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Me hizo la cola una prostituta

Llegué a ese Cabaret en Bahía, Brasil, donde las prostitutas más lindas y desvergonzadas ofrecían sus cuerpos a los turistas sedientos de sexo salvaje. Después de unas copas excesivas, me acerqué a una morena impresionante, con ojos verdes brillantes y un cuerpo escultural que prometía placer sin límites. Sus pechos pequeños pero firmes, su trasero redondeado y su vagina bien formada eran un verdadero espectáculo.
Ella aceptó mi proposición y salimos del local hacia mi habitación en el hotel.
Ya en la habitación, ella comenzó a desvestirse lentamente, mostrándome su cuerpo cada vez más expuesto. Primero se quitó el sujetador, liberando sus pechos diminutos pero perfectamente formados. Luego se despojó de la falda, revelando sus muslos largos y delgados, dejando a la vista su vagina bien cuidada y un culito rosado y firme.
Me invitó a sentarme en la cama mientras ella se ponía en pie y empezaba a bailar sensualmente ante mí, moviendo sus caderas en un ritmo erótico.
Su striptease fue cada vez más provocativo, hasta que finalmente se colocó frente a mí, completamente desnuda. Me miró con ojos seductores y sonrió, mostrando sus dientes blancos y perfectos. Entonces, se acercó lentamente y me dio un beso apasionado, su lengua invadiendo mi boca con audacia.
Después de unos minutos de caricias y besos, me empujó suavemente hacia la cama y me tendió sobre el colchón. Se arrodilló entre mis piernas y comenzó a chupar mi pene con habilidad, su boca caliente y húmeda envolviéndolo por completo.
Luego de un prolongado y disfrutable oral, ella se levantó y se montó sobre mí, posando su sexo sobre la cabeza de mi pene erecto. Comenzó a moverse lentamente, frotando su clítoris contra mi glande y envolviéndose en torno a mi verga con cada embestida. Su tacto era sublime, y pronto me encontré perdido en la sensación de su calor y su flexibilidad.
Cuando ya no podía contenerme más, le pedí que se pusiera de rodillas en cuatro levantando bien el culo. Ella obedeció mientras yo me miraba esa gran escena.
Comencé a acariciar su trasero, explorando cada curva y valle con mis manos temblorosas de excitación. Mi dedo gordo se deslizó entre sus nalgas, tocando su entrada anal y sintiendo cómo se cerraba momentáneamente antes de relajarse bajo mi toque.
De repente, ella se giró hacia mí y me dijo con voz sedosa: "Si quieres, puedes meterla en mi colita". Me quedé aturdido por la propuesta, pero mi cuerpo respondió automáticamente, empujando mi pene hacia atrás sin pensarlo dos veces. Con un gemido de placer, me introduje hasta la empuñadura en su culo apretado y resbaladizo.
Me quedé inmóvil por un momento, permitiendo que mi pene se adaptara a la nueva textura y temperatura de su ano. Era un espacio estrecho y húmedo que se ajustaba a mi grosor, y sentía cada contracción de sus músculos internos rodeándome.
Finalmente, comencé a moverme lentamente, entrando y saliendo de su culo con un ritmo constante. Cada embestida era un poco más profunda que la anterior, y pronto pude sentir que estaba alcanzando profundidades nunca antes exploradas.
Mientras me movía dentro de ella, ella comenzó a masturbarse con su mano libre, frotando su clítoris con un movimiento circular y rápido.
Esa visión de ella masturbándose mientras yo la penetraba por detrás fue demasiado para mí. Empecé a moverme con mayor intensidad, golpeando su punto G con cada embestida. La sensación de estar tan profundo en ella, junto con el sonido húmedo de nuestros cuerpos chocando, me llevó rápidamente al borde del éxtasis por sin logra acabar.
Al ver que no llegaba y ella ya lo había hecho, ambos nos quedamos quietos por un momento, recuperándonos para continuar. Finalmente, ella se deslizó lentamente de debajo de mí, y con un gesto, me indicó que me tumbara de espaldas en la cama.
Se arrodilló a mi lado y comenzó a masajearme, al rato tomo mi culo con sus manos, aplicando presión en mis glúteos y frotando su pulgar sobre mi agujero anal. Un escalofrío recorrió mi espalda al sentir su tacto experto, y tuve que contener un gemido.
Qué lindo culo tienes, ¿quiere que te haga acabar? me preguntó con una sonrisa traviesa, sabiendo exactamente qué efecto estaba teniendo en mí. Asentí con la cabeza, demasiado excitado para articular palabra. Ella sonrió con satisfacción y se inclinó hacia adelante, pasando sus dedos por mi agujero anal con una lentitud tortuosa. Luego, su lengua se deslizó por la misma ruta, rozando mi piel sensible con una ternura que contrastaba con la rudeza de momentos anteriores.
Sus caricias y lamidas fueron aumentando gradualmente, hasta que finalmente se detuvo y me miró con ojos brillantes de lujuria.
Entonces, ella sacó algo de su bolsillo y me mostró una especie de arnes. Voy a ponerme esto, me explicó con un tono de anticipación. Te va a dar una sensación increíble.
Ella se levantó, se apartó de mí brevemente y se dirigió al baño. Al regresar, llevaba un arnés con una gran polla artificial, de unos 20 centímetros de longitud y 5 de diámetro, que se ajustaba perfectamente a su cuerpo. La verga era tan realista que apenas distinguí la diferencia con mi propio miembro.
Acércate y chúpamela, me ordenó con una sonrisa pícara. Sin dudarlo, y completamente caliente, me incliné hacia adelante y comencé a chupar el falso pene con avidez, saboreando la textura fría y suave. Después de unos minutos, ella me pidió que me pusiera de rodillas en cuatro."
Me puse en posición con la respiración agitada, ella acariciándome la cola, me fue introduciendo lentamente la falsa verga dentro de mi cerrado ano. Era un poco más ancha que mi propia verga, lo que requería más de esfuerzo para entrar, pero pronto se ajustó a mi interior y ella comenzó a moverse con facilidad.
Ella Empezó a embestirla con fuerza, penetrándome profundamente con cada estocada. El sonido obsceno de nuestra unión resonaba en la habitación, mezclado con los gemidos de placer de ambos. Pude sentir cómo mi culo se tensaba y relajaba con cada golpe, y cómo su vagina se humedecía aún más por la estimulación del arnés.
Esa verga artificial golpeaba mi punto G con cada embestida, enviándome oleadas de placer a través de todo mi cuerpo. Ella me decía " te gusta esto bebe? que bien te entra!" y yo gritaba y me retorcía de gusto con mis manos aferrándome a la cama mientras me penetraba con frenesí.
No sé cuánto tiempo estuvo dentro de mi culo, pero finalmente alcanzo el clímax, con un orgasmo intenso y prolongado. Mi pared anal se contrajo alrededor de la falsa verga, exprimiéndola con fuerza. Eso fue suficiente para llevarme al límite, y ella, al notarlo, con un último empujón, explotó dentro mío, llenándome en cantidad con un semen artificial.
Luego nos quedamos abrazados en la cama por un rato hasta que me dice "Seguramente fue algo nuevo para vos y veo que lo disfrutaste demasiado. Espero volver a verte y repetirlo". 
Se levantó, se vistió me beso y se fue cerrando la puerta del cuarto.
yo me quede mirándola irse, obnubilado y al cerrarse la puerta me levante, toque mi culo y agachándome lo vi en el espejo, estaba completamente dilatado y chorreando de semen artificial. El culo lo tenia bien abierto, dolorido e hinchado, me latía, pero con un sonrisa me prometí volver a repetir esta experiencia.

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