https://www.poringa.net/posts/relatos/6390198/Primeros-pasos-con-Elena-y-Dani-11.html
La tensión en la mesa del boliche de Cordón era tan sofocante que el aire parecía vibrar. Dani miraba a Elena y a Lorena con los ojos encendidos, completamente tomado por el morbo de la confesión que acababa de escuchar. Lorena, todavía algo colorada por el delate, se tomó un trago largo de su vaso tratando de recuperar la postura, mientras Elena se acomodaba el pelo con dedos temblorosos.
Dani rompió el silencio con una sonrisa lenta, apoyando las manos en la mesa.
—Che, acá la música está fuerte y nos están mirando raro —dijo, bajando la voz con una complicidad brutal—. Con Elena tenemos un par de botellas de fernet en casa. ¿Por qué no la seguimos allá, tranquilos y sin testigos?
Nadie lo dudó. Pagamos la cuenta a las apuradas y salimos a la calle fría de Montevideo. En el viaje en taxi casi no se habló, pero las manos jugaron su propio partido en la penumbra del asiento trasero. El alcohol que ya llevábamos encima y la adrenalina de saber dónde iba a terminar la noche nos tenía a los cuatro flotando en una nube de pura expectativa.
Llegamos al apartamento y el living nos recibió en penumbras, con los recuerdos flotando en cada rincón. Dani sirvió una ronda potente de fernet en vasos grandes con mucho hielo. Nos sentamos todos en la alfombra, alrededor de la mesa ratona, rompiendo cualquier distancia formal. Ya estábamos bien entonados, sueltos y con la risa floja, pero con las miradas fijas en lo que verdaderamente importaba.
Lorena, fiel a su estilo desafiante y ruidoso, dejó su vaso en el piso y nos miró a los tres.
—Bueno, ya que estamos acá y nos sabemos todas las mañas... ¿qué les parece si jugamos a verdad o reto? —propuso con una ceja levantada—. Fuertito, nada de boludeces de liceo.
—Me prendo —saltó Dani de inmediato, sentándose bien cerca de Elena y pasándole un brazo por los hombros.
El primer reto lo propuso Lorena, quien con una sonrisa pícara clavó sus ojos en Elena.
—Elenita... te reto a que me des un beso de lengua, bien profundo, como el que nos dimos en el cuarto el otro día.
Elena, con sus ojos verdes brillando por el fernet, no lo dudó. Se inclinó hacia adelante y buscó la boca de Lorena. El contraste entre la silueta menuda de Elena y la actitud más agresiva de Lore encendió el ambiente en un segundo. Dani miraba sin pestañear, respirando cada vez más agitado.
El juego siguió escalando rápido. Los retos de sacarse prendas no tardaron en llegar. En un par de rondas, yo ya estaba en cuero, dejando ver mi contextura grande y robusta. Las chicas se quedaron en remera, dejando adivinar las curvas que nos volvían locos a los dos.
Entonces cayó la primera verdad pesada. Lorena me miró fijo y después giró la vista hacia Dani.
—Dani, te toca verdad —lanzó Lore con una voz que ya arrastraba el morbo del alcohol—. Sabiendo todo lo que pasó, y con el gordo acá en cuero... ¿te gustaría volver a ver cómo se la mete a Elena adelante tuyo?
Dani guardó silencio un segundo. Miró a su novia, recordó el semen que todavía parecía marcar el living de la vez anterior, y contestó con una seguridad que nos erizó la piel a todos:
—No solo a Elena, Lore. Me muero de ganas de ver cómo las garcha a las dos juntas acá mismo, en la alfombra. Quiero ver cómo les rompe el culo a las dos mientras yo me pajeo al lado.
Esa respuesta fue el interruptor que apagó el juego y encendió el fuego definitivo. Ya no hubo más turnos ni preguntas. Lorena se sacó la remera de un tirón, dejando ver su lomo flaco y ese culazo que la caracterizaba, y se me tiró encima, devorándome la boca. Elena, completamente desinhibida por las palabras de su novio, se arrodilló frente a mí y empezó a bajarme el pantalón con una desesperación salvaje.
Mi verga saltó libre, durísima y venosa, directo a los ojos de las dos. Elena se sumó al juego de inmediato: se turnaban con Lorena para chuparla, babeándola toda y haciendo ruidos húmedos que llenaban el living silencioso. Dani se acomodó contra el sillón, se abrió el pantalón y sacó su pija, empezando a masturbarse con un ritmo frenético, con los ojos fijos en la escena.
—Gordo... ponenos en cuatro... a las dos —rogó Lorena, jadeando mientras se limpiaba la saliva de los labios.
Las acomodé una al lado de la otra sobre la alfombra, de espaldas a Dani para que él tuviera la vista perfecta de sus culos moviéndose. Agarré a Elena por la cintura, sintiendo su metro sesenta temblar de la entrega, y se la metí toda de una sola embestida. Elena soltó un grito ahogado que rebotó en las paredes.
—¡Sí, así...! ¡Mirá, Dani, cómo me la mete...! —gimió ella, buscando la mirada de su novio.
Dani respiraba como un animal, dándole duro a su pija, fascinado por el vaivén de mis manos grandes golpeando contra las nalgas firmes de Elena. Tras unos minutos intensos, saqué mi verga chorreando humedad y me pasé al lado, hundiéndome por completo en Lorena. Lore era puro fuego; tiraba la cabeza hacia atrás, me pedía que la reventara sin piedad y gemía el nombre de Dani y el mío alternadamente, completamente poseída por el delirio del trío.
El living olía a sexo puro, a fernet y a sudor compartido. Las cambié de posición, haciéndolas cabalgar por turnos mientras la otra me lamía los huevos o se besaban entre ellas frente a la cara de Dani. Cuando sentí que ya no aguantaba más, las puse a las dos boca arriba, con las piernas abiertas de par en par.
— Danos la leche a las dos —suplicó Lorena con los ojos desorbitados de placer, mientras Elena se tocaba el clítoris desesperada al lado suyo.
Di las últimas embestidas salvajes en el cuerpo caliente de Elena, salí a tiempo y me descargué con furia, dejando caer chorros espesos e hirvientes sobre las tetas de las dos, uniendo sus cuerpos con mi leche. Elena y Lorena que se estaban tocando, acabaron al sentir mi leche caliente bañando sus cuerpos, temblando en el piso del living. Al lado nuestro, con un gemido largo y ronco, Dani soltó su propia descarga en su mano, dejándose caer hacia atrás en el sillón, completamente agotado y con la respiración entrecortada.
Quedamos los cuatro en un silencio absoluto, solo interrumpido por el eco de nuestros jadeos pesados, sabiendo que el grupete de estudio de la facultad se había convertido en un pacto de carne del que nadie iba a poder —ni querer— escapar.
La tensión en la mesa del boliche de Cordón era tan sofocante que el aire parecía vibrar. Dani miraba a Elena y a Lorena con los ojos encendidos, completamente tomado por el morbo de la confesión que acababa de escuchar. Lorena, todavía algo colorada por el delate, se tomó un trago largo de su vaso tratando de recuperar la postura, mientras Elena se acomodaba el pelo con dedos temblorosos.
Dani rompió el silencio con una sonrisa lenta, apoyando las manos en la mesa.
—Che, acá la música está fuerte y nos están mirando raro —dijo, bajando la voz con una complicidad brutal—. Con Elena tenemos un par de botellas de fernet en casa. ¿Por qué no la seguimos allá, tranquilos y sin testigos?
Nadie lo dudó. Pagamos la cuenta a las apuradas y salimos a la calle fría de Montevideo. En el viaje en taxi casi no se habló, pero las manos jugaron su propio partido en la penumbra del asiento trasero. El alcohol que ya llevábamos encima y la adrenalina de saber dónde iba a terminar la noche nos tenía a los cuatro flotando en una nube de pura expectativa.
Llegamos al apartamento y el living nos recibió en penumbras, con los recuerdos flotando en cada rincón. Dani sirvió una ronda potente de fernet en vasos grandes con mucho hielo. Nos sentamos todos en la alfombra, alrededor de la mesa ratona, rompiendo cualquier distancia formal. Ya estábamos bien entonados, sueltos y con la risa floja, pero con las miradas fijas en lo que verdaderamente importaba.
Lorena, fiel a su estilo desafiante y ruidoso, dejó su vaso en el piso y nos miró a los tres.
—Bueno, ya que estamos acá y nos sabemos todas las mañas... ¿qué les parece si jugamos a verdad o reto? —propuso con una ceja levantada—. Fuertito, nada de boludeces de liceo.
—Me prendo —saltó Dani de inmediato, sentándose bien cerca de Elena y pasándole un brazo por los hombros.
El primer reto lo propuso Lorena, quien con una sonrisa pícara clavó sus ojos en Elena.
—Elenita... te reto a que me des un beso de lengua, bien profundo, como el que nos dimos en el cuarto el otro día.
Elena, con sus ojos verdes brillando por el fernet, no lo dudó. Se inclinó hacia adelante y buscó la boca de Lorena. El contraste entre la silueta menuda de Elena y la actitud más agresiva de Lore encendió el ambiente en un segundo. Dani miraba sin pestañear, respirando cada vez más agitado.
El juego siguió escalando rápido. Los retos de sacarse prendas no tardaron en llegar. En un par de rondas, yo ya estaba en cuero, dejando ver mi contextura grande y robusta. Las chicas se quedaron en remera, dejando adivinar las curvas que nos volvían locos a los dos.
Entonces cayó la primera verdad pesada. Lorena me miró fijo y después giró la vista hacia Dani.
—Dani, te toca verdad —lanzó Lore con una voz que ya arrastraba el morbo del alcohol—. Sabiendo todo lo que pasó, y con el gordo acá en cuero... ¿te gustaría volver a ver cómo se la mete a Elena adelante tuyo?
Dani guardó silencio un segundo. Miró a su novia, recordó el semen que todavía parecía marcar el living de la vez anterior, y contestó con una seguridad que nos erizó la piel a todos:
—No solo a Elena, Lore. Me muero de ganas de ver cómo las garcha a las dos juntas acá mismo, en la alfombra. Quiero ver cómo les rompe el culo a las dos mientras yo me pajeo al lado.
Esa respuesta fue el interruptor que apagó el juego y encendió el fuego definitivo. Ya no hubo más turnos ni preguntas. Lorena se sacó la remera de un tirón, dejando ver su lomo flaco y ese culazo que la caracterizaba, y se me tiró encima, devorándome la boca. Elena, completamente desinhibida por las palabras de su novio, se arrodilló frente a mí y empezó a bajarme el pantalón con una desesperación salvaje.
Mi verga saltó libre, durísima y venosa, directo a los ojos de las dos. Elena se sumó al juego de inmediato: se turnaban con Lorena para chuparla, babeándola toda y haciendo ruidos húmedos que llenaban el living silencioso. Dani se acomodó contra el sillón, se abrió el pantalón y sacó su pija, empezando a masturbarse con un ritmo frenético, con los ojos fijos en la escena.
—Gordo... ponenos en cuatro... a las dos —rogó Lorena, jadeando mientras se limpiaba la saliva de los labios.
Las acomodé una al lado de la otra sobre la alfombra, de espaldas a Dani para que él tuviera la vista perfecta de sus culos moviéndose. Agarré a Elena por la cintura, sintiendo su metro sesenta temblar de la entrega, y se la metí toda de una sola embestida. Elena soltó un grito ahogado que rebotó en las paredes.
—¡Sí, así...! ¡Mirá, Dani, cómo me la mete...! —gimió ella, buscando la mirada de su novio.
Dani respiraba como un animal, dándole duro a su pija, fascinado por el vaivén de mis manos grandes golpeando contra las nalgas firmes de Elena. Tras unos minutos intensos, saqué mi verga chorreando humedad y me pasé al lado, hundiéndome por completo en Lorena. Lore era puro fuego; tiraba la cabeza hacia atrás, me pedía que la reventara sin piedad y gemía el nombre de Dani y el mío alternadamente, completamente poseída por el delirio del trío.
El living olía a sexo puro, a fernet y a sudor compartido. Las cambié de posición, haciéndolas cabalgar por turnos mientras la otra me lamía los huevos o se besaban entre ellas frente a la cara de Dani. Cuando sentí que ya no aguantaba más, las puse a las dos boca arriba, con las piernas abiertas de par en par.
— Danos la leche a las dos —suplicó Lorena con los ojos desorbitados de placer, mientras Elena se tocaba el clítoris desesperada al lado suyo.
Di las últimas embestidas salvajes en el cuerpo caliente de Elena, salí a tiempo y me descargué con furia, dejando caer chorros espesos e hirvientes sobre las tetas de las dos, uniendo sus cuerpos con mi leche. Elena y Lorena que se estaban tocando, acabaron al sentir mi leche caliente bañando sus cuerpos, temblando en el piso del living. Al lado nuestro, con un gemido largo y ronco, Dani soltó su propia descarga en su mano, dejándose caer hacia atrás en el sillón, completamente agotado y con la respiración entrecortada.
Quedamos los cuatro en un silencio absoluto, solo interrumpido por el eco de nuestros jadeos pesados, sabiendo que el grupete de estudio de la facultad se había convertido en un pacto de carne del que nadie iba a poder —ni querer— escapar.
0 comentarios - Primeros pasos con Elena y Dani 12