You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

Feliz cumpleaños 3

(https://www.loyalfans.com/lamona1)


La última semana fue una tortura lenta y deliciosa que me fue desmantelando la cordura centímetro a centímetro. El sexo con Mateo ya no era el de dos novios que se aman; se había convertido en un ensayo general para el pecado. Cada vez que nos metíamos en la cama, el aire se sentía cargado de una electricidad obscena. Mateo ya no buscaba solo mi placer, buscaba que yo me desprendiera de mi propia identidad para convertirme en el juguete de su padre.
En la alcoba, mientras él me penetraba con un ritmo frenético, yo cerraba los ojos y dejaba que mi mente volara hacia la imagen de Don Gonzalo. Empecé a susurrar su nombre en medio de los gemidos, soltándolo como una confesión prohibida.
CAMILA: (Jadeando, arqueando la espalda mientras sentía la verga de Mateo reventándome) ¡Mmmh!... ¡Sí!... ¡Gonzalo!... ¡Me cojo a Gonzalo!... ¡Uff, sí, suegrito, coja así de duro!
Feliz cumpleaños 3









MATEO: (Con la respiración agitada, besándome el cuello con una urgencia maníaca) Eso es, mi amor... acostúmbrate a ese nombre... imagínatelo aquí mismo... imagínate que es el viejo el que te está abriendo así de piernas... ¡Sí, así, grítalo!
Llegó la noche del cumpleaños cincuenta y tres. El viaje en el carro fue un desfile de nervios y humedad. Yo sentía el pulso desbocado en las sienes y mi ropa interior estaba completamente empapada; cada bache del camino hacía que mi clítoris rozara la tela de la panty y me provocaba un escalofrío de anticipación. Mateo iba manejando radiante, con una sonrisa de quien sabe que tiene el control de todo el tablero de ajedrez.
MATEO: (Mirándome de reojo con un cinismo absoluto) Mírate esa cara, Camila... estás que te mueres por el viejo, ¿cierto? No te aguantes más, corazón. Disfrútalo. Déjate poseer por un hombre de verdad, uno que sabe cómo tratar a una mujer como tú. Vas a ver que cuando mi papa te coja, te vas a olvidar de todo lo que creías que era el sexo.
Llegamos a la casa y el corazón me martilleaba en los oídos. Mateo entró primero y le pidió a Don Gonzalo que esperara en la sala unos minutos mientras él organizaba una "sorpresa". Me llevó de la mano hasta la habitación principal. El silencio del cuarto era sepulcral. Con una naturalidad que me dejó helada, Mateo me pidió que me desnudara. Me quité la ropa prenda por prenda hasta quedar completamente expuesta, temblando de frío y de excitación. Luego, me puso en las manos un pequeño pastel de cumpleaños con una sola vela encendida.
MATEO: (Susurrándome al oído mientras me acomodaba el cabello) Quédate así, hermosa. No te muevas.
suegro









Mateo salió un momento y llamó a su padre. Don Gonzalo entró en la habitación y el aire se volvió denso, casi sólido. Verlo allí, parado frente a mí, con esa mirada de depredador que no pedía permiso sino que reclamaba lo que consideraba suyo, me provocó un choque moral que me dejó el corazón en la garganta. La vergüenza era una llama caliente en mis mejillas, pero debajo de esa vergüenza, una excitación sucia y prohibida empezó a burbujear en mi vientre. Era la adrenalina de saber que estaba rompiendo todos los tabúes; que estaba entregando mi cuerpo al hombre que debería ser mi protector, el padre de mi novio, en la misma casa donde él creció.
MATEO: (Desde la puerta, con una voz tranquila y desapasionada) Tranquilo viejo, no se quede ahí parado. Pida el deseo y disfrute su regalo, que ella es suya toda la noche. Haga con ella lo que quiera, que aquí nadie los va a molestar.
Mateo sopló la vela por mí, cerró la puerta por fuera con un clic seco y se fue a dormir al cuarto de huéspedes. Nos quedamos solos.
Me quitó el pastel de las manos con una brusquedad que me hizo temblar. Sus ojos no se despegaban de mi pecho, de mis tetas que subían y bajaban por la agitación de mi respiración. Sin decir una palabra, me tomó del cabello, obligándome a inclinarme.
DON GONZALO: (Con una voz que era puro gruñido) Mírate... tan hermosa y tan pecadora. No tienes idea de cuánto tiempo he tenido que contenerme mientras te veía sentada en la mesa de mi hijo.
Me obligó a arrodillarme y entonces lo vi. Su verga saltó de su pantalón con una potencia que me dejó estupefacta. En ese instante, mi mente no pudo evitar hacer la comparación más cruel y vergonzosa de mi vida. La verga de Mateo era buena, sí, pero era predecible, casi infantil en comparación con la de Don Gonzalo. La de mi suegro era una bestia de carne: más gruesa, más densa, con una longitud que parecía no tener fin y un peso que irradiaba una autoridad masculina aplastante. El olor a whisky y a un macho maduro me golpeó los sentidos.
Me abrí paso para recibirlo y cuando su cabeza se hundió en mi boca, sentí el impacto real de su tamaño. Me obligó a tragar, a succionar con desesperación mientras sus manos se hundían en mi pelo. El sabor era intenso, metálico y caliente.
CAMILA: (Mmmh... ahhh... ufff...)
cornudo consentido








cornudo feliz









Sentía que mi garganta se estiraba hasta el límite, pero el morbo de saber que estaba mamando al suegro mientras mi novio dormía en la otra habitación me hacía querer tragarlo todo.
Cuando decidió que ya era suficiente de juegos, me lanzó sobre la cama. Me puso en posición de misionero y se posicionó entre mis piernas. Cuando empezó a entrar en mí, sentí un estiramiento violento, un dolor agudo que en un segundo se transformó en un placer abrumador y asfixiante. No era como con Mateo, que era un ritmo constante; esto era una invasión. Don Gonzalo me llenaba por completo, no dejaba un solo milímetro de mi interior sin reclamar. Sentía cómo su grosor empujaba mis paredes vaginales hasta el límite, obligándome a abrirme más de lo que jamás creí posible.
suegro y nuera








Mi novio me entrego a su padre









DON GONZALO: (Jadeando con una saña animal mientras me embestía) ¡Mierda!... ¡Estás tan apretada que me vas a reventar!... ¡Siente cómo te lleno, perra! ¡Siente cómo te tomo como te mereces!
CAMILA: (Gimiendo con una voz que no reconocía como propia) ¡Ahhh!... ¡Don Gonzalo!... ¡Ay dios mío!... ¡Es demasiado!... ¡Es tan grande!... ¡Ahhh, sí!... ¡Mmmh!... ¡Me va a reventar la vagina!... ¡Sí, suegrito, sí!... ¡Ahhh!
Mi mente colapsaba. Era insoportable: mi moral me gritaba que era una basura, una traidora, una perra sin escrúpulos; pero mi cuerpo... mi cuerpo estaba celebrando la traición. Me di cuenta, con un terror erótico que me hizo vibrar, de que mi cuerpo prefería esta invasión violenta y madura por encima de cualquier cosa que Mateo hubiera intentado jamás. Mis orgasmos con Mateo eran bonitos; mis orgasmos con Don Gonzalo eran explosiones de pérdida de control total.
Él me volteó y me puso en cuatro patas. El sonido del impacto de su pelvis contra mis nalgas era un estruendo en la habitación. ¡PLOC, PLOC, PLOC! ¡PLAS, PLAS, PLAS!
Feliz cumpleaños 3








suegro









DON GONZALO: (Azotándome el culo con fuerza mientras me reventaba desde atrás) ¡Mire cómo rebota esta carne!... ¡Mire cómo se le sale la leche por todos lados cuando le meto así de duro!... ¡Uff!... ¡Mmmh!... ¡Qué delicia de mujer tiene mi hijo!
CAMILA: (Gritando mientras mis nalgas chocaban contra sus muslos) ¡Ahhh!... ¡Sí!... ¡Rómpame!... ¡Ahhh, Don Gonzalo!... ¡Me encanta que me trate así!... ¡Mmmh, sí!... ¡Ahhh, qué verga tan gruesa!... ¡Me tiene loca!... ¡Ahhh!
El sudor corría por mi espalda, mezclándose con el sudor de él. El olor a sexo, a whisky y a piel caliente era tan denso que podía saborearlo. En el clímax de la noche, cuando él se me subió encima y empezamos ese último baile frenético de cabalgada, sentí que mi cordura se terminaba de romper. Yo ya no era Camila, la novia abnegada; yo era una adicta al descaro de este hombre. Cuando Don Gonzalo se vino adentro mío, sintiendo ese chorro caliente y espeso reventando mis paredes internas, mi cuerpo estalló en un orgasmo tan violento que mis ojos se pusieron en blanco y mis músculos se contrajeron en espasmos incontrolables. Me quedé ahí, tendida, sintiendo cómo su semilla se desparramaba en mi interior, aceptando con una sumisión obscena que mi vida ya no tenía vuelta atrás. Había sido poseída por la autoridad del pecado.
A la mañana siguiente, salí de la alcoba sintiéndome resentida del cuerpo, con las nalgas todavía ardiendo y la sensación del semen seco del suegro pegada a mi piel. Mateo me recibió en la cocina con una sonrisa radiante y un beso en la boca que no tenía ni un rastro de asco. Nos sentamos los tres a desayunar en una normalidad que me resultaba surrealista.
MATEO: (Mirando a su padre con descaro mientras tomaba café) Bueno, papá, cuéntenos la verdad... ¿Le gustó el regalo? ¿Estuvo a la altura?
DON GONZALO: (Mirándome con una posesión absoluta, con una chispa de triunfo en los ojos) Hijo, te juro que fue el mejor cumpleaños de toda mi vida. No he dormido ni un minuto de lo bien que la pasé.
CAMILA: (Con una sonrisa morbosa que ni yo misma reconocía) Es que se lo dimos con mucho amor, suegrito... ¿verdad que sí?
Mientras recogíamos los platos, Don Gonzalo pasó por detrás de mí y, sin que nadie se lo impidiera, me agarró una teta por debajo de la blusa y la apretó durísimo, casi sacándome un gemido en medio de la cocina. Miré a Mateo buscando una reacción, pero él solo se rio con cinismo y siguió hablando del clima como si nada pasara.
Por la tarde salimos los tres a hacer unas compras. En el centro comercial, el cambio de roles fue total. Don Gonzalo me agarraba la mano con autoridad y me manoseaba las nalgas mientras caminábamos por los pasillos. Me compraba ropa y accesorios como si yo fuera su pareja oficial, mientras Mateo caminaba al lado mío tranquilo, como si fuera el cuñado o un amigo acompañándolos.
Cuando volvimos a la casa, ya eran las cinco de la tarde. Había varios sofás libres en la sala, pero Don Gonzalo me jaló del brazo y me sentó encima de sus piernas. Me obligó a sentarme sobre su erección mientras Mateo hablaba normal enfrente de nosotros sobre el trabajo. Yo sentía la verga del suegro levantándose debajo de mis nalgas, empujando la tela de mi vestido.
Al momento de despedirnos para irnos al apartamento, Don Gonzalo me agarró de la cintura con fuerza y me plantó un beso apasionado y húmedo en la boca, frente a Mateo. No fue un beso de despedida; fue una marca de territorio.
MATEO: (Despidiéndose de su padre con una sonrisa feliz) Chao padre, me alegra mucho que la haya pasado tan bien. Nos vemos pronto.
En el carro de regreso, el silencio se volvió denso. Me quedé sumida en una confusión psicológica total. El acuerdo era solo por la noche de cumpleaños, pero el cinismo de Mateo y la autoridad de Don Gonzalo habían dejado la puerta abierta de par en par. Ya no era solo un regalo; era una nueva dinámica de poder en la que yo era el premio y mi novio el cómplice.

0 comentarios - Feliz cumpleaños 3