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El Peso De Mi Fantasía 5

El jueves por la mañana, la casa amaneció sumida en un silencio tenso, casi eléctrico. Pedro había llegado temprano, pero el ruido de sus herramientas en la biblioteca se escuchaba espaciado, como si le costara concentrarse tanto como a nosotros. Laura y yo estábamos en la cama de la planta alta; ella intentaba leer un libro y yo fingía revisar unos pendientes en la laptop, pero la verdad era que ninguno de los dos podía apartar la mente de lo que había pasado en el baño el día anterior. La marca leve y rojiza en el cuello de mi esposa era el recordatorio perfecto de los dedos del albañil sobre su piel.
El Peso De Mi Fantasía 5

A eso de las once de la mañana, el teléfono de Laura, que estaba sobre la mesa de noche, vibró. El sonido rompió el ambiente. Vi cómo ella se tensó de inmediato y miró la pantalla de reojo. Su rostro cambió de golpe: se puso pálida y luego un rubor intenso le cubrió las mejillas.
Ángel: (Cerrando la laptop de golpe, con el pulso acelerándosele al instante) ¿Quién es, Laura? ¿Es él?
Laura: (Tomando el celular con las manos temblorosas, desbloqueándolo con miedo) Sí... es un número desconocido, pero... pero es Pedro, Ángel. Dios mío, consiguió mi teléfono de la tarjeta de presentación que dejamos en la cocina. Mira lo que puso.
Me deslicé por la cama y me pegué a ella, quitándole prácticamente el teléfono de las manos para leer la pantalla. El corazón me dio un vuelco salvaje al ver el texto en WhatsApp.
Mensaje de Pedro: Buenos días, señora Laura. No he podido trabajar en toda la mañana pensando en lo de ayer. Me dejó a medias en ese baño. Me encantaría ver un poco más de lo que me enseñó ayer bajo esa falda negra... mándeme una foto de ese culo tan rico que tiene, ande.

Me quedé sin aliento. Leer a ese tipo hablarle con esa audacia y esa ordinariez a mi esposa, la mujer elegante y reservada que todos respetaban, me provocó una erección instantánea que empujó con fuerza contra mis pantalones. El morbo me estaba quemando por dentro.
Laura: (Mirándome con los ojos abiertos de par en par, asustada, buscando una salida) Esto ya cruzó una línea, Ángel. Es un descarado. Voy a bloquearlo ahora mismo, no puede hablarme así, parece un animal.
Ángel: (Deteniendo su mano, con la voz rota por la excitación) No... no lo bloquees. Esto es perfecto, Laura. El tipo está completamente enganchado. Está cayendo redondito en el juego.
Laura: (Con la voz temblorosa, indignada pero visiblemente afectada por el texto) ¡Ángel, me está pidiendo una foto de mi culo! ¿Te has vuelto loco? Yo jamás me he tomado una foto así, ni siquiera para ti. No puedo hacer esto, me muero de la vergüenza si alguien más llega a verla.
Ángel: Nadie la va a ver más que él, mi amor. Escúchame, le vas a contestar. Pero no le vas a dar todo de golpe. Vamos a jugar con su mente, a volverlo un loco de remate para que cuando te tenga de frente no pueda contenerse. Escríbele lo que te voy a dictar.
Laura suspiró, con el pecho agitado, pero colocó los dedos sobre el teclado, acatando mi orden como una sumisa atrapada en mi obsesión.
Ángel: Ponle: "Eres muy atrevido, Pedro. Mi esposo está en la casa y podría verte. Además, no soy una mujer fácil como para andar mandando fotos a cualquiera". Vamos a picarlo.
Ella escribió el mensaje y lo envió. Los dos nos quedamos fijos mirando las dos palomitas azules. No pasaron ni treinta segundos cuando la respuesta de Pedro llegó, más agresiva y directa.
Mensaje de Pedro: Sé que no es fácil, señora, por eso me gusta más. Pero no me diga que no tiene ganas. Ayer sentí lo mojada que estaba cuando le metí la mano. Mándeme algo aunque sea de sus tetas, quiero ver esos pezones tan ricos que me anduvo enseñando con la blusa gris. Nadie se va a enterar.

La adrenalina me corría por las venas como fuego. Miré a Laura; estaba respirando con dificultad, mordiéndose los labios, con los ojos fijos en la pantalla. Su propia intimidad la estaba traicionando; supe que leer esas palabras tan sucias de un hombre tan tosco la estaba poniendo a mil allá abajo.
Ángel: (Tomándola de la cintura, pegándola a mí) Dale lo que pide, Laura. Pero lo vamos a hacer a mi modo. Quítate la blusa.
Laura: (Negando con la cabeza, con un hilo de voz) Ángel... por favor...
Ángel: Hazlo por mí, nena. Quítatela.
Con los dedos torpes por los nervios, Laura se desabotonó la blusa y se la quitó, quedando completamente desnuda de la cintura para arriba. Sus pechos firmes subían y bajaban con su respiración acelerada, y los pezones estaban completamente duros por la mezcla de miedo y excitación. Tomé su teléfono, abrí la cámara y me acomodé detrás de ella.
Ángel: Ponte de perfil frente a la ventana, que la luz resalte la forma de tu teta. Eso es... ahora, cúbrete la cara con el teléfono para que no se te vea el rostro, pero deja que el plano sea solo tu pecho desnudo.
Ella se acomodó como le ordené. Enfocé con la cámara de su celular sus tetas perfectas, hermosas, expuestas ahora para el deleite de un obrero que estaba un piso abajo. Tomé la foto. Se veía increíble, el pezón oscuro y erecto destacaba de una forma obscena.

Ángel: Mándasela. Y ponle: "Solo porque insististe... pero que no se te olvide quién es la dueña aquí".
Laura, con el corazón en la garganta, presionó el botón de enviar. El silencio en la habitación se volvió sofocante mientras esperábamos la reacción de abajo.
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El mensaje fue leído de inmediato. Pasaron un par de minutos eternos en los que aparecía el maldito "Escribiendo..." que me hacía sudar las manos del morbo. Finalmente, llegó una nota de voz de cinco segundos. Le di play de inmediato, pegando el teléfono al oído de ambos.
Audio de Pedro: (Se escuchaba su respiración profunda, pesada, y un ruido de fondo de la biblioteca vacía) Qué pedazo de tetas tiene, señora Laura... Dios mío, están perfectas. Me voy a la mierda de solo ver ese pezón. Con esto me voy a hacer una paja aquí mismo en el baño de la biblioteca pensando en cómo se las voy a chupar la próxima vez que la tenga cerca. Prepárese para mañana.
El audio terminó y Laura soltó un grito ahogado, tapándose la boca con las manos mientras dejaba caer el teléfono sobre la cama. Estaba temblando, completamente abrumada por la crudeza del tipo, pero sus piernas se abrieron de forma instintiva sobre el colchón.
Me abalancé sobre ella como un animal, enterrando mi rostro en sus pechos, mordiéndole los pezones tal como el albañil había dicho que quería hacerlo.
Ángel: (Gimiendo descontrolado, metiendo mi mano entre sus piernas y encontrándola completamente empapada, un mar de deseo) ¡Escuchaste eso, Laura! ¡Se está pajeando abajo pensando en tus tetas! ¡Ese infeliz te quiere poseer por completo y tú te pusiste como loca al oírlo!
Laura: (Gimiendo fuerte, arqueando la espalda mientras yo la penetraba sin piedad) ¡Sí, Ángel! ¡Me volví loca! ¡Me da tanto morbo que me hable así de sucio! Siento que me tiene tomada por completo... ¡Cógeme pensando en que mañana me va a chupar las tetas contra la pared de la biblioteca!
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Esa tarde la Response con una posesión absoluta, sabiendo que el intercambio de mensajes había roto el último puente con la moralidad. Laura ya no era solo mi esposa reservada; ahora era la obsesión de Pedro, y el clímax de esta historia estaba a solo un paso de ocurrir.

2 comentarios - El Peso De Mi Fantasía 5

ZapolioApolo
Amor estoy esperando el final excelentes tus relatos queremos más