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Mi vida cambio 2

​Mi cuñado se volvía cada vez más atrevido, pero yo seguía haciéndome la difícil. En lo más profundo de mi ser sabía que esto estaba mal, y aunque mi cuñado ya me hubiese hecho suya dos veces —y me hubiese fascinado hasta el delirio—, yo seguía enamorada de Maicol. Siendo sincera, mi cuñado al lado de mi esposo apenas llegaba a un 4: mi esposo es muchísimo más atractivo. Sin embargo, el desgaste de Maicol, que siempre llegaba exhausto solo a dormir, sumado a mi necesidad de mantener un sitio seguro sin buscar problemas, me hacían callar y aguantar.
​Como les conté antes, mi cuñado fue escalando el manoseo. Incluso estando mi esposo y mi suegro en la casa, cuando nos sentábamos a cenar, me metía la mano por debajo de la mesa para manosearme la entrepierna. Me apretaba los muslos y me buscaba los cucos en la cocina mientras mi suegro estaba sentado en el comedor.
​Yo: Cuñado, ya bájale... esto se está volviendo muy peligroso.
Cuñado: Lo siento, Camila, pero eres irresistible. No dejo de pensar en esas dos veces que te hice mía y en lo delicioso que aprietas.
Yo: 😳 Eso han sido errores que no van a volver a pasar. 😥😠 ¿Me oyó?
Cuñado: Pero Camila... yo sé que a usted le gusta. Si no, ¿por qué nunca me ha detenido ni le ha dicho nada a mi hermano?
​Yo me quedé callada. Sabía que tenía toda la razón: este era un juego prohibido al que le estaba agarrando un gusto enfermizo.
​Cuñado: ¿Sí ve por qué no responde? Tomaré ese silencio como un sí. Igual yo no le estoy diciendo que deje a mi hermano, jamás le haría eso. Solo déjame disfrutarte mientras se pueda...
Yo: Largo, déjame en paz.
​Él se fue, pero yo no me imaginaba lo que iba a hacer. Por la noche, mientras yo estaba acostada al lado de mi marido, ese desgraciado se metió en penumbras al cuarto. Empezó a manosearme mientras yo dormía. Sentí sus manos calientes y toscas subiendo por mis piernas, ya que yo solo dormía en cucos. Me desperté de un brinco.
​Yo: (Susurrando eufórica): ¿Qué haces acá? ¡Lárgate!
Cuñado: Cálmate y no hagas ruido. Ya no aguanto más, te huelo desde mi cuarto.
Yo: ¡Te dije que no!
Cuñado: No me voy de aquí hasta que me entregues esa jugosa y caliente vagina.
Yo: Que no... lárgate.
​Vi cómo se quedaba ahí parado, sobándose el bulto envenenado. Con cara de resignación le dije: "Bueno, pero rápido". Sin embargo, por dentro me carcomía el morbo supremo de saber que un hombre me deseaba con tanta desesperación a centímetros de mi esposo dormido. Mi mente ya no gritaba que no; mi cuerpo respondía a ese mar de emociones prohibidas y mi vagina parecía un lago de lo empapada que estaba. Aún así, yo me mantenía firme en no facilitársela del todo: nunca le había hecho un oral ni le respondía si me gustaba.
​Yo: Bueno... rápido.
​Me puse en cuatro, levantando el culo en la oscuridad. Con lo empapada que estaba, sentí cómo ese gordo, jugoso y venoso pene entró de un solo empujón sin darme tregua. Empezó con un bombeo suave.
​Yo: Mmmmmm... (mordía la sábana con fuerza para ahogar los gemidos).
​Mi cuñado no decía nada; solo me agarraba las caderas con violencia y me apretaba las nalgas. Pasaron cinco minutos y aumentó el ritmo. Solo escuchaba el eco ahogado en el colchón: ¡PLASSS, PLASSSS, PLASSS!
​De repente, volteé la cabeza y vi la silueta de mi marido durmiendo a escasos centímetros. Sentir el pene de mi cuñado en vistiéndome profundamente mientras mi esposo descansaba me provocó una humareda de calor extrema por todo el cuerpo. Seguido de eso, sentí el chorro de semen espeso, hirviendo y abundante de mi cuñado inundándose las entrañas. Tuve un orgasmo tan violento y espectacular que tuve que morder la almohada con todas mis fuerzas para no gritar.
Mi vida cambio 2


suegro


cunado



​Sin darme cuenta, mi cuñado ya se había retirado del cuarto, dejándome ahí tirada, sin calzones y chorreando su leche espesa por los muslos.
​Al otro día, cuando desperté, mi esposo ya se había ido a la mina. Eso se había vuelto rutina: solo nos veíamos un rato en la noche.
​Iba caminando por el pasillo en bata de baño, aún sintiendo la entrepierna sensible por lo de la madrugada, cuando de repente la puerta del cuarto de mi suegro se abrió de golpe.
​Una mano vieja, dura y llena de callos me agarró del brazo con fuerza salvaje y me metió a su habitación a oscuras, cerrando la puerta con seguro. Era Don Humberto, mi suegro. Tenía los ojos inyectados en morbo y la respiración pesada de un viejo verde aguantado.
​Suegro: Con Que la princesita de la ciudad resultó ser la perra de la casa... ¿no?
Yo: 😳 ¡Suegro! ¿De qué habla? ¡Suélteme o le grito a...!
Suegro: ¿A quién le va a gritar, mija? ¿A mi hijo que no está, o a su otro cuñadito que anoche se la estaba culeando al lado de mi muchacho?
​Me quedé helada. El corazón se me salió del pecho y la sangre se me fue a los pies. Nos había visto o escuchado.
​Suegro: (Pasándome su mano tosca y áspera directo por la hendidura de mi bata, agarrándome un seno desnudo con fuerza): Yo no soy pendejo, Camila. Llevo días viendo cómo le mueve el culo a mi hijo menor y cómo se le humedece la ropa cuando él la toca. Pero aquí el dueño de esta casa soy yo... y si usted no quiere que yo llame a Maicol ahorita mismo y le cuente que su mujer es la puta de su hermano, va a tener que atender al viejo también.
​El suegro no esperó respuesta. Me estampó contra la pared, me abrió la bata de un tirón dejándome en carnes, y vi cómo se bajaba el pantalón mostrando un miembro grande, oscuro y venoso, endurecido por años de privación en el campo. Sentí el olor penetrante a testosterona y a trabajo duro de su entrepierna rozando mi nariz.
puta de todos



​Suegro: Mírelo bien, nena... porque este viejo le va a enseñar cómo se folla de verdad en el campo. Ahora, a arrodillarse y a limpiarme como se debe si no quiere que se le acabe el teatrito…
Yo me quedé inmóvil por unos momentos, asimilando la situación. Pero el olor penetrante a hombre maduro que salía de su entrepierna y la adrenalina de saber que estaba completamente atrapada me terminaron de humedecer la pelvis.
​Yo: Bueno, suegro... está bien.
​Al bajar la mirada y ver ese miembro expuesto, me quedé sin aliento. Era oscuro, venoso y notablemente más grueso y largo que el de mi esposo y mi cuñado. Se notaba que llevaba años acumular ganas. Sin pensarlo más, acerqué mi cara y empecé a chupar ese jugoso y caliente pene.
​Sentí cada centímetro de su piel firme llenándome la boca. El olor a testosterona pura y el abundante pre-cum salado que brotaba de su glande inundaron mi nariz y mi paladar, provocándome una sobrecarga de excitación. Empecé a meterlo tan profundo en mi garganta que las arcadas violentas no se hicieron esperar:
​¡AGGGHH, AGGGHH, AGGGHH, AGGGHH!
Cuidando a mi suegro



​Los ojos se me llenaban de lágrimas por el esfuerzo mientras el viejo me sujetaba la cabeza con sus manos ásperas, empujando su miembro con fuerza dentro de mi boca. Hacía tiempo no hacía una mamada tan salvaje y entregada. Cuando terminó de derramarse un poco en mi lengua, me puse de pie, respirando agitada, y le indiqué con la mirada que fuéramos al baño de su cuarto para tener más privacidad.
​Ya adentro del baño, mirándonos fijamente en el espejo, le dije con tono cómplice:
​Yo: Bueno, suegro... ¿y cómo va a funcionar esta dinámica de ahora en adelante?
Suegro: (Agarrándome fuertemente de la cintura y pegando su bulto duro contra mis nalgas): Igual, Camila... solo que a partir de hoy me tienes que recompensar a mí por todo el sexo que le has dado a mi hijo menor y a Maicol, mientras yo me quedaba aguantando ganas viendo cómo mueves ese culo por toda la casa.
Yo: Mmmm... ¿Solo eso, suegro? ¿O hay algo más?
Suegro: (Susurrándome al oído con voz ronca mientras me mete la mano entre las piernas): Obviamente no... de ahora en adelante tienes que seguir siendo la perra sumisa de mis dos hijos... y la mía. Vas a atendernos a los tres como los hombres de esta casa se merecen.
Yo: 😳😳... (Tragué grueso, pero sentir sus dedos toscos acariciando mi vagina empapada me confirmó que ya no había vuelta atrás).
Yo me acerqué sin pena, mirándolo directo a los ojos con la cara llena de picardía, y le dije:
​Yo: Bueno... para pagar lo niña mala y descarada que he sido, y por no haber tenido en cuenta antes a mi suegrito lindo, al mero patriarca de la casa, voy a empezar por consentirlo como se merece. Venga para acá, viejo mañoso...
​Lo agarré del cuello y le planté un beso atrevido. Fue una sensación extraña y adictiva sentir esos labios viejos y carnosos contra los míos, pero yo ya estaba completamente entregada a la idea de ser la puta sumisa de mi suegro. Me agaché en las baldosas húmedas, quedándome a la altura de su entrepierna, y le agarré ese miembro duro y venoso.
puta



​Yo: Suegrito... ¡qué verga tan salvaje y deliciosa tiene guardada! Sepa que esto de tragármela entera tampoco se lo he hecho a su hijo menor...
​Abrí la boca y empecé a hacerle una mamada salvaje ahí mismo, bajo el chorro de agua de la ducha.
​Suegro: ¡Por Dios, Camila! ¡Qué perra tan golosa resultó ser la mujer de mi hijo! Mmmmm... ¡Sí, mamacita, no pare!
​Empecé a devorárselo bien profundo: garganta profunda pura y dura, clavándome ese pene enorme hasta la raíz. El sonido ahogado de mis arcadas y el choque de sus huevos calientes contra mi barbilla hacían un eco seco en todo el baño:
​¡AGGGHHG, AGGGHHG, AGGGHHG, AGGGHH, AGGGHH!
Mi vida cambio 2



​Sentía cómo le brotaba líquido preseminal salado en la punta y me lo tragaba feliz. Después me levanté, tomé el jabón y me lo pasé despacio por los senos, llenándolos de espuma brillante mientras se los exhibía sin pudor.
​Yo: ¿Le gustan sus tetas, suegro?
suegro



Suegro: (Con los ojos desorbitados y respirando como un toro): Estás perfecta, carajo... me vas a hacer dar un infarto.
Yo: Pues estruje y manosee con ganas, viejo rico, que de ahora en adelante estas tetas también son suyas.
​Mi suegro no aguantó más. Se pegó detrás de mí, aprisionando mi cuerpo contra la pared fría del baño. Mientras me daba besos toscos y húmedos por el cuello, sentía el glande hirviendo de su verga buscando mi entrada mojada, al mismo tiempo que sus manos grandes y callosas me apretaban los senos ensabonados con violencia.
cunado


puta de todos



​De un solo empujón seco y salvaje me lo metió completo.
​Yo: ¡AGGGHHH! ¡SUEGROOO!
​Sentí cómo me abría y me llenaba por completo el pene gordo de mi suegro, un hombre de 66 años con una fuerza de campo increíble. La combinación del dolor inicial, la humillación de entregarme al papá de mi esposo y la fricción de esa verga madura me provocó un orgasmo violento e instantáneo que me hizo temblar las piernas.
Cuidando a mi suegro



puta


Mi vida cambio 2



​Ese día me cogió durante dos horas seguidas en el baño, cambiándome de posición, haciéndome gemir sobre el lavamanos y embistiéndome por detrás hasta dejarme las nalgas rojas y la vagina ardiendo de tanto placer. Cuando terminó, me llenó las entrañas con una descarga abundante de semen caliente que se desbordaba por mis muslos mezclándose con el agua y el jabón.
​Quedé tirada en el suelo del baño, agotada, con el aliento agitado y la entrepierna escurriendo leche... sabiendo que al mediodía mi cuñado regresaba de la siembra y le tocaba el turno a él

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