Fue así que llegamos a la casa de Oscar. Este tipo es petiso, morocho, de unos 66 años, y vive con el hermano mellizo que es igual a él, y dos primos de 70 y pico, unas panzas que parecían que se comieron la vida. Y bueno, los compañeros del trabajo. La noche fue baile, comida y alcohol. Fueron pasando las horas y nos divertíamos mucho. A medida que se iba la noche, también se iban los invitados. Fue así que nos quedamos mi mujer í con los dueños de casa, ya que uno de ellos nos llevaría a nuestra casa.
A todo esto, sacaron la jarra loca, mezclando todo tipo de alcohol, y mi mujer í tomaba como nunca. Esa noche estaba más descomunal que nunca: una mini jean, una remera blanca no muy gruesa, lo que hacía transparentarse y ver su ropa interior y sus pechos, algo que Oscar no dejó pasar por alto. Tito, su hermano, tampoco. Como que jodiendo, tiró agua mojando la remera y dejándola más expuesta todavía.
A todo esto, pusieron reggaetón y mi esposa í empezó a menearse, y Tito atrás de ella, lo que aprovechó para apoyar su bulto y tocar esa hermosa cola de mi mujer. Todo esto mientras Oscar y sus primos miraban con sonrisas cómplices. Cuando la mezcla de alcohol le hizo efecto, mi mujer í se mostró más suelta y provocativa. Oscar se arrimó por delante, la tomó de la cintura y la trajo para un cara a cara, y le dijo “Vos sos una linda puta”. Ella, entre risas y con la mirada encendida, le respondió: “¿Y a vos qué te importa?”, pero no lo apartó. Oscar la besó, y ella correspondió. Tito, que estaba detrás, empezó a acariciar el culo de mi esposa y dijo: “Hoy tenemos fiesta”, y también la besó. mi mujer í se dejó llevar, moviendo las caderas al ritmo de la música.
dejaron sus pechos a merced de Oscar, que besó y mordió sus pezones, mientras una de sus manos se perdía entre las piernas de ella, que en pocos minutos tuvo un orgasmo terrible, de esos que empapan todo. El gordo reía feliz y me decía: “Sabía que algo bueno tenías que tener,
Oscar hizo que mi esposa se arrodillara y le tomó su pito, guiándolo hacia su boca. Ella, con una sonrisa pícara, lo aceptó y empezó a chuparlo con ganas, mirándolo a los ojos mientras él acariciaba su cabeza. Para todo esto, Tito la puso de espaldas y empezó a disfrutarla, clavándola con fuerza y logrando que ella jadeara fuerte. En un momento, vi a Tito sacar y mandar saliva, y me di cuenta de que iba por más. mi mujer notando la intención, se giró un poco y le dijo con voz firme pero juguetona: “Si querés eso, primero pedímelo bien”. Tito la miró sorprendido y luego sonrió, acariciando suavemente su cadera. “¿Me dejás entrar ahí, í? Te prometo que te voy a hacer sentir bien”, dijo con un tono más suave. Ella lo pensó un segundo, lo miró a los ojos y asintió con una sonrisa. “Dale, pero con cuidado”, respondió. Tito la tomó con delicadeza y, poco a poco, fue entrando en ese lugar í jadeó, pero esta vez no fue un grito de sorpresa, sino de placer contenido. Al rato, el orgasmo de Tito llegó, y dejó ese culo lleno de leche mientras ella temblaba de satisfacción.
Oscar, mientras tanto, se acercó y le dijo “¿Y a mí? ¿Me vas a dejar también?”. Ella lo miró, aún recuperando el aliento, y le respondió: “Depende, ¿me vas a tratar como una reina o como una puta?”. Oscar se rió y le respondió: “Las dos cosas, si vos querés”. ella í sonrió y lo tomó de la mano, guiándolo hacia ella. Oscar la penetró lentamente, y ella lo recibió con un gemido de aprobación. Esta vez también se sumaron los primos. Uno le ofreció su miembro, y ella lo tomó con la boca con entusiasmo, mientras el otro se acostó boca arriba y mi esposa , con total iniciativa, se montó sobre él, moviéndose con ritmo y seguridad. Oscar seguía detrás, disfrutando de ese culo que ahora era parte de la fiesta.
Mientras tanto, Oscar le preguntó entre jadeos: “¿Te vas a dejar coger otro día por mí?”. ella , con una sonrisa traviesa, le respondió: “Si me seguís haciendo sentir así, no creo que pueda decir que no”. Esa respuesta encendió a Oscar, que terminó dentro de ella sin dejar salir una gota. Los primos también tuvieron su turno,
Yo, a estas alturas, no quise quedarme afuera. Me acerqué y mi mujer me miró con esos ojos brillantes. “Te estaba esperando, mi amor”, me dijo, y me atrajo hacia ella. La tomé por la cintura y la penetré, sintiendo cómo su cuerpo aún vibraba de placer. Cuando terminé, llenando ese hermoso culo de leche, ella suspiró satisfecha. Oscar, entonces, la tomó de la mano y la llevó a su habitación. Desde afuera, escuchaba cómo ella gemía de placer
Desde entonces, cada tanto Oscar y sus hermanos la invitan a pasar la noche.
A todo esto, sacaron la jarra loca, mezclando todo tipo de alcohol, y mi mujer í tomaba como nunca. Esa noche estaba más descomunal que nunca: una mini jean, una remera blanca no muy gruesa, lo que hacía transparentarse y ver su ropa interior y sus pechos, algo que Oscar no dejó pasar por alto. Tito, su hermano, tampoco. Como que jodiendo, tiró agua mojando la remera y dejándola más expuesta todavía.
A todo esto, pusieron reggaetón y mi esposa í empezó a menearse, y Tito atrás de ella, lo que aprovechó para apoyar su bulto y tocar esa hermosa cola de mi mujer. Todo esto mientras Oscar y sus primos miraban con sonrisas cómplices. Cuando la mezcla de alcohol le hizo efecto, mi mujer í se mostró más suelta y provocativa. Oscar se arrimó por delante, la tomó de la cintura y la trajo para un cara a cara, y le dijo “Vos sos una linda puta”. Ella, entre risas y con la mirada encendida, le respondió: “¿Y a vos qué te importa?”, pero no lo apartó. Oscar la besó, y ella correspondió. Tito, que estaba detrás, empezó a acariciar el culo de mi esposa y dijo: “Hoy tenemos fiesta”, y también la besó. mi mujer í se dejó llevar, moviendo las caderas al ritmo de la música.
dejaron sus pechos a merced de Oscar, que besó y mordió sus pezones, mientras una de sus manos se perdía entre las piernas de ella, que en pocos minutos tuvo un orgasmo terrible, de esos que empapan todo. El gordo reía feliz y me decía: “Sabía que algo bueno tenías que tener,
Oscar hizo que mi esposa se arrodillara y le tomó su pito, guiándolo hacia su boca. Ella, con una sonrisa pícara, lo aceptó y empezó a chuparlo con ganas, mirándolo a los ojos mientras él acariciaba su cabeza. Para todo esto, Tito la puso de espaldas y empezó a disfrutarla, clavándola con fuerza y logrando que ella jadeara fuerte. En un momento, vi a Tito sacar y mandar saliva, y me di cuenta de que iba por más. mi mujer notando la intención, se giró un poco y le dijo con voz firme pero juguetona: “Si querés eso, primero pedímelo bien”. Tito la miró sorprendido y luego sonrió, acariciando suavemente su cadera. “¿Me dejás entrar ahí, í? Te prometo que te voy a hacer sentir bien”, dijo con un tono más suave. Ella lo pensó un segundo, lo miró a los ojos y asintió con una sonrisa. “Dale, pero con cuidado”, respondió. Tito la tomó con delicadeza y, poco a poco, fue entrando en ese lugar í jadeó, pero esta vez no fue un grito de sorpresa, sino de placer contenido. Al rato, el orgasmo de Tito llegó, y dejó ese culo lleno de leche mientras ella temblaba de satisfacción.
Oscar, mientras tanto, se acercó y le dijo “¿Y a mí? ¿Me vas a dejar también?”. Ella lo miró, aún recuperando el aliento, y le respondió: “Depende, ¿me vas a tratar como una reina o como una puta?”. Oscar se rió y le respondió: “Las dos cosas, si vos querés”. ella í sonrió y lo tomó de la mano, guiándolo hacia ella. Oscar la penetró lentamente, y ella lo recibió con un gemido de aprobación. Esta vez también se sumaron los primos. Uno le ofreció su miembro, y ella lo tomó con la boca con entusiasmo, mientras el otro se acostó boca arriba y mi esposa , con total iniciativa, se montó sobre él, moviéndose con ritmo y seguridad. Oscar seguía detrás, disfrutando de ese culo que ahora era parte de la fiesta.
Mientras tanto, Oscar le preguntó entre jadeos: “¿Te vas a dejar coger otro día por mí?”. ella , con una sonrisa traviesa, le respondió: “Si me seguís haciendo sentir así, no creo que pueda decir que no”. Esa respuesta encendió a Oscar, que terminó dentro de ella sin dejar salir una gota. Los primos también tuvieron su turno,
Yo, a estas alturas, no quise quedarme afuera. Me acerqué y mi mujer me miró con esos ojos brillantes. “Te estaba esperando, mi amor”, me dijo, y me atrajo hacia ella. La tomé por la cintura y la penetré, sintiendo cómo su cuerpo aún vibraba de placer. Cuando terminé, llenando ese hermoso culo de leche, ella suspiró satisfecha. Oscar, entonces, la tomó de la mano y la llevó a su habitación. Desde afuera, escuchaba cómo ella gemía de placer
Desde entonces, cada tanto Oscar y sus hermanos la invitan a pasar la noche.
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