Decadencia
Mamá, aún de rodillas en el centro de la sala, levantó la mirada, primero me vio a mí, atado y con la verga marcándose brutalmente debajo del pantalón, luego miró las cuatro vergas duras y palpitantes que la rodeaban.
Por un segundo vi duda en su mirada, pero la lujuria ya la había vencido. Tragó saliva y se lanzo sobre esos troncos de carne que ya esperaban ansiosos.
Agarró primero la verga de Max, era la más larga y con una cabeza grande. La tomo y paso su lengua desde las bolas hasta la punta haciendo que el inclinara la cabeza hacia atrás dando un suspiro y, sin aviso, se la tragó entera hasta el fondo. Los ruidos que salían de su garganta fueron inmediatos, se estaba ahogando con esa verga.
— ¡Joder! ¡Qué boca tan rica y caliente tiene esta perra! — gemía Max, agarrándola fuerte del cabello —. Trágatela toda!
Mientras lo hacía no dejaba de atender a los demas pues sus manos ya les estaban acariciando las bolas. No se detenía, pasaba de una verga a otra como loca, haciendo garganta profunda como una profesional, le daban arcadas fuertes, el exceso de saliva se salía por los bordes de su boca y los ojos se le llenaron de lágrimas que empezaban a correrle el maquillaje.
De pronto parecío enfrascarse con la verga de Kevin, se la metió completa hasta que sus bolas pegaban en su barbilla y se le marcaba el bulto en la garganta, Kevin le sostuvo la cabeza unos segundos hasta que mamá se soltó para tomar aire y escupir saliva sobre el glande antes de volver a tragársela.
— Mírenla…parece que tenías mucha hambre perrita — gruñía Kevin entre gemidos.
Mamá sacaba la verga solo un segundo para jadear:
— Me encantan sus vergas… son tan ricas y grandes… mucho más gruesas que la de muchos… me están poniendo tan cachonda…
Cuando llegó a la de Marco, la más corta, pero gruesa de todas, tuvo que abrir mucho la boca. Apenas le cabía y el aprovechaba para atragantarla fuerte, ella aguantaba con arcadas ruidosas, pero la seguía forzando hasta que la nariz le tocaba la pelvis, solo para sacarla y pegarle los huevos gordos en la cara de mamá
Marco completamente absorbido por el placer de la boca de mamá solo atinaba a decir:
-Chúpame las bolas, zorra. Eso es… métetelas en la boca, lame todo, perra asquerosa.
La saliva de mamá caía a chorros abundantes. Le escurría por la barbilla, le bañaba las tetas , le corría por el abdomen y llegaba hasta su coño. El suelo alrededor de ella ya estaba echo un charco obsceno.
— ¡Qué puta tan asquerosa! — se reía Braulio —. Mientras mami lo pajeaba esperando su turno de nuevo, me volteo a ver.
—Mira cómo babea parece una perra sedienta. ¿Te gusta que tu mamá sea una guarra, eh?
Yo lo ignore, estaba completamente atonito por lo que veía y mi pantalon iba a reventar.
Mamá, con los ojos llorosos y la cara cada vez más sucia, solo gemía alrededor de las vergas y seguía chupando con más ganas. Les lamía las bolas, les pasaba la lengua por toda la longitud y volvía a metersela, comenzo a intentar meterse dos vergas al mismo tiempo, estirando los labios al máximo.
Los chicos gemían y la insultaban sin parar:
— ¡Sigue asi puta! Chúpala más rico…
— ¡Qué boca tan caliente! Vas a hacer que te llenemos la cara de leche…
— Trágala toda, cerda. Esto es lo que mereces.
Max fue el primero en correrse. La jaló brutalmente del pelo hacia el y comenzó a pajearse freneticamente en su cara y le gritaba:
— ¡Toma, puta! ¡Toma toda mi leche, perra ! ¡Cómetela!
Le soltó chorros espesos y abundantes casi todos dieron en su frente y sus mejillas, salvo uno que mancho su cabello.
Uno por uno fueron descargando sus bolas sobre ella, insultándola mientras gemían de placer:
— ¡Trágatelo todo, cerda!
— ¡Qué puta, dios mio ya te voy a dar mi leche!…
— ¡Ohh si toma, toma, toma zorra!
Cuando terminaron todos guardaron silencio unos segundos recuperando el aliento, sobretodo mamá, que estaba completamente destrozada: cara, cabello, y tetas cubiertos de semen espeso, saliva y sudor. Respiraba agitada, con hilos blancos colgando de su barbilla.
Intentó ponerse de pie pensando que ya había acabado, pero Braulio y Marco la jalaron brutalmente del cabello hacia abajo.
—¡Ey chicos, necesito ir a limpiarme, déjenme!
— Bien perra, nos dejaste sin leche. Buen trabajo… pero no creas que se acabó — dijo Braulio riendo.
Fue al comedor, mientras Marco sostenia del cabello a mamá, Braulio tomó su mochila y sacó 3 objetos: unas bolas anales, un pequeño vibrador y finalmente un pepino enorme, el más grandes que había visto en mi vida.
La cara de mamá se descompuso y se le borro la sonrisa inmediatamente, pues sabia que hacerlos venir no era suficiente y ellos querían seguir jugando...
Mamá, aún de rodillas en el centro de la sala, levantó la mirada, primero me vio a mí, atado y con la verga marcándose brutalmente debajo del pantalón, luego miró las cuatro vergas duras y palpitantes que la rodeaban.
Por un segundo vi duda en su mirada, pero la lujuria ya la había vencido. Tragó saliva y se lanzo sobre esos troncos de carne que ya esperaban ansiosos.
Agarró primero la verga de Max, era la más larga y con una cabeza grande. La tomo y paso su lengua desde las bolas hasta la punta haciendo que el inclinara la cabeza hacia atrás dando un suspiro y, sin aviso, se la tragó entera hasta el fondo. Los ruidos que salían de su garganta fueron inmediatos, se estaba ahogando con esa verga.
— ¡Joder! ¡Qué boca tan rica y caliente tiene esta perra! — gemía Max, agarrándola fuerte del cabello —. Trágatela toda!
Mientras lo hacía no dejaba de atender a los demas pues sus manos ya les estaban acariciando las bolas. No se detenía, pasaba de una verga a otra como loca, haciendo garganta profunda como una profesional, le daban arcadas fuertes, el exceso de saliva se salía por los bordes de su boca y los ojos se le llenaron de lágrimas que empezaban a correrle el maquillaje.
De pronto parecío enfrascarse con la verga de Kevin, se la metió completa hasta que sus bolas pegaban en su barbilla y se le marcaba el bulto en la garganta, Kevin le sostuvo la cabeza unos segundos hasta que mamá se soltó para tomar aire y escupir saliva sobre el glande antes de volver a tragársela.
— Mírenla…parece que tenías mucha hambre perrita — gruñía Kevin entre gemidos.
Mamá sacaba la verga solo un segundo para jadear:
— Me encantan sus vergas… son tan ricas y grandes… mucho más gruesas que la de muchos… me están poniendo tan cachonda…
Cuando llegó a la de Marco, la más corta, pero gruesa de todas, tuvo que abrir mucho la boca. Apenas le cabía y el aprovechaba para atragantarla fuerte, ella aguantaba con arcadas ruidosas, pero la seguía forzando hasta que la nariz le tocaba la pelvis, solo para sacarla y pegarle los huevos gordos en la cara de mamá
Marco completamente absorbido por el placer de la boca de mamá solo atinaba a decir:
-Chúpame las bolas, zorra. Eso es… métetelas en la boca, lame todo, perra asquerosa.
La saliva de mamá caía a chorros abundantes. Le escurría por la barbilla, le bañaba las tetas , le corría por el abdomen y llegaba hasta su coño. El suelo alrededor de ella ya estaba echo un charco obsceno.
— ¡Qué puta tan asquerosa! — se reía Braulio —. Mientras mami lo pajeaba esperando su turno de nuevo, me volteo a ver.
—Mira cómo babea parece una perra sedienta. ¿Te gusta que tu mamá sea una guarra, eh?
Yo lo ignore, estaba completamente atonito por lo que veía y mi pantalon iba a reventar.
Mamá, con los ojos llorosos y la cara cada vez más sucia, solo gemía alrededor de las vergas y seguía chupando con más ganas. Les lamía las bolas, les pasaba la lengua por toda la longitud y volvía a metersela, comenzo a intentar meterse dos vergas al mismo tiempo, estirando los labios al máximo.
Los chicos gemían y la insultaban sin parar:
— ¡Sigue asi puta! Chúpala más rico…
— ¡Qué boca tan caliente! Vas a hacer que te llenemos la cara de leche…
— Trágala toda, cerda. Esto es lo que mereces.
Max fue el primero en correrse. La jaló brutalmente del pelo hacia el y comenzó a pajearse freneticamente en su cara y le gritaba:
— ¡Toma, puta! ¡Toma toda mi leche, perra ! ¡Cómetela!
Le soltó chorros espesos y abundantes casi todos dieron en su frente y sus mejillas, salvo uno que mancho su cabello.
Uno por uno fueron descargando sus bolas sobre ella, insultándola mientras gemían de placer:
— ¡Trágatelo todo, cerda!
— ¡Qué puta, dios mio ya te voy a dar mi leche!…
— ¡Ohh si toma, toma, toma zorra!
Cuando terminaron todos guardaron silencio unos segundos recuperando el aliento, sobretodo mamá, que estaba completamente destrozada: cara, cabello, y tetas cubiertos de semen espeso, saliva y sudor. Respiraba agitada, con hilos blancos colgando de su barbilla.
Intentó ponerse de pie pensando que ya había acabado, pero Braulio y Marco la jalaron brutalmente del cabello hacia abajo.
—¡Ey chicos, necesito ir a limpiarme, déjenme!
— Bien perra, nos dejaste sin leche. Buen trabajo… pero no creas que se acabó — dijo Braulio riendo.
Fue al comedor, mientras Marco sostenia del cabello a mamá, Braulio tomó su mochila y sacó 3 objetos: unas bolas anales, un pequeño vibrador y finalmente un pepino enorme, el más grandes que había visto en mi vida.
La cara de mamá se descompuso y se le borro la sonrisa inmediatamente, pues sabia que hacerlos venir no era suficiente y ellos querían seguir jugando...
0 comentarios - Mamá y sus amigos del Gimnasio | Parte 7