You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

Dormida en el taxi

Esa noche había bebido mucho más de la cuenta y apenas recuerdo cómo subí al taxi. Me quedé profundamente dormida en el asiento trasero, con el vestido corto subido hasta la cintura. Desperté desorientada cuando el auto se detuvo en un terreno baldío y oscuro, lejos de todo.
Dormida en el taxi

El taxista, un hombre corpulento de unos 50 años, me sacó a la fuerza y me tiró sobre el capó todavía caliente del coche. Me manoseó todo el cuerpo: apretó mis tetas con fuerza, las sacó del escote y las retorció, pellizcándome y mordiéndome los pezones hasta que grité de dolor. Me abrió las piernas con violencia, me arrancó las bragas y metió tres dedos gruesos en mi coño seco, moviéndolos con rudeza mientras con la otra mano me sobaba el culo, abriéndome las nalgas y metiendo un dedo en mi ano sin lubricante. Me chupó y mordió las tetas, dejando marcas moradas por toda mi piel.
dormida


Luego me folló salvajemente contra el capó, sujetándome el cuello con una mano mientras embestía con fuerza. Sentía su verga gruesa abriéndome por dentro con cada golpe. Me corrí a pesar del terror y la humillación, temblando y gimiendo como una puta.
Al terminar y correrse dentro de mí, me metió de nuevo al taxi medio desnuda y me llevó a un paradero de trailers apartado de la carretera. Allí me obligó a beber más alcohol a la fuerza: me tapaba la nariz y me echaba el tequila directamente en la garganta hasta que tosía y tragaba. Me mantuvo ebria, mareada y sin fuerzas para resistirme.
Me vendió a los traileros como una puta barata. Durante horas, uno tras otro me usaron sin piedad. Me tiraban sobre los asientos sucios de los camiones, me manoseaban las tetas y el culo mientras me follaban el coño y la boca al mismo tiempo. Uno me penetró el ano sin piedad mientras otro me metía la polla hasta la garganta, obligándome a tragar semen. Se corrían en mi cara, mis tetas y dentro de mí. Perdí la cuenta de cuántos fueron. Algunos me insultaban, me daban nalgadas y me tiraban del pelo mientras me usaban como un juguete.
borracha


El taxista cobraba el dinero y me obligaba a seguir bebiendo para que permaneciera dócil y abierta para todos. Al amanecer, me dejó tirada en un rincón del paradero, con el cuerpo lleno de semen, moretones y el vestido destrozado, mientras los traileros se reían y comentaban lo buena puta que había sido.
Siempre que recuerdo esa noche de impotencia y abuso continuo… y me toco hasta correrme.

1 comentarios - Dormida en el taxi