Me arrodille ante él y me la metí en la boca. Increíblemente su aparato reaccionó, creciendo aún más entre mis labios y comencé a sofocarme en mi intento de absórbela lo máximo posible. Súbitamente fui atraída hacia esa estaca de ébano, obligándome a tragármela, casi hasta embutirla en mi garganta, Me la saque de la boca, bastante molesta y le dije:

-¡Tranquilo tesoro, tienes que hacerlo a mi manera!
Yo pensaba que por el hecho de pagarle, era yo quien debía manejar la situación, pero me equivoque rotundamente, ya que en ese mismo instante él me agarro de los brazos levantándome casi en vilo y me dijo:
-¡Mira putita blanca, yo sé lo que les gusta a las perras como tu!
Acto seguido me lanzo sobre la cama y se me echo encima, al instante me sentí ensartada por ese poderoso miembro, sin darme tiempo casi ni a respirar, me la metió entera de un solo envión, machacándome el útero, solté un gran gemido de dolor y placer combinados. Su reacción animal me sorprendió, pero a la vez me calentó al máximo, era casi como una violación, fantasía largamente añorada por mí, a pesar que yo misma había contratado sus servicios para romperme la vagina.

El seguía enterrándome su oscuro falo sin cesar, totalmente ajeno a mis sensaciones, mientras me decía:

-¡Te gusta blanquita, lo que te hace sentir mi verga!
-¡Seguro que nunca habías sentido algo tan rico en tu concha de puta!
La verdad no sé si era su inmenso miembro el que me hacia gozar tanto, o era la manera como él me trataba, de verdad es que yo en ese instante era su puta. El me cabalgaba con briosas embestidas, metiendo su miembro hasta el fondo, para luego retirarlo casi hasta sacármelo de la concha, para volver a embutírmelo hasta los huevos. Mi única reacción fue cooperar cerrando más mis piernas para estar más apretada y por ende yo sentía muy rico por su verga gruesa y también me dolía de tan apretada que la tenía y el sentía muy rico por lo estrecha.
Cuando ya me preparaba para soltarle mis jugos en una exquisita corrida, él de pronto interrumpió la cogida, desenvainándome el negro y brillante miembro. Me agarro con sus manos y me levantó en la cama, acomodándome de perrito. El negrazo con su mano guío el terrible falo a mi dilatada concha y me la enterró de un fuerte empeñon. Mis rodillas flaquearon y comenzaron a ceder a cada embestida, pero el negro no cesaba en sus profundas penetradas. Hacia mucho tiempo que una verga no me hacia sentir lo que en ese momento estaba sintiendo, mientras él me desfondaba, entrando y saliendo en rápido y sostenido vaivén dentro de mi concha con increíble dureza y potencia.


Gocé con ese inmenso miembro hasta que sin poder soportar más el exquisito martirio comencé a correme como una loca, en medio de histéricos gritos y jadeos. En ese momento y para mi sorpresa, el negro me sacó su verga de la concha y tomándome de los cabellos condujo mi boca hacia su oscuro aparato, casi al instante comenzó a explotar en sucesivas descargas sobre mi rostro, intentando apuntar los sucesivos chorros de moco a mi garganta.
Mi boca, lengua, garganta y todo mi rostro fueron recibiendo uno a uno los potentes chorros de su blanquecino semen, que saltaban sin cesar sobre mí. En un acto de suprema lujuria le agarre el miembro con mi mano y mientras se lo refregaba, me metí todo el glande entre los labios u chupe de manera frenética, igual que una tragona enamorada de aquel inmenso y azabache miembro. Y ya no me detuve hasta que por mi garganta corrían sin cesar los flujos de sus oscuros testículos.


Cuando el negro ceso de eyacular, con mis manos comencé a esparcir por mi cara, mis tetas, mis brazos todo el abundante moco que encontraba sobre mí, quede totalmente encremada con su esperma. El me miraba con una expresión lascivia incontenible, mientras me decía:
-¡Yo sabia que eras muy puta!
-¡Y te voy a dar lo que mereces perra!
Recién en ese momento caí en cuenta que a pesar de la terrible chorreada que me había pegado, su miembro seguía totalmente enhiesto. Sobre la púrpura cabezota y el negro tronco de su verga, aún chorreaban restos de esperma mezclados con mi saliva, pero lo que más me sorprendió fue la mirada lujuriosa que sus profundos ojos de daban.
Acerco su rostro al mío y su lengua intruseo mi boca, recogiendo los restos de moco que aún existían allí, enseguida comenzó a chupar mis tetas, humedeciendo mis pezones y liberando un consistente olor a semen. La visión de su oscuro rostro, contrastando con la blancura de mis senos me provoco una irrefrenable y morbosa excitación. Mis pezones al contacto con sus gruesos labios, adquirieron una gran elevación y dureza; a la vez el negro manoseaba con sus dedos mis entradas sexuales, enbadurnardolos con mis espesos y abundantes jugos vaginales. Me metía sus dedos llenos de su saliva a mi vagina y agarraba el semen de mi cuerpo para con sus dedos meterlo en mi vagina.
Entreabrí mis piernas, para permitirle que sus dedos me intrusearan aún más profundamente, él no tuvo reparos en avanzar y en un instante me tenia clavados dos de sus gruesos y negros dedos en la concha, en tanto por el culo me penetraba con un dedo de su otra mano, refregándomelos deliciosamente. En ese momento yo tenia verdaderamente encharcada mi golosa concha.
Aquel hirviente juego se prolongo por espacio de largos minutos. Cuando a él le pareció que ya me había intruseado lo suficiente mis entradas, se acomodo arrodillado entre mis muslos y comenzó a refregarme la dura protuberancia de su glande, justo a la entrada de mi vulva, me froto deliciosamente mi gruta, mientras por momentos daba algunos pequeños enviones había adelante insertando toda la cabezota de su aparato en mi concha, enseguida me lo extraía y lo cargaba sobre mi clítoris con movimientos del coito.

Aquello le dio el resultado que deseaba haciéndome aullar de placer, en ese instante dirigió su potente verga hacia direcciones más recónditas, colocándomelo justo sobre mi ano que palpitaba bajo mi chorreante vulva. Era obvio lo que él deseaba hacer, y ¿Quien era yo para impedírselo? Sabía que me iba a doler, que me iba a hacer gritar y que en todo el hotel me iban a escuchar y no me importaba quería eso.
El tomó mis piernas y las acomodo sobre sus firmes y fuertes hombros, dejando mi culo totalmente expuesto y en posición. Acomodo con la mano el brillante glande, justo sobre mi arrugado agujero y comenzó a golpetearlo en un rítmico y lascivo movimiento.
En mi cabeza fluían ardientes y desafiantes pensamientos, "dale no más que te lo voy a aguantar entero por el culo". Sin despreocuparse de sus preparativos, me miro y me dijo:
-¡Te la voy a clavar hasta llenarte el estomago!
-¡Te voy a pegar la follada, que andas buscando desde que te parieron!
Espere aguantando mis temores. Algo me decía que solo debía dejarlo hacer sin resistirme a lo inevitable. Me agarro por la cintura, y encajo su bestial miembro justo en mi abertura anal. Yo solo estaba a la expectativa. Sentirlo en mi portón anal empujando con fuerza, me causo una serie de escalofríos. Cerré los ojos y espere el ataque decisivo, intentando prepararme para resistir aquellas terribles embestidas, que buscaban encajar el oscuro glande en mi ojete anal.

Parte 3

-¡Tranquilo tesoro, tienes que hacerlo a mi manera!
Yo pensaba que por el hecho de pagarle, era yo quien debía manejar la situación, pero me equivoque rotundamente, ya que en ese mismo instante él me agarro de los brazos levantándome casi en vilo y me dijo:
-¡Mira putita blanca, yo sé lo que les gusta a las perras como tu!
Acto seguido me lanzo sobre la cama y se me echo encima, al instante me sentí ensartada por ese poderoso miembro, sin darme tiempo casi ni a respirar, me la metió entera de un solo envión, machacándome el útero, solté un gran gemido de dolor y placer combinados. Su reacción animal me sorprendió, pero a la vez me calentó al máximo, era casi como una violación, fantasía largamente añorada por mí, a pesar que yo misma había contratado sus servicios para romperme la vagina.

El seguía enterrándome su oscuro falo sin cesar, totalmente ajeno a mis sensaciones, mientras me decía:

-¡Te gusta blanquita, lo que te hace sentir mi verga!
-¡Seguro que nunca habías sentido algo tan rico en tu concha de puta!
La verdad no sé si era su inmenso miembro el que me hacia gozar tanto, o era la manera como él me trataba, de verdad es que yo en ese instante era su puta. El me cabalgaba con briosas embestidas, metiendo su miembro hasta el fondo, para luego retirarlo casi hasta sacármelo de la concha, para volver a embutírmelo hasta los huevos. Mi única reacción fue cooperar cerrando más mis piernas para estar más apretada y por ende yo sentía muy rico por su verga gruesa y también me dolía de tan apretada que la tenía y el sentía muy rico por lo estrecha.
Cuando ya me preparaba para soltarle mis jugos en una exquisita corrida, él de pronto interrumpió la cogida, desenvainándome el negro y brillante miembro. Me agarro con sus manos y me levantó en la cama, acomodándome de perrito. El negrazo con su mano guío el terrible falo a mi dilatada concha y me la enterró de un fuerte empeñon. Mis rodillas flaquearon y comenzaron a ceder a cada embestida, pero el negro no cesaba en sus profundas penetradas. Hacia mucho tiempo que una verga no me hacia sentir lo que en ese momento estaba sintiendo, mientras él me desfondaba, entrando y saliendo en rápido y sostenido vaivén dentro de mi concha con increíble dureza y potencia.


Gocé con ese inmenso miembro hasta que sin poder soportar más el exquisito martirio comencé a correme como una loca, en medio de histéricos gritos y jadeos. En ese momento y para mi sorpresa, el negro me sacó su verga de la concha y tomándome de los cabellos condujo mi boca hacia su oscuro aparato, casi al instante comenzó a explotar en sucesivas descargas sobre mi rostro, intentando apuntar los sucesivos chorros de moco a mi garganta.
Mi boca, lengua, garganta y todo mi rostro fueron recibiendo uno a uno los potentes chorros de su blanquecino semen, que saltaban sin cesar sobre mí. En un acto de suprema lujuria le agarre el miembro con mi mano y mientras se lo refregaba, me metí todo el glande entre los labios u chupe de manera frenética, igual que una tragona enamorada de aquel inmenso y azabache miembro. Y ya no me detuve hasta que por mi garganta corrían sin cesar los flujos de sus oscuros testículos.


Cuando el negro ceso de eyacular, con mis manos comencé a esparcir por mi cara, mis tetas, mis brazos todo el abundante moco que encontraba sobre mí, quede totalmente encremada con su esperma. El me miraba con una expresión lascivia incontenible, mientras me decía:
-¡Yo sabia que eras muy puta!
-¡Y te voy a dar lo que mereces perra!
Recién en ese momento caí en cuenta que a pesar de la terrible chorreada que me había pegado, su miembro seguía totalmente enhiesto. Sobre la púrpura cabezota y el negro tronco de su verga, aún chorreaban restos de esperma mezclados con mi saliva, pero lo que más me sorprendió fue la mirada lujuriosa que sus profundos ojos de daban.
Acerco su rostro al mío y su lengua intruseo mi boca, recogiendo los restos de moco que aún existían allí, enseguida comenzó a chupar mis tetas, humedeciendo mis pezones y liberando un consistente olor a semen. La visión de su oscuro rostro, contrastando con la blancura de mis senos me provoco una irrefrenable y morbosa excitación. Mis pezones al contacto con sus gruesos labios, adquirieron una gran elevación y dureza; a la vez el negro manoseaba con sus dedos mis entradas sexuales, enbadurnardolos con mis espesos y abundantes jugos vaginales. Me metía sus dedos llenos de su saliva a mi vagina y agarraba el semen de mi cuerpo para con sus dedos meterlo en mi vagina.
Entreabrí mis piernas, para permitirle que sus dedos me intrusearan aún más profundamente, él no tuvo reparos en avanzar y en un instante me tenia clavados dos de sus gruesos y negros dedos en la concha, en tanto por el culo me penetraba con un dedo de su otra mano, refregándomelos deliciosamente. En ese momento yo tenia verdaderamente encharcada mi golosa concha.
Aquel hirviente juego se prolongo por espacio de largos minutos. Cuando a él le pareció que ya me había intruseado lo suficiente mis entradas, se acomodo arrodillado entre mis muslos y comenzó a refregarme la dura protuberancia de su glande, justo a la entrada de mi vulva, me froto deliciosamente mi gruta, mientras por momentos daba algunos pequeños enviones había adelante insertando toda la cabezota de su aparato en mi concha, enseguida me lo extraía y lo cargaba sobre mi clítoris con movimientos del coito.

Aquello le dio el resultado que deseaba haciéndome aullar de placer, en ese instante dirigió su potente verga hacia direcciones más recónditas, colocándomelo justo sobre mi ano que palpitaba bajo mi chorreante vulva. Era obvio lo que él deseaba hacer, y ¿Quien era yo para impedírselo? Sabía que me iba a doler, que me iba a hacer gritar y que en todo el hotel me iban a escuchar y no me importaba quería eso.
El tomó mis piernas y las acomodo sobre sus firmes y fuertes hombros, dejando mi culo totalmente expuesto y en posición. Acomodo con la mano el brillante glande, justo sobre mi arrugado agujero y comenzó a golpetearlo en un rítmico y lascivo movimiento.
En mi cabeza fluían ardientes y desafiantes pensamientos, "dale no más que te lo voy a aguantar entero por el culo". Sin despreocuparse de sus preparativos, me miro y me dijo:
-¡Te la voy a clavar hasta llenarte el estomago!
-¡Te voy a pegar la follada, que andas buscando desde que te parieron!
Espere aguantando mis temores. Algo me decía que solo debía dejarlo hacer sin resistirme a lo inevitable. Me agarro por la cintura, y encajo su bestial miembro justo en mi abertura anal. Yo solo estaba a la expectativa. Sentirlo en mi portón anal empujando con fuerza, me causo una serie de escalofríos. Cerré los ojos y espere el ataque decisivo, intentando prepararme para resistir aquellas terribles embestidas, que buscaban encajar el oscuro glande en mi ojete anal.

Parte 3
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