Borre este post, que subí hace unas tres semanas
Lo resubo porque pronto subiré la segunda parte. Solo les adelanto que soy un total cornudo consentido
Desde que entré a mis 20 siempre he querido ser un cornudo, he querido disfrutar de la humillación sexual y he querido sentir esa impotencia sexual de la que solo un cornudo puede disfrutar
Mi ex novia me humilló sexualmente hace algunos años y es un recuerdo que nunca olvidaré.
Después de cortar conmigo se fue con otro hombre y las cosas se pusieron raras, pero, antes, un poco de contexto.
Yo soy chaparro y, como verán, con un pene normal pero delgado. Ese hombre era, valga la redundancia, un verdadero hombre. Se llama José y es alto, dormido y, por lo que veo en sus fotos de Instagram, en las que se ponía shorts cortos para enseñaba sus piernas (es físico culturista) tenía un pene mucho más grande que el mío (no había que prestar mucha atención o hacer zoom a las fotos para darse cuenta). Y, por si fuera poco, y a pesar de que se veía mucho mayor que yo, tenía 19 años (en ese entonces yo tenía 22)
Aquello me hizo llenarme de excitacion, esa impotencia y esa humillación me encantaban. Durante cerca de 6 meses no deje de masturbandome pensando en esos dos teniendo sexo. No podía dejar de imaginar como un hombre hacia a mi mujer una mujer; imaginar como le daba placer, la hacía gemir y le daba los órgasmos que yo nunca logre era mi fantasía diaria y, al pensarla, sentia mi pequeño pene erecto y una excitación que me llevaba a masturbarme en cuanto pudiera.
Cuando éramos novios ella difícilmente tenía sexo conmigo. Usualmente yo le hacía sexo oral y, cuando ella terminaba, se quedaba dormida; terminaba masturbandome solo, a un lado de su cuerpo y, si tenía suerte, me dejaba frotarme en su gran culo, mientras ella dormía con la vagina empapada de mi saliva. Sexualmente hablando yo era patético. Me costaba mucho soportar una ereccion y, cuando teníamos sexo, nunca terminaba, principalmente porque me era imposible sentirla. Solo llegué a terminar las veces en que me la imaginaba teniendo sexo con otro, mientras me decía a mi mismo lo pequeño que era mi pene (algo que ella, en un momento de ira, aseguro no mucho tiempo atrás)
Fueron días difíciles. Una parte de mí estaba devastada porque ella me había abandonado y otra tenía el pene erecto, listo para sacar un poco de semen después de pensar en esos dos frontando sus cuerpos.
Si hay un hecho más a señalar es que ella se había hecho un implante con el cual podía tener relaciones sexuales sin protección cuando empezó a salir con él, ella misma me lo dijo(no es necesario decir que a mí nunca me permitió terminar dentro de ella)
Ella me demostró cuánto había cambiado sexualmente hablando la vez que, por despecho, fue a verme.
Ese hombre le fue infiel múltiples veces, ella lo sabía. Un día decidió dejarlo y poco menos de una semana después fue corriendo a buscarme.
Ella me propuso volver a tener sexo y fuimos corriendo al hotel al que solíamos ir.
Ella era una linda morena que, si me preguntan, se parecía mucho a la actriz porno Gina Valentina (ví muchos vídeos de Gina en esa época para masturbarme), solo que un poco más llenita y con el cuerpo más grueso, las caderas más anchas y los pechos y el culo más grande (ahora que lo pienso era una total fantasía). No solo eso, como mencioné, ese hombre era físico culturista, por lo que se había puesto a hacer ejercicio y, créanme, ese ejercicio se notaba mucho en su cuerpo.
Yo salgo del baño del hotel y la encuentro totalmente desnuda, acostada en la cama, con las piernas abiertas de par en par, dejándome ver su vagina lista para ser penetrada, una vagina bien mojadita y, por alguna razón, rasurada. Sus pezones erectos y su piel lisa me pusieron loco. Nunca la había visto así, lista para ser sometida, para ser embestida. A mí nunca me había abierto así las piernas y yo jamás había visto ese cuerpo moreno tan escultural con tantas ganas de ser penetrada. Me acerque a mi mochila para sacar un condón y, cuando estuve por ponermelo, me dijo una simple palabra "No", y procedió a usar sus manos para abrir mucho más sus piernas, dejándome ver cómo la luz de la lámpara hacía brillar esa vagina, de la que caía una gota de su fluido. A mí nunca me dejaba metersela sin condón. Después de ese me dijo "solo por hoy te voy a dejar terminar adentro".
Sentí como se me ponía duro el pene. Desde que ví el conejito de mi mujer así de caliente me puse celoso. Pensar que otro se había divertido un buen rato dentro de ella me hacía sentir tan humillado e impotente. Saber que otro había disfrutado de su cuerpo me ponía muy caliente e imaginarla a ella con Un Hombr haciéndola mujer casi provocaba que terminara con solo verla (un hombre de verdad que apenas tenía 19 años y una verga mucho más grande y gruesa que la mia). Pero, sobre todo, los imaginaba teniendo sexo de forma salvaje: a mi mujer tocando ese cuerpo escultural, deseándolo como nunca me había deseado a mí; desabrochando sus pantalones, lista para chuparle esa enorme verga. Y luego, pasar su lengüita disfrutando de cada centímetro de ese pene ya bien erecto. Luego, imaginar a ese hombre preparando a mi mujer para ser penetrada. El gran pene de ese Hombre entrando y saliendo de su vagina, un enorme pene desnudo, sin condon, disfrutando la vagina de mi mujer, doblegandola, mientras mi mujer tenía contracciones del placer que sentia. Luego, gracias al implante, este Hombre terminaba dentro de ella, dejándola empapada de su sudor y, sobre todo, de su semen.
Quería reclamarla como mía y ese era el momento. El momento de demostrarle que no era el niño que había dejado y ya era un verdadero hombre.
Pero pasó algo.
Cómo les dije, mi fetiche siempre fue ser un cornudo, ser humillado. Así que hice algo que no debí hacer.
Ante esas piernas esculturales y ese conejito listo para ser penetrado sin condón solo pude hacer algo. Me arrodille ante ella y... Le hice sexo oral.
En cuánto vio como bajaba hasta su vagina me preguntó "que estás haciendo". Pero era tarde. Yo ya tenía la cabeza entre sus piernas y lamía como nunca antes su vagina, mientras imaginaba a ese Hombre con su verga dentro de esa vagina, mi vagina... la vagina de ese Hombre. Solo para después bombear una gran cantidad de semen dentro de su vagina. Y eso hacía: tenía una enorme ereccion mientras imaginaba que la vagina de mi mujer estaba empapada de semen. Empecé a frotarme. Tome mi mano y comencé a tocar mi pequeño pene mientras lamía el semen de otro hombre de una vagina que no podía reclamar. Pero, por lo menos, ella moría de placer. No dejaba de escuchar como gemía a causa de mis lamidas en su vagina hasta que, finalmente, termino.
Yo estaba por terminar de masturbarme y correrme en la alfombra del hotel, pero ella no me dejó. Me subí el pantalón y me senté a su lado.
"No te da asco?" Me dijo y entonces, tas tanto tiempo, fui honesto con ella.
Le conté todo, que realmente sentía una gran excitación derivado de la humillación y que mi fetiche siempre fue que una mujer me humillara por tener un pene pequeño.
Mientras hablaba ella quedaba atónita hasta que, cerca del termino de la conversación, ví como ponía sus manos sobre mi pantalón.
Me sonrió. "Entonces, tú también quieres ver cómo te hacen un cornudo" me dijo que a ella igual le excitaba mucho y que, si quería, podíamos hacer mi fetiche realidad.
Lo que siguió fue la mejor noche de mi vida.
Me saco el pequeño pene y comenzó a masturbarlo usando solo 2 dedos, mientras me platicaba como ese Hombre tenía sexo con ella. Fue cuando empezó a mostrarme videos. El primer video era de ella sosteniendo una regla mientras sonreía a la cámara, totalmente desnuda. El hombre que salía en el vídeo le decía que se arrodillara y ella lo hacía. Ella le sacaba la verga del pantalón, una verga que, aunque estaba claramente dormida, ya era del tamaño de la mia en su máxima ereccion. Ella comenzaba a lamerla lentamente (está de más decir que nunca me la chupo con esa intensidad, porque yo no tenía el pene tan grande y tan grueso). Entonces tomo la regla y la puso a lado de esa enorme verga. 19 centímetros. Ví como el brazo de mi mujer salía de camara y, cuando regresaba, tenía una lata de coca cola y la ponía junto al grueso pene de ese hombre. El grosor de la coca cola era igual que el del pene del camarógrafo. Y ella, ya como una maestra, se metía cada centímetro en la boca.
Mientras veía el vídeo ella descendía lentamente hasta mi pequeño pene y comenzaba a lamerlo, apenas unos toques de su lengua con mi glande,
Entonces empecé a adelantar el vídeo. Ví de todo, desde la penetración hasta el bombeo de semen en su cara
Realmente yo no podía. Ella apenas tocaba mi pene y yo le suplicaba que lo lamiera, que me hiciera nuevamente un hombre. Tomaba su rostro para acercarlo a mi pene, pero ella solo sonreía mientras mi glande tocaba sus labios.
No soporté y comencé a penetrarla con todas mis fuerzas.
Note que ella se sentía muy diferente, que abría mucho más las piernas que cuando tenía sexo conmigo. A los pocos segundos empezó a gemir y me pidió que la penetrara con todas mis fuerzas. Tuve un orgasmo pocos segundos después, dentro.
No contaré lo que ocurrió después de eso. Diré que ella se decepcionó y que termine dándole más sexo oral, hasta que ella terminó un par de veces más.
Después de eso, ella volvió con él.
Aquí es donde viene la historia que realmente quería contarles.
Paso el tiempo y yo cambié mucho, física y mentalmente. Me metí con otras personas y faje con muchas otras. Me volví bastante seguro de mi mismo y, hace unos meses, me enamore.
Es una mujer hermosa, tanto que los hombres no la dejan en paz. Delgada y de largo cabello negro, pero por muy delgada que sea, cuando está desnuda su cuerpo se transforma y es imposible quitarmela de encima.
El sexo con ella es increíble. Hasta que empezaron a pasar otras cosas.
Un día, después de quitarle el pantalón, me di cuenta de que olía diferente, a verga. No le di mucha importancia.

La segunda ocurrió hace poco, cuando despues de empezar a penetrarla ví como un líquido blanco recorría mi pene, con una viscosidad parecida a la del semen.
Luego encontré el condón.

Comparación de condón mio contra el otro condon:


Ella y yo nunca usamos condón, así que se imaginarán mi sorpresa cuando encontré un condón claramente usado en su bolsa.
Me lo robe y es lo que pueden ver.
Mi fantasía de ser un cornudo me llevo a ponermelo y, bueno, creo que es obvia la diferencia que él nuevo hombre que se la coje y yo tenemos.



Ahora sí, se viene la historia de como me convertí en un total cornudo
Lo resubo porque pronto subiré la segunda parte. Solo les adelanto que soy un total cornudo consentido
Desde que entré a mis 20 siempre he querido ser un cornudo, he querido disfrutar de la humillación sexual y he querido sentir esa impotencia sexual de la que solo un cornudo puede disfrutar
Mi ex novia me humilló sexualmente hace algunos años y es un recuerdo que nunca olvidaré.
Después de cortar conmigo se fue con otro hombre y las cosas se pusieron raras, pero, antes, un poco de contexto.
Yo soy chaparro y, como verán, con un pene normal pero delgado. Ese hombre era, valga la redundancia, un verdadero hombre. Se llama José y es alto, dormido y, por lo que veo en sus fotos de Instagram, en las que se ponía shorts cortos para enseñaba sus piernas (es físico culturista) tenía un pene mucho más grande que el mío (no había que prestar mucha atención o hacer zoom a las fotos para darse cuenta). Y, por si fuera poco, y a pesar de que se veía mucho mayor que yo, tenía 19 años (en ese entonces yo tenía 22)
Aquello me hizo llenarme de excitacion, esa impotencia y esa humillación me encantaban. Durante cerca de 6 meses no deje de masturbandome pensando en esos dos teniendo sexo. No podía dejar de imaginar como un hombre hacia a mi mujer una mujer; imaginar como le daba placer, la hacía gemir y le daba los órgasmos que yo nunca logre era mi fantasía diaria y, al pensarla, sentia mi pequeño pene erecto y una excitación que me llevaba a masturbarme en cuanto pudiera.
Cuando éramos novios ella difícilmente tenía sexo conmigo. Usualmente yo le hacía sexo oral y, cuando ella terminaba, se quedaba dormida; terminaba masturbandome solo, a un lado de su cuerpo y, si tenía suerte, me dejaba frotarme en su gran culo, mientras ella dormía con la vagina empapada de mi saliva. Sexualmente hablando yo era patético. Me costaba mucho soportar una ereccion y, cuando teníamos sexo, nunca terminaba, principalmente porque me era imposible sentirla. Solo llegué a terminar las veces en que me la imaginaba teniendo sexo con otro, mientras me decía a mi mismo lo pequeño que era mi pene (algo que ella, en un momento de ira, aseguro no mucho tiempo atrás)
Fueron días difíciles. Una parte de mí estaba devastada porque ella me había abandonado y otra tenía el pene erecto, listo para sacar un poco de semen después de pensar en esos dos frontando sus cuerpos.
Si hay un hecho más a señalar es que ella se había hecho un implante con el cual podía tener relaciones sexuales sin protección cuando empezó a salir con él, ella misma me lo dijo(no es necesario decir que a mí nunca me permitió terminar dentro de ella)
Ella me demostró cuánto había cambiado sexualmente hablando la vez que, por despecho, fue a verme.
Ese hombre le fue infiel múltiples veces, ella lo sabía. Un día decidió dejarlo y poco menos de una semana después fue corriendo a buscarme.
Ella me propuso volver a tener sexo y fuimos corriendo al hotel al que solíamos ir.
Ella era una linda morena que, si me preguntan, se parecía mucho a la actriz porno Gina Valentina (ví muchos vídeos de Gina en esa época para masturbarme), solo que un poco más llenita y con el cuerpo más grueso, las caderas más anchas y los pechos y el culo más grande (ahora que lo pienso era una total fantasía). No solo eso, como mencioné, ese hombre era físico culturista, por lo que se había puesto a hacer ejercicio y, créanme, ese ejercicio se notaba mucho en su cuerpo.
Yo salgo del baño del hotel y la encuentro totalmente desnuda, acostada en la cama, con las piernas abiertas de par en par, dejándome ver su vagina lista para ser penetrada, una vagina bien mojadita y, por alguna razón, rasurada. Sus pezones erectos y su piel lisa me pusieron loco. Nunca la había visto así, lista para ser sometida, para ser embestida. A mí nunca me había abierto así las piernas y yo jamás había visto ese cuerpo moreno tan escultural con tantas ganas de ser penetrada. Me acerque a mi mochila para sacar un condón y, cuando estuve por ponermelo, me dijo una simple palabra "No", y procedió a usar sus manos para abrir mucho más sus piernas, dejándome ver cómo la luz de la lámpara hacía brillar esa vagina, de la que caía una gota de su fluido. A mí nunca me dejaba metersela sin condón. Después de ese me dijo "solo por hoy te voy a dejar terminar adentro".
Sentí como se me ponía duro el pene. Desde que ví el conejito de mi mujer así de caliente me puse celoso. Pensar que otro se había divertido un buen rato dentro de ella me hacía sentir tan humillado e impotente. Saber que otro había disfrutado de su cuerpo me ponía muy caliente e imaginarla a ella con Un Hombr haciéndola mujer casi provocaba que terminara con solo verla (un hombre de verdad que apenas tenía 19 años y una verga mucho más grande y gruesa que la mia). Pero, sobre todo, los imaginaba teniendo sexo de forma salvaje: a mi mujer tocando ese cuerpo escultural, deseándolo como nunca me había deseado a mí; desabrochando sus pantalones, lista para chuparle esa enorme verga. Y luego, pasar su lengüita disfrutando de cada centímetro de ese pene ya bien erecto. Luego, imaginar a ese hombre preparando a mi mujer para ser penetrada. El gran pene de ese Hombre entrando y saliendo de su vagina, un enorme pene desnudo, sin condon, disfrutando la vagina de mi mujer, doblegandola, mientras mi mujer tenía contracciones del placer que sentia. Luego, gracias al implante, este Hombre terminaba dentro de ella, dejándola empapada de su sudor y, sobre todo, de su semen.
Quería reclamarla como mía y ese era el momento. El momento de demostrarle que no era el niño que había dejado y ya era un verdadero hombre.
Pero pasó algo.
Cómo les dije, mi fetiche siempre fue ser un cornudo, ser humillado. Así que hice algo que no debí hacer.
Ante esas piernas esculturales y ese conejito listo para ser penetrado sin condón solo pude hacer algo. Me arrodille ante ella y... Le hice sexo oral.
En cuánto vio como bajaba hasta su vagina me preguntó "que estás haciendo". Pero era tarde. Yo ya tenía la cabeza entre sus piernas y lamía como nunca antes su vagina, mientras imaginaba a ese Hombre con su verga dentro de esa vagina, mi vagina... la vagina de ese Hombre. Solo para después bombear una gran cantidad de semen dentro de su vagina. Y eso hacía: tenía una enorme ereccion mientras imaginaba que la vagina de mi mujer estaba empapada de semen. Empecé a frotarme. Tome mi mano y comencé a tocar mi pequeño pene mientras lamía el semen de otro hombre de una vagina que no podía reclamar. Pero, por lo menos, ella moría de placer. No dejaba de escuchar como gemía a causa de mis lamidas en su vagina hasta que, finalmente, termino.
Yo estaba por terminar de masturbarme y correrme en la alfombra del hotel, pero ella no me dejó. Me subí el pantalón y me senté a su lado.
"No te da asco?" Me dijo y entonces, tas tanto tiempo, fui honesto con ella.
Le conté todo, que realmente sentía una gran excitación derivado de la humillación y que mi fetiche siempre fue que una mujer me humillara por tener un pene pequeño.
Mientras hablaba ella quedaba atónita hasta que, cerca del termino de la conversación, ví como ponía sus manos sobre mi pantalón.
Me sonrió. "Entonces, tú también quieres ver cómo te hacen un cornudo" me dijo que a ella igual le excitaba mucho y que, si quería, podíamos hacer mi fetiche realidad.
Lo que siguió fue la mejor noche de mi vida.
Me saco el pequeño pene y comenzó a masturbarlo usando solo 2 dedos, mientras me platicaba como ese Hombre tenía sexo con ella. Fue cuando empezó a mostrarme videos. El primer video era de ella sosteniendo una regla mientras sonreía a la cámara, totalmente desnuda. El hombre que salía en el vídeo le decía que se arrodillara y ella lo hacía. Ella le sacaba la verga del pantalón, una verga que, aunque estaba claramente dormida, ya era del tamaño de la mia en su máxima ereccion. Ella comenzaba a lamerla lentamente (está de más decir que nunca me la chupo con esa intensidad, porque yo no tenía el pene tan grande y tan grueso). Entonces tomo la regla y la puso a lado de esa enorme verga. 19 centímetros. Ví como el brazo de mi mujer salía de camara y, cuando regresaba, tenía una lata de coca cola y la ponía junto al grueso pene de ese hombre. El grosor de la coca cola era igual que el del pene del camarógrafo. Y ella, ya como una maestra, se metía cada centímetro en la boca.
Mientras veía el vídeo ella descendía lentamente hasta mi pequeño pene y comenzaba a lamerlo, apenas unos toques de su lengua con mi glande,
Entonces empecé a adelantar el vídeo. Ví de todo, desde la penetración hasta el bombeo de semen en su cara
Realmente yo no podía. Ella apenas tocaba mi pene y yo le suplicaba que lo lamiera, que me hiciera nuevamente un hombre. Tomaba su rostro para acercarlo a mi pene, pero ella solo sonreía mientras mi glande tocaba sus labios.
No soporté y comencé a penetrarla con todas mis fuerzas.
Note que ella se sentía muy diferente, que abría mucho más las piernas que cuando tenía sexo conmigo. A los pocos segundos empezó a gemir y me pidió que la penetrara con todas mis fuerzas. Tuve un orgasmo pocos segundos después, dentro.
No contaré lo que ocurrió después de eso. Diré que ella se decepcionó y que termine dándole más sexo oral, hasta que ella terminó un par de veces más.
Después de eso, ella volvió con él.
Aquí es donde viene la historia que realmente quería contarles.
Paso el tiempo y yo cambié mucho, física y mentalmente. Me metí con otras personas y faje con muchas otras. Me volví bastante seguro de mi mismo y, hace unos meses, me enamore.
Es una mujer hermosa, tanto que los hombres no la dejan en paz. Delgada y de largo cabello negro, pero por muy delgada que sea, cuando está desnuda su cuerpo se transforma y es imposible quitarmela de encima.
El sexo con ella es increíble. Hasta que empezaron a pasar otras cosas.
Un día, después de quitarle el pantalón, me di cuenta de que olía diferente, a verga. No le di mucha importancia.

La segunda ocurrió hace poco, cuando despues de empezar a penetrarla ví como un líquido blanco recorría mi pene, con una viscosidad parecida a la del semen.
Luego encontré el condón.

Comparación de condón mio contra el otro condon:


Ella y yo nunca usamos condón, así que se imaginarán mi sorpresa cuando encontré un condón claramente usado en su bolsa.
Me lo robe y es lo que pueden ver.
Mi fantasía de ser un cornudo me llevo a ponermelo y, bueno, creo que es obvia la diferencia que él nuevo hombre que se la coje y yo tenemos.



Ahora sí, se viene la historia de como me convertí en un total cornudo
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