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Mi mejor amiga y yo: la fantasía en el supermercado

Hola a todos. Me dedico a recopilar experiencias íntimas que las personas me cuentan con total confianza, las transformo en relatos y cuido siempre de proteger su privacidad e identidad.Esta es solo una de las 10 historias que forman parte de mi libro completo. Cada una es diferente, intensa y basada en vivencias reales. Espero que la disfruten.---Luna y yo habíamos sido amigas desde la primaria. Recién nos graduábamos de la secundaria y cumplimos los dieciocho años con solo un mes de diferencia. Siempre fuimos inseparables. Luna se veía menos femenina que yo, y con el tiempo esa diferencia se notaba más; pero a mí nunca me importó: era mi amiga, y eso bastaba. O al menos eso creía.Una tarde, como de costumbre, estábamos acostadas en su cama, viendo videos y contestando mensajes. Lo que yo no sabía era que Luna siempre había sentido algo más por mí, pero por respeto a nuestra amistad nunca se había atrevido a decírmelo.Un movimiento brusco hizo que su mano rozara mi pecho. No fue un golpe, solo un roce casi sin querer, pero fue suficiente. El tiempo pareció detenerse. Nos quedamos mirando fijamente. El aire en el cuarto se volvió denso, cargado de una electricidad que ninguna de las dos sabía explicar. Yo no estaba molesta, más bien sorprendida: me asombraba que ese simple contacto hubiera encendido algo en mi interior. Luna, que había deseado esto durante tanto tiempo, solo rogaba por que algo pasara al fin.—¿Te gustó? —susurró con voz apenas audible.—¿Qué… qué estás diciendo? Somos amigas… yo jamás… —balbuceé sin apartar la mirada—. ¿Y a ti… te gustó?Luna tragó saliva; tenía un nudo en la garganta que casi no la dejaba hablar.—Sí, a mí sí. Yo… siempre me ha gustado, ya lo sabes.—No, no lo sabía. Esto es una locura. No voy a decir que me disgustó, pero… somos mejores amigas. Y tú nunca me habías dicho nada.—Precisamente por eso no lo decía. Pero ya basta… Me gustas, me gustas muchísimo. De hecho, creo que estoy enamorada de ti.Y sin esperar más, inclinó la cabeza y posó sus labios sobre los míos. Al principio me quedé tensa por la sorpresa, pero no pude resistirme y terminé entregándome. El beso fue largo y apasionado: Luna me acariciaba el cabello, mientras que yo le sostenía la cara con ambas manos, como para asegurarme de que todo era real.Cuando nos separamos, teníamos los labios hinchados y la respiración acelerada.—Esto cambia todo —dije con voz temblorosa.—Lo sé, pero ya no puedo ocultar lo que siento —respondió ella, volviendo a besarme. Esta vez nos entendimos a la perfección: el beso fue más profundo, más seguro. Esa tarde solo alcanzó para descubrirnos, para darnos muchos besos y despedirnos en silencio, pero con la promesa de que algo nuevo empezaba.A la mañana siguiente, mi celular vibró. Era un mensaje de Luna:> Tengo una fantasía contigo. ¿Me ayudas a cumplirla?Mi corazón se aceleró. ¿Acababa de descubrir que sentía algo más por mi mejor amiga y ya me hablaba de fantasías? Pero la curiosidad fue más fuerte que la duda. ¿Qué tendría en mente?> Está bien, pásame por mi casa —respondí.Enseguida me llegó la respuesta:> Ya estoy afuera.Acababa de levantarme, todavía en pijama. Me puse una blusa cualquiera y una falda larga que me llegaba hasta los tobillos, de esas que solo usaba cuando me tocaba lavar la ropa, y salí corriendo.Luna me llevó hasta el estacionamiento de un supermercado. Se bajó y me extendió la mano con una sonrisa llena de emoción.—¿Aquí? —le pregunté mirando el lugar.—Sí, vamos —me contestó, casi dando saltitos.Ya adentro, tomada de su mano, me llevó rápido hacia uno de los pasillos más solitarios, frente a los estantes de frutas y verduras. Se detuvo, me miró a los ojos y me preguntó:—¿Confías en mí?Asentí con la cabeza. No era miedo ni timidez, solo la sensación de que algo inolvidable estaba a punto de suceder.Luna me apretó la mano y, con una suavidad que no parecía coincidir con la locura del momento, se arrodilló en el suelo frío. Sin dudarlo, metió la cabeza por debajo de mi falda. Mi respiración se agitó de golpe: no sabía si era por estar en un lugar público o por tenerla tan cerca, pero apreté con fuerza la tela entre mis dedos.En ese instante ya no me importó estar parada en medio del pasillo de la tienda. Todo lo demás desapareció; solo existía su cara pegada a mis calzones de encaje, respirando mi olor. Poco después sentí cómo la tela se deslizaba despacio por mis piernas, y no pude evitar soltar un gemido. Enseguida, sus labios se posaron sobre mi clítoris, trazando círculos suaves y constantes.No pude contenerme y solté un grito de placer. Una pareja de ancianos que pasaba cerca se detuvo a mirar; yo solo les devolví una sonrisa nerviosa, incapaz de pedirle que parara. Luna aumentó el ritmo con su lengua, y yo perdí por completo la razón. Se me escapó un grito más fuerte: ya no me importaba si me miraban o quién estuviera cerca.Al mismo tiempo, decidida a terminar lo que había empezado, deslizó dos dedos dentro de mi intimidad, que ya estaba muy húmeda, y los movió con ritmo firme. Con la otra mano me apretó una nalga, hundiendo un poco las uñas en la piel. Sentía que me desmayaba; era demasiado placer para soportarlo. De pronto exploté: tuve que agarrarme fuerte del estante de frutas, arqueé todo el cuerpo hacia adelante y grité con toda la fuerza:—¡Ay, Dios mío!Luna siguió lamiendo como si quisiera recoger hasta la última gota que salía de mí. Me quedé temblando, sin aliento, apoyada en el anaquel, sintiendo cómo todo bajaba por mis piernas y me provocaba escalofríos que me recorrían de pies a cabeza.Al final, se incorporó, se limpió la boca y la cara con el dorso de la mano, me tomó fuerte de la cintura y, sin decir una palabra, salimos corriendo del lugar entre risas y nervios, con el corazón latiéndonos a mil por hora.Ya en el coche, las risas se apagaron y quedó un silencio denso y cargado. Me recosté en el asiento, sintiendo todavía ese cosquilleo en la piel y el recuerdo de lo que acababa de pasar. Luna manejaba mirando al frente, con una sonrisa tranquila.—¿Lo ves? —me dijo sin volverse—. Te dije que podías confiar en mí.No sabía qué responder. Me sentía asustada, pero al mismo tiempo llena de una emoción nueva. Habíamos cruzado una línea sin vuelta atrás: ya no éramos solo mejores amigas, éramos algo más, algo prohibido y excitante que me había hecho gritar en medio de un supermercado.Al llegar a mi casa, me bajé y nos despedimos con un beso corto que prometía más, pero que también dejaba la duda de lo que vendría después.Esa noche, en mi cama, no podía dormir. Una y otra vez pasaba por mi mente cada momento: la tensión en su cuarto, el primer beso, la locura en el pasillo, hasta la mirada de aquellos ancianos. Me di cuenta de que mi vida se había dividido en dos: un antes aburrido y predecible, y un después que olía a frutas, a encaje y al riesgo de perderlo todo.La fantasía ya se había cumplido. Pero ahora la pregunta ya no era si nos atreveríamos a hacerlo, sino cuál sería la siguiente aventura.---Esta es solo una muestra. En mi libro completo encontrarás otras 9 historias igual de intensas, diferentes y basadas en vivencias reales.📩 **Si te gustó y quieres leer el resto, escríbeme por mensaje privado y con gusto te paso toda la información para enviártelo.**¡Gracias por leer y por tu interés!





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