You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

Clases Privadas - Relato Erotico con Imágenes - Cap 1

Clases Privadas - Relato Erotico con Imágenes - Cap 1




CLASES PRIVADAS – RELATO EXPLICITO ENESPAÑOL CON IMÁGENES
Por Rhys Nomad



Capítulo 1: Un Huracán de Fuego en Invierno

El viernes había amanecido comocualquier otro, envuelto en esa neblina húmeda que te cala los huesos antes deque el sol decida asomarse. A mis treinta y ocho años, la rutina se habíaconvertido en un chaleco salvavidas. Mi pequeño emprendimiento de tutorías deinglés en mi departamento funcionaba bastante bien. La crisis aprieta, pero lagente siempre busca una salida, y el idioma sigue siendo esa puerta de escapeque todos quieren cruzar.


La tranquilidad de esa mañana sehabía roto por la vibración de mi celular. Un mensaje de WhatsApp. Era unanueva alumna. Me había escrito con una energía que casi podía saltar de lapantalla: una catarata de texto sin mucha puntuación, llena de emoticones,caritas riendo y manitos saludando.


«¡Hola profe! 🌟Necesito aprender a hablar de una vez por todas jajaja 🙈¿Tenés un lugarcito?».
Acordamos nuestra primera sesiónde diagnóstico para las diez de la mañana. Yo había limpiado el departamentocon una obsesión que ahora me parecía estúpida. Pasé el trapo con desodorantede lavanda, ordené la mesa y dejé el termo listo para el mate. A las 10:10, laimpaciencia empezó a ganarme. A las 10:15, el timbre sonó. Dos toques cortos.


Caminé hacia la puertacomponiendo mi mejor cara de profesor comprensivo. Giré la llave, bajé elpicaporte y abrí.


Y entonces, el oxígenodesapareció del palier.



relato


Me quedé estupefacto, con la manoaferrada a la madera. Veinte años me había dicho que tenía, no lo parecía conese cuerpo y ese corte de cabello, pero nada en mi puta vida me había preparadopara el impacto físico de lo que tenía enfrente. No era una alumna; era uninfierno absoluto caminando sobre dos piernas.


Mi cerebro, en un milisegundo,hizo un inventario completo de la hembra que invadía mi espacio. Su rostrotiene rasgos simétricos y bien definidos. Tiene una nariz recta y labios degrosor medio con un tono rosado natural. Ojos inmensos, color café tostado,enmarcados por pestañas densas. Pero el cuerpo... la puta madre, el cuerpo.


Tenía los hombros pequeños y unospechos naturales, macizos, que estaban siendo aplastados por un topcito blanco,que parecía a punto de reventar por la presión de sus pezones marcados por elfrío de la calle. Su cintura era estrecha, dejando a la vista un vientre planoy liso. Y debajo de eso... muslos gruesos, celestiales, apretados sin piedaddentro de unas calzas deportivas azules que se le adherían a la piel comopintura.


—¡Hola! Ay, perdón por la hora,soy un desastre, el colectivo se me re atrasó —dijo. Su voz era vibrante,aguda, llenando el silencio.


Tragué saliva. La boca se mehabía llenado de arena. El olor de su cuerpo me golpeó como un puñetazo: unamezcla espesa y abrumadora de perfume de vainilla barato, crema corporal decoco y el almizcle caliente de su propia piel transpirada por la corrida. Borrópor completo mi olor a lavanda.


—Eh... pasá —logré decir, con lavoz tan ronca que rasparon mis propias cuerdas vocales. Me hice a un lado,pegándome a la puerta.


Y entonces entró.



Sshht, sshht. El sonido dela tela de sus muslos rozando entre sí fue un disparo directo a mi sistemanervioso.



erotico

Mientras daba esos dos pasoshacia el interior de mi living, la vi de espaldas. El cortocircuito fue total.El movimiento de sus caderas era una obscenidad absoluta. Tenía un culomonumental, pesado, con forma de corazón invertido, que se balanceaba de lado alado. La tela de las calzas se estiraba hasta transparentarse un poco en elcentro, tragada por la raya de su culo, conteniendo a duras penas esa redondez.


La reacción de mi cuerpo fueviolenta. La sangre me bajó de golpe, abandonando mi cabeza para concentrarseentre mis piernas. Mi pija se puso durísima, gruesa y palpitante en cuestión deun segundo. Fue una erección tan repentina y furiosa que la cabeza de mi vergachocó contra la costura del jean, causándome una punzada de dolor agudo.


Mierda, mierda, mierda,pensé, cerrando la puerta con mano temblorosa. Si las viejas del segundo pisola veían entrar así, jurarían que me había pagado una puta VIP. No parecía unaestudiante; parecía una fantasía porno a punto de empezar.


—Tomá asiento en el sofá —leindiqué, forzando la voz—. En breve te atiendo, dame un segundo.
Se dejó caer en el sofá de doscuerpos. El impacto hizo que sus pechos rebotaran sin control dentro del top.
No podía quedarme ahí. Me dimedia vuelta, casi huyendo, apretando los muslos para ocultar el bulto obscenoen mi pantalón, y me metí en el baño.


Cerré la puerta de un portazosordo y me apoyé contra la bacha del lavatorio. Abrí la canilla al máximo. Fuuuush.Mis manos transpiraban. Me miré en el espejo: ojos desorbitados, mejillasrojas. El corazón me latía en las sienes: pum, pum, pum. Me eché aguahelada en la nuca y la cara.


No podés, Santiago. Es unapiba de veinte años. Sos un profesional, la puta madre que te parió. Peroel instinto era ensordecedor. Me bajé el cierre del pantalón un centímetro solopara aliviar la presión de mi verga asfixiada, que latía pidiendo salir. Medolía. La testosterona me quemaba las venas.
Agarré la toalla, me sequé lacara con fuerza bruta, respiré hondo tres veces, subí el cierre tragándome eldolor, y salí.


Volví al living. Ella estabamirando su celular, con una pierna cruzada sobre la otra. Me senté en la mesa yla llame, ella se sentó frente a mí, usando la mesa de madera como escudotáctico. Me sentía un boludo a cuerda.


—Bueno, me presento formalmente.Soy Santiago —dije, agarrando una lapicera que casi rompo con la fuerza de misdedos.


—¡Yo soy Casidy! —respondió,dejando el celular y mirándome de lleno.


Y ahí estaba el otro problema.Sus ojos. Si no le miraba las tetas a punto de explotar, tenía que mirar esaboca carnosa y húmeda.


—Entiendo las reglas y todo eso,¿viste? Pero me re cuesta soltarme para hablar, como que me trabo —explicabaella, gesticulando. Cada vez que levantaba los brazos, el top se subía unmilímetro, amenazando con exponer la parte inferior de sus senos.


Mi esfuerzo era titánico. Sentíauna gota de sudor frío bajando por mi espina dorsal. Mi visión periférica erauna tortura de piel tostada y curvas. Me esforcé por enfocarme en los verbosirregulares, luchando contra el instinto animal que me gritaba que empujara loslibros al piso, la subiera a la mesa y le arrancara esas calzas con losdientes. Mi pija seguía siendo una barra de acero caliente.


La charla fluyó a duras penas.Estábamos revisando un texto cuando ella se interrumpió, juntando las manos.


—Santi, perdón, ¿te puedo usar elbaño un segundito?


—Sí, claro. Al fondo a la derecha—asentí, mecánico.


Ella se puso de pie. Y yo volví aser un animal acorralado.


Observé cómo se alejaba por elpasillo. Cada paso era un himno a la lujuria. La forma en que la tela seestiraba sobre sus nalgas carnosas, el bamboleo hipnótico de sus caderas... Medestrozó la escasa cordura que había recuperado.


En cuanto desapareció de mi vistay escuché el pestillo del baño cerrarse, metí la mano desesperadamente porencima de la tela de mi jean, apretando mi bulto dolorido. Me ardía la sangre.Mi cerebro me gritaba que era una sesión de clases, pero mi cuerpo, duro,caliente y latiendo de necesidad, solo quería que esa puerta se abriera denuevo.

¡Espero que te haya gustado! Esto es solo el principio. Estaré subiendo un capítulo nuevo cada par de días, pero si la intriga te mata y no quieres esperar... ¡Llévate el libro completo ahora mismo!
Son más de 90 páginas con ilustraciones, totalmente gratis. Solo déjame tu correo para enviarte el acceso (y tranquilo, puedes darte de baja cuando quieras, sin compromisos).


[¡Quiero mi libro gratis ahora!]

Dejame tus comentarios! 

0 comentarios - Clases Privadas - Relato Erotico con Imágenes - Cap 1