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Mi suegro me folla en la alberca

Ya era época de verano. Y Marcos, mi marido y yo decidimos pasar nuestras vacaciones en casa de mi suegro.

Él perdió a su mujer hace un año y queríamos pasar ahí unas 2 semanas para así hacerle un poco de compañía.

Su casa era bastante grande, estaríamos casi a nuestras anchas, ya que disponía de dos plantas, en las que la superior sería enteramente para nosotros.

Hice mi maleta con detalle, no metí gran cosa, ya que serían unas vacaciones tranquilas y sin grandes salidas. Queríamos descansar de todo el estrés acumulado durante el año.

Dentro metí ropa sencilla y también trajes de baño, ya que la casa disponía de una gran piscina, o como suelen decir por aquí, una gran alberca.

Ropa interior variada, y ropa muy ligera y cortita, ya que la temperatura era muy alta en esa época.

Al día siguiente emprendimos la marcha, y después de una cuantas horas, llegamos a ese remoto lugar, que aunque apartado, no era lo suficiente lejano como para no poder llegar en auto al pueblo, en el cual, se podían encontrar tiendas variadas para hacer acopio de comida y de lo que hiciera falta.

Llamamos al timbre exterior para que mi suegro pudiera abrir la puerta de acceso a la casa, en un momento el portón se deslizó y pudimos acceder en auto hasta la gran casa de mi suegro.

Él nos esperaba a la entrada de la casa, hacía mucho tiempo que no lo veía, pero lo recordaba de otra manera. Ahora parecía más rejuvenecido, estaba muy bronceado, y sus canas le hacían parecer más interesante y atractivo.

Además, se nota que estaba en forma, su cuerpo parecía más definido y musculoso. Me pude fijar bien en ello, ya que vestía unos pantalones cortos y una camiseta sin mangas bastante ceñida.

Debía tener unos 65 años, pero no miento si digo que no le echaba más de 45.

Nos regaló una enorme y preciosa sonrisa sincera, abrazó a su hijo y le dio dos besos, seguidamente vino hacia mí y me dio un abrazo que hizo que me estremeciera de una manera que no esperaba, y cuando me dio los dos besos sentí algo muy extraño, algo que no sentía desde hace mucho tiempo. No sé como explicarlo, pero es como cuando eres adolescente y te besa el chico del cual siempre has estado enamorada.

Pero lo que más me impactó fue cuando le dijo a su hijo.

-No recordaba que tenías una mujer tan bella, tienes muy buena elección, y me guiñó un ojo con picardía.

Nos ayudó con las maletas, y nos acompañó al piso superior, donde nos instalaríamos esas vacaciones. Miré por la ventana y desde ella se podía ver la alberca y el pequeño jardín de la casa, que sin duda estaba perfectamente cuidado.

Mi marido se asomó también y me dijo.

-¿Probamos la alberca?

Y así lo decidimos, me puse el bikini, agarramos unas toallas y nos dirigimos hacia el jardín.

Yo dispuse la toalla en mi tumbona, me di una ducha y entré dentro de la alberca.

El agua estaba muy buena, y la alberca estaba muy bien cuidada.

Mi marido y yo estuvimos jugando un rato, y después decidimos salir para acomodarnos en las tumbonas.

Allí estaba en la tumbona, relajada y sin pensar en nada, pero de repente, escuche el sonido del agua. Abrí los ojos y allí estaba Javier, mi suegro, que nadaba de punta a punta de la alberca, desde luego estaba muy en forma.

Salió de la alberca y pude ver sus músculos, tenía abdominales marcados y una espalda ancha y bien estilizada. Se dirigió a la ducha y dejó que el agua corriera por su gran cuerpo.

Me imaginé ese cuerpo encima del mío, haciéndome el amor salvajemente, empotrándome en la cama que el mismo nos ofreció hace un rato.

Abandonó la ducha y mirándome me ofreció una gran sonrisa, dejando ver sus perfectos y brillantes dientes. Desde luego se había vuelto un hombre realmente apetecible para cualquier mujer.

Se colocó en la tumbona de mi lado y poniéndose las gafas de sol se recostó con mucha calma.

Yo me quedé traspuesta durante un largo periodo, pero me sobresalté cuando noté algo frío en mi hombro derecho. Mire hacia arriba y era mi suegro con una copa fría de vino blanco.

-¿Te apetece? Me dijo.

-Sí, como no. Le contesté.

Miré a mi lado y mi marido ya no estaba, mi suegro me comentó que salió a comprar al pueblo, y que no tardaría en volver.

Con esa copa estuvimos hablando durante largo tiempo, poniéndonos al día de todo. Él me habló de su hijo, y de lo afortunado que era por tener una mujer tan bella e inteligente como yo.

Esas palabras me alagaban de verdad, y yo también le comenté que él se mantenía muy en forma y joven.

Pude comprobar que además de tener un buen aspecto, era una persona muy equilibrada y cordial.

Cuando acabamos de hablar decidí darme una ducha en el piso superior y ponerme más cómoda. Así lo hice, y en un momento dado, mientras me duchaba, juraría ver a través de la cortina como alguien me observaba desde el otro lado de la puerta. Y si eso era así, solo podía ser mi suegro, ya que mi marido aún no se encontraba en casa.

Salí de la ducha, miré hacia la puerta deseando ver a mi suegro espiándome, pero no pude verlo. Fue extraño, ya que me invadió una sensación de decepción que no debería sentir.

Me puse unos pantalones muy cortos, que casi dejaban ver mi trasero, y un short sin nada debajo que dejaban notar mis pezones. Quería ver la reacción de mi suegro.

Bajé y Javier estaba haciendo la comida en la cocina. Se giró para verme, y sus ojos comenzaron a brillar, y con una sonrisa me dijo.

¿Me ayudas con esto?
¡Claro!, contesté con entusiasmo.

Comencé a cortar las verduras, y en un cierto momento Javier se puso detrás de mí para poder abrir el armario superior y coger unos platos, se acercó tanto para ello que pude notar su miembro en mi trasero que al coger los platos recorrió toda la apretada rajita de mi prieto pompis.

Cuando los hubo cogido, su miembro recorrió el sentido inverso haciendo que mi corazón se alterara de una manera abrupta.

Giré mi cabeza para mirarlo y él esbozó una tierna sonrisa que hizo que me pusiera aún más nerviosa, a tal punto que casi no podía seguir haciendo mi tarea con el cuchillo.

La verdad es que esa acción me puso muy caliente, notaba que mi zona erótica comenzaba a palpitar y a humedecerse de deseo, y eso me puso en alerta y algo tensa, ya que no llevaba nada debajo de esos diminutos y apretados pantalones y temía que esa humedad placentera se notara demasiado.

Me disculpé un momento y poniendo como excusa tener que ir al baño de nuevo fui directamente a cambiar mis pantalones, ya que esos comenzaban a descubrir mis deseos prohibidos.

Me pude otro igual de corto y apretado, pero menos húmedos.

Bajé de nuevo y continué con mi tarea, pero descubrí que mi suegro se reía, pícaro. Creo que descubrió el motivo de ese cambio. Tuve una sensación de timidez y alivio a la vez, alivio por saber que mi suegro sabía que me excitaba de sobremanera.

De repente pude escuchar el motor de nuestro coche, Marcos había regresado.

Ese día pasó muy rápido, mi suegro se ausentó, ya que tenía asuntos en el pueblo que tenía que solucionar. Llegó para la cena, que transcurrió entre risas e historias del pasado.

Nos fuimos pronto a la cama, el viaje nos había cansado demasiado para trasnochar hasta altas horas de la madrugada.

A la mañana siguiente decidimos Marcos y yo ir al pueblo a pasar el día. Así lo hicimos hasta avanzada la tarde. Era un pueblo bastante grande y lleno de gente y vida. Sin duda un buen lugar para jubilarte.

A nuestro regreso nos encontramos a Javier solo ataviado con un bañador que se encontraba regando el jardín.

Cada vez que lo veía ligero de ropa me ponía muy perra, notaba como mi cuerpo se acaloraba y mi mente imaginaba situaciones algo más que eróticas con él.

Rápidamente, subí al piso superior y me encerré en el baño donde podía observar desde la ventana a mi suegro en el jardín. Sin dudarlo me despojé de mi parte inferior y comencé a darme placer con la mano. Introduciendo mis dedos en mi húmeda y caliente zona prohibida. Comencé a soltar pequeños gemidos que desataban aún más mis fantasías con Javier. Mis movimientos antes lentos ahora eran cada vez más rápidos, haciendo que mis piernas temblaran de puro gusto.

De repente, note como la explosión del éxtasis llegó a su punto final, haciendo que agarrara con fuerza la toalla que tenía a mi lado y soltando un gemido ahogado, que por suerte nadie pudo escuchar. Caí exhausta en el retrete, en el que me quedé unos minutos recuperando el aliento y sonriendo, dejando que mi corazón poco a poco se recuperara.

Salí a por ropa y me duché, sin dejar de pensar como sería estar con mi suegro a solas, en cualquier lugar y haciéndome suya de una manera brutal. Me dieron ganas de autocomplacerme de nuevo, pero lo descarté, más que nada por el cansancio.

Esa noche transcurrió entre la cena y unas copas de vino, y de nuevo una charla nocturna que se alargó más que la anterior noche, pero no lo suficiente para hacerme caer rendida.

Ya en la cama mi marido me comentó que por la mañana iría de nuevo al pueblo, si quería acompañarlo, pero le dije que no, yo lo que quería estar a solas con Javier, tentando la suerte de una situación en la que Javier quisiera poseerme. Esa noche me costó conciliar el sueño pensando en lo que pasaría a la mañana siguiente.

Desperté y Marcos ya no se encontraba a mi lado, sin duda había dormido más de la cuenta. Miré por la ventana y no pude observar nuestro auto.

Dudando, abrí la puerta y me dirigí a la planta inferior. Javier me había preparado el desayuno, y en la bandeja se encontraba una nota que decía:

El desayuno perfecto para mi bella durmiente.

Yo sonreí, y me dispuse a desayunar, miré a través de la ventana y pude ver a Javier en la tumbona, ya mojado y con el bañador ligeramente bajado, dejando ver parte de su bajo vientre, sugerente, tentativo.

Acabé el desayuno y subí a la planta superior con rapidez. Me desnudé y me puse el bikini más atrevido que tengo, que sin ser diminuto, lograba transmitir que estaba preparada para lo que sea.

Baje solo con el bikini, la toalla y mis gafas de sol. Salí al jardín y me acerqué a Javier. Me incliné hacia él y le di un tierno y cálido beso en la mejilla con mis carnosos labios, a la vez que de reojo miré el bulto que se notaba en su bañador.

Él me dio los buenos días con cariño y con una gran sonrisa.

Dejé mis cosas en la tumbona de su lado y me dirigí a la ducha para refrescarme. Mientras el agua recorría mi piel color canela pude ver como Javier me miraba con deseo, y yo, lejos de molestarme, me excitaba, ahora no tendría problemas con mis pantalones, ya estaba lo suficiente mojada para no ponerme nerviosa.

Mientras me duchaba acariciaba mi cuerpo, sensualmente y con suaves caricias, como si de un baile privado se tratase.

Lo miré de nuevo y le regalé una sonrisa tímida, como el de una joven colegiala a su joven novio.

Cerré mis ojos de nuevo, y cuando los abrí Javier se encontraba frente de mí, pero ahora su mirada era de lujuria absoluta. Para mi asombro, comenzó a ayudarme con la ducha, acariciando mi pelo, mi cara, mis brazos y después mis pechos.

Bajó por mi cuerpo, hasta mi cintura, después desplazo sus manos hasta mi trasero, el cual acarició y después agarró con fuerza, empujándome hacia él.

Pude notar y ver como ahora el bulto de su bañador era enorme, ese bulto se incrustaba entre mis piernas, haciendo que me estremeciera y ardiera de ganas de poseerlo como si fuera lo último que haría en esta vida.

Me despojé de la parte superior del bikini, dejando ver mis pechos y mis oscuros pezones marrones.fin del primer capitulo, capitulo 2 aqui Fin del primer capitulo, capitulo 2 aqui 
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