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Soy la lujuria -000- Me cogí al demonio

Tras mi divorcio y estar tanto tiempo sin sexo volví a caer en el círculo vicioso de porno y apps de citas de forma inútil y desgastante. Frustrado salí a tomar algo sólo a un bar de mala muerte con el simple propósito de despejarme y emborracharme.

Tras 3 porrones de cerveza se sienta al lado mío en la barra una sexy morocha con vestido negro escotado y tetas grandes, me sonrie y pide una cerveza también. El sólo gesto de mirarme y sonreirme bastó para hacerme tener la erección más grande de mi vida, tanto que me era difícil disimularla en mis pantalones. La observé y a ella no parecía molestarle: el vestido era corto, lo justo para apretarle esa cola firme que tenía y que se le marcara la tanga pero sin que se le vean sus redondas nalgas. No tenía corpiño y sus gomas se veían naturales, redondas, tentadoras. Me vio mirándola toda y me volvió a sonreir pero de una forma muy pícara y especial, como si me viera como un depredador a su presa, jugando con ella sabiendo que va a comerselá. Me habló y le invité algo para tomar, de su cuello colgaba un collar con la figura de la cabeza de un toro, la de un carnero y la de un hombre, me llamó la atención la forma en que brillaba ese accesorio sobre su piel. Tenía llamas negras tatuadas en sus brazos y piernas y en uno de sus muslos palabras en un idioma que no llegué a entender (tampoco es que sepa muchos idiomas). Cuando entramos en confianza y en terreno del jugueteo previo a la conquista ella fue muy directa.

-Dejemos de gastar palabras en vano y vamos a coger, tengo muchas ganas de coger

Dijo ella, casi rogándome por placer. Le aclaré que era un profesor universitario de 40 años, que no tenía plata si eso pretendía y que no podía llevarla a mi casa de una tampoco sin saber siquiera su nombre pero ella insistió.

-No me importa nada, estoy empapada y necesito coger, quiero culear, te voy hacer largar leche como nunca en tu vida. Me llamo Ashmedai, pero decime Dai...y cogeme por favor

Cuando me dijo eso ya la tenía agarrada de la cintura y ella presionaba su cuerpo contra mi erección y nos besamos de una forma tan caliente que no tuve reparos en manosearle las tetas contra la barra. Me llevó de la mano hasta afuera y entramos en la parte de atrás de un auto que arrancó ni bien nos subimos. A Dai le brillaron sus ojos verdes y comenzó a chuponearme el cuello mientras sus manos liberaron mi parada pija de la prisión de la ropa. La vio y se sonrió. Yo nunca había visto ni sentido así mi pene: siempre había estado bien, conforme, pero ahora estaba duro y gordo, enorme, de mas de 20, 25cm, palpitante, venoso y con una cabeza prominente. Ella me la agarró y empezó a pajearme mientras me lamía la cara jadeaba en mi oido. Me la chupó en el auto hasta tragarse toda mi leche, siempre sonriente y perversa a la vez. Cuando el vehículo frenó, ella me mostró que había tragado todo y me volvió a guiar tomando mi mano, esta vez para salir del auto y entrar a un edificio. En el ascensor la agarré y la puse contra el espejo, levanté su vestido y se me puso dura como una roca cuando vi su culo perfecto entangado.

-Haceme el culo...estoy lubricada, me muero de ganas de que me rompas el orto

Me dijo entre susurrando y gimiendo y tiró un manotazo al tablero para frenar el ascensor. Le corrí la tanga y metí mi gigantesca verga en el agujero de su culo. Entró perfecta, apretada pero muy bien y hasta el fondo. Ella gritó desaforadamente pero nunca frenamos ni aflojamos el ritmo hasta que le llene el orto de leche, me hizo acabar tanto que le rebalsaba y le chorreaba una mezcla de mi abundante semen con su jugo vaginal por el interior de sus muslos. Cuando terminé dentro de ella se apagó por un segundo la luz blanca del ascensor y se vieron las rojas de emergencia hasta volver a la normalidad. Fueron unos instantes breves pero juro que en el espejo vi los ojos de Dai brillar como los de un gato. Y por alguna razón eso me excitó también.

Bajamos del ascensor sin limpiar nada y entré de su mano a un departamento escasamente iluminado, con velas y copas arriba de todos los muebles en el que se escuchaban personas coger en varias habitaciones. Tras besarnos contra una pared ella me dio de tomar de una copa y me llevó a uno de los cuartos. Cai rendido a la cama y descubri que mi hoy enorme pija estaba firme y parada de nuevo. Dai se sacó su vestido y quedó desnuda ante mí, se inclinó y puso sus gomosas y tiernas tetas alrededor de mi impresionante miembro, apretándolo y sintiendo lo caliente que yo lo tenía. Sus manos agarraron sus magníficas gomas y las empujaron hacia arriba y hacia abajo pajeandome de una forma maravillosa. Muy buena turca me hizo la pendeja y encima como me miraba con esa carita de puta me explotó la verga y la bañé en leche, toda la cara y las tetas bañadas por la exagerada cantidad de semen espeso y caliente que me hizo saltar con sus tetas.

-Ahora me vas a acabar adentro, yo te lo ordeno, vos sos mío a apartir de este momento me pertenece tu voluntad

No sé si estaba muy borracho o caliente o las dos cosas que no me pareció raro nada de eso ni quedarme un poco dormido. Recuerdo de esa parte de la noche momentos como flashes en los que la luz era de un rojo oscuro y la silueta de Dai estaba adornada por una cola y unos cuernos como de diablita. Me calentó el tema del disfraz y me entregué al ritmo de la cogida que ella marcaba cabalgando a los gritos arriba mío. Sólo por un momento cuando la luz me permitió ver me concentré en el tatuaje de su muslo y repasé aquellas palabras en mi mente:

"hē epithumia alēthēs gignetai tēn skototēta apodexamenou"

No sé porqué ese tatuaje con esas palabras que no comprendía me quedaron grabadas en la mente. Cogimos por horas entre sombras y en todas las posiciones que pudimos pero ella me volvió a tumbar en la cama y a cabalgar saltando en mi verga y gritando de placer teniendo orgasmos múltiples. No pude más y acabé dentro de ella bombeandole mi leche en su hermosa y depilada concha. Hubo un destello justo en ese momento y vi su sonrisa nuevamente pero esta vez adornada por dos colmillos prominentes en su dentadura superior que según comprendí en ese momento completaban el disfraz.

No sé cómo me desperté en mi cama desnudo y cansadísimo, con marcas de mordeduras y chupones en mi pecho y con unas extrañas quemaduras en las piernas. Tenía mensajes en mi teléfono que nunca había leido y eran de un colega que me avisaba que me había conseguido un trabajo nuevo.

-En una semana empezás a dar clases en el último año de una escuela secundaria

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