Conrado no puede creerlo.
Después del episodio de haber sido drogado, ahora se repetía. Nadie podrá convencerlo de que no fue drogado: él no podría haber permanecido en una silla, desnudo, mientras un tipo se estaba follando a su novia, sin hacer nada. Además de el turbio asunto de haberse corrido. Varias veces. Mientras los veía a ellos follar.
Y por supuesto Inma tenía que haber estado drogadísima. Su mirada ausente de inteligencia, su risa salvaje, sus actos blasfemos. Lamerle el culo a ese tipo, almacenar litros de semen en su coño, boca y culo, dejarse follar delante de él sin dejar de degradarse, insultarse a sí misma y a él.
Siempre habían tenido lo que Conrado considera buen sexo: misionero o ella arriba y ya. Mete saca, mamadas, algunas tímidas comidas de coño de él, pero ya.
Es cierto que ella había mencionado otras cosas pervertidas, pero… bueno, eso era broma, ¿no?
Ahora, de nuevo, un mes después, estaba en la silla. Sentado. Desnudo.
No habían hablado del tema, lo habían dejado apartado, en silencio. Los primeros días apenas se miraban. Inma seguía con esa sonrisa estúpida. Empezó a vestirse más provocativa. Más vestidos. A veces incluso sin sujetador, y sus grandes tetazas marcaban sus pezones obscenamente. Conrado quería decirle algo, que se comportara, pero cada vez que la enfrentaba, cara a cara, solo podía ver su cara manchada de semen, sus labios chupando aquella polla hinchada y venosa hasta la garganta… Y se acobardaba.
Quizás la sombra del trauma se cernía sobre él, quería convencerse de eso… pero no podía evitar… empalmarse.
«Eres un cornudo de mierda», «Así se folla a una guarra como esta», decía la voz de aquel tipo, el Amo. Y Conrado se iba al baño y… se masturbaba. Joder, era un cornudo imbécil, un idiota, un gilipollas integral. Y se le ponía más y más dura. Rezumaba. Tenía fantasías en el trabajo y se le encharcaban los calzoncillos.
Entonces la descubrió.
Cuando fue al despacho de su jefe, lo descubrió sentado en su silla, y la cabeza de Inma subía y bajaba, chupándosela.
Sacudió la cabeza. No, allí no había nadie más que Manuel, mirando facturas. Entonces, ¿por qué se había empalmado? Juraría que había visto a Inma chupándole la polla a su jefe… y lo único que quería era quedarse pegado a la puerta, en silencio, mirando, cascándosela y sintiéndose humillado.
Ahora está en casa. Otra vez. Sentado y desnudo. Otra vez. Empalmado… otra vez.
Inma entra a cuatro patas por la puerta. Desnuda. Las tetazas de pezones con una areola anchísima, le rozan el suelo. En su cara vuelve a estar esa ausencia total de inteligencia, de gesto animalesco. Mira a Conrado, sentándose en cuclillas.
—Hola Cornudo.
Amo entra tras ella. También desnudo, con sus tatuajes, su sonrisa despectiva, y la polla a medio endurecer.
—Ahora, Guarra, cuéntale al cornudo de tu novio qué has estado haciendo este mes, desde nuestro último encuentro.
—Follar. Pero él lo sabe. Lo he pillado oliendo mis bragas. En mis bragas quedaba semen de los que me he tirado. Me he follado a su hermano…
Amo se sienta en la cama, ahora la tiene totalmente dura.
—Mastúrbame, y ve contándole.
Las manos de Inma cogen el tronco hinchado, la polla dura y venosa de Amo y empieza a acariciarla. Se la pasa por la cara, le soba los huevos y le acaricia el perineo. La cubre de saliva para que sea más placentero para él. A Conrado nunca se lo ha hecho. Una vez le hizo una paja en el coche, y cuando quiso ir a tragarse el semen el la empujó y usó un pañuelo… y ahora… ahora se pega en la cara con esa polla y gime cuando lo hace, degradándose.
—Me he follado a tu hermano. ¿Sabes qué le hice? Se la chupé en el parking. Me presenté allí. Me quité las bragas y le dije que se la quería chupar hasta que se corriera. No opuso resistencia, siempre me mira las tetas. Se corrió en ellas. Y no me limpié. Llegué a casa con su semen en todas mis tetas de gorda.
Las manos subían y bajaban, ponían las polla de Amo entre las tetas y los masturbaba con ellas. Nunca le había hecho eso. Todo lo más, él se las había lamido alguna vez, distraídamente, pero porque a ella le gustaba… y ahora… joder, Conrado sentía la polla palpitar, rezumante mientras veía lo que hacía la guarra de su novia.
—Luego me tiré a tu primo. Ese jovencito, el deportista. Sí, el mismo día que estuvo aquí. Tú te fuiste a dormir la siesta. Yo fingí dormir también en el sofá. Poco a poco me deslicé. Abel estaba viendo la tele. No sé qué partido. Yo apoyé la cabeza en su regazo… Adivina qué pasó…
—Guarra —la llama Amo—, date la vuelta, abre el culo y clávate mi polla mientras se lo sigues contando todo.
—Sí, Amo, lo que tú mandes. Solo soy tu trozo de carne. Ufff… qué gorda la tienes… Amo… Aaaaah… mi culo… creía que no me iba a gustar el anal… pero es porque ese cornudo gilipollas no tenía ni idea de hacerlo…
Conrado boquea. Recuerda haberlo intentado, habérsela metido en el culo y que ella se revolvía, incómoda. Luego se salió y se acabó corriendo en su espalda, masturbándose.
Ahora veía cómo ella, sin dejar de mirarlo, de frente a él, abría el culo. Su coño estaba entreabierto y los labios del coño le colgaban, largos y oscuros, el clítoris duro y las tetazas colgando y llenas de presemen y babas… De pronto parece sentarse en el regazo de Amo. Ya está. Entera. Se la ha metido entera en el culo, y ella no deja de apretarse las tetas, de estrujarlas y tirarse de los pezones.
—Me tienes llena Amo… tengo el culo a reventar con tu polla… joder qué gusto… así quiero estar para siempre…
—Guarra, sigue contándole al cornudo de tu novio lo que has hecho. Qué hiciste con Abel…
—Ufff… Al chico se le puso dura. Yo tenía la cabeza en su regazo. Me moví. Lo podía oler. La tenía dura y me apretaba la cara. Suspiré. Me moví y dejé que una teta se me saliera de la camiseta. Ufff… entonces se le humedeció el pantalón… aaah… dios qué gusto en mi culo… joder, Amo, rómpelo, es tuyo…
»Abel estaba muy empalmado, así que me moví un poco. Hacia arriba. Hacia la cintura. Y él estaba flipando, lo sé. Su polla casi asomaba. Yo seguía haciéndome la dormida. Sentí cómo su mano me tocaba la teta… qué bien lo hizo. El pezón, los pellizquitos… yo gemía despacio para excitarlo. Y abrí la boca, invitándolo. Le babeaba encima. Y lo hizo. Se la sacó.
»Tiene una buena polla. Mejor que la tuya, claro, puto cornudo, y mira, me la metí. Accidentalmente debió parecerle, pero gemí y él ese movió para meterla más profundo. Le dejé que me follara la boca. Joder cómo apretaba. Me cogió la cabeza y empezó a moverse. Me entraba a duras penas. Qué gorda era… aaaah… mi culo, Amoooo… me corro por el culoooo aaaaahhhh…
—Sigue contando guarra, me da igual tu orgasmo.
—AAAAahhh, síiiii… yo… aaaaah… mi culo…. Aaaahh.. tu culo, Amo… uffff… yo, sí, me folló la boca. Abel me folló la boca. Me la metió entera, hasta los huevos, se tensó y de pronto estalló. Escucha… aaaaf… cornudo de mierda… me tragué más semen del que te sale a ti en un mes… qué gusto… Pero no acabó ahí. Tenía la faldita subida. Abel se puso de rodillas, abrió mis muslos, y me empezó a comer el coño. Yo seguía haciéndome la dormida y él come que te come… Tú no me has hecho eso bien en tu puta vida, cornudo… ufff… mira mi coñoooo… —Mientras dice la última frase, y Amo sigue follándole el culo, Inma se abre el coño con los dedos, que suelta una lenta gota de semen blanco, largo, denso, que llega al suelo. Se lleva los dedos dentro, se penetra, gime y, sin dejar de mirarlo a los ojos, se los chupa—. Esto es lo que hace un hombre, no como tú, pollafloja, que solo se te pone dura si gana tu equipo del puto fútbol… aaah… me corro otra vez por el culoooo…
Inma deja caer la cabeza, agotada. Amo la levanta, sin esfuerzo, y Conrado envidia su fuerza. Inma está rellenita, tiene algo de barriguita y muslos fuertes, y la ha alzado como si nada.
—Tú, cornudo, ven. Mete mi polla en el coño de tu novia.
Conrado está paralizado. O eso cree. A lo mejor su mente sigue ahí, en la silla, sintiéndose un gilipollas total que aún lleva los billetes de avión que ha comprado para sorprenderla hoy con un viaje sorpresa. Se ha gastado un dineral. Piensa eso, absurdamente, mientras su cuerpo, con ese empalme duro que lleva, y goteante, se dirige hasta él.
Es la primera vez que toca una polla que no es la suya. Está pringosa, pero muy dura. Puede notar las venas, perfectamente. Los pesados huevos cuelgan. Palpita, y se siente como aferrar un trueno, algo peligroso. Y lo hace. Inma está apoyada en la cama, las tetazas contra el lecho, y con las rodillas clavadas y el culo en pompa. El ano está muy dilatado y palpita, boqueando. Quiere más polla y no la suya: la de Amo.
Dirige la portentosa polla hasta la entrada del coño de Inma, de esa guarra que gime sin cerebro ni voluntad alguna. La restriega por toda esa humedad infecta y la deja en la entrada. Mira a Amo. Y este, sin mediar palabra ni dejar de mirarle a los ojos, le mete una estocada a fondo tan brusca que la guarra de Inma grita y suplica más polla, morir así, estacada por él mientras el gilipollas de Conrado solo puede mirar.
De pronto hace algo que nunca pensó: se mira la mano que ha tocado esa polla, pringada de presemen, de semen, de flujo de la zorra de su novia… y la lame. El sabor es denso, fuerte, penetrante. Distingue el flujo de ella, pero el semen, joder… seguro que el suyo no sabe así. Normal que ella lo lama a todas horas siempre que puede…
—¿Alguna confesión más que tengas que hacerle al cornudo de Conrado? Míra como se lame la mano que ha tocado mi polla. Si no vas con cuidado te follaré la boca, despojo de hombre —le amenaza Amo.
—Su… su jefe. He sido la puta de su jefe. Todo el mes. Cada día… Él no lo ha visto. Pero un par de veces, aaah… qué gusto de polla, Amo… qué guarra soy en tus manos… ufff…. Un par de veces que él fue a hablar con Silvio… yo estaba debajo de la mesa, desnuda y chupándosela…
Conrado siente esa pedrada en el hígado. Otro. Silvio era mayor que él, peinaba canas, tiene mujer e hijos… y ella… ¿ha sido su puta?
—Es más viejo que tú, sí, pero vaya polla se gasta. Es gorda, gordísima. He venido todos los días a casa con el coño y el estómago lleno de su lefa, cabrón cornudo… Se la he chupado en el coche, en su cama, en el despacho y me ha follado en la mesa de allí, de la nave industrial y también en la de su casa… le comí el coño a Isabela, a su mujer, puto cornudo… y los dos me mearon encima… y me encantó. Me sentí… recompensada. Mañana iré a verlos otra vez… Llevaré un vestido y nada debajo. Y pasaré el fin de semana como su puta en su casa… sus hijos no estarán, y necesito que me degraden…
El «chof, chof, chof» de la polla de Amo en el coño de Inma martillean en los oídos de Conrado. No se está pajeando con las manos, pero cuando su novia infiel ha dicho la palabra «recompensada» y «necesito que me degraden»… se ha corrido sin tocarse.
Tiene lágrimas en los ojos, se siente un despojo, menos que medio hombre, un puto imbécil, y lo peor es que le está gustando ser humillado de esa forma. Nunca la ha tenido tan dura ni se ha corrido tanto…
Amo hace un gesto, coge las caderas con fuerza, choca dos, tres veces más, y gime, corriéndose y llenando el coño de Inma que se corre a la vez hasta eyacular, mancharlo todo, temblar de golpe ante el orgasmo, mientras Amo sale de su interior, y se desmaya.
El hombre tatuado se yergue como una torre ante él, con el enorme cipote aún duro. Y le da dos tremendos pollazos en la cara entre risas de desprecio.
—Cogeré esos billetes de avión, Conrado cornudo de mierda. Me llevaré a la guarra de tu novia a donde sea, para follarla o hacer que se la follen otros. Te mandaré fotos, descuida. Si te preguntas cómo lo sé, es porque Inma me ha dado acceso a todas vuestras cuentas. Y las usaré como me dé la gana. Solo asegúrate de que tengan fondos. No querrás que las fotos que haga lleguen a tu familia, ¿no?
El miedo le encoge el estómago… y de pronto le provoca otra erección por la que se siente el doble de culpable.
—Ahora limpia el coño de Inma con la lengua, de sus meados y mi semen y limpia todo esto. Voy a ducharme y me iré con ella a cenar fuera, si acaso se despierta.
Conrado no sabe qué hacer. O su mente no sabe qué hacer, porque su cuerpo ya está yendo donde está esa guarra y está empezando a lamer el semen que sale de allí a borbotones.
Cuando está acabando, entre sueño, Inma se vuelve a correr, y le llena la cara de orina o lo que sea esa eyaculación que le ha salido. Conrado sigue lamiendo, y cuando acaba, se vuelve a masturbar, corriéndose en el suelo.
Ahora empieza su vida como cornudo, mamporrero y además mantenedor de la guarra de su novia infiel y del tipo que se la folla.
Después del episodio de haber sido drogado, ahora se repetía. Nadie podrá convencerlo de que no fue drogado: él no podría haber permanecido en una silla, desnudo, mientras un tipo se estaba follando a su novia, sin hacer nada. Además de el turbio asunto de haberse corrido. Varias veces. Mientras los veía a ellos follar.
Y por supuesto Inma tenía que haber estado drogadísima. Su mirada ausente de inteligencia, su risa salvaje, sus actos blasfemos. Lamerle el culo a ese tipo, almacenar litros de semen en su coño, boca y culo, dejarse follar delante de él sin dejar de degradarse, insultarse a sí misma y a él.
Siempre habían tenido lo que Conrado considera buen sexo: misionero o ella arriba y ya. Mete saca, mamadas, algunas tímidas comidas de coño de él, pero ya.
Es cierto que ella había mencionado otras cosas pervertidas, pero… bueno, eso era broma, ¿no?
Ahora, de nuevo, un mes después, estaba en la silla. Sentado. Desnudo.
No habían hablado del tema, lo habían dejado apartado, en silencio. Los primeros días apenas se miraban. Inma seguía con esa sonrisa estúpida. Empezó a vestirse más provocativa. Más vestidos. A veces incluso sin sujetador, y sus grandes tetazas marcaban sus pezones obscenamente. Conrado quería decirle algo, que se comportara, pero cada vez que la enfrentaba, cara a cara, solo podía ver su cara manchada de semen, sus labios chupando aquella polla hinchada y venosa hasta la garganta… Y se acobardaba.
Quizás la sombra del trauma se cernía sobre él, quería convencerse de eso… pero no podía evitar… empalmarse.
«Eres un cornudo de mierda», «Así se folla a una guarra como esta», decía la voz de aquel tipo, el Amo. Y Conrado se iba al baño y… se masturbaba. Joder, era un cornudo imbécil, un idiota, un gilipollas integral. Y se le ponía más y más dura. Rezumaba. Tenía fantasías en el trabajo y se le encharcaban los calzoncillos.
Entonces la descubrió.
Cuando fue al despacho de su jefe, lo descubrió sentado en su silla, y la cabeza de Inma subía y bajaba, chupándosela.
Sacudió la cabeza. No, allí no había nadie más que Manuel, mirando facturas. Entonces, ¿por qué se había empalmado? Juraría que había visto a Inma chupándole la polla a su jefe… y lo único que quería era quedarse pegado a la puerta, en silencio, mirando, cascándosela y sintiéndose humillado.
Ahora está en casa. Otra vez. Sentado y desnudo. Otra vez. Empalmado… otra vez.
Inma entra a cuatro patas por la puerta. Desnuda. Las tetazas de pezones con una areola anchísima, le rozan el suelo. En su cara vuelve a estar esa ausencia total de inteligencia, de gesto animalesco. Mira a Conrado, sentándose en cuclillas.
—Hola Cornudo.
Amo entra tras ella. También desnudo, con sus tatuajes, su sonrisa despectiva, y la polla a medio endurecer.
—Ahora, Guarra, cuéntale al cornudo de tu novio qué has estado haciendo este mes, desde nuestro último encuentro.
—Follar. Pero él lo sabe. Lo he pillado oliendo mis bragas. En mis bragas quedaba semen de los que me he tirado. Me he follado a su hermano…
Amo se sienta en la cama, ahora la tiene totalmente dura.
—Mastúrbame, y ve contándole.
Las manos de Inma cogen el tronco hinchado, la polla dura y venosa de Amo y empieza a acariciarla. Se la pasa por la cara, le soba los huevos y le acaricia el perineo. La cubre de saliva para que sea más placentero para él. A Conrado nunca se lo ha hecho. Una vez le hizo una paja en el coche, y cuando quiso ir a tragarse el semen el la empujó y usó un pañuelo… y ahora… ahora se pega en la cara con esa polla y gime cuando lo hace, degradándose.
—Me he follado a tu hermano. ¿Sabes qué le hice? Se la chupé en el parking. Me presenté allí. Me quité las bragas y le dije que se la quería chupar hasta que se corriera. No opuso resistencia, siempre me mira las tetas. Se corrió en ellas. Y no me limpié. Llegué a casa con su semen en todas mis tetas de gorda.
Las manos subían y bajaban, ponían las polla de Amo entre las tetas y los masturbaba con ellas. Nunca le había hecho eso. Todo lo más, él se las había lamido alguna vez, distraídamente, pero porque a ella le gustaba… y ahora… joder, Conrado sentía la polla palpitar, rezumante mientras veía lo que hacía la guarra de su novia.
—Luego me tiré a tu primo. Ese jovencito, el deportista. Sí, el mismo día que estuvo aquí. Tú te fuiste a dormir la siesta. Yo fingí dormir también en el sofá. Poco a poco me deslicé. Abel estaba viendo la tele. No sé qué partido. Yo apoyé la cabeza en su regazo… Adivina qué pasó…
—Guarra —la llama Amo—, date la vuelta, abre el culo y clávate mi polla mientras se lo sigues contando todo.
—Sí, Amo, lo que tú mandes. Solo soy tu trozo de carne. Ufff… qué gorda la tienes… Amo… Aaaaah… mi culo… creía que no me iba a gustar el anal… pero es porque ese cornudo gilipollas no tenía ni idea de hacerlo…
Conrado boquea. Recuerda haberlo intentado, habérsela metido en el culo y que ella se revolvía, incómoda. Luego se salió y se acabó corriendo en su espalda, masturbándose.
Ahora veía cómo ella, sin dejar de mirarlo, de frente a él, abría el culo. Su coño estaba entreabierto y los labios del coño le colgaban, largos y oscuros, el clítoris duro y las tetazas colgando y llenas de presemen y babas… De pronto parece sentarse en el regazo de Amo. Ya está. Entera. Se la ha metido entera en el culo, y ella no deja de apretarse las tetas, de estrujarlas y tirarse de los pezones.
—Me tienes llena Amo… tengo el culo a reventar con tu polla… joder qué gusto… así quiero estar para siempre…
—Guarra, sigue contándole al cornudo de tu novio lo que has hecho. Qué hiciste con Abel…
—Ufff… Al chico se le puso dura. Yo tenía la cabeza en su regazo. Me moví. Lo podía oler. La tenía dura y me apretaba la cara. Suspiré. Me moví y dejé que una teta se me saliera de la camiseta. Ufff… entonces se le humedeció el pantalón… aaah… dios qué gusto en mi culo… joder, Amo, rómpelo, es tuyo…
»Abel estaba muy empalmado, así que me moví un poco. Hacia arriba. Hacia la cintura. Y él estaba flipando, lo sé. Su polla casi asomaba. Yo seguía haciéndome la dormida. Sentí cómo su mano me tocaba la teta… qué bien lo hizo. El pezón, los pellizquitos… yo gemía despacio para excitarlo. Y abrí la boca, invitándolo. Le babeaba encima. Y lo hizo. Se la sacó.
»Tiene una buena polla. Mejor que la tuya, claro, puto cornudo, y mira, me la metí. Accidentalmente debió parecerle, pero gemí y él ese movió para meterla más profundo. Le dejé que me follara la boca. Joder cómo apretaba. Me cogió la cabeza y empezó a moverse. Me entraba a duras penas. Qué gorda era… aaaah… mi culo, Amoooo… me corro por el culoooo aaaaahhhh…
—Sigue contando guarra, me da igual tu orgasmo.
—AAAAahhh, síiiii… yo… aaaaah… mi culo…. Aaaahh.. tu culo, Amo… uffff… yo, sí, me folló la boca. Abel me folló la boca. Me la metió entera, hasta los huevos, se tensó y de pronto estalló. Escucha… aaaaf… cornudo de mierda… me tragué más semen del que te sale a ti en un mes… qué gusto… Pero no acabó ahí. Tenía la faldita subida. Abel se puso de rodillas, abrió mis muslos, y me empezó a comer el coño. Yo seguía haciéndome la dormida y él come que te come… Tú no me has hecho eso bien en tu puta vida, cornudo… ufff… mira mi coñoooo… —Mientras dice la última frase, y Amo sigue follándole el culo, Inma se abre el coño con los dedos, que suelta una lenta gota de semen blanco, largo, denso, que llega al suelo. Se lleva los dedos dentro, se penetra, gime y, sin dejar de mirarlo a los ojos, se los chupa—. Esto es lo que hace un hombre, no como tú, pollafloja, que solo se te pone dura si gana tu equipo del puto fútbol… aaah… me corro otra vez por el culoooo…
Inma deja caer la cabeza, agotada. Amo la levanta, sin esfuerzo, y Conrado envidia su fuerza. Inma está rellenita, tiene algo de barriguita y muslos fuertes, y la ha alzado como si nada.
—Tú, cornudo, ven. Mete mi polla en el coño de tu novia.
Conrado está paralizado. O eso cree. A lo mejor su mente sigue ahí, en la silla, sintiéndose un gilipollas total que aún lleva los billetes de avión que ha comprado para sorprenderla hoy con un viaje sorpresa. Se ha gastado un dineral. Piensa eso, absurdamente, mientras su cuerpo, con ese empalme duro que lleva, y goteante, se dirige hasta él.
Es la primera vez que toca una polla que no es la suya. Está pringosa, pero muy dura. Puede notar las venas, perfectamente. Los pesados huevos cuelgan. Palpita, y se siente como aferrar un trueno, algo peligroso. Y lo hace. Inma está apoyada en la cama, las tetazas contra el lecho, y con las rodillas clavadas y el culo en pompa. El ano está muy dilatado y palpita, boqueando. Quiere más polla y no la suya: la de Amo.
Dirige la portentosa polla hasta la entrada del coño de Inma, de esa guarra que gime sin cerebro ni voluntad alguna. La restriega por toda esa humedad infecta y la deja en la entrada. Mira a Amo. Y este, sin mediar palabra ni dejar de mirarle a los ojos, le mete una estocada a fondo tan brusca que la guarra de Inma grita y suplica más polla, morir así, estacada por él mientras el gilipollas de Conrado solo puede mirar.
De pronto hace algo que nunca pensó: se mira la mano que ha tocado esa polla, pringada de presemen, de semen, de flujo de la zorra de su novia… y la lame. El sabor es denso, fuerte, penetrante. Distingue el flujo de ella, pero el semen, joder… seguro que el suyo no sabe así. Normal que ella lo lama a todas horas siempre que puede…
—¿Alguna confesión más que tengas que hacerle al cornudo de Conrado? Míra como se lame la mano que ha tocado mi polla. Si no vas con cuidado te follaré la boca, despojo de hombre —le amenaza Amo.
—Su… su jefe. He sido la puta de su jefe. Todo el mes. Cada día… Él no lo ha visto. Pero un par de veces, aaah… qué gusto de polla, Amo… qué guarra soy en tus manos… ufff…. Un par de veces que él fue a hablar con Silvio… yo estaba debajo de la mesa, desnuda y chupándosela…
Conrado siente esa pedrada en el hígado. Otro. Silvio era mayor que él, peinaba canas, tiene mujer e hijos… y ella… ¿ha sido su puta?
—Es más viejo que tú, sí, pero vaya polla se gasta. Es gorda, gordísima. He venido todos los días a casa con el coño y el estómago lleno de su lefa, cabrón cornudo… Se la he chupado en el coche, en su cama, en el despacho y me ha follado en la mesa de allí, de la nave industrial y también en la de su casa… le comí el coño a Isabela, a su mujer, puto cornudo… y los dos me mearon encima… y me encantó. Me sentí… recompensada. Mañana iré a verlos otra vez… Llevaré un vestido y nada debajo. Y pasaré el fin de semana como su puta en su casa… sus hijos no estarán, y necesito que me degraden…
El «chof, chof, chof» de la polla de Amo en el coño de Inma martillean en los oídos de Conrado. No se está pajeando con las manos, pero cuando su novia infiel ha dicho la palabra «recompensada» y «necesito que me degraden»… se ha corrido sin tocarse.
Tiene lágrimas en los ojos, se siente un despojo, menos que medio hombre, un puto imbécil, y lo peor es que le está gustando ser humillado de esa forma. Nunca la ha tenido tan dura ni se ha corrido tanto…
Amo hace un gesto, coge las caderas con fuerza, choca dos, tres veces más, y gime, corriéndose y llenando el coño de Inma que se corre a la vez hasta eyacular, mancharlo todo, temblar de golpe ante el orgasmo, mientras Amo sale de su interior, y se desmaya.
El hombre tatuado se yergue como una torre ante él, con el enorme cipote aún duro. Y le da dos tremendos pollazos en la cara entre risas de desprecio.
—Cogeré esos billetes de avión, Conrado cornudo de mierda. Me llevaré a la guarra de tu novia a donde sea, para follarla o hacer que se la follen otros. Te mandaré fotos, descuida. Si te preguntas cómo lo sé, es porque Inma me ha dado acceso a todas vuestras cuentas. Y las usaré como me dé la gana. Solo asegúrate de que tengan fondos. No querrás que las fotos que haga lleguen a tu familia, ¿no?
El miedo le encoge el estómago… y de pronto le provoca otra erección por la que se siente el doble de culpable.
—Ahora limpia el coño de Inma con la lengua, de sus meados y mi semen y limpia todo esto. Voy a ducharme y me iré con ella a cenar fuera, si acaso se despierta.
Conrado no sabe qué hacer. O su mente no sabe qué hacer, porque su cuerpo ya está yendo donde está esa guarra y está empezando a lamer el semen que sale de allí a borbotones.
Cuando está acabando, entre sueño, Inma se vuelve a correr, y le llena la cara de orina o lo que sea esa eyaculación que le ha salido. Conrado sigue lamiendo, y cuando acaba, se vuelve a masturbar, corriéndose en el suelo.
Ahora empieza su vida como cornudo, mamporrero y además mantenedor de la guarra de su novia infiel y del tipo que se la folla.
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