Silvana tenía un cuarto al lado del mío, en la casa quealquilábamos juntos cerca de la Universidad. Era una chica de 22 años, rubia,bonita de cara, rasgos de adolescente con mirada pícara y un cuerpomaravilloso: de tetas 91, cintura 62 y cadera 89, y su estatura era de 1.61.Esas medidas me las dijo ella, un sábado a la madrugada que llegó a midormitorio borracha, sola, pues casi todos los días llegaba a su pieza deestudiante con algún chico.
Silvana era muy putita, no tenía una relación estable, sinoque salía con todos los varones que elegía. Yo no conocía su conchita, nunca lahabía cogido, jamás había chupado sus tetas ni rayita.
Después de una semana de compartir la casa y haberlaescuchado gemir con otros y verla todos los días levantarse en tanga y corpiño,empecé a hacerme la paja. Como su cama daba justo contra la pared medianera demi habitación, casi todas las noches o siestas escuchaba como cogía.
Al principio me pajeaba cuando la escuchaba revolcándose.Esto era casi todos los días. Luego me hacía la paja, aunque ella no estuviese.Al cabo de dos semanas, las pajas por ella eran dos o tres por día, todos losdías.
En su cuarto
Una noche que ella se había ido a buscar sexo, sabiendo queno volvería hasta dos días después, y aprovechando que la cerradura de su piezatenía la misma llave que la de mía, entré a su cuarto.
Mi intención original era hacerme la paja y volcar mi lechetirado en su cama. Sobre esta, que estaba desarreglada (con manchas de flujos ysemen) se encontraban desparramados una minifalda, un corpiño y una tanguita. Ni lerdoni perezoso las agarré y empecé a oler esas prenditas y a pasármela por mi pijaal palo.
La bombachita, roja, con encajes, pequeñísima, con un hilopara el culo, olía a sus juguitos. Se me ocurrió ponerme la tanguita. Apenas meentró, pero el contacto de la telita hizo que mi pedazo sobresaliese por arribade la tanguita. Me acosté boca abajo y me refregué contra las sábanas, besandosu corpiñito. Estaba en lo más lindo, ya había empezado a mojar la bombachitacon mis líquidos, cuando me día cuenta que tenía su placard a mi disposición.
Me levanté, con la pija saliendo por el costado de subombachita y el hilito metido en mi cola, y empecé a revisar sus cosas. Encontrémuchas bombachitas y corpiñitos, todos provocativos, diminutos, hasta queencontré dos bodys, uno negro y otro blanco. Estaban limpios.
Olían a su perfume francés de imitación.
Me saqué la tanguita y, con mucho esfuerzo, me puse el bodyblanco. Ella tenía un espejo en una de las puertas del placard. Vestido con lalencería comencé a pasearme como si fuera una putita, como ella.
Finalmente me tiré sobre su cama y con su almohada entre mispiernas empecé a pajearme sin usar las manos, sólo la pija grandota contra laseda sintética y la almohada. Acabé tanto que enchastré ésta y las sábanas. Yme dormí en su cama.
Me desperté como a las 7, y al verme vestido con su body mehice otra paja. Acabé igual de mucho. Me levanté, busqué el otro body e hice lo mismo. La pieza olía a mi leche y su perfume.
A la tarde, después de diez acabadas en 7 horas, lavé todo.Al otro día estaba todo limpio. Silvana volvería un día después, así que, paraque no sospechara, dejé todo como lo había encontrado. Me acordé que lassábanas tenían manchas de semen, así que me hice otras dos pajas y desparraméla leche con la pija y mi lengua.
Silvana era muy putita, no tenía una relación estable, sinoque salía con todos los varones que elegía. Yo no conocía su conchita, nunca lahabía cogido, jamás había chupado sus tetas ni rayita.
Después de una semana de compartir la casa y haberlaescuchado gemir con otros y verla todos los días levantarse en tanga y corpiño,empecé a hacerme la paja. Como su cama daba justo contra la pared medianera demi habitación, casi todas las noches o siestas escuchaba como cogía.
Al principio me pajeaba cuando la escuchaba revolcándose.Esto era casi todos los días. Luego me hacía la paja, aunque ella no estuviese.Al cabo de dos semanas, las pajas por ella eran dos o tres por día, todos losdías.
En su cuarto
Una noche que ella se había ido a buscar sexo, sabiendo queno volvería hasta dos días después, y aprovechando que la cerradura de su piezatenía la misma llave que la de mía, entré a su cuarto.
Mi intención original era hacerme la paja y volcar mi lechetirado en su cama. Sobre esta, que estaba desarreglada (con manchas de flujos ysemen) se encontraban desparramados una minifalda, un corpiño y una tanguita. Ni lerdoni perezoso las agarré y empecé a oler esas prenditas y a pasármela por mi pijaal palo.
La bombachita, roja, con encajes, pequeñísima, con un hilopara el culo, olía a sus juguitos. Se me ocurrió ponerme la tanguita. Apenas meentró, pero el contacto de la telita hizo que mi pedazo sobresaliese por arribade la tanguita. Me acosté boca abajo y me refregué contra las sábanas, besandosu corpiñito. Estaba en lo más lindo, ya había empezado a mojar la bombachitacon mis líquidos, cuando me día cuenta que tenía su placard a mi disposición.
Me levanté, con la pija saliendo por el costado de subombachita y el hilito metido en mi cola, y empecé a revisar sus cosas. Encontrémuchas bombachitas y corpiñitos, todos provocativos, diminutos, hasta queencontré dos bodys, uno negro y otro blanco. Estaban limpios.
Olían a su perfume francés de imitación.
Me saqué la tanguita y, con mucho esfuerzo, me puse el bodyblanco. Ella tenía un espejo en una de las puertas del placard. Vestido con lalencería comencé a pasearme como si fuera una putita, como ella.
Finalmente me tiré sobre su cama y con su almohada entre mispiernas empecé a pajearme sin usar las manos, sólo la pija grandota contra laseda sintética y la almohada. Acabé tanto que enchastré ésta y las sábanas. Yme dormí en su cama.
Me desperté como a las 7, y al verme vestido con su body mehice otra paja. Acabé igual de mucho. Me levanté, busqué el otro body e hice lo mismo. La pieza olía a mi leche y su perfume.
A la tarde, después de diez acabadas en 7 horas, lavé todo.Al otro día estaba todo limpio. Silvana volvería un día después, así que, paraque no sospechara, dejé todo como lo había encontrado. Me acordé que lassábanas tenían manchas de semen, así que me hice otras dos pajas y desparraméla leche con la pija y mi lengua.
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