El calor de la tarde en la casa era denso, casi asfixiante. Apenas crucé el pasillo hacia mi habitación, sentí una mano firme que me tomó bruscamente del brazo. Era Lucas. Me empujó hacia adentro y cerró la puerta con el pestillo a medias, respirando agitado sobre mi cuello.
Me manoseo toda por qué ya últimamente no encontraba nada de mi ropa y me tocaba ya andar era en tanga


LUCAS: —Ya me cansé de tus rodeos, Valeria. Dijiste que me lo vas a dar completo, ¿oíste? No me voy a quedar esperando una semana más.
VALERIA: —Lucas, por favor... Camilo está ahí mismo en la cocina, si nos escucha va a venir para acá...
LUCAS: —(Se ríe con descaro, apretándome más contra la pared)— Que venga y mire si quiere. Él ya probó lo tuyo la semana pasada, ahora me toca a mí. Te vas a bajar la ropa ya mismo o armo un escándalo en la sala.
VALERIA: —Está bien... no te pongas así —le susurré al oído con voz agitada, mordiéndole el lóbulo para calmarle la furia—. Ven y toma lo tuyo.
Dios mío, ¿qué me está pasando? ¿En qué clase de perra me estoy convirtiendo?, me repetía en la mente mientras dejaba que me empujara hacia la cama. Saber que los dos hermanos menores de mi novio se morían por usarme me encendía el vientre como un fuego infernal. Aunque por dentro me quemara la culpa de estar traicionando a Santiago en su propia casa, la adrenalina y la sumisión me tenían completamente húmeda y entregada.
Lucas me tomó con fuerza de la cintura y me giró sobre el colchón para ponerme en cuatro. Me bajo la tanga , y me arqueó la espalda, dejándome totalmente expuesta. Sin pedir permiso, me chupo toda Dios se tir la lengua de lucas fue una sensación exitante lo hizo con un desespero y unas ganas después se acomodó detrás de mí y se hundió de un solo golpe seco dentro de mi vagina , encontrándome hirviendo.


Un jadeo agudo y roto me brotó de la garganta. El choque inicial fue brutal. El sonido de la carne chocando contra la carne, un slap-slap-slap pesado, húmedo y acelerado, empezó a retumbar en el cuarto mezclado con el ritmo líquido de la penetración (chack-chack-chack).
VALERIA: —¡Ahhh! Sí, Lucas... métemelo todo... Así, más fuerte... —le gemía, clavando las uñas en la sábana y echando las caderas hacia atrás para sentirlo más profundo.

Sin darme respiro, Lucas volvia y volvía a embestirme con rabia. El choque rítmico de nuestros cuerpos (SLAP-SLAP-SLAP), el chasquido húmedo (CHACK-CHACK-CHACK) y el crujido violento del camastro de madera (CREAK-CREAK-CREAK) hacían temblar la habitación.
Ahhhhh Dios mmmmm sigue sigue no pares sigue así haaaaaa haaaaa mmmmmm
En medio de los gemidos, entreabrí los ojos y la sangre se me congeló en las venas.
Ahí estaba Camilo.
Estaba parado en el marco de la puerta, recostado con total frescura. Tenía una sonrisa morbosa y perversa, con los ojos clavados directamente en el punto exacto donde el cuerpo de su hermano menor y yo nos entregabamos y Lucas no paraba de entrar y salir , entra y salía de mi vagina mojada (chack-chack-chack).
El pánico me apretó el pecho, pero la humillación absoluta de verme sorprendida, de saber que me estaba observando como a un juguete de la casa, me provocó un choque psicológico devastador. Por Dios... me está viendo... me estoy dejando follar por el hermanito mientras el otro mira... soy una zorra descarada, pensé, pero esa misma degradación disparó una descarga de placer que me hizo arquear la espalda.
VALERIA: —(Gesticulándole a Camilo con la boca, sin emitir voz)— ¡Vete!... ¡Camilo, vete de aquí!
Camilo soltó una risita muda, negó lentamente con la cabeza y le dio igual mi pedido. Se metió la mano por la correa del pantalón y, ahí mismo frente a mí, comenzó a masturbarse a un metro de la cama, frotándose con ritmo rápido mientras devoraba con la mirada cómo mi piel chocaba con la de Lucas (slap-slap-slap).

CAMILO: —(En un susurro perverso que solo yo escuché sobre los resoplidos de su hermano)— De aquí no me muevo... Sigue disfrutando al muchacho, que me toca a mí después.
Ver a Camilo pajeándose enfrente mío mientras Lucas me daba con rabia me terminó de romper la cordura. Me convertí en pura carne disponible para ellos. Me apreté a los muslos de Lucas soltando un gemido ahogado y entregándome a un orgasmo violento.

Lucas, ciego de placer y sin notar nada a sus espaldas, aceleró el ritmo al límite hasta que soltó un gruñido rasgado contra mi cuello, temblando violentamente mientras se derramaba de forma abundante y tibia dentro de mí.
Lucas cayó rendido sobre mi pecho, resoplando agotado, mientras el grifo de la cocina sonaba al fondo (plop... plop... plop). Pero no hubo pausa.
Camilo no esperó ni diez segundos. Se acercó a la cama, tomó a Lucas por el hombro y lo empujó a un lado sin ceremonias.
CAMILO: —Ya le diste lo suyo al muchacho... Ahora quítate, Lucas, que sigue el hombre de verdad.
Lucas, atontado por el clímax y confundido, reaccionó mirando a su hermano, pero en lugar de pelear, se acomodó a un lado de la cama, agitado, fascinado por la idea de ver lo que venía. Camilo se subió a la cama, me tomó de los tobillos y me dijo que me le subiera encima. , mi vagina chorreando chorreando semen y humedad. Sin darle tiempo a mi cuerpo de enfriarse, me acomodé y me enteré esa verga dura , sentí como entro sirve , cada milímetro hasta el fondo
VALERIA: —¡AHHH! Camilo... ¡espera!... ¡ahhh! —grité entre el dolor y el placer puro, sintiendo cómo me llenaba de nuevo sin piedad.

Dios mío... uno tras otro... me están usando entre los dos y me encanta, me decía mentalmente, totalmente fuera de mí. Camilo empezó a embestirme con una fuerza descomunal, haciendo sonar la carne contra la carne con una violencia sónica (SLAP-SLAP-SLAP) y un chapoteo líquido constante (CHACK-CHACK-CHACK). Yo me retorcía encima de el , atrapada en una ráfaga de sexo continuo entre los dos hermanos menores, perdiendo el control mientras el camastro crujía a punto de romperse (CREAK-CREAK-CREAK).
CAMILO: —Mírate cómo te gusta que te demos entre los dos... —me gruñía Camilo al oído mientras me embestía sin piedad, mientras Lucas miraba con la respiración cortada cómo su hermano me terminaba de usar.
Camilo apretó el ritmo hasta soltar un rugido ronco, derramándose profundamente dentro de mí en una sacudida que me dejó temblando las piernas.
Quedé tendida en el centro de la cama, deshecha, con la respiración desbocada y los muslos empapados por la mezcla de los fluidos de ambos. Lucas y Camilo se miraron por encima de mi cuerpo desnudo, compartiendo una sonrisa de complicidad masculina y morbosa que me erizó la piel. Ninguno de los dos se fue inmediatamente; se quedaron ahí, mirándome como a su trofeo compartido.
Y ambos dijeron
Esto está mejor que pajearnos con el celular y chocaron 5
Estoy perdida..., pensé, mientras intentaba recuperar el aire entre las sábanas revueltas. Ya no hay marcha atrás. Si estos dos descubrieron lo que se siente tenerme al mismo tiempo... la próxima vez no van a turnarse.
Me manoseo toda por qué ya últimamente no encontraba nada de mi ropa y me tocaba ya andar era en tanga


LUCAS: —Ya me cansé de tus rodeos, Valeria. Dijiste que me lo vas a dar completo, ¿oíste? No me voy a quedar esperando una semana más.
VALERIA: —Lucas, por favor... Camilo está ahí mismo en la cocina, si nos escucha va a venir para acá...
LUCAS: —(Se ríe con descaro, apretándome más contra la pared)— Que venga y mire si quiere. Él ya probó lo tuyo la semana pasada, ahora me toca a mí. Te vas a bajar la ropa ya mismo o armo un escándalo en la sala.
VALERIA: —Está bien... no te pongas así —le susurré al oído con voz agitada, mordiéndole el lóbulo para calmarle la furia—. Ven y toma lo tuyo.
Dios mío, ¿qué me está pasando? ¿En qué clase de perra me estoy convirtiendo?, me repetía en la mente mientras dejaba que me empujara hacia la cama. Saber que los dos hermanos menores de mi novio se morían por usarme me encendía el vientre como un fuego infernal. Aunque por dentro me quemara la culpa de estar traicionando a Santiago en su propia casa, la adrenalina y la sumisión me tenían completamente húmeda y entregada.
Lucas me tomó con fuerza de la cintura y me giró sobre el colchón para ponerme en cuatro. Me bajo la tanga , y me arqueó la espalda, dejándome totalmente expuesta. Sin pedir permiso, me chupo toda Dios se tir la lengua de lucas fue una sensación exitante lo hizo con un desespero y unas ganas después se acomodó detrás de mí y se hundió de un solo golpe seco dentro de mi vagina , encontrándome hirviendo.


Un jadeo agudo y roto me brotó de la garganta. El choque inicial fue brutal. El sonido de la carne chocando contra la carne, un slap-slap-slap pesado, húmedo y acelerado, empezó a retumbar en el cuarto mezclado con el ritmo líquido de la penetración (chack-chack-chack).
VALERIA: —¡Ahhh! Sí, Lucas... métemelo todo... Así, más fuerte... —le gemía, clavando las uñas en la sábana y echando las caderas hacia atrás para sentirlo más profundo.

Sin darme respiro, Lucas volvia y volvía a embestirme con rabia. El choque rítmico de nuestros cuerpos (SLAP-SLAP-SLAP), el chasquido húmedo (CHACK-CHACK-CHACK) y el crujido violento del camastro de madera (CREAK-CREAK-CREAK) hacían temblar la habitación.
Ahhhhh Dios mmmmm sigue sigue no pares sigue así haaaaaa haaaaa mmmmmm
En medio de los gemidos, entreabrí los ojos y la sangre se me congeló en las venas.
Ahí estaba Camilo.
Estaba parado en el marco de la puerta, recostado con total frescura. Tenía una sonrisa morbosa y perversa, con los ojos clavados directamente en el punto exacto donde el cuerpo de su hermano menor y yo nos entregabamos y Lucas no paraba de entrar y salir , entra y salía de mi vagina mojada (chack-chack-chack).
El pánico me apretó el pecho, pero la humillación absoluta de verme sorprendida, de saber que me estaba observando como a un juguete de la casa, me provocó un choque psicológico devastador. Por Dios... me está viendo... me estoy dejando follar por el hermanito mientras el otro mira... soy una zorra descarada, pensé, pero esa misma degradación disparó una descarga de placer que me hizo arquear la espalda.
VALERIA: —(Gesticulándole a Camilo con la boca, sin emitir voz)— ¡Vete!... ¡Camilo, vete de aquí!
Camilo soltó una risita muda, negó lentamente con la cabeza y le dio igual mi pedido. Se metió la mano por la correa del pantalón y, ahí mismo frente a mí, comenzó a masturbarse a un metro de la cama, frotándose con ritmo rápido mientras devoraba con la mirada cómo mi piel chocaba con la de Lucas (slap-slap-slap).

CAMILO: —(En un susurro perverso que solo yo escuché sobre los resoplidos de su hermano)— De aquí no me muevo... Sigue disfrutando al muchacho, que me toca a mí después.
Ver a Camilo pajeándose enfrente mío mientras Lucas me daba con rabia me terminó de romper la cordura. Me convertí en pura carne disponible para ellos. Me apreté a los muslos de Lucas soltando un gemido ahogado y entregándome a un orgasmo violento.

Lucas, ciego de placer y sin notar nada a sus espaldas, aceleró el ritmo al límite hasta que soltó un gruñido rasgado contra mi cuello, temblando violentamente mientras se derramaba de forma abundante y tibia dentro de mí.
Lucas cayó rendido sobre mi pecho, resoplando agotado, mientras el grifo de la cocina sonaba al fondo (plop... plop... plop). Pero no hubo pausa.
Camilo no esperó ni diez segundos. Se acercó a la cama, tomó a Lucas por el hombro y lo empujó a un lado sin ceremonias.
CAMILO: —Ya le diste lo suyo al muchacho... Ahora quítate, Lucas, que sigue el hombre de verdad.
Lucas, atontado por el clímax y confundido, reaccionó mirando a su hermano, pero en lugar de pelear, se acomodó a un lado de la cama, agitado, fascinado por la idea de ver lo que venía. Camilo se subió a la cama, me tomó de los tobillos y me dijo que me le subiera encima. , mi vagina chorreando chorreando semen y humedad. Sin darle tiempo a mi cuerpo de enfriarse, me acomodé y me enteré esa verga dura , sentí como entro sirve , cada milímetro hasta el fondo
VALERIA: —¡AHHH! Camilo... ¡espera!... ¡ahhh! —grité entre el dolor y el placer puro, sintiendo cómo me llenaba de nuevo sin piedad.

Dios mío... uno tras otro... me están usando entre los dos y me encanta, me decía mentalmente, totalmente fuera de mí. Camilo empezó a embestirme con una fuerza descomunal, haciendo sonar la carne contra la carne con una violencia sónica (SLAP-SLAP-SLAP) y un chapoteo líquido constante (CHACK-CHACK-CHACK). Yo me retorcía encima de el , atrapada en una ráfaga de sexo continuo entre los dos hermanos menores, perdiendo el control mientras el camastro crujía a punto de romperse (CREAK-CREAK-CREAK).
CAMILO: —Mírate cómo te gusta que te demos entre los dos... —me gruñía Camilo al oído mientras me embestía sin piedad, mientras Lucas miraba con la respiración cortada cómo su hermano me terminaba de usar.
Camilo apretó el ritmo hasta soltar un rugido ronco, derramándose profundamente dentro de mí en una sacudida que me dejó temblando las piernas.
Quedé tendida en el centro de la cama, deshecha, con la respiración desbocada y los muslos empapados por la mezcla de los fluidos de ambos. Lucas y Camilo se miraron por encima de mi cuerpo desnudo, compartiendo una sonrisa de complicidad masculina y morbosa que me erizó la piel. Ninguno de los dos se fue inmediatamente; se quedaron ahí, mirándome como a su trofeo compartido.
Y ambos dijeron
Esto está mejor que pajearnos con el celular y chocaron 5
Estoy perdida..., pensé, mientras intentaba recuperar el aire entre las sábanas revueltas. Ya no hay marcha atrás. Si estos dos descubrieron lo que se siente tenerme al mismo tiempo... la próxima vez no van a turnarse.
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