Iba caminando a paso rápido por la vereda oscura del barrio, tiritando por el aire fresco de la noche. Era mi primera salida a la calle desde que la pastilla Gender Bender me convirtió en esto, dejándome un cuerpo de mina con unas lolas pesadas enormes de 90 que me saltaban con cada paso y unas caderas finas. Me había comprado un vestido blanco pegado al cuerpo, finito y casi transparente, pero como todavía no me acostumbraba a usar ropa interior ni lencería de mujer, andaba completamente en bolas abajo de la tela. Rogaba que no me cruzara a nadie en la oscuridad, cuando de golpe sentí unos pasos pesados detrás mío y una sombra gigante me tapó la luz de la calle. Era Braian "El Negro", mi bully de toda la vida, con su visera baja, su conjunto deportivo y ese olor asqueroso mezcla de cigarrillo, colonia barata y transpiración ruda que me dio náuseas al instante.
— ¿Mirá a quién me vengo a encontrar tirada en la vereda?, pero si sos el pedazo de trola que era Marcos, mirá las lolas gigantes que te salieron. Me dijo Braian, largando una carcajada sonora y sobradora mientras me cerraba el paso.
— Por favor, dejame pasar... no me hagas nada, te lo pido por favor. Le dije, apretándome los brazos contra el pecho para taparme la transparencia del vestido.
— Mirá cómo venís vestida, pedazo de perra, andás regalada para que cualquiera te agarrre en la calle. Me dijo él, dando un paso al frente con una mirada sádica.
— No estoy regalada... recien salgo y no quiero tener problemas con vos, soltame. Le dije, intentando esquivarlo con el corazón latiéndome en la garganta.
Sin darme tiempo a reaccionar, el tipo me metió un manotazo violento al escote y tiró para abajo con tanta brutalidad que desgarro la tela del vestido blanco, rajándolo hasta la cintura y dejándome mis dos pechos enormes totalmente al aire frente a sus ojos.
— ¡¡Ay!! ¡No, no me rompas la ropa, me dejaste en bolas en el medio de la vereda! Le grité, llorando de vergüenza mientras intentaba subirme el trapo roto.
— Callate la boca, trola, que ahora vas a caminar como la puta barata que sos. Me respondió él, agarrando la tela rota del vestido blanco enrollada en su mano ruda como si fuera una correa para llevarme arrastrando.
— Soltame, Braian... nos va a ver alguien si me llevás así con las tetas afuera, te lo suplico. Le rogué entre sollozando, caminando apurada para que no me pegara un tirón de la tela.
— A mí me importa un carajo si nos ve alguien, todos tienen que saber la perra sumisa que sos ahora. Me dijo él, riéndose a gritos mientras me zamarreaba del vestido roto por la verda de noche.
— Es un horror... dejame taparme por lo menos, me da muchísimo asco que me lleves como un animal. Le dije, sintiendo el aire frío en los pezones duros por el miedo y las lágrimas corrérseme por las mejillas.
— Te me callás la boca, puta barata, caminás rapidito para mi departamento que te voy a acomodar las ideas. Me ordenó con desprecio, pegándome un tirón rudo que me hizo tropezar sobre mis piernas temblorosas.
— Por favor... no me lleves a tu departamento, no me hagas esto. Le supliqué, muerta de pavor por lo que me iba a hacer a solas.
— Vas a entrar a mi departamento y te voy a abrir esa vagina nueva y virgen que tenés con mi verga de 23 centímetros hasta partirte al medio. Me dijo él con una risa macabra mientras caminábamos bajo las luces del barrio.
— No... no me rompas la concha, te lo ruego... Le dije entre sollozos y gemidos ahogados, totalmente humillada mientras me arrastrabas del vestido roto con mis lolas pesadas expuestas.
— Vas a ser mi puta personal todo el año y si me me da la gana te voy a dejar bien embarazada y tirada por trola. Me repitió él con una carcajada cruel mientras me empujaba a la fuerza hacia la entrada de su edificio, dejándome sin escape y completamente quebrada.

Braian me abrió la puerta de su departamento de un patadón y me empujó hacia adentro con violencia, haciendo que el vestidor de la entrada retumbara. Antes de que pudiera intentar dar un paso hacia la puerta para escapar, me manoteó del brazo y me azotó brutalmente de espaldas contra la pared del pasillo. La mampostería fría me golpeó la columna y mis dos pechos pesados de 90 se sacudieron al descubierto, mientras el vestido blanco desgarrado me colgaba hecho un trapo inservible de la cintura para abajo. Se me puso pegado al cuerpo, aplastándome con su porte gigante y ahogándome con ese olor denso a cigarrillo, transpiración ruda y colonia barata. Sin perder un segundo, metió su mano grande y callosa directamente por abajo de la tela, agarrándome la entrepierna desnuda sin ningun tipo de filtro.
— Mirá lo regalada que venías caminando por la vereda, pedazo de trola, no traés ni una puta bombacha puesta. Me dijo Braian, refregándome la palma ruda contra los labios de mi vagina nueva y virgen.
— ¡Ay! ¡Por favor, soltame, me estás apretando muy fuerte! Le dije, intentando cerrar los muslos mientras las lágrimas me quemaban las mejillas.
— Te me abrís bien de piernas, perra, decime por qué andás sin ropa interior como una puta barata. Me ordenó con desprecio, hundiéndome los dedos en la carne suave para tenerme fija a la pared.
— Es que... no me acostumbro a la lenceria de mujer, me resulta re incómoda... se me mete toda por todos lados o se me sube y me molesta. Le dije con la voz quebrada por la humillación, temblando bajo su toque agresivo.
— Mirá qué excusa de mierda ponés, sos una enferma que quería salir en bolas a buscar marcha a la calle. Me dijo él, soltando una carcajada cruelta y sobradora.
— ¡No es así, te lo juro! Recién empezaba a salir y no sabía cómo ponérmela bien... Le dije entre sollozos, sintiendo el pánico helándome la sangre al ver cómo se me reía en la cara.
— Te me callás la boca, que ahora que estás acá me vas a servir de juguete todo lo que a mí se me cante. Me gritó Braian, rascándome la entrepierna con brusquedad para sentir lo estrecha que estaba.
— Por favor, Braian, tené un poco de compasión, me da muchísimo asco que me toques así. Le rogué, tratando de empujarlo del pecho sin lograr moverlo ni un milímetro.
— Asco te va a dar cuando te abra toda mi verga de 23 centímetros por esta vagina nueva que tenés, pedazo de trola. Me respondió él, clavándome la mirada sádica mientras me manoseaba sin parar.
— No me la metas... te lo suplico, me vas a romper toda, es re finita y me va a doler un horror. Le dije con gemidos ahogados, sintiendo el roce pesado de su mano sobre mi piel virgen.
— Agradecé que te voy a estrenar el hueco, perra, porque con lo regalada que sos no servís para otra cosa. Me dijo mi bully, burlándose abiertamente de mi sufrimiento mientras se desabrochaba el pantalón deportivo.
— Sos un monstruo desalmado... dejame ir a mi casa, te lo pido por favor. Le supliqué deshecha, tiritando de vergüenza y pavor contra la pared.
— De acá no te vas a ir hasta que te llene bien de leche esa vagina virgen y te deje preñada si se me canta la gana, trola. Me repitió Braian con una sonrisa macabra, pegándome un tironazo rudo de las caderas para acomodarme antes de clavar toda su carne enorme.

Braian me agarró del cuello del vestido roto y me arrastró hasta su habitación, tirándome hacia adentro con brusquedad. El cuarto olía fuerte a humedad, cigarrillo y a su transpiración ruda de siempre. Por puro instinto y muerto de pavor, me subí a su cama y me acurruqué contra el respaldo mientras me terminaba de sacar los trapos hechos mierda, quedando completamente desnuda con mis pechos pesados de 90 expuestos y temblando de frío. Él se me puso de espaldas en el medio de la pieza para sacarse el conjunto deportivo. Desde mi lugar, mirando con pánico, le vi las nalgas grandes de macho y cómo abrió las piernas para bajarse el calzoncillo. Fue ahí cuando, por el hueco entre sus muslos, vi colgando su verga de 23 centímetros: era una mole enorme, larguísima, gorda y venosa, casi tres veces más grande que la que yo tenía antes de la pastilla. Se me heló la sangre por completo; todo mi ser temblaba sabiendo el dolor que se venía. En el fondo rezaba para que solo me ordenara pajeársela con las manos, pero muy en el fondo sabía que de esa casa me iba a ir con la piel desgarrada, abierta y rota por culpa del tipo que más odiaba en este mundo. Él todavía seguía de espaldas, cambiándose despacio, saboreando el miedo que me consumía.
— Sacate todo ese trapo blanco ya mismo y esperame bien entregada en la cama, pedazo de trola. Me dijo Braian desde enfrente, sin darse vuelta todavía mientras se desvestía.
— Ya me lo saqué todo... mirá cómo estoy, te lo pido por favor no seas tan bruto conmigo. Le dije, apretándome las piernas contra el pecho para taparme mi vagina nueva y virgen.
— No te me hagas la santita ahora que sé muy bien lo mucho que te gusta estar en bolas, perra. Me dijo él, soltando una risa ahogada mientras tiraba el pantalón al piso.
— No es verdad... no me gusta esto, mirá cómo estoy temblando por tu culpa. Le dije con la voz quebrada por las lágrimas, sin poder sacar la vista de entre sus piernas.
— Te me vas despatarrando sola en el colchón si no querés que te acomode de un bife, trola. Me ordenó con prepotencia, estirando los hombros de espaldas a mí.
— Por favor, Braian... ¿no querés que te la pajeé con las manos nomás?... Te juro que lo hago bien, pero no me la metas. Le rogué entre sollozos, con el corazón latiéndome desbocado en la garganta.
— Mirá qué ocurrencia tenés, pedazo de perra, te pensás que me voy a conformar con una paja teniendo esa vagina nueva para reventar. Me dijo él, riéndose a carcajadas de mi desesperación.
— Es que es gigante... la vi por el hueco de tus piernas y me da muchísimo pavor lo enorme que la tenés. Le dije, admitiendo mi terror absoluto al ver semejante tamaño.
— Eso es para que sientas lo que es un macho de verdad, para que aprendas cuál es tu lugar de puta barata. Me dijo mi bully, juntando los puños mientras terminaba de sacarse la remera.
— Me vas a lastimar entera... te lo suplico, tené un poco de lástima, no voy a aguatar eso tan grande adentro mío. Le supliqué, encogiéndome sobre las sábanas sucias de su cama.
— Agradecé que te voy a dar el uso para el que te quedó ese cuerpo de minita, regalada. Me dijo él con tono sádico, manteniendo esa postura dominante antes de encararme.
— Sos un monstruo horrendo... me da un asco terrible todo lo que me estás haciendo pasar. Le dije entre gemidos ahogados, sabiendo que no tenía ninguna forma de escapar de su cuarto.
— Preparate, trola, porque te voy a dejar la carne tan deformada que vas a salir de acá llorando y caminando como un pato toda la semana. Me repitió Braian con una carcajada cruel, quedándose un segundo más de espaldas para hacerme sufrir antes de darse la vuelta para destruirme.

Se dio la vuelta furioso al ver que no me abría de piernas en la cama y se me vino encima como una fiera. Me metió un manotazo violento en el pelo castaño y tiró con tanta fuerza que me desenganchó de un tironazo del colchón, arrastrándome hacia el piso. Caí de golpe, pelándome las rodillas contra el suelo frío y mugriento de su pieza, completamente desnuda con mis lolas pesadas de 90 rebotando y temblando de terror. Sin darme un segundo para respirar, Braian se me paró enfrente, me agarró la cabeza con las dos manos rudas y me empujó la cara directo contra su entrepierna, encajándome su verga de 23 centímetros gorda, venosa y caliente directo en la boca. Sentí el olor nauseabundo a transpiración y cigarrillo inundándome las fosas nasales mientras su carne enorme me abría las mandíbulas al límite. Por puro instinto de desesperación, me puse a manotearle las piernas y a pegarle piñas débiles en los muslos para que me dejara respirar, pero para su fuerza de macho no era más que un cosquilleo de perra sumisa.
— ¿Te me vas a hacer la rebelde, pedazo de trola?, ahora me te vas a tragar bien esta mole hasta el fondo de la garganta. Me dijo Braian, agarrándome del pelo con más furia para embocarme toda su carne.
— ¡Mmmgh... mmgh... no puedo... me ahogo! Le dije entre ruidos ahogados de arcadas, sintiendo cómo me clavaba cada centímetro de su verga en la garganta.
— Tragátela entera, perra, mirá cómo hacés ruido de ahogada, sos una puta barata nacida para esto. Me dijo él, riéndose en mi cara mientras me usaba la boca de basurero.
— ¡Mmmgh... por favor... soltame un segundo que no me entra el aire! Le rogué con los ojos llenos de lágrimas y la saliva chorreándome por la barbilla, mientras mis golpes débiles en sus piernas no le hacían nada.
— Ni se te ocurra morder porque te rompo la jeta de un bife, trola, chupámela bien hasta la cabeza. Me ordenó con desprecio, acelerando el ritmo violento sobre mis labios.
— ¡Ghh... ghgh... me duele la mandíbula, es demasiado gorda! Le dije entre sollozos ahogados, con la carne suya pegándome en el fondo del cuello.
— Tranzá bien con la lengua y dejámela bien lubricada de saliva, regalada, que así me entra más fácil después. Me dijo mi bully, soltando una carcajada cruelta y sobradora.
— ¿Qué... qué me vas a hacer después?... No me la metas abajo, te lo suplico. Le dije apenas me dejó sacar un segundo los labios, tiritando de puro pavor al escucharlo.
— Te la estoy haciendo babear toda para metértela directo en esa vagina nueva y virgen hasta partirte al medio. Me respondió él, clavándome la mirada sádica mientras me volvía a empujar la cara.
— ¡No! ¡En la concha no, te lo ruego... me vas a desgarrar toda la piel! Le supliqué con la voz rota y deshecha, temblando de horror al saber lo que se venía.
— Agradecé que te la lubrico con tu propia baba, trola, porque te voy a abrir ese hueco estrecho sin ninguna piedad. Me gritó Braian, riéndose a carcajadas de mi sufrimiento.
— Sos un monstruo horrendo... me das un asco terrible. Le dije entre lágrimas, ahogándome de nuevo mientras él disfrutaba de mi desesperación.
— Te me callás la boca y te preparás, perra, porque en cuanto termine con tu garganta te tiro a la cama y te rompo la vagina de un solo empuje. Me repitió él con una carcajada siniestra, hundiéndome la carne de nuevo hasta el fondo mientras yo lloraba de puro terror por la violenta cogida que me esperaba.

Braian me sacó de golpe su carne enorme de la boca, dejándome el cuello ardiendo y la barbilla chorreada de baba. Apenas podía recuperar el aire, aturdida y con la mandíbula destruida, cuando sentí que me tironeaba rudo del brazo para ponerme de pie. Su verga de 23 cm brillaba empapada en mi propia saliva. Sin darme un segundo de descanso, me empujó a los tirones hacia el borde de su colchón mugriento y me agarró de la nuca para estamparme contra la cama. Me quedó la cara aplastada contra las sábanas sucias, el torso hundido y las piernas estiradas apoyadas en el piso, dejando mis nalgas gigantes y mi nueva vagina virgen completamente al aire hacia donde él estaba parado.
— Abrí bien los muslos, pedazo de trola, ponete regalada que ya te dejé la verga bastante mojada. Me dijo Braian, soltando una risa burlona mientras se acomodaba justo detrás mío.
— Por favor, te lo pido... me das un pavor terrible, no me la metas ahí abajo... Le dije, llorando desconsoladamente con la cara hundida en la cama.
— Te me abrís de piernas ya mismo, perra, no me hagas perder el tiempo que quiero estrenar esa carne suave que tenés. Me ordenó con desprecio, dándome un chirlo seco en la nalga que me hizo saltar del susto.
— ¡Ay! ¡Esa no, por favor... usá mi garganta de nuevo si querés, prefiero mil veces chupártela antes que me cojas! Le rogué desesperada, apretando las sábanas con las manos temblorosas.
— Mirá cómo me roga la trola esta, ¿al final te gustó tanto chuparme la verga que me pedís más leche en la boca? Me dijo mi bully, largando una carcajada sonora y sobradora.
— ¡No! ¡No me gustó para nada, me da un asco terrible tu baba y tu olor! Le dije entre sollozos, aterrada por cómo se me reía en la cara.
— ¿Y entonces por qué me pedís que te use la boca, pedazo de perra? Me preguntó él, agarrándome del pelo para levantarme un poco la cabeza.
— ¡Porque prefiero ese asco antes que me rompas la vagina! ¡Me vas a partir al medio con semejante bicho que tenés! Le supliqué con la voz quebrada por la humillación absoluta.
— Qué pena me das, trola, pero la boca ya me la usaste y ahora le toca el turno a ese hueco virgen que tenés ahí regalado. Me respondió Braian, apoyando la punta ancha de su verga gorda directo en mi entrada estrecha.
— ¡No, por favor! ¡Te lo ruego por lo que más quieras, no me abras así! Le dije, intentando juntar las rodillas mientras el pánico me paralizaba el cuerpo.
— Agradecé que te la dejé lubricada con tu propia saliva, pedazo de perra, porque te la voy a mandar toda hasta el fondo de un solo viaje. Me dijo él con una sonrisa macabra y sádica.
— Sos un hijo de puta... me vas a arruinar para siempre... Le dije entre lágrimas y gemidos ahogados, sintiendo el aire helado en la piel.
— Preparate, puta barata, que te voy a llenar bien la vagina de semen y te voy a dejar preñada para que te acuerdes toda la vida de tu dueño. Me repitió él con una carcajada siniestra, acomodando las manos rudas en mis caderas finas para clavarme toda su carne.

Sin dárselame ni medio segundo de piedad, Braian me encajó una mano ruda arriba de la cintura y con la otra me manoteó fuerte del cuello desde atrás, hundiéndome la cara contra la almohada mugrienta. Con la pura fuerza bruta de sus brazos gigantes me levantó las piernas del suelo, dejándome colgada en el aire, totalmente suspendida y sin punto de apoyo. Apoyó la punta gorda y venosa de su verga de 23 centímetros en mi entrada estrecha y, con un empujón seco y despiadado, empezó a clavármela toda hasta el fondo. Sentí la carne abrírseme a la fuerza, quemándome y desgarrándome centímetro a centímetro mientras su bicho enorme estiraba las paredes de mi nueva vagina virgen al límite. Agarré las sábanas sucias con las uñas clavadas, temblando de pies a cabeza mientras la humillación de ser sometida por el tipo que me arruinaba la vida en la escuela me quebraba la mente.
— ¡¡¡¡AAAAAHHHHHHHH! ¡¡¡¡NOOOOOO! ¡ME ESTÁS PARTIENDO AL MEDIO, ME DUELE UN HORROR! ¡¡¡¡AHHHHHHHHH!!!!. Aullé y grité fuera de mí, contorsionándome por el dolor insoportable de sentir su carne en mis entrañas.
— Mirá cómo estás de apretada, pedazo de trola, me estás estrangulando la verga con ese hueco virgen que tenés. Me dijo Braian, riéndose a carcajadas mientras me clavaba los dedos en la garganta.
— ¡¡¡¡AIAAAAAAH! ¡SACALA UN POCO, TE LO SUPLICO, NO ME ENTRA TANTAS GANAS DE LLORAR! ¡¡¡¡AHHHHHHH!!!!. Continué gritando entre lágrimas, sintiendo el ardor insufrible en cada centímetro que me metía.
— Cerrá la boca, perra, antes en el colegio te acomodaba a piñas y ahora te acomodo a pijasos por trola. Me respondió él, dándome embestidas salvajes que hacían crujir la cama mientras me mantenía en el aire.
— ¡Sos un monstruo! ¡Te odio con toda mi alma, soltame el cuello que no puedo respirar! Le dije con la voz ahogada, apretando la tela del colchón mientras mi cuerpo temblaba por completo.
— Me importa un carajo si me odiás, ahora sos mi juguete y te vas a aguantar cada centímetro de mi verga. Me dijo mi bully, disfrutando de cómo me retorcía de dolor e impotencia.
— Es un infierno esto... me vas a deformar toda la carne de abajo, te lo pido por favor tené piedad. Le supliqué entre sollozos desgarradores, aplastada y sin fuerzas.
— Piedad no le tengo a ninguna puta barata, te salieron estas lolas y estas caderas para ser mi basurero. Me gritó él con prepotencia, acelerando los golpes secos contra mis nalgas.
— No doy más... se me nubla la vista, me duele muchísimo tenerte tan adentro mío. Le dije, llorando de puro pánico mientras sentía su peso aplastándome.
— Aceptá que tu cuerpo nuevo es mío, trola, te voy a coger hasta que te olvides de que alguna vez fuiste hombre. Me dijo él con una risa sádica, apretando el agarre en mi cintura para hundirse aún más profundo.
— ¡Por favor... no seas tan bruto, me estás destruyendo por dentro! Le rogué, sintiendo las embestidas brutales romperme todo vestigio de orgullo.
— Aguantátela, perra, que recién empiezo a usar este hueco regalado que te quedó. Me dijo Braian, soltando una carcajada cruel mientras continuaba azotándome salvajemente contra el colchón.

Seguía aplastada contra el colchón mugriento, sintiendo el dolor insufrible de sus 23 centímetros desgarrándome la carne suave por dentro. Las embestidas secas y salvajes de Braian no paraban, estirando las paredes sensibles de mi vagina nueva al límite del desgarro. Desesperada, llorando a moco tendido y con la mente quebrada por el sufrimiento, busqué cualquier forma de zafar de ese castigo brutal.
— ¡Por favor, Braian! ¡Tené piedad, te lo suplico! ¡Dejame chupártela, pajeartela o lo que quieras, pero no me sigas cogiendo así que me quema toda la concha! Le rogué entre sollozos desgarradores, intentando correr la cadera.
— Mirá cómo pedís por favor, pedazo de perra... Te voy a sacar la verga de ahí solo si me pedís llorando que te rompa el culo de una buena vez. Me dijo Braian, largando una carcajada cruenta mientras me hundía la carne aún más profundo.
— ¡Jamás! ¡Ni en pedo te pido eso, sos un hijo de re mil puta, sos un monstruo asqueroso! Le dije gritando de bronca y dolor, apretando las sábanas con rabia.
— ¿Ah, sí? ¿Te hacés la guapa conmigo, puta barata? Ahora vas a sentir lo que es que te atienda un macho de verdad. Me respondió él lleno de ira, pegándome un tironazo rudo del pelo para darme estocadas el doble de duras y violentas.
— ¡¡¡AAAAAHHHH! ¡NO, POR FAVOR, PERDÓN! ¡ME ESTÁS HACIENDO MIERDA LA CONCHA POR DENTRO! Le aullé, sintiendo que su bicho venoso tocaba el fondo de mi útero y me partía al medio.
— Pedímelo bien, trola, o te voy a dejar la vagina hecha un trapo inservible para siempre. Me gritó mi bully, dándome golpes secos de pelvis contra mis nalgas.
— ¡Está bien, está bien! ¡Te lo pido por favor! ¡Sacámela de ahí y rompeme el culo pero no me cojas más la concha! Le supliqué llorando sin parar, totalmente doblegada y humillada.
— No te escucho, perra, rogá bien fuerte y decime que querés que te arruine el orto. Me dijo él con tono burlón, aflojando un poco el ritmo para escuchar mi sumisión.
— ¡Te lo ruego, Braian! ¡Por favor rompeme el culo, te lo suplico, hacé lo que quieras conmigo pero sacámela de la vagina! Le dije con la voz rota, ahogándome en mis propias lágrimas.
El tipo soltó una carcajada de satisfacción y, de un tironazo bruto, me sacó su verga enorme de golpe. Un sonido húmedo y pesado de succión resonó en toda la pieza mientras la carne de mi intimidad intentaba cerrarse en vano.
— ¡¡AAAHHH...!! Le dije, soltando un gemido ahogado y un grito de alivio absoluto al sentir que mi vagina nueva quedaba libre de ese tamaño asqueroso.
— Mirá el ruido que hace ese hueco, pedazo de trola, ni tu concha quería soltar mi leche. Me dijo Braian, riéndose a gritos de mi estado.
Sin darme ni un segundo de tregua, me acomodó de un manotazo y me cruzó la mano ruda por los dos cachetes, dándome nalgadas secas y sonoras que me dejaron la piel ardiendo en rojo vivo.
— ¡Ay! ¡No tan fuerte, te lo pido por favor! Le dije, saltando sobre el colchón por el dolor de los chirlos.
Acomodó la punta gorda de su verga de 23 cm directo en mi ano apretado y, haciendo un esfuerzo supremo con todo el peso de su cuerpo, empezó a empujar despacio pero con una fuerza bruta desalmada. Sentí mi entrada anal estirarse al límite de la anatomía, desgarrándome la piel seca a medida que su grosor venoso se abría paso a la fuerza.
— ¡¡¡AAAAAHHHHHHHH! ¡ME MATÁS, ME ROMPÉS EL CULO, NO ENTRA, ES DEMASIADO GRANDE! Aullé descontrolada, sintiendo la carne abrírseme en vivo.
— Callate y aguantátela, puta barata, que te estoy haciendo el favor de cogerte y usar ese cuerpo de mierda que tenés. Me gritó él, metiéndomela entera de un solo viaje final que me dejó sin aire.
— ¡¡AIAAAAH!! ¡Por favor... me estás destruyendo todo por dentro! Le dije con la cara pegada a la almohada mugrienta, temblando por completo.
— Ahora me vas a dar las gracias, perra, decime 'gracias por usarme y cogerme, Braian'. Me ordenó mi bully, dándome embestidas lentas y pesadas que me estiraban el culo al máximo.
— Gracias... gracias por usarme y cogerme... Le dije entre sollozos y gemidos de puro sufrimiento, completamente humillada mientras sentía su verga gigantesca partiéndome la cola.

Llevábamos horas en ese infierno y el hdp no paraba. Me seguía cogiendo como si fuera un preso recién salido, como un animal en celo duro, salvaje y despiadado, empujándome su verga de 23 centímetros tan profundo en el culo que me hacía perder el aliento. En un embestida brutal, me la clavó hasta el fondo de las entrañas con tanta furia que levanté la cara del colchón mugriento lanzando un alarido de puro dolor. Braian me manoteó del cuello por atrás, apretándome con su mano ruda mientras sentía sus latidos acelerados y su respiración pesada de macho a punto de venirse.
— Mirá cómo te tengo, pedazo de trola, sentí cómo se me pone la carne dura porque me voy a correr todo adentro de tu orto. Me dijo Braian con la voz enronquecida, apretándome el cuello sin piedad.
— ¡No, por favor! ¡Te lo suplico, Braian, adentro no! ¡Correte en mi cara, afuera, donde quieras, pero en el culo no me dejes eso! Le rogué entre sollozos, con las piernas temblándome descontroladas.
— A mí no me vas a dar órdenes, puta barata, te bancás toda mi leche adentro como la perra que sos. Me gritó él, dándome un empujón seco para encajarme la verga hasta el fondo.
— ¡¡¡AAAAAHHHHHHH! ¡POR FAVOR, SACALA, ME QUEMA TODO, ADENTRO NO! Aullé deshecha, sintiendo la carne de mi ano arder al límite.
— ¡Tomá, perra, tragate toda la leche de tu dueño! Gritó mi bully, liberando un chorro inmenso y caliente que impactó directo en mis entrañas.
— ¡¡¡AIAAAAH! ¡ME MATÁS, ME DUELE UN HORROR, SACALA YA! Le dije gritando de puro dolor, contorsionándome mientras el semen hirviente me llenaba por dentro.
— ¡Sentí cómo te la vuelco toda, trola regalada, mirá cómo te tiembla el cuerpo! Me volvió a gritar él, disfrutando de cada uno de mis espasmos.
— ¡Te lo pido por favor... me vas a deformar toda, no te vengas más adentro! Le supliqué ahogándome en lágrimas, sintiendo la marea espesa derramarse por mi piel.
— Mirá cómo aullás como una perra en celo, me encanta ver cómo te rompo el culo. Me dijo él con una risa cruel mientras terminaba de descargarse.
— Sos un monstruo asqueroso... me dejaste hecha una porquería. Le dije entre gemidos, desplomándome contra la cama.
Braian soltó una carcajada burlona y, de un tironazo rudo, me sacó la verga de golpe. Sentí un sonido húmedo desgarrador cuando la carne de mi ano quedó completamente estirada y destruida, sacando chorros de semen que caían pesados sobre el colchón.
— Mirá cómo te dejé ese orto, pedazo de trola, está chorreando toda mi leche y ni se puede cerrar. Me dijo Braian, riéndose a gritos de mi humillación.
— ¡Ay...! No siento las piernas... me dejaste el culo tan abierto que me parece que todavía tenés la verga metida adentro. Le dije, sollozando con la cara pegada a la almohada, sintiendo la cavidad deformada por el grosor de sus 23 cm.
— Agradecé que te dejé el culo así de roto, perra, para que no te olvides en todo el mes a quién le pertenecés. Me gritó mi bully, dándome una nalgada seca sobre la piel roja que me hizo saltar de dolor.
— ¡¡Ay!! ¡No me pegues más, por favor! ¡No me voy a poder ni sentar ni caminar por un mes entero! Le supliqué entre lágrimas, sintiendo que la carne me latía en caliente.
— Me importa un carajo si podés caminar, a partir de ahora, cuando a mí se me cante la gana, te voy a usar como la puta barata que sos. Me respondió él, mirándome desde arriba con superioridad.
— Por favor, tené compasión... no me podés hacer esto cada vez que quieras. Le rogué quebrada por completo, sin fuerzas para moverme.
— Te me callás la boca, trola, te me vestís ya mismo y te me vas de mi departamento. Me ordenó con tono prepotente, dándome otra nalgada sonora.
— ¡No puedo ponerme de pie! Te lo juro que me tiemblan las piernas y no me responden... Le dije con la voz rota, intentando apoyarme en los codos sin lograr levantarme.
— Te arrastrás como un perro si hace falta, pero te me vas a la vereda ahora mismo, perra. Me repitió él, burlándose de mi debilidad.
— Es un horror... no sé ni cómo voy a hacer para volver a mi casa caminando así. Le dije entre sollozos, sintiendo cómo el semen me chorreaba por los muslos hacia los tobillos.
— Vas a volver caminando como un pato por todo el barrio, para que todos vean lo abierta que te dejé la cola. Me dijo Braian, largando una carcajada hiriente.
— Sos un hijo de puta... me arruinaste la vida desde que me convertí en mujer. Le dije con odio y desesperación, tratando de juntar los restos de mi vestido blanco roto.
— Sos mi perra personal y mi basurero de leche, así que juntá tus trapos y rajá de acá antes de que te vuelva a agarrar. Me sentenció mi bully, riéndose en mi cara mientras yo me arrastraba por el piso, llorando de puro pavor al darme cuenta de que estaba totalmente destruida y a su merced.

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Les gusto? les gustaria una segunda parte o otro tipo de relato Gender Bender
— ¿Mirá a quién me vengo a encontrar tirada en la vereda?, pero si sos el pedazo de trola que era Marcos, mirá las lolas gigantes que te salieron. Me dijo Braian, largando una carcajada sonora y sobradora mientras me cerraba el paso.
— Por favor, dejame pasar... no me hagas nada, te lo pido por favor. Le dije, apretándome los brazos contra el pecho para taparme la transparencia del vestido.
— Mirá cómo venís vestida, pedazo de perra, andás regalada para que cualquiera te agarrre en la calle. Me dijo él, dando un paso al frente con una mirada sádica.
— No estoy regalada... recien salgo y no quiero tener problemas con vos, soltame. Le dije, intentando esquivarlo con el corazón latiéndome en la garganta.
Sin darme tiempo a reaccionar, el tipo me metió un manotazo violento al escote y tiró para abajo con tanta brutalidad que desgarro la tela del vestido blanco, rajándolo hasta la cintura y dejándome mis dos pechos enormes totalmente al aire frente a sus ojos.
— ¡¡Ay!! ¡No, no me rompas la ropa, me dejaste en bolas en el medio de la vereda! Le grité, llorando de vergüenza mientras intentaba subirme el trapo roto.
— Callate la boca, trola, que ahora vas a caminar como la puta barata que sos. Me respondió él, agarrando la tela rota del vestido blanco enrollada en su mano ruda como si fuera una correa para llevarme arrastrando.
— Soltame, Braian... nos va a ver alguien si me llevás así con las tetas afuera, te lo suplico. Le rogué entre sollozando, caminando apurada para que no me pegara un tirón de la tela.
— A mí me importa un carajo si nos ve alguien, todos tienen que saber la perra sumisa que sos ahora. Me dijo él, riéndose a gritos mientras me zamarreaba del vestido roto por la verda de noche.
— Es un horror... dejame taparme por lo menos, me da muchísimo asco que me lleves como un animal. Le dije, sintiendo el aire frío en los pezones duros por el miedo y las lágrimas corrérseme por las mejillas.
— Te me callás la boca, puta barata, caminás rapidito para mi departamento que te voy a acomodar las ideas. Me ordenó con desprecio, pegándome un tirón rudo que me hizo tropezar sobre mis piernas temblorosas.
— Por favor... no me lleves a tu departamento, no me hagas esto. Le supliqué, muerta de pavor por lo que me iba a hacer a solas.
— Vas a entrar a mi departamento y te voy a abrir esa vagina nueva y virgen que tenés con mi verga de 23 centímetros hasta partirte al medio. Me dijo él con una risa macabra mientras caminábamos bajo las luces del barrio.
— No... no me rompas la concha, te lo ruego... Le dije entre sollozos y gemidos ahogados, totalmente humillada mientras me arrastrabas del vestido roto con mis lolas pesadas expuestas.
— Vas a ser mi puta personal todo el año y si me me da la gana te voy a dejar bien embarazada y tirada por trola. Me repitió él con una carcajada cruel mientras me empujaba a la fuerza hacia la entrada de su edificio, dejándome sin escape y completamente quebrada.

Braian me abrió la puerta de su departamento de un patadón y me empujó hacia adentro con violencia, haciendo que el vestidor de la entrada retumbara. Antes de que pudiera intentar dar un paso hacia la puerta para escapar, me manoteó del brazo y me azotó brutalmente de espaldas contra la pared del pasillo. La mampostería fría me golpeó la columna y mis dos pechos pesados de 90 se sacudieron al descubierto, mientras el vestido blanco desgarrado me colgaba hecho un trapo inservible de la cintura para abajo. Se me puso pegado al cuerpo, aplastándome con su porte gigante y ahogándome con ese olor denso a cigarrillo, transpiración ruda y colonia barata. Sin perder un segundo, metió su mano grande y callosa directamente por abajo de la tela, agarrándome la entrepierna desnuda sin ningun tipo de filtro.
— Mirá lo regalada que venías caminando por la vereda, pedazo de trola, no traés ni una puta bombacha puesta. Me dijo Braian, refregándome la palma ruda contra los labios de mi vagina nueva y virgen.
— ¡Ay! ¡Por favor, soltame, me estás apretando muy fuerte! Le dije, intentando cerrar los muslos mientras las lágrimas me quemaban las mejillas.
— Te me abrís bien de piernas, perra, decime por qué andás sin ropa interior como una puta barata. Me ordenó con desprecio, hundiéndome los dedos en la carne suave para tenerme fija a la pared.
— Es que... no me acostumbro a la lenceria de mujer, me resulta re incómoda... se me mete toda por todos lados o se me sube y me molesta. Le dije con la voz quebrada por la humillación, temblando bajo su toque agresivo.
— Mirá qué excusa de mierda ponés, sos una enferma que quería salir en bolas a buscar marcha a la calle. Me dijo él, soltando una carcajada cruelta y sobradora.
— ¡No es así, te lo juro! Recién empezaba a salir y no sabía cómo ponérmela bien... Le dije entre sollozos, sintiendo el pánico helándome la sangre al ver cómo se me reía en la cara.
— Te me callás la boca, que ahora que estás acá me vas a servir de juguete todo lo que a mí se me cante. Me gritó Braian, rascándome la entrepierna con brusquedad para sentir lo estrecha que estaba.
— Por favor, Braian, tené un poco de compasión, me da muchísimo asco que me toques así. Le rogué, tratando de empujarlo del pecho sin lograr moverlo ni un milímetro.
— Asco te va a dar cuando te abra toda mi verga de 23 centímetros por esta vagina nueva que tenés, pedazo de trola. Me respondió él, clavándome la mirada sádica mientras me manoseaba sin parar.
— No me la metas... te lo suplico, me vas a romper toda, es re finita y me va a doler un horror. Le dije con gemidos ahogados, sintiendo el roce pesado de su mano sobre mi piel virgen.
— Agradecé que te voy a estrenar el hueco, perra, porque con lo regalada que sos no servís para otra cosa. Me dijo mi bully, burlándose abiertamente de mi sufrimiento mientras se desabrochaba el pantalón deportivo.
— Sos un monstruo desalmado... dejame ir a mi casa, te lo pido por favor. Le supliqué deshecha, tiritando de vergüenza y pavor contra la pared.
— De acá no te vas a ir hasta que te llene bien de leche esa vagina virgen y te deje preñada si se me canta la gana, trola. Me repitió Braian con una sonrisa macabra, pegándome un tironazo rudo de las caderas para acomodarme antes de clavar toda su carne enorme.

Braian me agarró del cuello del vestido roto y me arrastró hasta su habitación, tirándome hacia adentro con brusquedad. El cuarto olía fuerte a humedad, cigarrillo y a su transpiración ruda de siempre. Por puro instinto y muerto de pavor, me subí a su cama y me acurruqué contra el respaldo mientras me terminaba de sacar los trapos hechos mierda, quedando completamente desnuda con mis pechos pesados de 90 expuestos y temblando de frío. Él se me puso de espaldas en el medio de la pieza para sacarse el conjunto deportivo. Desde mi lugar, mirando con pánico, le vi las nalgas grandes de macho y cómo abrió las piernas para bajarse el calzoncillo. Fue ahí cuando, por el hueco entre sus muslos, vi colgando su verga de 23 centímetros: era una mole enorme, larguísima, gorda y venosa, casi tres veces más grande que la que yo tenía antes de la pastilla. Se me heló la sangre por completo; todo mi ser temblaba sabiendo el dolor que se venía. En el fondo rezaba para que solo me ordenara pajeársela con las manos, pero muy en el fondo sabía que de esa casa me iba a ir con la piel desgarrada, abierta y rota por culpa del tipo que más odiaba en este mundo. Él todavía seguía de espaldas, cambiándose despacio, saboreando el miedo que me consumía.
— Sacate todo ese trapo blanco ya mismo y esperame bien entregada en la cama, pedazo de trola. Me dijo Braian desde enfrente, sin darse vuelta todavía mientras se desvestía.
— Ya me lo saqué todo... mirá cómo estoy, te lo pido por favor no seas tan bruto conmigo. Le dije, apretándome las piernas contra el pecho para taparme mi vagina nueva y virgen.
— No te me hagas la santita ahora que sé muy bien lo mucho que te gusta estar en bolas, perra. Me dijo él, soltando una risa ahogada mientras tiraba el pantalón al piso.
— No es verdad... no me gusta esto, mirá cómo estoy temblando por tu culpa. Le dije con la voz quebrada por las lágrimas, sin poder sacar la vista de entre sus piernas.
— Te me vas despatarrando sola en el colchón si no querés que te acomode de un bife, trola. Me ordenó con prepotencia, estirando los hombros de espaldas a mí.
— Por favor, Braian... ¿no querés que te la pajeé con las manos nomás?... Te juro que lo hago bien, pero no me la metas. Le rogué entre sollozos, con el corazón latiéndome desbocado en la garganta.
— Mirá qué ocurrencia tenés, pedazo de perra, te pensás que me voy a conformar con una paja teniendo esa vagina nueva para reventar. Me dijo él, riéndose a carcajadas de mi desesperación.
— Es que es gigante... la vi por el hueco de tus piernas y me da muchísimo pavor lo enorme que la tenés. Le dije, admitiendo mi terror absoluto al ver semejante tamaño.
— Eso es para que sientas lo que es un macho de verdad, para que aprendas cuál es tu lugar de puta barata. Me dijo mi bully, juntando los puños mientras terminaba de sacarse la remera.
— Me vas a lastimar entera... te lo suplico, tené un poco de lástima, no voy a aguatar eso tan grande adentro mío. Le supliqué, encogiéndome sobre las sábanas sucias de su cama.
— Agradecé que te voy a dar el uso para el que te quedó ese cuerpo de minita, regalada. Me dijo él con tono sádico, manteniendo esa postura dominante antes de encararme.
— Sos un monstruo horrendo... me da un asco terrible todo lo que me estás haciendo pasar. Le dije entre gemidos ahogados, sabiendo que no tenía ninguna forma de escapar de su cuarto.
— Preparate, trola, porque te voy a dejar la carne tan deformada que vas a salir de acá llorando y caminando como un pato toda la semana. Me repitió Braian con una carcajada cruel, quedándose un segundo más de espaldas para hacerme sufrir antes de darse la vuelta para destruirme.

Se dio la vuelta furioso al ver que no me abría de piernas en la cama y se me vino encima como una fiera. Me metió un manotazo violento en el pelo castaño y tiró con tanta fuerza que me desenganchó de un tironazo del colchón, arrastrándome hacia el piso. Caí de golpe, pelándome las rodillas contra el suelo frío y mugriento de su pieza, completamente desnuda con mis lolas pesadas de 90 rebotando y temblando de terror. Sin darme un segundo para respirar, Braian se me paró enfrente, me agarró la cabeza con las dos manos rudas y me empujó la cara directo contra su entrepierna, encajándome su verga de 23 centímetros gorda, venosa y caliente directo en la boca. Sentí el olor nauseabundo a transpiración y cigarrillo inundándome las fosas nasales mientras su carne enorme me abría las mandíbulas al límite. Por puro instinto de desesperación, me puse a manotearle las piernas y a pegarle piñas débiles en los muslos para que me dejara respirar, pero para su fuerza de macho no era más que un cosquilleo de perra sumisa.
— ¿Te me vas a hacer la rebelde, pedazo de trola?, ahora me te vas a tragar bien esta mole hasta el fondo de la garganta. Me dijo Braian, agarrándome del pelo con más furia para embocarme toda su carne.
— ¡Mmmgh... mmgh... no puedo... me ahogo! Le dije entre ruidos ahogados de arcadas, sintiendo cómo me clavaba cada centímetro de su verga en la garganta.
— Tragátela entera, perra, mirá cómo hacés ruido de ahogada, sos una puta barata nacida para esto. Me dijo él, riéndose en mi cara mientras me usaba la boca de basurero.
— ¡Mmmgh... por favor... soltame un segundo que no me entra el aire! Le rogué con los ojos llenos de lágrimas y la saliva chorreándome por la barbilla, mientras mis golpes débiles en sus piernas no le hacían nada.
— Ni se te ocurra morder porque te rompo la jeta de un bife, trola, chupámela bien hasta la cabeza. Me ordenó con desprecio, acelerando el ritmo violento sobre mis labios.
— ¡Ghh... ghgh... me duele la mandíbula, es demasiado gorda! Le dije entre sollozos ahogados, con la carne suya pegándome en el fondo del cuello.
— Tranzá bien con la lengua y dejámela bien lubricada de saliva, regalada, que así me entra más fácil después. Me dijo mi bully, soltando una carcajada cruelta y sobradora.
— ¿Qué... qué me vas a hacer después?... No me la metas abajo, te lo suplico. Le dije apenas me dejó sacar un segundo los labios, tiritando de puro pavor al escucharlo.
— Te la estoy haciendo babear toda para metértela directo en esa vagina nueva y virgen hasta partirte al medio. Me respondió él, clavándome la mirada sádica mientras me volvía a empujar la cara.
— ¡No! ¡En la concha no, te lo ruego... me vas a desgarrar toda la piel! Le supliqué con la voz rota y deshecha, temblando de horror al saber lo que se venía.
— Agradecé que te la lubrico con tu propia baba, trola, porque te voy a abrir ese hueco estrecho sin ninguna piedad. Me gritó Braian, riéndose a carcajadas de mi sufrimiento.
— Sos un monstruo horrendo... me das un asco terrible. Le dije entre lágrimas, ahogándome de nuevo mientras él disfrutaba de mi desesperación.
— Te me callás la boca y te preparás, perra, porque en cuanto termine con tu garganta te tiro a la cama y te rompo la vagina de un solo empuje. Me repitió él con una carcajada siniestra, hundiéndome la carne de nuevo hasta el fondo mientras yo lloraba de puro terror por la violenta cogida que me esperaba.

Braian me sacó de golpe su carne enorme de la boca, dejándome el cuello ardiendo y la barbilla chorreada de baba. Apenas podía recuperar el aire, aturdida y con la mandíbula destruida, cuando sentí que me tironeaba rudo del brazo para ponerme de pie. Su verga de 23 cm brillaba empapada en mi propia saliva. Sin darme un segundo de descanso, me empujó a los tirones hacia el borde de su colchón mugriento y me agarró de la nuca para estamparme contra la cama. Me quedó la cara aplastada contra las sábanas sucias, el torso hundido y las piernas estiradas apoyadas en el piso, dejando mis nalgas gigantes y mi nueva vagina virgen completamente al aire hacia donde él estaba parado.
— Abrí bien los muslos, pedazo de trola, ponete regalada que ya te dejé la verga bastante mojada. Me dijo Braian, soltando una risa burlona mientras se acomodaba justo detrás mío.
— Por favor, te lo pido... me das un pavor terrible, no me la metas ahí abajo... Le dije, llorando desconsoladamente con la cara hundida en la cama.
— Te me abrís de piernas ya mismo, perra, no me hagas perder el tiempo que quiero estrenar esa carne suave que tenés. Me ordenó con desprecio, dándome un chirlo seco en la nalga que me hizo saltar del susto.
— ¡Ay! ¡Esa no, por favor... usá mi garganta de nuevo si querés, prefiero mil veces chupártela antes que me cojas! Le rogué desesperada, apretando las sábanas con las manos temblorosas.
— Mirá cómo me roga la trola esta, ¿al final te gustó tanto chuparme la verga que me pedís más leche en la boca? Me dijo mi bully, largando una carcajada sonora y sobradora.
— ¡No! ¡No me gustó para nada, me da un asco terrible tu baba y tu olor! Le dije entre sollozos, aterrada por cómo se me reía en la cara.
— ¿Y entonces por qué me pedís que te use la boca, pedazo de perra? Me preguntó él, agarrándome del pelo para levantarme un poco la cabeza.
— ¡Porque prefiero ese asco antes que me rompas la vagina! ¡Me vas a partir al medio con semejante bicho que tenés! Le supliqué con la voz quebrada por la humillación absoluta.
— Qué pena me das, trola, pero la boca ya me la usaste y ahora le toca el turno a ese hueco virgen que tenés ahí regalado. Me respondió Braian, apoyando la punta ancha de su verga gorda directo en mi entrada estrecha.
— ¡No, por favor! ¡Te lo ruego por lo que más quieras, no me abras así! Le dije, intentando juntar las rodillas mientras el pánico me paralizaba el cuerpo.
— Agradecé que te la dejé lubricada con tu propia saliva, pedazo de perra, porque te la voy a mandar toda hasta el fondo de un solo viaje. Me dijo él con una sonrisa macabra y sádica.
— Sos un hijo de puta... me vas a arruinar para siempre... Le dije entre lágrimas y gemidos ahogados, sintiendo el aire helado en la piel.
— Preparate, puta barata, que te voy a llenar bien la vagina de semen y te voy a dejar preñada para que te acuerdes toda la vida de tu dueño. Me repitió él con una carcajada siniestra, acomodando las manos rudas en mis caderas finas para clavarme toda su carne.

Sin dárselame ni medio segundo de piedad, Braian me encajó una mano ruda arriba de la cintura y con la otra me manoteó fuerte del cuello desde atrás, hundiéndome la cara contra la almohada mugrienta. Con la pura fuerza bruta de sus brazos gigantes me levantó las piernas del suelo, dejándome colgada en el aire, totalmente suspendida y sin punto de apoyo. Apoyó la punta gorda y venosa de su verga de 23 centímetros en mi entrada estrecha y, con un empujón seco y despiadado, empezó a clavármela toda hasta el fondo. Sentí la carne abrírseme a la fuerza, quemándome y desgarrándome centímetro a centímetro mientras su bicho enorme estiraba las paredes de mi nueva vagina virgen al límite. Agarré las sábanas sucias con las uñas clavadas, temblando de pies a cabeza mientras la humillación de ser sometida por el tipo que me arruinaba la vida en la escuela me quebraba la mente.
— ¡¡¡¡AAAAAHHHHHHHH! ¡¡¡¡NOOOOOO! ¡ME ESTÁS PARTIENDO AL MEDIO, ME DUELE UN HORROR! ¡¡¡¡AHHHHHHHHH!!!!. Aullé y grité fuera de mí, contorsionándome por el dolor insoportable de sentir su carne en mis entrañas.
— Mirá cómo estás de apretada, pedazo de trola, me estás estrangulando la verga con ese hueco virgen que tenés. Me dijo Braian, riéndose a carcajadas mientras me clavaba los dedos en la garganta.
— ¡¡¡¡AIAAAAAAH! ¡SACALA UN POCO, TE LO SUPLICO, NO ME ENTRA TANTAS GANAS DE LLORAR! ¡¡¡¡AHHHHHHH!!!!. Continué gritando entre lágrimas, sintiendo el ardor insufrible en cada centímetro que me metía.
— Cerrá la boca, perra, antes en el colegio te acomodaba a piñas y ahora te acomodo a pijasos por trola. Me respondió él, dándome embestidas salvajes que hacían crujir la cama mientras me mantenía en el aire.
— ¡Sos un monstruo! ¡Te odio con toda mi alma, soltame el cuello que no puedo respirar! Le dije con la voz ahogada, apretando la tela del colchón mientras mi cuerpo temblaba por completo.
— Me importa un carajo si me odiás, ahora sos mi juguete y te vas a aguantar cada centímetro de mi verga. Me dijo mi bully, disfrutando de cómo me retorcía de dolor e impotencia.
— Es un infierno esto... me vas a deformar toda la carne de abajo, te lo pido por favor tené piedad. Le supliqué entre sollozos desgarradores, aplastada y sin fuerzas.
— Piedad no le tengo a ninguna puta barata, te salieron estas lolas y estas caderas para ser mi basurero. Me gritó él con prepotencia, acelerando los golpes secos contra mis nalgas.
— No doy más... se me nubla la vista, me duele muchísimo tenerte tan adentro mío. Le dije, llorando de puro pánico mientras sentía su peso aplastándome.
— Aceptá que tu cuerpo nuevo es mío, trola, te voy a coger hasta que te olvides de que alguna vez fuiste hombre. Me dijo él con una risa sádica, apretando el agarre en mi cintura para hundirse aún más profundo.
— ¡Por favor... no seas tan bruto, me estás destruyendo por dentro! Le rogué, sintiendo las embestidas brutales romperme todo vestigio de orgullo.
— Aguantátela, perra, que recién empiezo a usar este hueco regalado que te quedó. Me dijo Braian, soltando una carcajada cruel mientras continuaba azotándome salvajemente contra el colchón.

Seguía aplastada contra el colchón mugriento, sintiendo el dolor insufrible de sus 23 centímetros desgarrándome la carne suave por dentro. Las embestidas secas y salvajes de Braian no paraban, estirando las paredes sensibles de mi vagina nueva al límite del desgarro. Desesperada, llorando a moco tendido y con la mente quebrada por el sufrimiento, busqué cualquier forma de zafar de ese castigo brutal.
— ¡Por favor, Braian! ¡Tené piedad, te lo suplico! ¡Dejame chupártela, pajeartela o lo que quieras, pero no me sigas cogiendo así que me quema toda la concha! Le rogué entre sollozos desgarradores, intentando correr la cadera.
— Mirá cómo pedís por favor, pedazo de perra... Te voy a sacar la verga de ahí solo si me pedís llorando que te rompa el culo de una buena vez. Me dijo Braian, largando una carcajada cruenta mientras me hundía la carne aún más profundo.
— ¡Jamás! ¡Ni en pedo te pido eso, sos un hijo de re mil puta, sos un monstruo asqueroso! Le dije gritando de bronca y dolor, apretando las sábanas con rabia.
— ¿Ah, sí? ¿Te hacés la guapa conmigo, puta barata? Ahora vas a sentir lo que es que te atienda un macho de verdad. Me respondió él lleno de ira, pegándome un tironazo rudo del pelo para darme estocadas el doble de duras y violentas.
— ¡¡¡AAAAAHHHH! ¡NO, POR FAVOR, PERDÓN! ¡ME ESTÁS HACIENDO MIERDA LA CONCHA POR DENTRO! Le aullé, sintiendo que su bicho venoso tocaba el fondo de mi útero y me partía al medio.
— Pedímelo bien, trola, o te voy a dejar la vagina hecha un trapo inservible para siempre. Me gritó mi bully, dándome golpes secos de pelvis contra mis nalgas.
— ¡Está bien, está bien! ¡Te lo pido por favor! ¡Sacámela de ahí y rompeme el culo pero no me cojas más la concha! Le supliqué llorando sin parar, totalmente doblegada y humillada.
— No te escucho, perra, rogá bien fuerte y decime que querés que te arruine el orto. Me dijo él con tono burlón, aflojando un poco el ritmo para escuchar mi sumisión.
— ¡Te lo ruego, Braian! ¡Por favor rompeme el culo, te lo suplico, hacé lo que quieras conmigo pero sacámela de la vagina! Le dije con la voz rota, ahogándome en mis propias lágrimas.
El tipo soltó una carcajada de satisfacción y, de un tironazo bruto, me sacó su verga enorme de golpe. Un sonido húmedo y pesado de succión resonó en toda la pieza mientras la carne de mi intimidad intentaba cerrarse en vano.
— ¡¡AAAHHH...!! Le dije, soltando un gemido ahogado y un grito de alivio absoluto al sentir que mi vagina nueva quedaba libre de ese tamaño asqueroso.
— Mirá el ruido que hace ese hueco, pedazo de trola, ni tu concha quería soltar mi leche. Me dijo Braian, riéndose a gritos de mi estado.
Sin darme ni un segundo de tregua, me acomodó de un manotazo y me cruzó la mano ruda por los dos cachetes, dándome nalgadas secas y sonoras que me dejaron la piel ardiendo en rojo vivo.
— ¡Ay! ¡No tan fuerte, te lo pido por favor! Le dije, saltando sobre el colchón por el dolor de los chirlos.
Acomodó la punta gorda de su verga de 23 cm directo en mi ano apretado y, haciendo un esfuerzo supremo con todo el peso de su cuerpo, empezó a empujar despacio pero con una fuerza bruta desalmada. Sentí mi entrada anal estirarse al límite de la anatomía, desgarrándome la piel seca a medida que su grosor venoso se abría paso a la fuerza.
— ¡¡¡AAAAAHHHHHHHH! ¡ME MATÁS, ME ROMPÉS EL CULO, NO ENTRA, ES DEMASIADO GRANDE! Aullé descontrolada, sintiendo la carne abrírseme en vivo.
— Callate y aguantátela, puta barata, que te estoy haciendo el favor de cogerte y usar ese cuerpo de mierda que tenés. Me gritó él, metiéndomela entera de un solo viaje final que me dejó sin aire.
— ¡¡AIAAAAH!! ¡Por favor... me estás destruyendo todo por dentro! Le dije con la cara pegada a la almohada mugrienta, temblando por completo.
— Ahora me vas a dar las gracias, perra, decime 'gracias por usarme y cogerme, Braian'. Me ordenó mi bully, dándome embestidas lentas y pesadas que me estiraban el culo al máximo.
— Gracias... gracias por usarme y cogerme... Le dije entre sollozos y gemidos de puro sufrimiento, completamente humillada mientras sentía su verga gigantesca partiéndome la cola.

Llevábamos horas en ese infierno y el hdp no paraba. Me seguía cogiendo como si fuera un preso recién salido, como un animal en celo duro, salvaje y despiadado, empujándome su verga de 23 centímetros tan profundo en el culo que me hacía perder el aliento. En un embestida brutal, me la clavó hasta el fondo de las entrañas con tanta furia que levanté la cara del colchón mugriento lanzando un alarido de puro dolor. Braian me manoteó del cuello por atrás, apretándome con su mano ruda mientras sentía sus latidos acelerados y su respiración pesada de macho a punto de venirse.
— Mirá cómo te tengo, pedazo de trola, sentí cómo se me pone la carne dura porque me voy a correr todo adentro de tu orto. Me dijo Braian con la voz enronquecida, apretándome el cuello sin piedad.
— ¡No, por favor! ¡Te lo suplico, Braian, adentro no! ¡Correte en mi cara, afuera, donde quieras, pero en el culo no me dejes eso! Le rogué entre sollozos, con las piernas temblándome descontroladas.
— A mí no me vas a dar órdenes, puta barata, te bancás toda mi leche adentro como la perra que sos. Me gritó él, dándome un empujón seco para encajarme la verga hasta el fondo.
— ¡¡¡AAAAAHHHHHHH! ¡POR FAVOR, SACALA, ME QUEMA TODO, ADENTRO NO! Aullé deshecha, sintiendo la carne de mi ano arder al límite.
— ¡Tomá, perra, tragate toda la leche de tu dueño! Gritó mi bully, liberando un chorro inmenso y caliente que impactó directo en mis entrañas.
— ¡¡¡AIAAAAH! ¡ME MATÁS, ME DUELE UN HORROR, SACALA YA! Le dije gritando de puro dolor, contorsionándome mientras el semen hirviente me llenaba por dentro.
— ¡Sentí cómo te la vuelco toda, trola regalada, mirá cómo te tiembla el cuerpo! Me volvió a gritar él, disfrutando de cada uno de mis espasmos.
— ¡Te lo pido por favor... me vas a deformar toda, no te vengas más adentro! Le supliqué ahogándome en lágrimas, sintiendo la marea espesa derramarse por mi piel.
— Mirá cómo aullás como una perra en celo, me encanta ver cómo te rompo el culo. Me dijo él con una risa cruel mientras terminaba de descargarse.
— Sos un monstruo asqueroso... me dejaste hecha una porquería. Le dije entre gemidos, desplomándome contra la cama.
Braian soltó una carcajada burlona y, de un tironazo rudo, me sacó la verga de golpe. Sentí un sonido húmedo desgarrador cuando la carne de mi ano quedó completamente estirada y destruida, sacando chorros de semen que caían pesados sobre el colchón.
— Mirá cómo te dejé ese orto, pedazo de trola, está chorreando toda mi leche y ni se puede cerrar. Me dijo Braian, riéndose a gritos de mi humillación.
— ¡Ay...! No siento las piernas... me dejaste el culo tan abierto que me parece que todavía tenés la verga metida adentro. Le dije, sollozando con la cara pegada a la almohada, sintiendo la cavidad deformada por el grosor de sus 23 cm.
— Agradecé que te dejé el culo así de roto, perra, para que no te olvides en todo el mes a quién le pertenecés. Me gritó mi bully, dándome una nalgada seca sobre la piel roja que me hizo saltar de dolor.
— ¡¡Ay!! ¡No me pegues más, por favor! ¡No me voy a poder ni sentar ni caminar por un mes entero! Le supliqué entre lágrimas, sintiendo que la carne me latía en caliente.
— Me importa un carajo si podés caminar, a partir de ahora, cuando a mí se me cante la gana, te voy a usar como la puta barata que sos. Me respondió él, mirándome desde arriba con superioridad.
— Por favor, tené compasión... no me podés hacer esto cada vez que quieras. Le rogué quebrada por completo, sin fuerzas para moverme.
— Te me callás la boca, trola, te me vestís ya mismo y te me vas de mi departamento. Me ordenó con tono prepotente, dándome otra nalgada sonora.
— ¡No puedo ponerme de pie! Te lo juro que me tiemblan las piernas y no me responden... Le dije con la voz rota, intentando apoyarme en los codos sin lograr levantarme.
— Te arrastrás como un perro si hace falta, pero te me vas a la vereda ahora mismo, perra. Me repitió él, burlándose de mi debilidad.
— Es un horror... no sé ni cómo voy a hacer para volver a mi casa caminando así. Le dije entre sollozos, sintiendo cómo el semen me chorreaba por los muslos hacia los tobillos.
— Vas a volver caminando como un pato por todo el barrio, para que todos vean lo abierta que te dejé la cola. Me dijo Braian, largando una carcajada hiriente.
— Sos un hijo de puta... me arruinaste la vida desde que me convertí en mujer. Le dije con odio y desesperación, tratando de juntar los restos de mi vestido blanco roto.
— Sos mi perra personal y mi basurero de leche, así que juntá tus trapos y rajá de acá antes de que te vuelva a agarrar. Me sentenció mi bully, riéndose en mi cara mientras yo me arrastraba por el piso, llorando de puro pavor al darme cuenta de que estaba totalmente destruida y a su merced.

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Les gusto? les gustaria una segunda parte o otro tipo de relato Gender Bender
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