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Por dinero con mi suegro (Extra 1) parte 4

Tres días después.

El mensaje de Paula llegó a las once de la noche, cuando Lucía ya estaba en la cama.

**Paula:**  
¿Puedes organizar otro encuentro con Don Julio?  
Esta vez el dinero no es lo más importante.  
Solo quiero sentir esa verga otra vez… clavándome el culo sin protección.  
Me tiene loca. No dejo de pensar en cómo me llenó.  
¿Puedes hablar con él?

Lucía leyó el mensaje dos veces. Sintió un calor inmediato entre las piernas. Respondió sin pensarlo demasiado:

**Lucía:**  
Voy a escribirle ahora.  
Te aviso.

Don Julio contestó casi al instante. Quedaron para el sábado por la noche. Él mismo las recogería en un punto discreto a las afueras del barrio.

Esa noche, las dos mentiron a sus padres con la misma historia: pijamada en casa de una amiga en común. Ninguna de las dos tenía licencia, así que la excusa era perfecta. Nadie sospechó.

El sábado, a las nueve, Don Julio apareció en un automóvil negro de cristales tintados. Las chicas subieron sin hablar. Él solo las miró por el espejo retrovisor y sonrió.

—Esta noche va a ser distinta —dijo con voz baja mientras arrancaba—. Les tengo una propuesta… y una sorpresa.

El trayecto hasta la finca de Don Fabri duró casi cuarenta minutos. La propiedad estaba a las afueras de la ciudad, rodeada de árboles altos y silencio absoluto. Una casa grande de piedra, luces cálidas, y un camino de grava que crujía bajo las ruedas.

Cuando bajaron, Don Julio las miró de frente.

—Les pago el doble a cada una. Pero esta vez no vengo solo.  
Mi compadre, Don Fabri, se une. Es moreno, más grueso y más largo que yo.  
La idea es simple: las dos se dejan coger en doble penetración. Sin condón.  
Queremos dejarles los coños llenos de leche de los dos.  
Toda la noche. Aquí, en su finca. Nadie nos molesta.

Paula tragó saliva. Lucía sintió cómo se le humedecía el coño solo de oírlo.

—¿Aceptan? —preguntó Don Julio.

Las dos asintieron.

Don Fabri las esperaba en el salón principal. Era un hombre de unos cincuenta y tantos, piel oscura, hombros anchos, mirada pesada. Cuando se levantó, se notó el bulto grueso bajo el pantalón. Más grande que el de Don Julio. Más largo también.

—Estas son las putitas —dijo Don Julio, presentándolas sin rodeos.

Don Fabri sonrió, mostrando dientes blancos.

—Perfectas.

No perdieron tiempo.

Las llevaron a una habitación amplia con una cama enorme, sábanas negras y un espejo de cuerpo completo frente a ella. Las dos se desnudaron sin que se lo pidieran. Don Julio y Don Fabri también.

Cuando Don Fabri sacó la verga, Paula abrió la boca sin querer. Era gruesa, pesada, con una cabeza ancha y venas marcadas. Más larga que la de Don Julio por un buen tramo.

—Vamos a empezar con la más ansiosa —dijo Don Fabri, mirando a Paula.

La colocaron en cuatro sobre la cama. Don Julio se arrodilló detrás de ella y le escupió en el culo. Ya lo conocía. Empujó sin condón y se hundió de un solo golpe hasta el fondo. Paula gritó, el cuerpo tensándose, pero empujó hacia atrás al mismo tiempo.

—Joder… se te abrió rico —gruñó Don Julio, empezando a embestirla el culo con fuerza.

Don Fabri se puso delante. Agarró a Paula por el pelo y le metió la polla gruesa en la boca. Ella se atragantó al principio, babas corriendo por la barbilla, pero abrió la garganta y lo dejó entrar más.

Lucía los miraba arrodillada a un lado, tocándose el coño sin pudor. Don Fabri la miró de reojo.

—Ven aquí, putita. Te toca a ti también.

La hizo subirse a la cama de espaldas. Don Julio sacó la verga del culo de Paula un momento, chorreando. Se colocó entre las piernas de Lucía y le abrió los labios hinchados con los pulgares.

—Sin protección, ¿verdad? —preguntó, solo para oírla decirlo.

—Sin protección —jadeó ella—. Métela.

Él empujó. La polla caliente y gruesa se hundió en su coño hasta el fondo de un solo movimiento. Lucía arqueó la espalda y soltó un gemido largo. Don Julio empezó a follarla con embestidas profundas y pesadas mientras Don Fabri seguía usándole la boca a Paula.

Después intercambiaron.

Don Fabri se colocó detrás de Paula. Le escupió en el culo ya abierto y empujó. La cabeza ancha forzó la entrada. Paula gritó contra la sábana cuando la verga más gruesa de Don Fabri se le clavó completa. Se notaba la diferencia. Más gruesa. Más larga. Le llenaba de otra forma.

—¡Ah… joder…! —sollozó ella, el culo abriéndose alrededor de esa polla oscura—. Me la está partiendo…

Don Fabri no tuvo piedad. Empezó a embestirla con fuerza, agarrándola de las caderas, el sonido húmedo y obsceno llenando la habitación. Al mismo tiempo, Don Julio se metió en el coño de Lucía otra vez y la folló de frente, mirándola a los ojos.

Después vino la parte que habían prometido.

Colocaron a Paula de lado. Don Julio se metió en su coño sin condón. Don Fabri se colocó detrás y le volvió a clavar la verga en el culo. Doble penetración. Las dos pollas dentro de ella al mismo tiempo. Paula gritó, el cuerpo temblando, los ojos en blanco. Las dos vergas se sentían rozándose a través de la fina pared. La llenaban por completo.

—Mírala… se le está abriendo toda —dijo Don Fabri, embistiendo con fuerza.

Lucía no se quedó mirando. Se arrodilló junto a la cara de Paula y le metió el coño en la boca.

—Chúpame mientras te destrozan —ordenó.

Paula obedeció, lamiendo y chupando desesperada mientras las dos pollas la follaban sin piedad.

Después le tocó a Lucía.

La pusieron de rodillas, el pecho contra el colchón. Don Julio se metió en su coño. Don Fabri le abrió el culo con los dedos y empujó. La verga gruesa y larga se le hundió centímetro a centímetro hasta que las pelotas se le aplastaron contra ella. Lucía soltó un gemido ahogado, el cuerpo entero sacudido.

Las dos pollas la follaban al mismo ritmo. Una en el coño, otra en el culo. El calor, la presión, el sonido obsceno de carne contra carne. Lucía se corrió primero, el coño apretando la verga de Don Julio con fuerza, chorros calientes saliendo alrededor de ella.

No pararon.

Las cambiaron de posición varias veces. De rodillas, de espaldas, una encima de la otra. Las dos pollas entraban y salían sin condón, dejando los coños y los culos resbaladizos de precum y saliva.

Cuando Don Julio se acercó al límite, se hundió hasta el fondo en el coño de Paula y se corrió. Chorros calientes y espesos llenándole el útero. Paula lo sintió latir dentro y se corrió también, el cuerpo entero sacudido.

Don Fabri no se quedó atrás. Sacó la verga del culo de Lucía, se la metió completa en el coño y se corrió profundo, llenándola. Semen caliente desbordando alrededor de la base de su polla.

Pero no terminó ahí.

Los dos se recuperaron rápido. Volvieron a entrar en ellas. Esta vez Don Julio se corrió otra vez en el coño de Lucía. Don Fabri se desahogó dentro de Paula. Cuando por fin se retiraron, las dos chicas quedaron tendidas en la cama, piernas abiertas, los coños hinchados y goteando semen blanco y espeso de los dos hombres. Hilos gruesos les resbalaban por los muslos y manchaban las sábanas negras.

Don Fabri se pasó un dedo por el coño de Paula, recogió un poco de la mezcla y se lo metió en la boca a ella.

—Traga —ordenó.

Ella lo hizo.

Lucía no necesitó que se lo digeran. Bajó la cabeza y lamió el semen que le salía del coño a Paula, mezclando el de los dos hombres con la lengua.

La noche no terminó ahí.

Las follaron otra vez. Y otra. Hasta que las dos quedaron temblando, los coños y los culos abiertos y llenos, el semen de ambos escurríéndoles cada vez que se movían.

Cuando por fin pararon, el sol aún no había salido. Don Julio y Don Fabri las miraron desde la cama, sudados, satisfechos.

—El dinero se los depositamos mañana —dijo Don Julio—. Y cuando quieran repetir… ya saben.

Paula y Lucía se miraron. Las dos tenían los labios hinchados, el pelo revuelto y los muslos brillantes de semen.

Ninguna dijo que no.

Quieren que siga la historia los leo en los comentarios.......

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