

La graduación estaba cerca, y los compañeros de curso organizaban actividades para recaudar fondos. En una de esas actividades, para vender hamburguesas, la vi. La mamá de Joaquín, un compañero más, ni siquiera era mi amigo, pero, cuando vino su madre a ayudar, se me paró el corazón y la pija. Su madre, que se llamaba Alejandra, era una rubia teñida, culona, que usaba una calza ajustada, imposible no mirarle el culo.

Hacía cualquier cosa por acercarme. Le ayudaba a traer agua, con las bolsas, ella solo me decía "Ay, qué lindo eres, gracias", aumentando más mi excitación.
Cuando terminó la actividad, me acerqué cómo para acompañarla, pero se acercó su esposo en auto, un tipo gordo, que le dio un beso y una nalgada, que me puso celoso.
Esa noche no me la podía quitar de la cabeza y me masturbé pensando en ella y en ese culo.
Me enteré que se acercaba el cumpleaños de Joaquín. Era mi oportunidad para acercarme a ella. Hice lo imposible para acercarme a él, hacerme su amigo, solamente para acercarme a su madre. Hasta que me invitó.
Ese día solo lo felicité y ya no le hice caso, mi atención la tenía ella, que ahora estaba más sexy, con un vestido ajustado, que dejaba marcado sus curvas, sus largas piernas y ese culo que me atormentaba. Otra vez, me acerqué para ayudarla, "Gracias, Martín, eres muy amable", me decía.
Luego, en un momento de descanso, se sentó a mi lado. Mientras conversábamos de cosas del colegio, no podía apartar la mirada de sus piernas. Ella lo notaba y se reía. Hasta que le dije: "¿Cómo es que Joaquín tiene una mamá tan joven y bella?".
Ahí me comentó que, en realidad, no era su madre, sino su madrastra, pero que lo quería cómo un hijo, ya que lo había criado desde los 10 años, cuando se casó con su padre, y que le gustaría tener hijos también, pero a su marido, a veces, le fallaba el gatillo. Le dije: "¿Cómo es eso con semejante mujer?".
A lo que me dijo:Está con problemas de salud. Martín, no deberías fijarte mucho en mí. Veo cómo me miras, y qué hacías esas cosas para llamar mi atención". Se levantó y se fue.
Cuando todos se estaban yendo, me acerqué para despedirme. "Señora Alejandra, disculpe si la incomodé hace rato. No era mi intención. Es solo que usted es una bella mujer y me gusta mucho", le dije, con el corazón latiendo fuerte.
Ella se acercó a mí y me dio un beso en la mejilla, y me dijo: "Martín, sé lo que provoco en los chicos y tú también me gustas. Eres lindo, pero estoy casada". Ahí le dije: "No me importa eso. Qué solo quiero conocerla más".
Ahí ella, más pícara, me dijo:¿Conocerme o comerme?". Ahí reí nervioso y le dije: "Bueno, eso también". Y me dio su número de teléfono. "Bueno, veré qué hacer por ti", me dijo, dándome algo de esperanza.
Empezamos a charlar por chat y pronto nos hicimos amigos . Ella me contaba cómo conoció a su esposo y lo mucho que quería a Joaquín, pero yo solo respondía fríamente. Mi interés era solo ella. Hasta que le dije: "Oye, ¿por qué no nos vemos, te invitó a salir?". Ella me mandó un emoji, riendo. "Martín, estoy casada No intentes levantarme, no soy cómo esas jovencitas faciles".
Le respondí: "Se me olvida eso, o no lo tengo en cuenta. Solo me concentro en ti. Me gustas mucho y me pones caliente, pero si no me darás chance, es mejor que dejemos de escribir".
Unos minutos de pausa, luego otro mensaje: "De verdad te caliento, Martín?".
"Sí, no sé qué me pasa. Me siento muy atraído por ti", le respondí, sintiendo una mezcla de emoción y confianza.
Luego me llega otro mensaje. Ella, en ropa interior. "¿Esto es lo que te pone así?", me pregunta. "Sí, me lo pones duro", le contesté, sintiendo una excitación que no podía controlar.

Ahí otro mensaje: "¿Me mostrarías tu pene? Quiero verlo", me preguntó. "Sí" le respondí, me bajé el pantalón y saqué una foto de mi pija dura y se la mandé.
Después, unos minutos largos sin responder, pensé que se enojó.
Hasta que ella otro mensaje: "Me encanta, la tienes cómo me gusta" acompañado de una foto, ella desnuda, abierta de piernas, "Me pones mojada".

Ahí exitado, viendo sus tetas y su concha, le escribí: "Alejandra, por favor, deja que te demuestre cuanto te deseo".
Ella respondió: "¿Y qué es lo que más te gusta de mí?".
"Tu trasero, me tienta mucho tus grandes nalgas", le escribí. Ahí recibí una foto de ella en cuatro, ofreciéndome ese culo.
"¿Este?", me escribió.

"Sí!!!" le respondí caliente.
Luego me dijo: "Martín, Joaquín saldrá con su padre mañana. Si quieres, ven y nos vemos". "Ahí estaré", le dije, esa noche no pude dormir, me masturbé viendo sus fotos.
Llegué corriendo a su casa. El corazón me palpitaba con fuerza. Ella me recibió con una sonrisa.
"Eres muy lindo y me tientas, aunque sé que está mal. Me siento atraída por ti, pero tengo dudas", me dijo.
"No dudes, por favor", le respondí, besándola. Ella respondió al beso acariciando mi pene por encima del pantalón, hasta que se agachó y me lo bajó.
Mi pija salió dura, y ella lo agarró y lamió, chupando con una intensidad, que me hizo gemir.
Luego se incorporó y se desnudó lentamente, mostrandome sus tetas y esa vagina que me enloquecía.
"Espera, traje condones", le dije. Pero ella me detuvo: "Quiero sentirte así, al natural", me dijo. Yo, ya excitado, solo le respondí: "Está bien".
Me sentó al sofá y se acomodó sobre mí, colocando mi pija entre sus piernas. Hasta que se la metió toda en su concha, sentí cómo me apretaba, haciéndome gemir.

Luego comenzó a moverse, aumentando el ritmo poco a poco. Yo le besaba las tetas, mientras ella rebotaba más rápido, sintiendo cómo se le mojaba la concha, mientras la sujetaba de las nalgas que tanto quería.
Luego se puso en cuatro, ofreciéndome su culo grande. "Es lo que te gusta", me dijo, cachonda. Le enterré la cara entre las nalgas y le lamí desde la concha hasta el culo, haciéndola gemir.

Luego la penetré por atrás, sujetando sus caderas, nalgueándola, mientras le hundía la pija en su concha una y otra vez, viendo cómo se mojaba toda. Hasta que se la saqué y le terminé sobre las nalgas, cayendo sobre ella.
"Qué rico, Martín. Hace tiempo no me cogían así", me dijo. "Que bueno que te gustó", le respondí, besándola, sintiendo que había encontrado algo único y especial en ella.
Otro evento de hamburguesas se realizaba, esta vez en su casa. Estaban las señoras ayudando y Joaquín y su padre organizaban lo demas.
Cuando de repente, Alejandra me dice, "Martín, ¿puedes ayudarme con algo?" me dijo con una sonrisa pícara. Intrigado, la seguí hasta el baño de la casa.
"En qué te ayudo, Alejandra?" pregunté, cerrando la puerta tras de mí.
"Quiero pija," respondió sin rodeos. "Aquí, ¿en el baño?" le pregunté.
"Sí, aquí. Si alguien viene, pues que vean que ando caliente," agregó, comenzando a bajarme el pantalón con una mirada llena de deseo.
No pude evitar sentir una oleada de excitación. Alejandra comenzó a chuparme la pija con una intensidad que me dejó sin aliento, haciendo que viera estrellas. Su boca caliente y húmeda me llevó al borde del éxtasis. Cuando terminó, mi pija estaba llena de baba.
"Ahora métemela rápido," me ordenó, se giró, bajándose la calza y la tanga, mostrandome el culo, su concha ya estaba húmeda y lista
Sin dudar, me puse detrás de ella y la penetré con fuerza, llenando su concha con mi pija dura, cogiendola con intensidad.
Las paredes del baño resonaban con los gemidos de Alejandra mientras la cogía con fuerza, golpeando mis caderas contra sus nalgas. "Más rápido, Martín," gemía, y yo obedecía, aumentando el ritmo hasta que no pude contenerme más y eyaculé dentro de su concha, viendo cómo goteaba sobre su calza.
Alejandra se giró, me besó apasionadamente y dijo: "Ve con los demás, Martín, me voy a cambiar y voy.

Salí, sintiéndome satisfecho y excitado.
De vuelta, me encontré con Joaquín, qué viendo mi estado sudoroso. Me dijo. "¿Qué sudado estás? ¿Te sientes bien?" preguntó con curiosidad.
"Sí, es que hace mucho calor al lado del fuego," respondí, sonriendo.
El tiempo había pasado desde nuestro primer encuentro, y Alejandra y yo habíamos desarrollado una relación apasionada y secreta. Era su amante, y cada vez que nuestras miradas se cruzaban, sabía que pronto nos perderíamos en los brazos del otro.
Un día, mientras estábamos en su casa, Alejandra me invitó a su habitación. Nos besamos apasionadamente, y ella me llevó a la cama.

Alejandra se sentó sobre mí, cabalgando mi pija con una pasión que me dejó sin aliento. Sus caderas se movían con un ritmo perfecto, y yo no podía apartar mis manos de sus tetas, chupándolas y amasándolas mientras la nalgueaba. Ella gemía y me pedía que le dijera cosas sucias.
"Quiero cogerte por el culo, Alejandra," le susurré en el oído.
Ella sonrió, sabiendo que tarde o temprano le pediría el anal. "Bueno, pero hazlo despacio," me dijo, poniéndose en cuatro y ofreciéndome su trasero perfecto.
Me acerqué y le di una buena lamida a su concha y su culo, saboreando su excitación. Luego, una nalgada fuerte que resonó en la habitación, haciendo que Alejandra gimiera de placer. "Ayy, Martín," dijo, y yo no pude evitar sonreír.
Me escupi la punta de la pija y poco a poco se la fui metiendo en el culo. Primero suavemente, sintiendo cómo su piel cedía ante mi invasión. Luego, la penetré hasta fondo, sintiendo cómo su cuerpo se adaptaba a mi tamaño.
Comencé a cogerla despacio, pero pronto subí el ritmo, embistiéndola con más intensidad. La nalgueaba y le tocaba la concha, sintiendo cómo se mojaba más con cada embestida.

"Sí, Martín, que rico. Rómpeme el culo" gemía, y yo obedecía, dándole lo que tanto deseaba.
El sonido de nuestros cuerpos chocando llenó la habitación, y el aroma del sexo flotaba en el aire. No pude contenerme más y le terminé sobre las nalgas, viendo cómo mi semen goteaba por su piel.
Por fin, ese culo que tanto había deseado desde la primera vez era mío. Alejandra se giró y me besó, sonriendo de satisfacción.
"Fue increíble, Martín," dijo, y yo asentí, sabiendo que nuestra conexión era algo especial.
Nos quedamos abrazados, disfrutando de la intimidad y el placer que habíamos compartido.
El día de la graduación llegó finalmente, y con él, una mezcla de emociones y despedidas. Nos reunimos con nuestras familias, manteniendo las apariencias y evitando cualquier sospecha sobre nuestra relación secreta.
La ceremonia fue un éxito, llena de discursos inspiradores y aplausos entusiastas. Cuando llegó el momento de los bailes, Alejandra bailó el vals con Joaquín, su hijo querido, y luego, como un guiño del destino, bailó conmigo.
"Felicidades, Martín, por terminar esta etapa," me dijo, sonriendo mientras nos movíamos al son de la música.
"Lo mejor del año fue estar contigo, Alejandra," respondí, sintiendo una oleada de emoción.
Ella se acercó y me besó suavemente, un gesto que pasó desapercibido en medio de la multitud "Mañana te daré tu regalo de graduación," me susurró al oído, dejándome con una mezcla de anticipación y exitacion.
El día siguiente a la graduación, Alejandra y yo nos dirigimos a un motel discreto donde nadie nos interrumpiría. La expectativa y la emoción eran palpables mientras nos preparábamos para nuestro encuentro.
Al entrar a la habitación, Alejandra se desnudó, revelando su cuerpo perfecto. Sus tetas firmes y su concha húmeda me dejaron sin aliento, endureciendo mi pija al instante.
"Aquí tienes tu regalo de graduación," me dijo, dándome un beso apasionado. Empezó a desvestirme, sus manos explorando mi cuerpo con ansias.
Me chupó la pija, mamando con intensidad y babeándola, haciéndome gemir de placer. La sensación de su boca caliente me acercó al borde del éxtasis. Cuando terminó, mi pija estaba lista y palpitante.

Alejandra se puso en cuatro, ofreciéndome su culo grande. "Quiero el culo primero," le dije incapaz de contener mi deseo. Me acerqué y le metí la pija en el culo, abriéndolo con fuerza. Ella se retorció y gimió, sintiendo mi invasión.
La cogí duro, nalgueándola y sintiendo cómo su concha chorreaba de excitación. El sonido de sus gemidos llenó la habitación, y yo no pude resistir la tentación de cambiar de posición.
Saqué la pija de su culo y se la metí en la concha de golpe, golpeando sus nalgas con mis caderas. Ella gimió fuerte, "Ayy, Martín, que rico," mientras yo embestía con más intensidad.
Luego, la puse a cabalgar, y ella rebotó sobre mi pija, sus tetas saltando con cada movimiento. De repente, se salió de golpe y me mojó toda la pija. Había tenido un squirt, y la sensación de su flujo caliente me excitó aún más.

La hice sentarse de nuevo y esta vez le chupé las tetas, embistiéndola duro desde abajo. Nuestros gemidos de placer llenaron la habitación, y yo no pude contenerme más. Eyaculé dentro de su concha, llenándola por completo.
Alejandra cayó sobre mi pecho, agotada y satisfecha. "Martín, no quiero que me dejes nunca," me dijo, y yo no pude evitar sonreír.
"Mientras me des ese culo, nunca, Alejandra," respondí, sabiendo que nuestra conexión era algo especial que valia la pena mantener.
Nos quedamos abrazados, disfrutando de la intimidad y el placer que habíamos compartido, prometiendo que esto era solo el comienzo de una aventura apasionada y duradera.


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