Acababa de llegar a casa tras una intensa mañana de trabajo en el hotel y después saludar a su hijo, plantado frente al televisor viendo los Simpson, se metió en la cocina a hacer de comer.

-¡Francis! – llamó Isabel a su hijo cuando la comida fue puesta en el fuego. - Ven a la cocina y échale un ojo al sofrito mientras me ducho.

Ambos se cruzaron en el camino, Francis se puso a remover la comida mientras que su madre subía a la planta de arriba. Se metió en el cuarto de baño y comenzó a llenar la bañera de agua a la vez que se quitaba el uniforme de trabajo que año a año lo encontraba más incómodo.

Cuando quedó completamente desnuda se detuvo un momento mirándose en el espejo. El corte de pelo de la semana pasada le quedaba muy bien, y ahora que se acercaba el verano era más práctico que la melena larga que lucía el resto del año. Se escrutó el rostro buscando arrugas y estragos causados por la edad, pero sus cuarenta y cinco años la estaban tratando bien aunque no así de bien la trató el embarazo de Francis, ya que a pesar de haberle agrandado los pechos éstos se habían caído levemente y unas finas estrías habían aparecido en la parte superior de sus muslos, pero esto no le impedía estar orgullosa de sus piernas fuertes y bien formadas.

Dándose la vuelta para mirarse el culo, se lo agarró y comprobó que la celulitis se había abierto camino en él lo mismo que en la barriga. Había conseguido recuperar parte de su forma anterior, pero no toda y eso la molestaba.

Había engordado unos doce kilos tras su divorcio. Éste había sido muy traumático no sólo para ella sino también para Francis que por entonces contaba con apenas diez años. Su matrimonio derivó en varios años de infidelidad por parte de su marido, un divorcio de casi tres años de juicios por repartición de bienes, una depresión que la hizo engordar y casi perder su trabajo, todo ello en plena adolescencia de su hijo, quien en los comienzos de su desarrollo físico y mental que le haría un hombre se encontró viviendo en un ambiente turbio y sin autoridad ni guía alguna sobre él.

Con ayuda de algunos familiares y un profesor de su hijo consiguió a tiempo que su hijo no se maleara ni mezclara con los malos ambientes que empezaba a rondar en clase. Esta vigilancia sobre él también la ayudó a ella a salir de su depresión al tener un objetivo. Así se dedicó de pleno a su hijo para tratar de enmendar esos primeros años de divorcio, mimando en ocasiones a Francis de forma excesiva.

Ahora el ambiente era mucho más tranquilo, todo se había estabilizado. Ella recuperó parte de su peso y ánimo original, su hijo volvía a centrarse en los estudios y en los amigos de siempre, el trabajo iba bien. Tras la tempestad había llegado la calma.

Tras el examen anatómico cerró el grifo de la bañera y se sumergió en ella tumbándose casi completamente. Mientras se frotaba con la esponja se forzó por traer a su mente al grupo de jóvenes suecos que habían llegado esa mañana al hotel. Se trataba de un equipo juvenil de balonmano sueco que había acudido a la ciudad a disputar un pequeño torneo con varios equipos más de otros países europeos., y cuando los vio tan rubios, tan altos y tan musculados deseó que alguno de ellos le hubiera echado mano a sus dos balones.

Pensando en ellos dejó la esponja y se empezó a acariciar sus pechos y a pellizcar sus pezones que estaban semi-erectos por el agua tibia. Se imaginó a varios de ellos lamiéndole los pezones y se descubrió con ganas de tener realmente una lengua en ellos. Deseó entonces tener los pechos más grandes para poder lamérselos ella misma pero como no era su caso se conformó con rozárselos con las yemas de sus pulgares suavemente.

Abrió las piernas todo lo que podía y se colocó lo más cómoda que pudo en la bañera para acto seguido llevarse una mano a su vagina, la cual acariciaba en todo su contorno.

Con los ojos cerrados, las imágenes de muchachos jóvenes que había visto en la calle, en el hotel, en televisión, muchos acudían a su mente. Desde hace bastantes meses había descubierto que lo que más la calentaba y en los hombres en los que más se fijaba era muchachos jóvenes, estudiantes, universitarios, chicos de la misma edad de su hijo, las jóvenes promesas deportivas que aparecían en televisión, los nuevos actores. De todo esto se alimentaba y a muchos de ellos imaginaba mientras uno de sus dedos ya invadía su interior haciéndola resoplar. Un segundo dedo se unió al primero y juntos se deslizaban más rápidamente y simultáneamente su mano libre se deshacía en estrujar sus tetas.

-¡Mamá! – Francis llamaba a su madre desde la planta de abajo. - ¡Mamá!¡La comida ya está lista!

-¡Ya bajo! - le contestó Isabel sin saber si su hijo la habría oído, pero aún así no dejó de masturbarse.

Había iniciado una paja muy placentera y no iba a quedarse a medias por la interrupción de su hijo. Dejó de acariciarse los pechos para dedearse el clítoris a la vez que sus dos dedos seguían penetrándola sin descanso. Pero ahora la paja era acompañada de las imágenes de los calzoncillos de su hijo que prácticamente a diario encontraba manchados de semen en el cubo de la ropa sucia.

Francis tenía ya dieciocho años y comenzaba a ser un hombre, al menos en cuerpo, ya que su voz y sus actos le seguían traicionando en ocasiones.

Un par de veces lo había pillado masturbándose en su habitación pero no le había dado mayor importancia ya que estaba en la edad, pero ahora mientras sus hábiles dedos la hacían gozar, esas imágenes de su hijo masturbándose en la ducha o masturbándose en la cama la encendían. Tras unos minutos más en los se frotaba el clítoris con furia y sus dedos jugaban en su interior, un fuerte orgasmo alcanzó a Isabel.

Estaba Isabel sentada en el borde de su cama con una toalla envolviendo su cuerpo mientras se secaba el pelo con otra toalla. Lo bien que le había sentado esa paja en el baño no lo podríamos imaginar y en ello se regocijaba cuando notó la presencia de alguien en la puerta de su dormitorio.

-¿Se ha quemado la comida? – le preguntó a su hijo.

-No, si yo ya he comido y todo, como tardabas… Tu plato ya está servido, he venido a avisarte porque se te va a enfriar.

-Gracias hijo, me cambio y bajo. – se lió la toalla a la cabeza para que se secase el pelo. – Y tú, no te pongas con el ordenador, si tienes deberes los haces primero y luego ya te conectas o juegas.

-Qué sí, pesada. – se metió en su cuarto.

Cuando se hubo secado, Isabel se puso ropa de andar por casa y bajo a almorzar, y aunque tenía la televisión encendida no le prestaba atención, en cambio le daba vueltas al hecho de que había alcanzado un buen orgasmo recordando las pajas de su hijo e imaginando cortas escenas de como éste llegaba incluso a follársela. Y esto, que podría haber sido una simple anécdota fantasiosa la tenía muy entretenida y preocupada. Lo que le impedía saber que su hijo estaba en esos mismos momentos masturbándose en su dormitorio.

Francis, apenas escuchó que su madre bajaba por la escalera, se tumbó en la cama y se sacó la verga que comenzaba a ponerse erecta rápidamente. La imagen de su madre recién duchada, envuelta en una toalla que dejaba al aire sus muslos y parte del canalillo de sus pechos, le obligaba a una paja para desahogarse.

No era la primera vez que la veía así, de hecho cuando iban a la playa la veía más ligera de ropa, sobretodo desde que volvió a bajar de peso. Tampoco sentía una obsesión particular por su madre, posters de Jesica Alba, Adriana Lima y Scarlett Johanson decoraban su dormitorio, del mismo modo que compañeras de colegio y de clase eran amas de sus fantasías, pero el hecho de que su madre era la mujer que tenía más a mano le hacía no desperdiciar oportunidad alguna para verla desnuda y más porque a sus ojos estaba bien buena a pesar de tener más de cuarenta años.

Así, imaginando a su madre arrodillada junto a la cama chupándole la polla, se pajeaba frenéticamente, tan frenéticamente que en poco más de cinco minutos su verga escupía semen sobre su mano y vientre. Se limpió con un pañuelo y se puso a hacer los deberes del instituto.

Esa noche tanto madre como hijo se masturbaron en soledad a pesar de estar una habitación enfrente de la otra. Mientras Francis se masturbaba pensando en su compañera Vanesa, su madre Isabel se descubrió pensando en su hijo mientras se masturbaba.

Pasaban los días con cierta rutina y monotonía para ambos si no fuera porque cada vez que Isabel había empezado a masturbarse terminaba imaginándose a su hijo haciéndole el amor. Su hijo sin ser muy alto ni un guaperas de revista, tenía un buen cuerpo, y más desde que le había dado por jugar al tenis, hasta tenía un poster de Rafa Nadal entre tantas actrices y modelos. La cuestión era que sentimientos enfrentados habían ido despertando poco a poco en ella. Por un lado el deseo y las ganas de acostarse con un chico joven que la hiciera sentir joven y deseada, y su hijo estaba enfocando paulatinamente su atención. Y por otro lado, que fuera su hijo precisamente el joven en el que pensaba la hacía sentirse sucia y por qué no, loca de remate, porque esas fantasías que la ayudaban a masturbarse tenían de fondo la pederastia y el incesto.

El problema venía cada vez que Isabel encontraba los calzoncillos o las sabanas manchadas de semen, donde su parte sexual se encendía y se sobreponía a la parte racional que la alejaba de cometer cualquier locura.

A primeros de Junio Francis ya estaba estudiando más de lo que le gustaba porque empezaba la época de los exámenes finales. Su madre viendo que estaba bastante agobiado decidió llevárselo ese domingo a la playa.

Una vez allí, Francis quedó bastante decepcionado ya que a pesar de ser domingo e inicio de verano, no había mucha gente y la mayoría eran guiris viejetes que se tostaban al sol como salmonetes pero su desilusión se esfumó en cuanto vio como su madre se quitaba la camiseta y el pantalón corto para quedarse en un estupendo bikini azul.

Realizado a fondo un profundo scanner del cuerpo de su madre y despertada su polla bajo el bañador, Francis se sentó en la toalla para ocultar su erección.

-¿Vas a bañarte o prefieres que juguemos un poco a las cartas? – preguntó Isabel a su hijo.

-Juguemos un poco, yo apunto.

Con esto pensaba ganar tiempo para que su polla se calmara, pero no contaba con la visión que se le presentó. Su madre sentada frente a él con las piernas cruzadas a lo hindú le dejaba a plena vista toda su vagina que a pesar de ocultarse bajo el bikini se intuía su forma sin mucha dificultad. Esto no hizo sino incrementar la hinchazón de la verga de Francis.

Algunos minutos después Isabel notaba a su hijo como perdido, apenas había ganado alguna mano y casi siempre tenía recordarle que anotara los puntos.

-Ay Francis, hoy no estás fino, ¿dónde estás? – dijo su madre ganando otra mano.

Lo que no sabía es que Francis llevaba un rato imaginando que tenía la cabeza entre sus piernas, lamia su clítoris sin parar y follaba su coño con los dedos. Así que a la pregunta de su madre solo pudo responder con una sonrisa.

Isabel que vio esa sonrisa y la mirada de su hijo centrada en su entrepierna tuvo un primer impulso de cambiar de postura para cerrar las piernas, pero a medida que iba cambiándose decidió quedarse como estaba.

-Se me duermen los pies así, ¿a ti no? – preguntó para disimular el movimiento hecho.

-Sí, un poco. Si quieres paramos y jugamos con las paletas.

-No, luego quiero bañarme un poco, que ya estoy pasando calor.

Ahora era Isabel la que comenzaba a excitarse a sabiendas de que su hijo estaba comiéndosela viva con la mirada. Por lo que entre el sol y su calentura interior, avisó de que se iba a dar un chapuzón poco después.

-¿No vienes, cielo? - preguntó Isabel muy sugerente.

-Sí, sí, ahora voy, mamá. – contestó Francis aterrorizado por levantarse empalmado como estaba.

-No tardes que si no me aburró. – le guiñó un ojo a su hijo.

Camino al agua Isabel se sorprendió del comentario que acababa de hacerle a su hijo. ¿A qué estaba jugando? ¿Realmente se había dispuesto calentar a su hijo? ¿O era ella la que más se calentaba con la situación? Pensando en esto se detuvo en la orilla y como el agua estaba algo fría se inclinó para recoger agua con sus manos y mojarse el cuerpo poco a poco.

Así la vio su hijo mientras se dirigía al agua. Inclinada y con el culo apuntándole envuelto en su azulado bikini, y tan excitado estaba que los pensamientos de agarrarla en esa posición y follarla en mitad de la playa daban vueltas en su cabeza. Finalmente se limitó con darle una palmada en el culo justo antes de zambullirse en el agua y alejarse nadando.

-¡Pero bueno! ¡No huyas cobarde! – le gritó la madre a su hijo e inmediatamente le siguió a nado.

Cuando se habían alejado un buen trecho de la orilla y no hacían pie Francis se detuvo e Isabel, que venía algo más atrás, terminó por darle alcance.

-Estamos bastante lejos de la orilla. – dijo Francis señalando a la orilla mientras se mantenía a flote.

-Con razón estoy cansada, si no he parado de nadar. – dijo mirando a la orilla y comprobando la distancia que los separaba.

Su hijo aprovechó esto para sumergirse bajo el agua y agarrar a su madre de las piernas para darle un pequeño susto. Emergió riéndose.

-¡Vaya susto Francis! Se me había pegado un pulpo en las piernas. – rió jocosamente.

Seguían manteniéndose a flota e Isabel comenzaba a notar bastante cansancio.

-Voy a salir ya, me estoy cansando. – avisó. - ¿Si me da un calambre y me voy a ahogar tú me salvas, verdad? ¿O te parezco tan pesada que me dejarías aquí? – volvió a decir a modo de broma.

-Pues claro, mamá. Mira que dices tonterías cuando quieres, ¿y tú a mí?

-Por su puesto, eres mi hijo y por ti lo hago todo. Pero ahora haz algo por mí, anda, sálvame que estoy cansada para volver nadando a la orilla. – se colocó boca arriba flotando en el agua haciéndose el muerto. – Venga, vigilante de la playa, que me ahogo. – insistió Isabel viendo que su hijo dudaba un poco.

Así que emulando a los susodichos vigilantes de la playa, Francis se puso detrás de su madre y le paso un brazo bajo los brazos y pechos de su madre. Impulsándose con el brazo libre y con sus piernas, nadaba lentamente cargando con su madre "muerta".

El menú visual que tenía Francis frente a sus ojos era maravilloso, tenía las dos tetas de su madre al alcance de la mano, con unos pezones erectos por el frío mientras que su entrepierna apenas era ocultada por el bikini que se pegaba a su vagina. Desde el primer momento la erecta polla de Francis estaba dando involuntarios golpes bien al culo bien a la vagina de su madre y esto lo tenía entre excitado y preocupado ya que su madre debía de estar dándose cuenta de ello. Y vaya si se estaba dando cuenta, Isabel estaba mordiéndose el labio inferior cada vez que la verga de su hijo golpeaba su entrepierna. Conteniéndose por no dirigir la mano a la polla de Francis, se limitó con abrir disimuladamente un poco más las piernas para facilitar el contacto con su hijo.

-Ya podemos hacer pie. – avisó Francis a la vez que se separaba con desgana de su madre minutos después.

El agua le cubría por encima de los hombros a Isabel que era un palmo más baja que su hijo, y aunque ya estaba descansada, su respiración estaba algo agitada por la excitación.

-Bueno, voy a salir, ¿vienes? – preguntó Isabel.

-Estooo, no, me voy a quedar un poco más en el agua, pero no creo que tarde mucho en salir. – dijo mientras se tocaba el paquete por encima del bañador, ya que pensaba hacerse una paja en cuanto su madre se fuera.

Isabel se dio cuenta de las miradas que su hijo le lanzaba a través del agua limpia y cristalina y de cómo se sobaba su herramienta, y en ese momento, la razón que pudiera haber en su cabeza se apagó.

Para sorpresa de su hijo, en lugar de alejarse, su madre se acercó a él sin dejar de mirar su paquete. Echó un rápido vistazo a su alrededor con un movimiento de ojos y llevó su mano derecha a la polla de su hijo.

Francis se sobresaltó e hizo ademán de separarse pero entonces la mano de su madre se cerró con ansia en torno a su rabo.

-Ma...má. – balbuceó mientras buscaba la mirada de su madre, pero no la encontró.

-Sssshhhh. - se limitó a susurrar Isabel que ya había metido la mano dentro del bañador para aferrar la polla de su hijo.

Su mano recorría toda la longitud de ese juvenil cipote a la vez que comprobaba su grosor. Como el bañador la estaba incomodando le dijo en voz baja a su hijo que se lo quitara y Francis, cual autómata, se lo bajó hasta las rodillas.

Con mayor libertad empezó a pajear Isabel a su hijo a la vez que acariciaba sus huevos en la profundidad del agua.

El corazón de Francis latía desenfrenado mientras se dejaba hacer y veía como su madre aceleraba con ansias la masturbación. Isabel que no apartaba la vista de la sumergida polla de su hijo, subía y bajaba su mano velozmente mientras se relamía en su interior.

-Mam… má, jo… der. – susurraba el joven muchacho.

-Sssssshhh. –volvió a silenciar su madre. – Acaba ya cariño.

Dicho esto, dejó tranquilo los huevos de su hijo, tomó una de sus manos y las llevó a sus nalgas. Francis las agarró instintivamente con fuerza arrancándole leves quejidos a su madre. Harto también del bikini de ésta, metió la mano bajo el bañador y amasó su culo con pasión mientras que Isabel daba sacudidas más rápidas pero cortas en torno a la cabeza de su polla. Segundos después y sin poder evitarlo, Francis eyaculó varias ráfagas de esperma que se perdieron en el mar o se pegaron a la mano de su madre.

-Así, eso es. Ya está. – dijo Isabel cuando la verga de su hijo dejó de dar espasmos.

Se acercó a su hijo y lo besó en la mejilla. Cuando se separó, ambos, aún jadeantes, se miraron a los ojos. A Francis le costaba sostener la mirada de su madre y la desviaba al agua para volver a mirarla. No sabía como digerir lo que había pasado, ya que una cosa era fantasear con follársela, mirar su escote, su culo, pajearse pensando en ella y otra cosa era que su madre se lanzara a pajearlo. En su mirada veía el deseo de su madre y también un anhelo de perdón o una búsqueda de su aprobación por lo que acababa de hacer a su hijo.

Por su parte, la razón volvía a ganar terreno en Isabel y la palabra "enferma" pasó por su cabeza. En un acto de excitación y tras una enorme tensión sexual entre ella y su hijo se había dispuesto romperla. Después del placer veía a su hijo desconcertado, algo lógico, y se preguntaba que hacer cuando su hijo habló.

-Gracias mamá. Ha sido genial.

Isabel vio disipada su culpabilidad y nerviosismo y sonrió a su hijo con orgullo maternal.

-Salgamos y volvamos a casa, que mañana tienes un examen y aún tienes que estudiar algo más. – volvió a comportarse con normalidad.

Se colocó bien la braguita del bikini pues tras el magreo de su hijo tenía medio culo fuera. Francis también se subió el bañador y ambos salieron del agua.

De vuelta a casa la normalidad volvió rápidamente ya que ambos se comportaban como si no hubiese pasado nada extraño en la playa, Francis enfrascando en el estudio e Isabel limpiando un poco en la casa.

Esa noche Francis se masturbó visualizando con todo el detalle que podía lo sucedido, mientras que su madre se auto-convencía de que no había hecho nada malo, si no que por el contrario, había ayudado a su hijo a desfogarse sexualmente, haciéndole ver que ella se dedicaba a su hijo, porque estaba dispuesta a entregarse a su hijo completamente.

Isabel llegó a casa a mediodía con un par de bolsas de la compra que dejó en la cocina y subió al dormitorio de su hijo para comprobar si había llegado ya del instituto. Lo encontró sentado frente al ordenador y escuchando música.

-Toc, toc. – dijo mientras llamaba a la puerta. - ¿Qué tal el examen, Francis?

-Hola mamá. Bien, aunque ha sido muy largo, casi no me da tiempo a terminarlo pero creo que sacaré un notable como mínimo.

-Muy bien, pues estudia igual para los próximos exámenes y los harás igual de bien. – le animó. – Bueno, me ducho y bajo a hacer de comer. – se iba ya a su dormitorio.

-¡Espera mamá! Estoy hablando con el primo David en el Messenger y me ha preguntado si vamos a trabajar este verano en el hotel como nos dijiste.

-Dile que sí, que luego llamo a la tita y le cuento.

-Ok. – Francis comenzó a teclear rápidamente.

Esta vez ni Isabel se masturbó en la ducha ni su hijo lo hizo pensando en ella. Ambos apartaban tales deseos como podían.

Tras el almuerzo Isabel llamó a su hermana y tuvo una larga charla con ella mientras que Francis aprovechó para jugar un poco con los videojuegos. Así paso la tarde envuelta en la tediosa rutina de siempre solo rota por los incestuosos y alocados pensamientos de madre e hijo.

Tan envuelto en estos pensamientos estaba Francis que dejó el bolígrafo sobre el escritorio, buscó fotos, videos o historias porno sobre madres e hijos y se sacó la polla dispuesto a masturbarse mientras iba de web a web, pues ahora sí se consideraba obsesionado con su madre.

Isabel subía las escaleras, para que apagase la luz y se acostara, se quedó asombrada frente a la puerta, que entornada, le permitía ver a su hijo masturbándose frente al ordenador. No era la primera vez que lo había pillado así, pero si la primera vez desde que lo había masturbado ella misma. Ahora podía contemplar mucho mejor la polla de su hijo, lo que la hizo excitarse.

Estaba dudando si interrumpirlo o no, pero sobre todo estaba dudando si entregarse a él o no. Sabía que si lo hacía todo cambiaría radicalmente con su hijo, si es que no había cambiado ya.

-Toc, toc. – volvió a llamar y abrió la puerta lentamente para darle tiempo a su hijo a enfundarse el pene y quitar la película porno.

-¿Eh?¿Qué pasa, mamá? – preguntó Francis agitado pues apenas le dio tiempo de guardarse la polla en el pantalón y menos a quitar la película. Su madre debía de haberla visto en la pantalla antes de que cerrara la web.

-Sólo quería decirte que deberías acostarte ya, es tarde. – dijo. – Pero también me gustaría hablar contigo. – dijo mientras se sentaba en la cama de su hijo.

Francis sospechó en el acto que lo había descubierto pajeándose y le iba a echar una regañina o bien sería por lo del día anterior en la playa, o por ambas cosas. La cuestión es que estaba a punto de pedir perdón, solicitar clemencia y jurar que no lo volvería a hacer cuando su madre habló.

-Lo que pasó ayer en la playa… No estuvo bien, no debí hacer algo así, no debí obligarte pues eres mi hijo y eres menor de edad. Quiero pedirte perdón por lo que pasó, yo soy la adulta y debí de actuar con muchísima más responsabilidad.

Francis quedó más desconcertado aún en ese momento que tras la paja de su madre, ¿qué le pedía perdón? Pero si estaba deseando que lo volviera a hacer. Sí, es cierto que era su madre, que eso ponía la situación muy delicada, y ya había oído hablar del mito y el complejo de Edipo pero si de tener un orgasmo se trataba, fuera su madre, su compañera de clase, Angelina Jolie o una prostituta rumana la que se lo proporcionara, por él perfecto. Además, su madre estaba muy bien y como madre suya que era sabía que ésta lo quería y lo mimaba, mayor confianza que en ella no iba a encontrar a nadie.

-Mamá, no tienes nada de lo que disculparte. Yo… Vamos, lo que pasó ayer, a mí me gustó, fue una flipada. – dijo Francis entusiasta. – Aunque no me lo esperaba.

-Yo tampoco me esperaba que te pusiera caliente tu madre. – Francis se ruborizó al oír esto. – Pero también me gustó.

Tras el divorcio Isabel sintió que había malgastado muchos años de su juventud y ahora el deseo de sentirse joven sólo lo hallaba en los jóvenes que se fijaban en ella y en los jóvenes con los que fantaseaba, pero el morbo prohibido que su hijo había despertado en ella le había supuesto una grata sorpresa, y hambrienta como estaba de sexo juvenil cruzó la frontera de lo prohibido una vez más para llegar mucho más lejos.

-¿Recuerdas lo que te dije ayer, que soy tu madre y te quiero, que haría cualquier cosa por ti? – Francis asintió. – Pues déjame hacer algo por ti que en realidad quiero hacer por mí.

Se levantó de la cama y fue hasta su hijo, lo cogió de las manos haciendo que se levantase y lo guió hasta la cama. Luego apago la luz y también fue a la cama.

-Espero que me perdones por lo que voy a hacer. – dijo mientras Francis escuchaba como la cremallera del pantalón corto de su madre se abría.

-Lo estoy deseando mamá. – dijo mientras también él se desnudaba pero a la velocidad del rayo. Le pareció ver a su madre sonreír en la oscuridad.

Francis estaba ya desnudo y recostado en su cama con su cipote totalmente tieso cual mástil de un galeón español. Su madre se sentó en la cama, vestida sólo con unas bragas y el sujetador, y en la oscuridad de la noche guió su mano a dicho mástil. Lo pajeaba muy despacio, se detenía para acariciar sus huevos y lo volvía a pajear. Con su otra mano acariciaba el abdomen y la cara interna de los muslos de su hijo, dibujando la silueta de sus músculos con sus manos. El simple contacto con esa piel joven, a medio camino de la plena hombría, la hizo humedecer en su entrepierna.

Dejándose envolver por las caricias de su madre, Francis comenzó a acariciar los muslos de ella también. Su madre apenas usaba el coche e iba andando a casi todos lados y eso lo pudo comprobar tocando sus piernas que eran fuertes. Su otra mano buscó los pechos que colgaban sobre él y los estrujó.

-Espera un momento. - dijo Isabel, que paró sus caricias y se desabrochó el sujetador para dejarlo en el suelo junto al resto de su ropa. – Así mejor, ¿no crees?

Entonces ambas manos de su hijo amasaban y sopesaban sus tetas. Pellizcaba sus pezones con ansia y la hacía dar algunos quejidos, pero sobretodo la excitaba.

Los pezones ya estaban tiesos y Francis lo aprovechó para incorporarse un poco y comenzar a lamerlos. Los chupaba y los mordía con suavidad, iba de uno a otro con rapidez haciendo que su madre jadeara más rápidamente.

-Joder qué tetas, joder que tetas. – repetía Francis cuando no tenía un pecho en la boca. Su madre, se limitaba a jadear de placer.

Isabel notaba que su hijo estaba muy caliente y temía que tuviera un orgasmo antes de poder disfrutarlo totalmente, así que se apartó un poco de su hijo que se quejó y se quitó las bragas. Lo tenía más que decidido, iba a follarse a su hijo y ya nada la haría cambiar de opinión. Desnuda al fin hizo tumbar a Francis totalmente, que nervioso respiraba agitadamente. Se puso a horcajadas sobre él y agarró su verga con una mano.

-Mamá. Soy virgen. - Se confesó Francis con una voz muy débil.

-No te preocupes, cariño. Tú déjame hacer a mí y disfruta. – pajeaba su verga suavemente. – Sólo avísame cuando vayas a correrte, no lo vayas a hacer dentro, ¿vale?

-Vale.

Siguió dando un par más de sacudidas a la vez que se frotaba su vagina para humedecerse aún más. Cuando lo estimó oportuno dirigió aquel cipote adolescente a su coño y fue descendiendo sobre su hijo lentamente. Ambos dejaban escapar suspiros de placer. Subió y bajo sobre aquella verga varias veces profundizando más en cada una de ellas a la vez que la polla se iba haciendo hueco entre las paredes vaginales de Isabel.

-Ooooh, sí. –susurró Francis.

-¿Te gusta esto, verdad? – Isabel comenzaba a cabalgar sobre él ya que la polla se deslizaba de maravilla en su interior. - ¿Verdad que te gusta lo que haces con mamá?

-Sí, sí, sí. – Confesaba Francis que agarraba a su madre de los muslos y las caderas a la vez que comenzaba a bombear también.

-Muy bien, hijo. Muévete tú también. Aaahhh. Sí, así. Sssíííííí. Mmmmmm.

Viendo que Francis se acoplaba bien a sus movimientos, Isabel se recostó sobre su hijo dejándole a él darle envites muy secos y profundos.

-Toma mi amor… abre la boca. – pidió.

Isabel cogiéndose una teta se la metió a su hijo en la boca. Éste, en cuanto sintió que el pezón rozaba sus labios lo engulló ferozmente. Agarró el culo de su madre y aceleró las embestidas mientras succionaba aquel melón mamario.

-¡Aaahh!¡Aaah!¡Aaaahhh!¡Ssíííí!¡Aahh! – Isabel estaba ya loca de placer, le sacó la teta de la boca algo dolorida y le metió la otra. – Sigue, mi amor. Mmmmm. ¡Síííí!¡Síí!¡Sí!¡Sí!

Francis, se estaba follando a su madre, no sabía cómo había llegado a eso exactamente, pero hacía unos minutos era virgen y ahora tenía la polla metida en el coño de su madre, una teta metida en su boca y estrujaba y magreaba su culo sin descanso. Todo eso eran muchas sensaciones nuevas de golpe para él por lo que mucho más pronto de lo que deseaba comenzaba a sentir una corrida inminente. Así que dejó libre la teta de su madre para avisarla como había prometido mientras ella no paraba de jadear y resoplar.

-Mamá… me voy a correr.

-¿Eh? – salió Isabel del trance de placer en el que estaba metida. – Aguanta un poco más cariño. Un poco más. – pidió a su hijo porque ella sentía que podía alcanzar un orgasmo en breve si seguía follando a ese ritmo.

-No, me voy a correr.

Isabel entonces se incorporó sobre su hijo para volver a controlar el ritmo de la follada y volvió a ese lento y cadencioso sube y baja sobre su niño. Con esto ganó escasos momento de placer ya que instintivamente tanto madre como hijo buscaban el orgasmo con desespero y por ello aumentaban la velocidad del mete-saca.

-¡Qué me corro, me corro! – aulló Francis.

Isabel, molesta y frustrada por no haber alcanzado un orgasmo aún, alzó su culo para sacarse la verga de Francis de su entrepierna, mientras éste descargó varias ráfagas de semen. Algunas cayeron sobre sí mismo, otras mancharon las sábanas y otras impactaron en el culo de su madre. Isabel sin pensárselo se metió un par de dedos en su coño velozmente pues quería desahogarse también. Así, mientras la corrida de su hijo le caía desde su culo a sus muslos, ella terminaba de saciarse con ayuda de sus dedos que finalmente consiguieron su objetivo.

-¡Mmmmmmm aaaaaaahhhhhhh! – se corrió y de desplomó junto a su hijo entre jadeos y profundos suspiros.

Cuando se hubo recuperado un poco besó a su hijo en la mejilla y acarició su pecho.

-Siento no haber aguantado más, mamá. – se disculpó Francis.

-¿Pero qué dices tonto? Quería que aguantaras más para poder corrernos juntos. – volvió a besarlo. – Además, es tú primera vez y es normal, pero ha sido genial. ¿Lo has disfrutado?

-¡Joder! Ya lo creo. Ha sido magnífico.

-Sí que lo ha sido, sí. No sabes como necesitaba esto. – dio un largo suspiro y se quedó mirando la nada en la oscuridad.

Francis empezó a acariciar a su madre, centrándose en su torso principalmente, iba desde su estomago a sus pechos, sus brazos, hombros, la estaba recorriendo entera, pero cada vez se entretenía más y más en sus tetas, esas tetas que había saboreado y succionado golosamente. Ambos estaban en silencio y la polla de Francis estaba empinada de nuevo, ya que no había llegado a perder la erección totalmente.

-Tengo el culo pringoso. – dijo su madre de repente. – Lo has tenido que poner todo perdido. Voy a traer algo para limpiarnos.

Francis vio como esa hembra que le había dado tanto placer salía de la habitación y entraba en el cuarto de baño. Al instante regresó con un rollo de papel higiénico en su mano mientras se limpiaba el culo y el muslo con la otra.

-Anda, déjame que te limpie. ¿Dónde estás manchado? – Francis señaló su vientre y su madre procedió a limpiárselo.

-Mamá, quiero hacerlo otra vez. – dijo tímidamente cuando su madre hubo terminado.

-Es tarde y mañana tienes clase, Francis. – dijo ella sin mucho ánimo.

-Dijiste que harías todo por mí. – dijo Francis tratando de chantajear emocionalmente a su madre, algo no muy difícil porque ella estaba en disposición de hacerlo.

-¿Y qué quieres hacer, hijo?

-Quiero hacer el amor contigo otra vez. Quiero follarte. - respondió decidió.

Isabel dejó el rollo de papel en la mesita de noche y se tumbó boca arriba junto a su hijo. Flexionó y abrió un poco las piernas.

-Pues entonces hazlo y no me hagas esperar más. – se ofreció deseosa.

Francis se colocó rápidamente entre las piernas de su madre y verla desnuda y entregada a él le encantó, se recostó sobre su madre y se apoyó en la cama. Con movimientos de cintura trató de ensartar el coño que lo vio nacer sin mucho tino. Su madre le agarró la polla dura nuevamente y lo guió a su entrada.

-Por aquí. – dijo.

Nada más sentir el calor de aquella vagina introdujo su verga en su interior de un golpe duro y profundo como los que había visto muchas veces en las películas porno.

-¡Aaaaaaaaaarrrrrgghhhh! – gimió Isabel que no esperaba esa embestida. - ¡Ssííííí!

No tardó mucho Francis en coger un ritmo fuerte y rápido. Su polla entraba plenamente en su madre, ya que ésta estaba ayudando a ello al sujetarse las piernas para mantenerlas bien abiertas.

El mete-saca era constante y madre e hijo jadeaban y sudaban con cada penetración. Esta vez, Isabel veía que el orgasmo le iba a llegar con más prontitud.

-¡Aaah!¡Aahh!¡Ahh!¿Te gustan darle duro a tu madre? – preguntó excitada a su hijo. - ¡Oooohhh!¡Sí!¡Sí!¡Aaahh!

-Síí. ¡Qué buena estás mama!

De improviso cerró las piernas en torno a su hijo y aferró las manos en su culo haciéndole profundizar más en cada embestida mientras movía su cintura para facilitarle el trabajo.

-Así, así… ya vien… ¡Mmmmmm sííííí! ¡Aaaaaahhhhhh!

Isabel abrazó a su hijo pues se había corrido esta vez con su polla perforándole el coño. Pero Francis, a pesar del ritmo de cadera y de la presión que habían ejercido las paredes vaginales de su madre sobre su cipote al correrse, seguía dando un envite tras otro sin dar muestras de correrse para mayor goce de su madre. De improviso paró su mete-saca para reanudarlo a mayor velocidad que antes haciendo que los gemidos de su madre fuesen más prolongados.

-¡Aaaahh!¡Sí!¡Aaah!¡Aaah!¡Aaaaahh!¡Así!¡Aaaaahh!¡Aaaahh!¡Así!¡Aaaahhh!

-Mama, me corro. – gruñó Francis que se salió rápidamente del coño de su madre para lanzar dos pequeños chorros de leche sobre su vientre.

-Muy bien, mi niño, muy bien. Mmmmmm. – dijo mientras acariciaba la cabeza de su hijo. Y lo besaba en la frente.

Se puso a un lado de su madre para descansar y ella tomó el papel otra vez para limpiarse. Una vez terminó se tumbó junto a su hijo y ambos se quedaron mirándose en la oscuridad mientras sus respiraciones se normalizaban.

-Ahora si vas a dormirte, ¿o me vas a decir que quieres más? Por esta noche ya está bien, ¿no crees? – le preguntó la madre a su hijo.

-Sí, será mejor dormir ya. - dijo cansado. – Duerme conmigo esta noche.

Su madre lo miró tiernamente.

-Está bien, pero ahora vuelvo, un momento. – salió de la habitación y en un momento volvió a pasó ligero. Traía su despertador. – Venga, ahora durmamos que mañana tienes clase y yo tengo que trabajar.

Ambos desnudos, uno junto al otro, el hijo abrazando a la madre, se quedaron dormidos tras una noche de pleno gozo sexual.