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El pacto 22 ( perspectiva Laura)

El trayecto en el carro hacia la suite fue una tortura de la más deliciosa. Venía empapada en sudor, con la ropa pegada al cuerpo y la vulva latiendo con una fuerza que parecía un segundo corazón. El alcohol todavía bailaba en mi cabeza, pero mi mente estaba nítidamente anclada en una sola imagen: Daniel. Me lo imaginaba en la casa, tal vez ya dormido o esperándome con esa sonrisa inocente y protectora, creyendo que su futura esposa estaba en una reunión tranquila de amigas, tomando un par de copas y riendo de anécdotas bobas. El contraste entre esa imagen de pureza y la realidad de mi cuerpo ardiendo de lujuria era un combustible que me encendía más que cualquier trago. Me sentía una traidora, una perra descarada, y ese cinismo era lo que más me mojaba los calzones.

Llegamos a la suite de lujo y el ambiente olía a sándalo y money. Paola me hizo sentar en un sillón de terciopelo con un gesto imperativo y me sirvió un trago fuerte que me quemó la garganta y me soltó los nervios. Justo cuando dejé el vaso en la mesa, la puerta de la habitación contigua se abrió y dos hombres salieron a la luz. Eran dos bestias: altos, con torsos marcados que parecían tallados en piedra y vistiendo solo ropa interior que dejaba muy poco a la imaginación. Sus vergas estaban marcadas con una prominencia obscena que me dejó sin aire.

**PAOLA:** 
Le dije que esta noche usted no mandaba, mi reina... Mírese cómo viene de caliente. Le traje doble ración para que no le queden ganas de buscar nada por fuera en años.

**LAURA:** 
¡Pao, marica!... ¿Dos?... No, usted está loca... ¡me van a matar!

Lo decía mientras mi corazón martilleaba en mis oídos y mis piernas se abrían instintivamente. No era miedo, era un terror excitante, la sensación de estar a punto de ser devorada.

**PAOLA:** 
Cállese y tómese ese trago. Disfrute que para eso le armé esto. Hoy usted solo tiene que dejarse hacer.

**STRIPPER 1:** 
Buenas noches, futura novia... Traemos órdenes de no dejarla caminar mañana.

No hubo preliminares. No hubo besos suaves ni caricias tímidas. Me dejé caer de rodillas en el suelo, quedando en el centro de esos dos titanes. Con las manos temblorosas, acerqué mi rostro a la verga del primero mientras con la otra mano acariciaba y lamía los testículos del segundo. Empecé a mamar con una desesperación animal, succionando el grosor de la carne mientras el sabor preseminal inundaba mi boca. Alternaba entre uno y otro, intentando asimilar dos vergas duras que se turnaban para reclamar mi garganta. Me ahogaba con el tamaño, pero cada arcada me producía un chispazo de placer eléctrico.
El pacto 22 ( perspectiva Laura)


**STRIPPER 2:** 
Miren a la santica cómo agarra esa verga... Trágasela toda, perra, que apenas estamos calentando.

**LAURA:** 
Mmh... ¡Uff!... ¡Qué pedazos de verga!... ¡Mmh, sí, no me dejen respirar!

Me sentía pequeña y sumisa, una simple herramienta de placer entre dos hombres que no tenían la más mínima intención de ser delicados.

**PAOLA:** 
¡Eso, Laura! Tráguese todo ese veneno. A ver si aprende a mamar de verdad antes de firmar el papel del matrimonio.

Paola se reía desde el sillón, observando el espectáculo con una superioridad que me hacía sentir todavía más degradada y excitada.

El stripper 1 me levantó del suelo con un tirón de cabello y me arrojó sobre la cama. Antes de que pudiera recuperar el aliento, Paola se acercó con su celular en la mano, activando la cámara en HD con una sonrisa perversa.

**PAOLA:** 
Espere, espere... esto hay que grabarlo. Tenemos que guardar este recuerdo para la posteridad, mi reina. Para cuando seamos viejas y aburridas nos acordemos de lo perra que fue en su despedida.

**LAURA:** 
¡Ahh, Pao!... ¿Vas a grabar?... ¡Mmh, qué vergüenza!... ¡Pero enfoque bien cómo me están abriendo!

Y entonces ocurrió el colapso de mis sentidos. El Stripper 1 se posicionó frente a mí y me metió la verga en la boca hasta el fondo, asfixiándome mientras sus dedos se enterraban en mi cuero cabelludo. Al mismo tiempo, el Stripper 2 se posicionó detrás de mí y, sin un solo aviso, me penetró salvajemente por la vulva. 
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¡Chlap, chlap, chlap! 

El impacto fue tan violento que mis pies se sacudieron en el aire. Sentía la presión de dos vergas reclamando mi cuerpo al mismo tiempo: una en mi garganta y otra reventando mi interior. Pero no se quedaron ahí. Me giraron y acomodaron la Doble Penetración; mientras uno me rellenaba la vagina con estocadas brutales, el otro forzó su entrada en mi culo.
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¡Plap, plap, plap! 

Me sentía expandida, estirada hasta el punto de la ruptura. Era una sensación de plenitud obscena que me hacía perder la razón.
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**STRIPPER 1:** 
¡Mire cómo se le desorbitan los ojos a esta zozobra cuando siente las dos vergas encajadas!

**STRIPPER 2:** 
¡Esta perra lo que estaba era pidiendo a gritos que la reventaran entre dos! Sienta cómo la rellenamos.

**LAURA:** 
¡AAAAHHH!... ¡Mmh!... ¡Sí, rompan todo adentro!... ¡Pao, grábame esto!... ¡Miren cómo me llenan!...

**PAOLA:** 
Mire a la cámara, Laura... Diga 'hola' con esa boca llena de saliva. ¡Eso! Muestre cómo le deforma el vientre cada estocada.

El lente del celular estaba a centímetros de mi cara deshecha en placer y de la unión de las dos carnes que me martilleaban. Cada embestida me empujaba contra el colchón, dejándome sin aire, sin nombre y sin rastro de la mujer que Daniel creía conocer.

El clímax fue una tormenta de fluidos. Los dos hombres aceleraron el ritmo hasta que el sonido de la carne chocando era un estruendo rítmico y asfixiante. En un último empujón coordinado, ambos se vinieron al mismo tiempo. Sentí la leche hirviendo derramándose en mi garganta y una marea de semen caliente inundando mi vulva y mis nalgas. Quedé ahí, tirada en la cama, empapada de sudor y fluidos, con las piernas temblando y la mirada perdida en el techo de la suite.

Los dos strippers se limpiaron con total indiferencia, cobraron su pago y se despidieron con un guiño cínico antes de salir de la habitación. El silencio que quedó fue pesado, cargado de la fragancia del sexo y el descaro.

Paola se acercó a mí gateando sobre la cama. Me miró con una ternura perversa y extendió el dedo para limpiar una gota de semen que había quedado en la comisura de mis labios. Luego, se llevó el dedo a su propia boca con una lentitud tortuosa.

**LAURA:** 
Pao... quedé hecha mierda... me destruyeron... qué puta locura...
infiel


**PAOLA:** 
Guarde energías, mi amor... Guarde energías para después de la boda, que apenas se case le tengo guardada su verdadera sorpresa.

Me quedé mirando a Paola mientras ella guardaba el celular con los videos grabados. Una chispa de miedo y de una excitación insoportable cruzó mi mente. ¿Qué podía ser peor o más glorioso que esto? Pero mientras cerraba los ojos, sintiendo el rastro de la leche ajena enfriándose sobre mi piel, supe que ya no había vuelta atrás. Yo era la perra de Paola y la mujer de Daniel, y ese abismo era el único lugar donde realmente me sentía viva.

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