

Me llamo Valeria, de 24 años, vivía en un humilde inquilinato junto a mi hermana Laura, de 35 años, madre soltera, y su hijo Matias. Siempre había visto a Matias como mi bebé, pero con el tiempo, él creció y se convirtió en un joven tímido, especialmente con las mujeres. Pero se que le gustan las chicas.
Un día, mientras limpiaba bajo su cama, encontré una vieja revista porno con las páginas pegadas, lo que me indicaba que Matias se masturbaba viendo las imágenes.
Un día, al regresar a casa, vi cómo la vecina le daba una bofetada a Matias. Sin dudarlo, fui a defenderlo." "Qué le pasa señora, porque agrede a mi sobrino " Le dije, La intratable y con disgusto, me dijo: "Llévate a ese degenerado, lo encontré espiando por el balcón a mi hija mientras se estaba bañando". Matias, llorando, respondió que había sido sin querer.
Yo le creí a mi sobrino y le dije a la vecina: "Yo le creo a mi sobrino, y si fuese real no tiene derecho de agredirlo" y me lo llevé de ahi.
"Eso no se hace", le dije, "ademas ver a esa gordita no es lo mejor, te dara pesadilas", continue, sacándole una sonrisa a Matias.
Lo consolé, abrazándolo y diciéndole que todo estaría bien. Lo llevé a casa, donde se durmió en mi regazo, y ahí, en ese momento de ternura, sentí una conexión especial con mi sobrino.
Un día, descubrí a Matias revisando el cajón de mi ropa interior, admirando mis prendas, especialmente una diminuta tanga roja. Por la tarde, accidentalmente entré al baño y lo descubrí masturbándose. Solo alcancé a decir: "Matias, no hagas eso", y cerré la puerta, sintiendo cómo mi cuerpo se excitaba al ver su erección.

Otro día, nos quedamos solos. Mientras veíamos una película, Matias me miró el trasero y vi que tenía una erección. Pícara, me acerqué y se lo toqué, diciéndole "Esto es por mí, ¿no?" Matias se sacudió, sorprendido. "Tía, ¿qué estás haciendo?", preguntó, nervioso, y se fue a su habitación. Lo perseguí para pedirle disculpas, sintiendo una mezcla de culpa y excitación.
Entré en la habitación de Matias, disculpándome por mi comportamiento. Él me dijo que nadie lo entendía, y le respondí que yo sí lo entendía.
"Se te notan las ganas de estar con una mujer", le dije, mi voz suave. "Sí, pero ninguna me hace caso", respondió, su voz temblorosa.
"Es porque las chicas de ahora ni saben lo que quieren. Pero tarde o temprano, te llegará una que guste de ti", le dije.
"Pero te olvidas de algo, ¿sabes? Yo también soy una mujer. Y si quieres, yo te haré debutar".
Matias me miró con sus ojos llenos de incredulidad. "No sería lo correcto, Tía .
"Somos un hombre y una mujer", le dije. "Y nadie tiene por qué enterarse", respondí, dándole un tierno beso en su mejilla.
Luego, me levanté y le dije: "Te voy a mostrar algo que te va a gustar". Y comencé a quitarme la ropa, parándome desnuda frente a él. Matias temblaba de excitación, sus ojos fijos en mis tetas y mi vagina.

"Mira, así es una mujer de verdad", le dije, mi voz seductora. "Y yo quiero que tú lo disfrutes".
"Tía, eres muy hermosa", me dijo Matias, sus ojos brillando de admiración. "Gracias, Matias, tú también ya eres todo un hombre", le respondí, acercándome y tocando su erección sobre el pantalón.
"¿Me dejarías esta vez?", le dije, mi voz seductora. Él asintió, y bajé su pantalón, sacando su pija dura. La agarre con una mano, moviéndola arriba y abajo.
"Qué dura está, Mati", le dije, dándole una lamida, luego un beso en la punta, y me la metí en la boca, chupándosela como un helado, lamiendo desde la base a la punta, haciéndolo gemir de placer.
Lo senté en la cama y le tomé las manos, apoyándolas en mis tetas. "¿Te gustan mis tetas?", le pregunté, mi voz suave. "Sí, son perfectas", Tía, respondió, su voz temblorosa.
Luego, tomé una de sus manos y la guié para que me tocara la vagina. "Siente cómo está mojada, ¿ves? Es por ti", le dije, y me senté encima, guiando su pija en mi concha, disfrutando cómo me la abria.

Comencé a cabalgarlo, primero despacio, luego subiendo la intensidad, saltando sobre su pija, mis tetas rebotando, él sosteniendome de la cintura. Ambos gemíamos, disfrutando del placer intenso, hasta que Matias se sacudió. Yo, sintiendo su orgasmo llegar, me levanté, haciendo que terminara sobre mi vagina.
"Así se hace, Mati", le dije, sonriendo. "Tía, eres increíble, te quiero", respondió, abrandome fuerte. Y nos quedamos así por un rato.
Me separé de él y me sequé el semen que tenía. Noté entonces que Matias volvía a tener otra erección. "Ohh, Mati, parece que quieres más", le dije, agarrando su pija y acariciándola.

Luego, me acosté y me abrí de piernas, mostrándole mi vagina. "Ven, penetrame", lo invité.
Matias se acercó y lo hizo, lento al principio, disfrutando, moviéndose suavemente.
"Mati, mi concha es para ti, no te contengas", le dije. Entrando en confianza, comenzó a embestirme con más fuerza, clavandome la pija en la concha, golpeando sus caderas contra las mías, haciéndome gemir. "Eso, Mati, rómpelela concha a tu tía", le dije, excitada.

Él aceleró, luego lo detuve un poquito y me puse en cuatro para el. Me penetró profundo, dándome duro, sus caderas chocando contra mis nalgas, su pija llenándome la concha.
"Avisame cuando estés por acabar", le pedí. Unos momentos después, me dijo que estaba a punto.
"Sácalo", le dije, y lo hice ponerse de pie. Le agarre la pija y lo masturbé para que eyaculara sobre mis tetas, bañándome de semen.
"Muy bien, Mati, así se coje a una mujer", le dije, lamiendo la punta de su pija y saboreando. "Si, tía", respondió, con una sonrisa de alegría.
Le dije a Matias que cuando tuviera ganas, que me lo dijera. "Y si quieres cogerte a la gordita, la hija de la vecina, yo te ayudare", le ofrecí. "No, tía, esa ya no me gusta. Solo tú", respondió, su voz firme.
"Hay, Mati, qué lindo", le dije, emocionada. "Yo estaré encantada de darte placer", le prometí, sabiendo que nuestro vínculo había cambiado para siempre.


3 comentarios - 📑Desvirgue a mi Sobrino