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Fantasía en el bosque.

Este es un relato ficticio , una fantasía que todavía no pudimos realizar
Fantasía en el bosque.
El bosque olía a tierra húmeda y hojas podridas. Juan y Gise caminaban en silencio, pero el aire entre ellos estaba cargado. Ella llevaba una falda corta y una blusa fina; él no podía dejar de mirar cómo se movía su culo con cada paso. De pronto, Gise se detuvo, se giró y lo empujó contra un tronco grueso.—No aguanto más —susurró, con la voz ronca.Le abrió el pantalón de un tirón. La verga de Juan ya estaba dura, pesada, saliendo de la ropa interior. Gise se arrodilló sin decir nada más, le tomó la base con una mano y se la metió entera en la boca. Chupó profundo, baboso, mirándolo desde abajo con esos ojos oscuros que siempre le prometían algo peligroso. Juan le agarró el pelo y la embistió contra su cara, sintiendo la garganta de ella apretarse alrededor de su polla.—Así… puta —gruñó.Gise se levantó, se subió la falda y se bajó las bragas. Estaba empapada. Juan la dio la vuelta, la empujó contra el árbol y le metió dos dedos de golpe. Ella gimió alto. Él se alineó y se la clavó de una sola embestida, hasta el fondo. El sonido húmedo de su coño tragándolo llenó el silencio del bosque. La follaba fuerte, profundo, con una mano en su cuello y la otra apretándole una teta.—Más duro —pidió ella, casi ordenando.Juan la penetró con violencia controlada, el cuerpo de Gise temblando contra la corteza. En un momento, mientras la cogía por detrás, levantó la vista… y lo vio.

Un hombre de pie entre los árboles, a unos metros. Oscuro, quieto. Tenía la verga afuera, gruesa y venosa, y se la masturbaba despacio mientras los miraba. No parecía avergonzado. Parecía… hambriento. Como si hubiera estado esperando exactamente esto.Gise notó la tensión en el cuerpo de Juan y siguió la dirección de su mirada. Cuando vio al desconocido, su coño se apretó alrededor de la polla de Juan con fuerza. Un gemido más oscuro le salió de la garganta.—Está mirándonos… y se toca —susurró ella, sin dejar de empujar las caderas hacia atrás.Juan no se detuvo. Siguió embistiéndola, más lento ahora, más profundo, mientras el hombre se acercaba un poco más, sin dejar de masturbarse. La atmósfera cambió. Ya no era solo sexo. Había algo peligroso, algo que olía a posesión y a riesgo.Gise habló primero, con la voz entrecortada por las embestidas:—Ven.El hombre se acercó. No dijo nada. Juan lo miró a los ojos —oscuros, fríos— y asintió una sola vez. El desconocido se puso frente a Gise. Ella, aún siendo follada por detrás, le abrió la boca y se la metió. Chupó con ganas, sucia, dejando que la saliva le corriera por la barbilla mientras Juan le destrozaba el coño.El hombre le agarró el pelo y empezó a usar su boca con rudeza. Juan aceleró el ritmo, follándola con más fuerza, como si reclamara algo. Cada vez que el desconocido empujaba su polla hasta la garganta de Gise, Juan le daba una embestida más dura, más profunda, marcándola.—Ella es mía —dijo Juan con voz baja, casi un gruñido—. Pero hoy… te dejamos usarla.El hombre sonrió apenas, una sonrisa oscura. Sacó la verga de la boca de Gise, se arrodilló un poco y le lamió el clítoris mientras Juan seguía adentro. Gise gritó. El placer era demasiado, demasiado sucio, demasiado público.

Después la acomodaron entre los dos. Juan se acostó sobre la tierra y la sentó sobre su verga, haciéndola cabalgarlo. El desconocido se colocó detrás. Escupió en su mano, se untó y empujó la punta contra el culo de Gise. Ella se tensó, jadeó… y luego empujó hacia atrás, ofreciéndose.—Métele —ordenó Juan, mirándola a los ojos con una intensidad casi cruel—. Quiero sentirte temblando mientras te abren los dos.El hombre se la clavó despacio, centímetro a centímetro, hasta que estuvo completamente adentro. Gise soltó un gemido largo, roto. Estaba llena. Demasiado llena. Juan y el desconocido empezaron a moverse, primero descoordinados, después encontrando un ritmo brutal. La follaban entre los dos, estirándola, usándola. Cada embestida del hombre atrás empujaba el coño de Gise más fuerte contra la polla de Juan.El bosque escuchaba sus gemidos, el sonido húmedo y obsceno de dos vergas entrando y saliendo de ella, el chapoteo, los gruñidos. Gise se corrió primero, temblando violentamente, el coño y el culo apretando a los dos hombres al mismo tiempo. Juan la siguió, llenándola de semen caliente mientras el desconocido seguía embistiéndola por detrás, más rápido, más salvaje, hasta correrse también, profundo en su culo.Cuando terminaron, el hombre se retiró en silencio, se acomodó la ropa y desapareció entre los árboles como si nunca hubiera existido. Solo quedó el olor a sexo, a tierra y a algo más oscuro.Juan abrazó a Gise desde atrás, todavía adentro de ella, y le mordió el hombro.—La próxima vez… no lo invito. Solo lo dejo mirar. O quizás… lo dejo hacer más.Gise sonrió contra el tronco, agotada, marcada, todavía temblando.—Como digas… pero quiero que duela un poco más.El bosque volvió a quedar en silencio. Pero algo había cambiado entre ellos. Algo más oscuro, más posesivo, más adictivo.

1 comentarios - Fantasía en el bosque.

thefinalcut71
Me encantó! dejo 10 puntos al post.

amo el cuerpo hermoso de tu mujer

Con éste frío en MDQ, está ideal para hacer algo los 3😋