Hola, ¿cómo están? Me llamo Deivid, tengo 27 años, y mi novia Sofía tiene 26. Ella y yo vivimos juntos desde hace 5 años. Todo lo que voy a contar está pasando recientemente.
Yo tengo un amigo de toda la vida, se llama Adrián. Él estaba pasando por una mala racha en todo: lo económico, lo sentimental y hasta lo laboral. Así que yo, en un acto de hermandad, le dije que se viniera a vivir conmigo, ya que tenía un cuarto extra. Llegué a casa y le dije a Sofía que Adrián iba a vivir un tiempo en la casa; ella no puso problema porque también lo quería.
Bueno, llegó Adrián, se instaló en la casa y empezó la convivencia. Los primeros días todo transcurrió normal, hasta que un día en la sala estábamos viendo una película y Adrián se quedó profundamente dormido. Pasaron unos 5 minutos y Adrián empezó a hablar solo:
Adrián: —No, no me dejes, por favor... Yo cambio, te lo juro. No fue mi culpa perder el trabajo...
Sofía: —👀😱 ¿Y a este qué le dio?
Yo: —Déjalo, ese siempre ha sido así, habla dormido. Pobre, debe estar sufriendo mucho desde que lo dejó Leidi.
Sofía: —¿En serio? Jajaja, no lo puedo creer.
Yo: —Sí, a veces se para solo y camina. Nos toca echarle pasador a la puerta. Así que si algún día te levantas y lo ves por ahí, no te asustes. Y otra cosa importante: no lo despiertes, es peligroso. Te puede atacar del susto o pasarle algo malo.
Sofía: —👀😳 ¿Tanto así? Bueno, menos mal me avisaste.
Bueno, los días pasaron, y un domingo en la noche llegó Sofía a la recámara con cara de estar muy pensativa.
Yo: —¿Qué pasó, amor?
Sofía: —Adrián estaba sonámbulo en la cocina y me empezó a hablar. Me decía: "Leidi, perdóname, regresa a la casa". Yo pensé en lo que me dijiste, así que le seguí la corriente y le dije que lo iba a pensar, que se fuera a dormir. Pero él insistió, se me acercó, me arrinconó contra la meseta, me abrazó con fuerza y me cogió los senos y el trasero...

Yo: —👀 ¿En serio, amor? Pero no le pegaste ni le hiciste nada, ¿cierto?
Sofía: —No, porque me dijiste que era peligroso. Yo le dije que bueno, que yo volvía a la casa, y ahí mismo me soltó. Dijo que qué bueno, que ya se podía ir a dormir tranquilo.
Yo: —Bueno, amor, ya sabemos cómo tranquilizarlo.
Sofía: —Pues sí, ¿no? Pobre... Cuando me habló lo hacía con una voz... se escuchaba que todavía le duele muchísimo que se fuera.
Yo: —Sí, amor. Bueno, vamos a dormir.
Sofía: —Bueno.
Los días pasaron y Adrián la seguía manoseando dormido. Ya Sofía se estaba acostumbrando a esos tocamientos, pero un día me dijo que se ponía incómoda.


Sofía: —Amor, tengo que hablar contigo.
Yo: —Dime.
Sofía: —Es que me siento mal... Adrián en las noches me manosea dormido. Yo veo que tú sabes eso, y yo te amo mucho; no quiero perderte ni que te pongas celoso. Si eso es un problema, digámosle a Adrián que busque otro sitio.
Yo: —Amor, tranquila, que a mí no me incomoda. Si fuera otra persona, créeme que por más sonámbulo que esté, le parto la cara. Pero Adrián es mi hermano y no le podemos hacer eso, amor. Si te incomoda mucho, pues enciérralo en el cuarto por la noche.
Sofía: —No, amor, tampoco. Yo solo quería saber que esto no se iba a volver un problema. Me alegra mucho tu reacción, yo también sé por lo que está pasando Adrián.
Yo: —Bueno, amor, entonces no le echemos más mente a esto.
Sofía: —Pero hay algo que me preocupa... Hoy me arrinconó otra vez y me dijo que ya no aguantaba más, que quería que volviera a ser su novia.
Yo: —¿And qué le dijiste?
Sofía: —Yo le dije que sí, pues... siguiéndole la corriente de que yo era Leidi.
Yo: —Ah, bueno, amor, por eso.
Sofía: —Sí... pero me besó.
Yo: —😳👀😱 ¿En serio? ¿Y qué hiciste?
Sofía: —Pues yo le seguí el beso... pero si esto escala, ¿qué?

Yo: —No creo, amor. Pero si te sientes mal por los besos, por mí quédate tranquila; esto es algo que no podemos controlar.
Sofía: —¿Osea que si me quiere besar todas las noches, me dejo?
Yo: —Amor, no le podemos decir que no... o bueno, tú no, porque es peligroso, se puede poner violento.
Sofía: —Tienes razón.
Ese día nos acostamos a dormir, y al día siguiente me tocaba hacer turno nocturno. Cuando volví a casa, Sofía me estaba esperando ansiosa.
Yo: —Hola, amor, ¿cómo te fue?
Sofía: —Bien, amor. Pues solo me besó anoche y se fue a dormir.
Yo: —Ah, bueno, amor, ¿sí ves?
Sofía: —Sí, pero quiero que pongamos cámaras, porque cuando tú no estés, ¿qué tal que se ponga violento y yo acá sola?
Yo: —Bueno, amor, está bien. Si es para que te sientas cómoda y segura, las ponemos.
Hablamos con Adrián y le contamos lo que venía pasando. Adrián se puso rojo de la vergüenza, se disculpó muchísimo, nos ayudó con algo de dinero para las cámaras y se disculpó de rodillas con Sofía.
Sofía: —Tranquilo, Adri, ya hasta me estoy acostumbrando.
Adrián: —No, qué pena de verdad... pero es que eso no se puede controlar.
Yo: —Tranquilo, tú eres mi hermano y vamos a ayudarte.
Bueno, esos días empecé a hacer turnos de noche toda la semana. Revisaba las cámaras a eso de las 10:00 p.m. Pude ver cómo Adrián estaba en su cuarto, se levantaba con los ojos fijos y se iba por el pasillo hasta mi recámara. Vi a Sofía recostada en la cama húmeda de deseo, llegó Adrián y escuché clarito lo que decía por el micrófono:
Adrián: —Leidi, amor... ¿por qué no estás en el cuarto? ¿Sigues brava?
Sofía: —No, amor, estoy haciendo algo, pero ahorita voy...
Adrián: —Bueno, amor, dame un beso.
Yo vi cómo se acercaba a Sofía y vi cómo se devoraban los labios. Escuchar ese beso húmedo por la cámara, en vez de darme celos, hizo que se me parara la pija al instante, poniéndoseme de piedra. Pero vi algo más curioso: vi que Sofía le daba el beso con una pasión tremenda, no era por compromiso, ¡ella se lo quería comer vivo!

Adrián se fue a su recámara, pero volvió una hora después y le dijo:
Adrián: —Amor, Leidi, mi vida... vamos, te estoy esperando.
Sofía: —Mmmm, ya voy, amor... —cogió el celular a escondidas y me escribió—: "Amor, ¿qué hago? ¿Sí viste la cámara?"
Yo: —"Sí, acá estoy mirándola y escuché todo. Ve, amor, yo voy a vigilar, tranquila".
Sofía: —"¿Seguro, amor?"
Yo: —"Sí, ve, amor".
Sofía: —"Bueno, amor, mira bien que no me pase nada".
Por la cámara vi cómo se iban los dos a la otra habitación y se acostaban en la cama. Pude escuchar perfectamente cómo Adrián le decía:
Adrián: —Te extrañé mucho, amor... —le dio un beso voraz en el cuello y se acomodaron para dormir.
Al otro día llegué a casa en la mañana y le pregunté cómo le había ido.
Sofía: —Bien, amor, lo que viste... pero bien, dormí muy calientita.
Yo: —¡Ah, carajo, jajaja! ¿Qué tal?
Sofía: —Pues le estoy buscando el lado bueno: cuando tú no estés, Adrián me puede calentar... —me lo dijo con una risa picarona y una mirada encendida.
Yo: —Sí, amor, tienes razón. Aparte, queda en familia, jajaja.
Y le devolví la risa picarona. Pero creo que ambos sabíamos perfectamente que esto iba a escalar a más, aunque ninguno quería decirlo ni pararlo tampoco.
Esto siguió así tres noches más, hasta que un día vi algo en la cámara que me aceleró el corazón. Vi cómo Adrián llegaba al cuarto alterado y le pedía:
Adrián: —Amor, yo creo que ya es hora de tener sexo.
Sofía: —No, amor, aún no... todavía no es el momento.
Adrián: —Bueno, amor, vamos a dormir.
Vi cómo se la llevaba al cuarto como todas estas noches, pero algo cambió ese día. Como estaba haciendo demasiado calor, Adrián se quitó toda la ropa y lo vi completamente desnudo, exhibiendo un físico imponente. Escuché cómo le ordenó a Sofía: "Quítate la ropa".
Adrián: —Leidi, amor, duerme sin ropa, está haciendo mucho calor.
Sofía: —Bueno, amor...
Ella se desvistió por completo, dejando sus hermosas curvas a la vista, y se acostó justo al lado de él. Yo, al ver eso desde mi pantalla, pensé que me pondría celoso, pero no; me entró un morbo enfermizo y delicioso. El ver las manos de Adrián apretando los senos de mi novia, y ver a mi novia respondiendo muy cómoda y excitada con eso, me puso a gotear la verga de la excitación.
Al otro día llegué normal. Sofía me recibió con un beso apasionado y me dijo que teníamos que hablar. Yo pensé para mis adentros: "No será que se arrepiente...", así que me anticipé y le dije: "No, amor, no tenemos que hablar". La miré fijamente a los ojos llenos de lujuria y le dije: "Haz lo que tengas que hacer para cuidar a Adrián", y le sonreí. Ella se quedó en silencio, soltó una sonrisa cómplice y no me dijo nada más.
Esa semana yo ya tenía turno de día, así que podía estar en la casa de noche. Ese día llegó Adrián como a las 10:00 p.m., como siempre, y fue a buscar a Sofía para llevársela.
Sofía: —Amor, ¿seguro hoy? Yo quiero dormir contigo...
Yo: —Tranquila, amor, ve.
Sofía: —¿Seguro?
Yo: —Sí, amor, dale.
Se fueron a la otra habitación, pero yo no me iba a perder ese espectáculo por nada del mundo. Así que puse en mi celular la transmisión de las cámaras y vi lo mismo de siempre: se desnudaron por completo. Pero ese día se dio el paso definitivo:
Adrián: —Amor, estoy muy caliente... tengo los huevos cargados.
Sofía: —Amor, yo sé... pero aún no.
Adrián: —Amor, no seas así...


Vi cómo mi novia estaba totalmente desnuda, entregada a Adrián, mientras él restregaba una verga gigante, venosa y completamente parada contra sus nalgas firmes. Sofía, perdiendo el control, estiró la mano y tocó sus huevos calientes y su enorme pene. En ese instante, ella miró directamente a la lente de la cámara oculta y susurró:
Sofía: —Perdón, amor... ya no aguanto más.

De inmediato, devoró a besos a Adrián, se subió encima de él con agilidad haciendo la posición del 69, y se metió esa verga descomunal en la boca de un solo bocado, tragándosela entera. Al mismo tiempo, Adrián empezó a pasar su lengua salvaje, chupando y lamiendo la vagina empapada de mi novia, mientras yo me masturbaba frenéticamente viendo la pantalla.
Continuará...
Yo tengo un amigo de toda la vida, se llama Adrián. Él estaba pasando por una mala racha en todo: lo económico, lo sentimental y hasta lo laboral. Así que yo, en un acto de hermandad, le dije que se viniera a vivir conmigo, ya que tenía un cuarto extra. Llegué a casa y le dije a Sofía que Adrián iba a vivir un tiempo en la casa; ella no puso problema porque también lo quería.
Bueno, llegó Adrián, se instaló en la casa y empezó la convivencia. Los primeros días todo transcurrió normal, hasta que un día en la sala estábamos viendo una película y Adrián se quedó profundamente dormido. Pasaron unos 5 minutos y Adrián empezó a hablar solo:
Adrián: —No, no me dejes, por favor... Yo cambio, te lo juro. No fue mi culpa perder el trabajo...
Sofía: —👀😱 ¿Y a este qué le dio?
Yo: —Déjalo, ese siempre ha sido así, habla dormido. Pobre, debe estar sufriendo mucho desde que lo dejó Leidi.
Sofía: —¿En serio? Jajaja, no lo puedo creer.
Yo: —Sí, a veces se para solo y camina. Nos toca echarle pasador a la puerta. Así que si algún día te levantas y lo ves por ahí, no te asustes. Y otra cosa importante: no lo despiertes, es peligroso. Te puede atacar del susto o pasarle algo malo.
Sofía: —👀😳 ¿Tanto así? Bueno, menos mal me avisaste.
Bueno, los días pasaron, y un domingo en la noche llegó Sofía a la recámara con cara de estar muy pensativa.
Yo: —¿Qué pasó, amor?
Sofía: —Adrián estaba sonámbulo en la cocina y me empezó a hablar. Me decía: "Leidi, perdóname, regresa a la casa". Yo pensé en lo que me dijiste, así que le seguí la corriente y le dije que lo iba a pensar, que se fuera a dormir. Pero él insistió, se me acercó, me arrinconó contra la meseta, me abrazó con fuerza y me cogió los senos y el trasero...

Yo: —👀 ¿En serio, amor? Pero no le pegaste ni le hiciste nada, ¿cierto?
Sofía: —No, porque me dijiste que era peligroso. Yo le dije que bueno, que yo volvía a la casa, y ahí mismo me soltó. Dijo que qué bueno, que ya se podía ir a dormir tranquilo.
Yo: —Bueno, amor, ya sabemos cómo tranquilizarlo.
Sofía: —Pues sí, ¿no? Pobre... Cuando me habló lo hacía con una voz... se escuchaba que todavía le duele muchísimo que se fuera.
Yo: —Sí, amor. Bueno, vamos a dormir.
Sofía: —Bueno.
Los días pasaron y Adrián la seguía manoseando dormido. Ya Sofía se estaba acostumbrando a esos tocamientos, pero un día me dijo que se ponía incómoda.


Sofía: —Amor, tengo que hablar contigo.
Yo: —Dime.
Sofía: —Es que me siento mal... Adrián en las noches me manosea dormido. Yo veo que tú sabes eso, y yo te amo mucho; no quiero perderte ni que te pongas celoso. Si eso es un problema, digámosle a Adrián que busque otro sitio.
Yo: —Amor, tranquila, que a mí no me incomoda. Si fuera otra persona, créeme que por más sonámbulo que esté, le parto la cara. Pero Adrián es mi hermano y no le podemos hacer eso, amor. Si te incomoda mucho, pues enciérralo en el cuarto por la noche.
Sofía: —No, amor, tampoco. Yo solo quería saber que esto no se iba a volver un problema. Me alegra mucho tu reacción, yo también sé por lo que está pasando Adrián.
Yo: —Bueno, amor, entonces no le echemos más mente a esto.
Sofía: —Pero hay algo que me preocupa... Hoy me arrinconó otra vez y me dijo que ya no aguantaba más, que quería que volviera a ser su novia.
Yo: —¿And qué le dijiste?
Sofía: —Yo le dije que sí, pues... siguiéndole la corriente de que yo era Leidi.
Yo: —Ah, bueno, amor, por eso.
Sofía: —Sí... pero me besó.
Yo: —😳👀😱 ¿En serio? ¿Y qué hiciste?
Sofía: —Pues yo le seguí el beso... pero si esto escala, ¿qué?

Yo: —No creo, amor. Pero si te sientes mal por los besos, por mí quédate tranquila; esto es algo que no podemos controlar.
Sofía: —¿Osea que si me quiere besar todas las noches, me dejo?
Yo: —Amor, no le podemos decir que no... o bueno, tú no, porque es peligroso, se puede poner violento.
Sofía: —Tienes razón.
Ese día nos acostamos a dormir, y al día siguiente me tocaba hacer turno nocturno. Cuando volví a casa, Sofía me estaba esperando ansiosa.
Yo: —Hola, amor, ¿cómo te fue?
Sofía: —Bien, amor. Pues solo me besó anoche y se fue a dormir.
Yo: —Ah, bueno, amor, ¿sí ves?
Sofía: —Sí, pero quiero que pongamos cámaras, porque cuando tú no estés, ¿qué tal que se ponga violento y yo acá sola?
Yo: —Bueno, amor, está bien. Si es para que te sientas cómoda y segura, las ponemos.
Hablamos con Adrián y le contamos lo que venía pasando. Adrián se puso rojo de la vergüenza, se disculpó muchísimo, nos ayudó con algo de dinero para las cámaras y se disculpó de rodillas con Sofía.
Sofía: —Tranquilo, Adri, ya hasta me estoy acostumbrando.
Adrián: —No, qué pena de verdad... pero es que eso no se puede controlar.
Yo: —Tranquilo, tú eres mi hermano y vamos a ayudarte.
Bueno, esos días empecé a hacer turnos de noche toda la semana. Revisaba las cámaras a eso de las 10:00 p.m. Pude ver cómo Adrián estaba en su cuarto, se levantaba con los ojos fijos y se iba por el pasillo hasta mi recámara. Vi a Sofía recostada en la cama húmeda de deseo, llegó Adrián y escuché clarito lo que decía por el micrófono:
Adrián: —Leidi, amor... ¿por qué no estás en el cuarto? ¿Sigues brava?
Sofía: —No, amor, estoy haciendo algo, pero ahorita voy...
Adrián: —Bueno, amor, dame un beso.
Yo vi cómo se acercaba a Sofía y vi cómo se devoraban los labios. Escuchar ese beso húmedo por la cámara, en vez de darme celos, hizo que se me parara la pija al instante, poniéndoseme de piedra. Pero vi algo más curioso: vi que Sofía le daba el beso con una pasión tremenda, no era por compromiso, ¡ella se lo quería comer vivo!

Adrián se fue a su recámara, pero volvió una hora después y le dijo:
Adrián: —Amor, Leidi, mi vida... vamos, te estoy esperando.
Sofía: —Mmmm, ya voy, amor... —cogió el celular a escondidas y me escribió—: "Amor, ¿qué hago? ¿Sí viste la cámara?"
Yo: —"Sí, acá estoy mirándola y escuché todo. Ve, amor, yo voy a vigilar, tranquila".
Sofía: —"¿Seguro, amor?"
Yo: —"Sí, ve, amor".
Sofía: —"Bueno, amor, mira bien que no me pase nada".
Por la cámara vi cómo se iban los dos a la otra habitación y se acostaban en la cama. Pude escuchar perfectamente cómo Adrián le decía:
Adrián: —Te extrañé mucho, amor... —le dio un beso voraz en el cuello y se acomodaron para dormir.
Al otro día llegué a casa en la mañana y le pregunté cómo le había ido.
Sofía: —Bien, amor, lo que viste... pero bien, dormí muy calientita.
Yo: —¡Ah, carajo, jajaja! ¿Qué tal?
Sofía: —Pues le estoy buscando el lado bueno: cuando tú no estés, Adrián me puede calentar... —me lo dijo con una risa picarona y una mirada encendida.
Yo: —Sí, amor, tienes razón. Aparte, queda en familia, jajaja.
Y le devolví la risa picarona. Pero creo que ambos sabíamos perfectamente que esto iba a escalar a más, aunque ninguno quería decirlo ni pararlo tampoco.
Esto siguió así tres noches más, hasta que un día vi algo en la cámara que me aceleró el corazón. Vi cómo Adrián llegaba al cuarto alterado y le pedía:
Adrián: —Amor, yo creo que ya es hora de tener sexo.
Sofía: —No, amor, aún no... todavía no es el momento.
Adrián: —Bueno, amor, vamos a dormir.
Vi cómo se la llevaba al cuarto como todas estas noches, pero algo cambió ese día. Como estaba haciendo demasiado calor, Adrián se quitó toda la ropa y lo vi completamente desnudo, exhibiendo un físico imponente. Escuché cómo le ordenó a Sofía: "Quítate la ropa".
Adrián: —Leidi, amor, duerme sin ropa, está haciendo mucho calor.
Sofía: —Bueno, amor...
Ella se desvistió por completo, dejando sus hermosas curvas a la vista, y se acostó justo al lado de él. Yo, al ver eso desde mi pantalla, pensé que me pondría celoso, pero no; me entró un morbo enfermizo y delicioso. El ver las manos de Adrián apretando los senos de mi novia, y ver a mi novia respondiendo muy cómoda y excitada con eso, me puso a gotear la verga de la excitación.
Al otro día llegué normal. Sofía me recibió con un beso apasionado y me dijo que teníamos que hablar. Yo pensé para mis adentros: "No será que se arrepiente...", así que me anticipé y le dije: "No, amor, no tenemos que hablar". La miré fijamente a los ojos llenos de lujuria y le dije: "Haz lo que tengas que hacer para cuidar a Adrián", y le sonreí. Ella se quedó en silencio, soltó una sonrisa cómplice y no me dijo nada más.
Esa semana yo ya tenía turno de día, así que podía estar en la casa de noche. Ese día llegó Adrián como a las 10:00 p.m., como siempre, y fue a buscar a Sofía para llevársela.
Sofía: —Amor, ¿seguro hoy? Yo quiero dormir contigo...
Yo: —Tranquila, amor, ve.
Sofía: —¿Seguro?
Yo: —Sí, amor, dale.
Se fueron a la otra habitación, pero yo no me iba a perder ese espectáculo por nada del mundo. Así que puse en mi celular la transmisión de las cámaras y vi lo mismo de siempre: se desnudaron por completo. Pero ese día se dio el paso definitivo:
Adrián: —Amor, estoy muy caliente... tengo los huevos cargados.
Sofía: —Amor, yo sé... pero aún no.
Adrián: —Amor, no seas así...


Vi cómo mi novia estaba totalmente desnuda, entregada a Adrián, mientras él restregaba una verga gigante, venosa y completamente parada contra sus nalgas firmes. Sofía, perdiendo el control, estiró la mano y tocó sus huevos calientes y su enorme pene. En ese instante, ella miró directamente a la lente de la cámara oculta y susurró:
Sofía: —Perdón, amor... ya no aguanto más.

De inmediato, devoró a besos a Adrián, se subió encima de él con agilidad haciendo la posición del 69, y se metió esa verga descomunal en la boca de un solo bocado, tragándosela entera. Al mismo tiempo, Adrián empezó a pasar su lengua salvaje, chupando y lamiendo la vagina empapada de mi novia, mientras yo me masturbaba frenéticamente viendo la pantalla.
Continuará...
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