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Deseo familiar

-           Pues sí. Ahora ya sabes, cuando te apetezca, venimos. Ya ves que serás bienvenida.
-           Ya lo veo, ya.
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Mi tía solía venir por casa y desde que follamos con ella la primera vez, empezó a venir más. Nosotros la oíamos gemir con mis padres y eso nos excitaba mucho. Como siempre íbamos desnudos, me podía pajear fácilmente y mi hermana me disfrutaba.
Aquella tarde, después de follar ellos tres, mi tía entró mientras mi hermana me cabalgaba y se sentó a mirarnos. A mi me encantaba verla desnuda porque tenía un cuerpo precioso.
-           Cuando acabes quiero que me folle a mí – le dijo a mi hermana.
Eso me excitó mucho e hizo que me corriera enseguida.
-           Veo que te ha gustado – me dijo.
-           No me lo esperaba. Como ya has follado con mi padre.
-           Con ellos disfruto mucho. A la próxima quiero que estéis delante.
Mi hermana se la sacó y las dos vieron que seguía teniéndola dura y me masturbé mirando a mi tía.
-           No te corras que ahora me toca a mí.
Se acercó y empezó a chupármela. Mi hermana, por detrás, le tocaba las tetas y le besaba el cuello y eso le gustaba mucho. A mí me ponía a mil ver a dos mujeres besarse y acariciarse.
-           ¿Por qué quieres que te folle ahora, tía?
-           Porque ahora la tienes muy grande, igual que la de tu padre. Te ha crecido mucho, seguramente por las pajas que te has dado y lo que has follado con ellas.
Mi tía apoyaba sus tetas en mis piernas mientras me hacía la mamada. A continuación se levantó y se la metió.
-           Chúpame las tetas, me pone muy cachonda.
Mi hermana se sentó a masturbarse mirándonos y en ese momento vi que entraba Rosa, todavía vestida. Mi hermana se acercó a ella, la beso en los labios y empezó a desnudarla, a lamerla y a masturbarla de pie como estaban.
-           Es nuestra tía – le dijo antes de que preguntara - ¿Te gusta lo que ves?
-           Si. Mucho.
-           Mastúrbame a mí ahora – le pidió mi hermana y se tumbaron a nuestro lado.
Rosa me dio un beso erótico y después besó a mi tía. Sabía que mis padres no tardarían y efectivamente, mi padre quería que Rosa lo masturbara.
-           Joder esto es una orgía total – dijo entre gemidos.
Mi tía se corrió varias veces pero yo no quería acabar y la levanté. Quería tocarle las tetas a mi madre y chupárselas.
-           Mamá, hazme una paja, pero lenta, no quiero correrme.
-           Claro, hijo.
Rosa se levantó, vino a chupármela y pidió que alguien la follara. Mi padre estaba al quite, la cogió por detrás y se la metió.
Los orgasmo eran casi continuos hasta que tanto mi padre como yo nos corrimos y todo acabó.
Nos duchamos todos y ellas se pusieron a preparar una cena rápida porque todos queríamos seguir teniendo sexo. Era todo muy dulce, muy suave, con consentimiento. Ellas se besaban y se chupaban las tetas en la cocina. Mi padre y yo las mirábamos y nos acariciábamos para prepararnos.
Mientras cenábamos seguían los besos y las masturbaciones, apenas comimos nada hasta que las volvimos a penetrar. Como esta vez duramos más, fueron ellas las que pidieron acabar. Rosa se tenía que ir y le costaba decirnos adiós. Nos fue besando a todos hasta que se marchó. Mi tía se quedó en su cama y yo me fui a la mía porque no podía más.
Al cabo de un rato oí gemir a mi tía y a mi hermana y con sus orgasmos me dormí.
Con 25 años me casé con Rosa y el día de la boda, cuando se marcharon todos, nos desnudamos porque teníamos unas ganas locas de sexo. Mi padre desnudó a Rosa, ella lo masturbó y después follaron como si nunca lo hubieran hecho.
Esa noche fue la primera que me follé a mi madre y después penetré a mi hermana y a mi tía. Ellas no se habían casado, no querían porque decían que en casa tenían todo lo que necesitaban.
Mi padre, cuando acabó con Rosa, se tiró a todas las demás que casi se ponían en cola para que se las follara.
Pero un día vinieron mi tía y mi hermana a decirnos que se iban a vivir solas, que disfrutaban con el sexo juntas y como yo también me iba a mi casa con Rosa, fue la ultima vez que tuvimos sexo todos juntos.
Y a partir de ahí empezó mi aburrida vida de casado.
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