La amiga ya se había ido a dormir. El campo estaba en silencio total. Solo se escuchaba algún grillo afuera. Pao y el pibe quedaron solos en el living, con una luz baja y cálida. Ella tenía unos 30 años: cuerpo flaco pero con curvas, tetas naturales que ya empezaban a caer suaves, panza blandita, culo redondo y firme.
Él se le acercó por detrás y la abrazó. La apretó contra su cuerpo y ella sintió la pija dura presionándole el culo. No se apartó. Él le habló al oído, bajito, y después la dio vuelta despacio. La besó. El beso empezó suave y se fue haciendo más profundo, más húmedo. Mientras la besaba le metió las manos debajo de la remera y le agarró las tetas por encima del corpiño. Se las apretó con ganas, notando el peso y la suavidad de la carne.
Le subió la remera y el corpiño juntos. Le sacó las tetas. Se le cayeron un poco hacia los costados, con los pezones claros y ya semi-duros. El tipo se las chupó sin apuro: primero una, succionando el pezón, pasando la lengua en círculos, después la otra. Las apretaba con las manos mientras las mamaba. Pao se apoyó contra la mesada, con la cabeza echada hacia atrás, respirando agitada. No decía que parara.
Después él le bajó las manos a la cintura, le desabotonó el jean y se lo bajó junto con la bombacha hasta la mitad de los muslos. Le pasó la mano por la panza suave y después le tocó la concha. Estaba caliente y mojada. Los labios externos se le notaban oscuros, un poco gruesos, y al abrirlos un poco se veía el rosa más vivo adentro. Tenía poco vello, casi depilada. Él le recorrió los labios con los dedos, le separó un poco y le buscó el clítoris. Se lo frotó despacio, en círculos, mientras le seguía chupando una teta.
Pao abrió más las piernas y soltó un gemido bajo. Él se arrodilló un momento y le pasó la lengua por la concha, lamiendo de abajo hacia arriba, chupándole los labios oscuros y el clítoris. Ella se agarró de la mesada con las dos manos.
Cuando se levantó, la dio vuelta, la inclinó sobre la mesada y se acomodó detrás. Le abrió un poco más las nalgas y se la metió de una. Entró fácil, resbaloso. La agarró de las caderas y empezó a cogérsela con ritmo, profundo. Se le veían las tetas colgando y moviéndose con cada embestida. Él le apretaba el culo, le abría las nalgas para mirar cómo entraba y salía la pija de esa concha oscura y mojada.
La cogió así un buen rato, sin apuro, a veces más rápido, a veces más hondo. Pao se corrió primero, apretando la mesada y soltando un gemido largo. Él la siguió cogiendo un poco más y se corrió adentro, profundo, quedándose quieto mientras se vaciaba.
Cuando se retiró, le corría un hilo espeso por el muslo interno. Se acomodaron la ropa en silencio. Él le dio un beso en el cuello y cada uno se fue a su habitación. La amiga nunca se enteró de nada.
Él se le acercó por detrás y la abrazó. La apretó contra su cuerpo y ella sintió la pija dura presionándole el culo. No se apartó. Él le habló al oído, bajito, y después la dio vuelta despacio. La besó. El beso empezó suave y se fue haciendo más profundo, más húmedo. Mientras la besaba le metió las manos debajo de la remera y le agarró las tetas por encima del corpiño. Se las apretó con ganas, notando el peso y la suavidad de la carne.
Le subió la remera y el corpiño juntos. Le sacó las tetas. Se le cayeron un poco hacia los costados, con los pezones claros y ya semi-duros. El tipo se las chupó sin apuro: primero una, succionando el pezón, pasando la lengua en círculos, después la otra. Las apretaba con las manos mientras las mamaba. Pao se apoyó contra la mesada, con la cabeza echada hacia atrás, respirando agitada. No decía que parara.
Después él le bajó las manos a la cintura, le desabotonó el jean y se lo bajó junto con la bombacha hasta la mitad de los muslos. Le pasó la mano por la panza suave y después le tocó la concha. Estaba caliente y mojada. Los labios externos se le notaban oscuros, un poco gruesos, y al abrirlos un poco se veía el rosa más vivo adentro. Tenía poco vello, casi depilada. Él le recorrió los labios con los dedos, le separó un poco y le buscó el clítoris. Se lo frotó despacio, en círculos, mientras le seguía chupando una teta.
Pao abrió más las piernas y soltó un gemido bajo. Él se arrodilló un momento y le pasó la lengua por la concha, lamiendo de abajo hacia arriba, chupándole los labios oscuros y el clítoris. Ella se agarró de la mesada con las dos manos.
Cuando se levantó, la dio vuelta, la inclinó sobre la mesada y se acomodó detrás. Le abrió un poco más las nalgas y se la metió de una. Entró fácil, resbaloso. La agarró de las caderas y empezó a cogérsela con ritmo, profundo. Se le veían las tetas colgando y moviéndose con cada embestida. Él le apretaba el culo, le abría las nalgas para mirar cómo entraba y salía la pija de esa concha oscura y mojada.
La cogió así un buen rato, sin apuro, a veces más rápido, a veces más hondo. Pao se corrió primero, apretando la mesada y soltando un gemido largo. Él la siguió cogiendo un poco más y se corrió adentro, profundo, quedándose quieto mientras se vaciaba.
Cuando se retiró, le corría un hilo espeso por el muslo interno. Se acomodaron la ropa en silencio. Él le dio un beso en el cuello y cada uno se fue a su habitación. La amiga nunca se enteró de nada.
0 comentarios - Pao y el primo de la amiga - continuacion-