conocerla a ella también.


Abrí la puerta del recinto de conferencias y le hice una señal a Nancy para que saliera.


-Nancy…te presento a Miriam. Los ojos de Nancy volvieron a resplandecer al acercarse a Miriam para saludarla de beso en la mejilla.


-Mucho gusto, linda, dijo Nancy.


-El gusto es mío, querida.


-Pero de una vez debes saber que Miriam no es cien por ciento mujer, le dije a Nancy, mientras Miriam me escuchaba sonriendo sin apartar la mirada de los ojos de Nancy.


-¿Cómo es eso?


-Si,,,Miriam es mujer, pero entre sus piernas tiene el sexo de hombre.


-¿De veraaaaaaaas?, preguntó Nancy. Nunca lo hubiera imaginado. ¡¡¡Esto es sensacional!!!!, Pero…¡Eres una auténtica y bellísima mujer, Miriam!. ¡No puedo creer que entre tus piernas tengas…!


De esa manera tan elocuente se expresó mi secretaria entre incrédula, sorprendida y excitada, llevándose las manos a sus mejillas y abriendo desmesuradamente sus ojos que recorrían sin disimulo la anatomía de Miriam de pies a cabeza.


Miriam, a su vez y de manera coqueta respingó su muy atractivo trasero dibujado espléndidamente por su corta y untada falda, y lentamente dio una vuelta sobre su propio eje para que le viéramos su exquisito cuerpo en toda su magnitud. Su culo se veía asombroso. A ninguno de los tres nos importó que hubiera otras personas cercanas, lo cierto era que una erección incontrolable aparecía bajo mis pantalones.


-Claro que es sensacional, le dije. Tengo cita con ella hoy en la noche y de seguro que después haremos un trío, ¿verdad Miriam?, le pregunté.


-Nada me gustaría más.

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-A mi me encantaría, dijo Nancy.