Esa noche, cuando mi esposo llegó del trabajo, el ambiente en la cocina estaba denso. El viejo se había ido a descansar a la habitación de visitas, satisfecho y agotado tras el primer encuentro, creyendo que se había salido con la suya sin que nadie lo sospechara.
Gerardo se sirvió un vaso de agua, me miró de arriba abajo con una sonrisa morbosa y me preguntó en un susurro:
Gerardo (Esposo): Bueno... ¿y cómo le fue con mi papá? Cuénteme todo.
Claudia: Mi amor... no me guardé nada. La diferencia de tamaño es absurda. Su papá no tiene nada de delicado; me agarró con una fuerza de toro que me dejó temblando. Ese cucho me hizo y me deshizo en la cama, dejándome llena hasta el fondo como jamás en la vida.
Gerardo (Esposo): ¿Y el viejo qué dijo? ¿No se sintió mal?
Claudia: ¿Remordimiento? Al principio se hacía el santo, pero cuando me le abrí de piernas se le olvidó todo. Se cree un gallazo pensando que me conquistó. Pero le digo de una vez: para asegurar ese bebé, con una sola vez no basta. Toca sacarle otra dosis mañana antes de que se devuelva al pueblo.
Gerardo (Esposo): Perfecto. Mañana antes de irme a trabajar les dejo el terreno libre.
Al día siguiente me levanté temprano, antes que Gerardo. Quería poner a prueba qué tan comprometido estaba mi esposo con el plan y si de verdad se aguantaba el morbo de vernos en vivo.
Fui a la sala con una chaquetita blanca y una tanguita negra que no dejaba nada a la imaginación y encontré a mi suegro sentado en la orilla del sofá en pantaloncillos, viendo televisión
Sin decirle una sola palabra, me le arrodillé en medio de las piernas, le bajé la tela de un solo tirón y le agarré esa carne gruesa que ya estaba a media asta. Le pasé la lengua desde la base hasta la cabeza, saboreándolo despacio, y luego me la metí toda en la boca hasta el fondo.


El viejo soltó un gruñido ahogado, agarrándome del pelo. No tardó ni dos minutos en caer redondito. Cuando sintió que la verga le ardía de lo dura que estaba, me levante del piso y y bailando le coquetamente. Mientras me quitaba la chaqueta y le mostraba mis tetas
Claudia: suegrito vamos a repetir lo de ayer

Me cojio y me puso boca arriba con el torso apoyado en el espaldar y las nalgas levantadas, volteada de frente hacia el pasillo de los cuartos para quedar mirando directo a la entrada.
En cuanto el viejo me abrió las piernas y me metió ese estocazo seco por atrás, escuché los pasos de Gerardo saliendo del cuarto, listo para irse a trabajar. Apreté el culo para que mi suegro acelerara el ritmo justo cuando mi esposo apareció en medio de la sala con el maletín en la mano. Gerardo se detuvo en seco, masticándose el labio al ver cómo el miembro grueso de su propio padre salía e entraba de mi cuerpo a presión, chorreando lubricante.
Claudia: (Gimiendo fuerte) ¡Auhhh... ah... ah! (Mirando a Gerardo fijamente a los ojos) Ay... mire... mire cómo me llena su papá... ¡ahhh!... mire lo duro que me da el viejo...

(Sonido seco de piel contra piel: ¡PLACK, PLACK, PLACK!)
Claudia: ¡Ufff... ahhh... mmgh!
El viejo, al escuchar mis gemidos hacia el pasillo, volteó la cabeza y vio a su hijo parado al frente. La cara le cambió por completo; se puso pálido del susto y detuvo el movimiento, pero sin salirse de mí.
Don Gerardo (Suegro): (Tragando saliva, asustado y sofocado) Mijo... no me mire así... Recuerde lo que hablamos el otro día, usted mismo me dio a entender que la carne era débil y que...
Gerardo (Esposo): (Interrumpiéndolo con una sonrisa cínica, acomodándose el reloj) Sí, tranquilo, viejo. Yo sé lo que le dije. Vaya tranquilo que yo sé cómo son las cosas. Disfrute, sáquele jugo a la nuera que usted se lo merece.
Don Gerardo (Suegro): (Soltando un largo suspiro de alivio, agarrándome duro de las caderas) Ah... bueno, mijo. Si es así... (Volviendo a embestir con fuerza) ¡Ufff!

(Sonido de sábanas agitadas y nalgadas retumbando en la sala: ¡PLACK, PLACK!)
Claudia: (Gimiendo descarada, sintiendo la carne del viejo bien adentro) ¡Ahhh... ah... sí!
Gerardo (Esposo): Eso sí, viejo... ¿mi mamá no lo ha llamado a joder desde el pueblo?
Don Gerardo (Suegro): (Soltando una risotada maliciosa entre las embestidas) ¡Qué me va a llamar esa vieja pendeja! Allá está bien confiada lavando calzones y criando gallinas, pensando que yo estoy sufriendo en la capital metido en citas médicas... ¡Ahhh!
Claudia: (Apretando las nalgas contra el vientre del viejo, provocándolo) ¡Ahhh... mmgh! Sí, papi... que esa solterona se quede allá bien lejos pudriéndose en ese pueblo... mientras usted me atiende a mí en la capital y me deja bien preñada... ¡Ahhh... dele más duro!

Don Gerardo (Suegro): (Dándome una nalgada sonora) ¡Tome, para que aprenda a respetar a los mayores! ¡Ufff!
Claudia: ¡Auhhh... sí... más profundo!
Gerardo (Esposo): (Sonriendo con absoluto descaro antes de abrir la puerta) Ja, ja... Bueno, los dejo juiciosos en sus "exámenes de rutina". Nos vemos en la noche, viejo.
Gerardo salió por la puerta cerrando con llave. El viejo, ya sin una sola gota de culpa y sabiendo que tenía el permiso de su propio hijo para usarme como quisiera, me agarró del pelo y volvió a embistirme con una fuerza animal hasta vaciarse completo dentro de mí por segunda vez.
Gerardo se sirvió un vaso de agua, me miró de arriba abajo con una sonrisa morbosa y me preguntó en un susurro:
Gerardo (Esposo): Bueno... ¿y cómo le fue con mi papá? Cuénteme todo.
Claudia: Mi amor... no me guardé nada. La diferencia de tamaño es absurda. Su papá no tiene nada de delicado; me agarró con una fuerza de toro que me dejó temblando. Ese cucho me hizo y me deshizo en la cama, dejándome llena hasta el fondo como jamás en la vida.
Gerardo (Esposo): ¿Y el viejo qué dijo? ¿No se sintió mal?
Claudia: ¿Remordimiento? Al principio se hacía el santo, pero cuando me le abrí de piernas se le olvidó todo. Se cree un gallazo pensando que me conquistó. Pero le digo de una vez: para asegurar ese bebé, con una sola vez no basta. Toca sacarle otra dosis mañana antes de que se devuelva al pueblo.
Gerardo (Esposo): Perfecto. Mañana antes de irme a trabajar les dejo el terreno libre.
Al día siguiente me levanté temprano, antes que Gerardo. Quería poner a prueba qué tan comprometido estaba mi esposo con el plan y si de verdad se aguantaba el morbo de vernos en vivo.
Fui a la sala con una chaquetita blanca y una tanguita negra que no dejaba nada a la imaginación y encontré a mi suegro sentado en la orilla del sofá en pantaloncillos, viendo televisión
Sin decirle una sola palabra, me le arrodillé en medio de las piernas, le bajé la tela de un solo tirón y le agarré esa carne gruesa que ya estaba a media asta. Le pasé la lengua desde la base hasta la cabeza, saboreándolo despacio, y luego me la metí toda en la boca hasta el fondo.


El viejo soltó un gruñido ahogado, agarrándome del pelo. No tardó ni dos minutos en caer redondito. Cuando sintió que la verga le ardía de lo dura que estaba, me levante del piso y y bailando le coquetamente. Mientras me quitaba la chaqueta y le mostraba mis tetas
Claudia: suegrito vamos a repetir lo de ayer

Me cojio y me puso boca arriba con el torso apoyado en el espaldar y las nalgas levantadas, volteada de frente hacia el pasillo de los cuartos para quedar mirando directo a la entrada.
En cuanto el viejo me abrió las piernas y me metió ese estocazo seco por atrás, escuché los pasos de Gerardo saliendo del cuarto, listo para irse a trabajar. Apreté el culo para que mi suegro acelerara el ritmo justo cuando mi esposo apareció en medio de la sala con el maletín en la mano. Gerardo se detuvo en seco, masticándose el labio al ver cómo el miembro grueso de su propio padre salía e entraba de mi cuerpo a presión, chorreando lubricante.
Claudia: (Gimiendo fuerte) ¡Auhhh... ah... ah! (Mirando a Gerardo fijamente a los ojos) Ay... mire... mire cómo me llena su papá... ¡ahhh!... mire lo duro que me da el viejo...

(Sonido seco de piel contra piel: ¡PLACK, PLACK, PLACK!)
Claudia: ¡Ufff... ahhh... mmgh!
El viejo, al escuchar mis gemidos hacia el pasillo, volteó la cabeza y vio a su hijo parado al frente. La cara le cambió por completo; se puso pálido del susto y detuvo el movimiento, pero sin salirse de mí.
Don Gerardo (Suegro): (Tragando saliva, asustado y sofocado) Mijo... no me mire así... Recuerde lo que hablamos el otro día, usted mismo me dio a entender que la carne era débil y que...
Gerardo (Esposo): (Interrumpiéndolo con una sonrisa cínica, acomodándose el reloj) Sí, tranquilo, viejo. Yo sé lo que le dije. Vaya tranquilo que yo sé cómo son las cosas. Disfrute, sáquele jugo a la nuera que usted se lo merece.
Don Gerardo (Suegro): (Soltando un largo suspiro de alivio, agarrándome duro de las caderas) Ah... bueno, mijo. Si es así... (Volviendo a embestir con fuerza) ¡Ufff!

(Sonido de sábanas agitadas y nalgadas retumbando en la sala: ¡PLACK, PLACK!)
Claudia: (Gimiendo descarada, sintiendo la carne del viejo bien adentro) ¡Ahhh... ah... sí!
Gerardo (Esposo): Eso sí, viejo... ¿mi mamá no lo ha llamado a joder desde el pueblo?
Don Gerardo (Suegro): (Soltando una risotada maliciosa entre las embestidas) ¡Qué me va a llamar esa vieja pendeja! Allá está bien confiada lavando calzones y criando gallinas, pensando que yo estoy sufriendo en la capital metido en citas médicas... ¡Ahhh!
Claudia: (Apretando las nalgas contra el vientre del viejo, provocándolo) ¡Ahhh... mmgh! Sí, papi... que esa solterona se quede allá bien lejos pudriéndose en ese pueblo... mientras usted me atiende a mí en la capital y me deja bien preñada... ¡Ahhh... dele más duro!

Don Gerardo (Suegro): (Dándome una nalgada sonora) ¡Tome, para que aprenda a respetar a los mayores! ¡Ufff!
Claudia: ¡Auhhh... sí... más profundo!
Gerardo (Esposo): (Sonriendo con absoluto descaro antes de abrir la puerta) Ja, ja... Bueno, los dejo juiciosos en sus "exámenes de rutina". Nos vemos en la noche, viejo.
Gerardo salió por la puerta cerrando con llave. El viejo, ya sin una sola gota de culpa y sabiendo que tenía el permiso de su propio hijo para usarme como quisiera, me agarró del pelo y volvió a embistirme con una fuerza animal hasta vaciarse completo dentro de mí por segunda vez.
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