me muero de calor —dije con voz entrecortada—. Voy a cambiarme de ropa . Ya vuelvo, no se vayan a mover de ahí… y no se vayan a ir, ¿eh? Los quiero bien calientes esperándome.
Al llegar a la puerta me giré, les saqué el culo y les regalé una sonrisa bien puta.
Subí al cuarto, me cambié rápido y bajé. Me planté en el umbral de la puerta de la cocina con los brazos estirados, apoyados en los marcos, ofreciéndome completa.
Llevaba una lencería azul infernal: un sostén que apenas sujetaba mis tetas grandes, con dos estrellitas doradas tapando apenas mis pezones duros como piedras. Abajo, una mini tanga ; por delante solo una fina cinta que se perdía entre mis labios hinchados , y por atrás un hilo que desaparecía entre mis nalgas grandes.
—Mmm… ¿Qué tal, chicos? —pregunté con voz sensual, girando despacio—. ¿Les gusta lo que ven?
Julio casi se levanta de la silla, con los ojos desorbitados.
Empecé a caminar alrededor de la mesa , moviendo las caderas y haciendo que mis tetas rebotaran. Pasaba cerca de ellos y les acariciaba los hombros, el cuello y la espalda con las uñas.
—Miren bien este culo… —dije deteniéndome frente a ellos, dándoles la espalda e inclinándome un poco—. Este mismo culo que Julio estuvo apretando hace rato. ¿Quieren ver el hilo metido entre las nalgas? ¿Les gusta ver a la mujer de Germán vestida de puta?
Me giré, les mostré las tetas y apreté mis senos con las manos.
—¿Y estas tetas? ¿Quieren chupármelas? ¿Quieren sacarme los pezones y mamármelos mientras me meten los dedos
Germán sonrió con lujuria y añadió:
—Hazle caso, mi amor. Enséñales a estos dos machos lo puta que puedes llegar a ser.
Después de dar unas tres vueltas alrededor de la mesa, provocándolos, me detuve al lado de Julio. Le agarré el mentón con firmeza, lo miré a los ojos con cara de puta y le metí un beso con lengua bien profundo. Lo besé como una desesperada, chupándole la lengua, mordiéndole los labios y gimiendo bajito en su boca durante más de dos minutos, mientras mi marido nos miraba sentado, sin poder hacer nada.
Cuando por fin separé mi boca de la de Julio, un hilo de saliva nos unió por un segundo.
—Ahora me toca a mí, princesa —reclamó Germán con voz ansiosa.
—Ah-ah… De ninguna manera, señor —le respondí con una sonrisa maliciosa—. De aquí en adelante usted solo va a mirar y a sufrir rico. Siéntate y calladito.
Me puse a bailar de forma bien puta, . Me daba la vuelta, les movía el culo en círculos lentos y provocadores, abriéndome las nalgas con las manos para que vieran el hilo de la tanga perdiéndose entre mis cola . Luego me giraba, agarraba mis tetas grandes y se las acercaba a la cara, casi rozándoles la nariz con mis pezones duros.
Los dos se tocaban la verga por encima del pantalón, acariciándose las pollas duras mientras me devoraban con la mirada.
Sin decir nada, me quité el brasier lentamente, lo hice girar en el aire y se lo tiré a Julio en la cara. Mis tetas grandes saltaron libres, pesadas y con los pezones bien parados.
Seguí bailando, contorneándome , haciendo que mis tetas rebotaran frente a sus caras. Luego, sin dejar de mirarlos, me bajé la mini tanga despacio, la hice pasar por mis muslos y se la tiré a Germán. Me quedé completamente desnuda
Los dos se quedaron mudos, con la boca abierta y la verga a punto de reventarles el pantalón.
—Chicos… vamos a la sala —dije con voz ronca—. Allí vamos a estar más cómodos para lo que viene.
Caminé delante de ellos contoneando exageradamente el culo, sabiendo que me estaban gozando cada paso. Sentía sus miradas clavadas en mi culo grande y mis piernas.
Cuando llegamos a la sala les ordené:
—Tú, Julito, siéntate aquí en el medio del sofá. Y tú, maridito mío, te sientas a la derecha, bien cerquita, para que veas todo lo que le voy a hacer a tu mejor amigo.
Tomé un cojín grande, lo tiré al suelo entre las piernas de Julio y me arrodillé sobre él como una puta obediente. Sin decir una palabra, le bajé el cierre del pantalón, metí la mano y le saqué la verga. Era gruesa, venosa y estaba durísima, palpitando en mi mano con la cabeza hinchada y ya mojada de presemen.
La miré un segundo, mordiéndome el labio, y luego levanté la vista hacia Julio con cara de viciosa.
—Mmm… Julito, qué buena verga —gemí visiblemente excitada, resoplando—. De haber sabido antes que tenías esta pinga gruesa y venosa, ya me la habría estado comiendo hace rato.
. Mi marido ya se había sacado la pija y se tocaba despacio, mirándonos con los ojos vidriosos.
—Es más larga y más gruesa que la tuya, mi amor… Mira nomás qué hermoso ejemplar. Ahora tu mujercita va a disfrutar de esta rica pija .
—A partir de ahora voy a ser la puta de los dos… —dije mirándolos con ojos viciosos—. Y quién sabe… quizás de otros más. Dime, Germancito… ¿Te gustaría que tu mujercita sea una una puta para otros hombres? ¿Te calentaría que me cojan otros
—Sí, me pone muy cachondo —respondió mi marido casi sin aliento, masturbándose sin parar—. Quiero verte cogida por otros, quiero verte convertida en puta.
Finalmente abrí bien la boca y me metí su pija gruesa hasta donde pude, empezando a chuparla con ganas, haciendo ruidos húmedos y obscenos mientras mi marido miraba todo a solo unos centímetros.
—No se imaginan chicos, qué placer siento cuando me tratan como una puta. Sigan así, sigan así, recuerden que soy su puta, su puta insaciable…
Me metí, otra vez, la verga gruesa de Julio hasta el fondo de la garganta y empecé a chuparla con hambre,
Sacaba la verga casi hasta la cabeza hinchada, le daba besitos babosos en el glande y luego volvía a tragármela entera, sintiendo cómo me abría la garganta.
—¿Te gusta verme así, Germán? ¿Verme convertida en una mamadora de vergas ajenas? —pregunté mientras seguía masturbando la pija mojada de Julio con la mano
Sin esperar respuesta, bajé la cabeza y empecé a lamerle los huevos a Julio, metiéndomelos uno por uno en la boca,
Me la volví a meter toda, haciendo gargantas profundas, dejando que la cabeza me golpeara el fondo de la garganta una y otra vez.
Lo miré con ojos de puta y, sin sacar la verga de Julio de mi boca, empecé a masturbar a mi marido con la otra mano, alternando: Me encanta cómo me abre la boca.
Julio me agarró más fuerte del pelo y empezó a cogerme la boca con ganas, empujando las caderas hacia arriba.
—¿Quieres que te acabe en la boca, preguntó Julio entre dientes—. ¿O prefieres que te llene esa cara de puta con mi leche?
Julio empezó a cogerme la boca con más fuerza, agarrándome del pelo con las dos manos Me metía la verga hasta el fondo, golpeándome la garganta sin piedad, mientras yo babeaba como una perra.
—Así, puta… trágatela toda. ¡Qué boca tan caliente y babosa tienes, carajo! —. Te voy a llenar esa garganta de leche
Germán se tocaba la pija rapidísimo al lado mío,
—¡Dale, Julito… ! ¡acabale en la boca a mi mujer! Quiero ver cómo se traga tu semen delante de mí.
Yo solo gemía alrededor de la gruesa verga, con los ojos llorosos, la saliva chorreándome por las tetas Estaba completamente entregada,
De repente Julio se puso más rígido, sus huevos se contrajeron y empezó a gruñir como un salvaje:
—¡Me vengo, puta! ¡Me vengo! ¡Aaaahhh, carajo… tómala toda!
El primer chorro potente me golpeó directo en el fondo de la garganta. Era espeso, caliente y abundante. Intenté tragarlo, pero era demasiado. Sacó la verga de mi boca y siguió corriéndose con fuerza: el segundo, tercer y cuarto chorro me cayeron en plena cara, en los labios, en la nariz, en las mejillas y hasta en un ojo. Sentí cómo me bañaba la cara con su semen espeso y blanco.
—Trágatelo, putita… trágatelo todo —ordenó Julio, todavía temblando.
Sin pensarlo dos veces, abrí la boca, saqué la lengua llena de semen y empecé a tragarlo delante de los dos. El sabor era fuerte, salado y un poco amargo. Tragué una, dos, tres veces, haciendo ruido adrede para que escucharan.
—Mmm… qué rico semen tienes, Julito —gemí con voz afónica, mientras me pasaba los dedos por la cara recogiendo los restos y metiéndolos a la boca.
Germán estaba al borde del colapso.
. El semen me chorreaba por la cara y caía sobre mis tetas. Me pasé la lengua por los labios, recogiendo más, y miré a mi marido con ojos de viciosa:
—¿Te gusta ver a tu esposa con la cara llena de leche ajena, mi amor? ¿Te excita que me haya tragado el semen de tu mejor amigo
Germán solo asintió, masturbándose frenético.
Julio, todavía recuperando el aliento, me miró con una sonrisa satisfecha
Al llegar a la puerta me giré, les saqué el culo y les regalé una sonrisa bien puta.
Subí al cuarto, me cambié rápido y bajé. Me planté en el umbral de la puerta de la cocina con los brazos estirados, apoyados en los marcos, ofreciéndome completa.
Llevaba una lencería azul infernal: un sostén que apenas sujetaba mis tetas grandes, con dos estrellitas doradas tapando apenas mis pezones duros como piedras. Abajo, una mini tanga ; por delante solo una fina cinta que se perdía entre mis labios hinchados , y por atrás un hilo que desaparecía entre mis nalgas grandes.
—Mmm… ¿Qué tal, chicos? —pregunté con voz sensual, girando despacio—. ¿Les gusta lo que ven?
Julio casi se levanta de la silla, con los ojos desorbitados.
Empecé a caminar alrededor de la mesa , moviendo las caderas y haciendo que mis tetas rebotaran. Pasaba cerca de ellos y les acariciaba los hombros, el cuello y la espalda con las uñas.
—Miren bien este culo… —dije deteniéndome frente a ellos, dándoles la espalda e inclinándome un poco—. Este mismo culo que Julio estuvo apretando hace rato. ¿Quieren ver el hilo metido entre las nalgas? ¿Les gusta ver a la mujer de Germán vestida de puta?
Me giré, les mostré las tetas y apreté mis senos con las manos.
—¿Y estas tetas? ¿Quieren chupármelas? ¿Quieren sacarme los pezones y mamármelos mientras me meten los dedos
Germán sonrió con lujuria y añadió:
—Hazle caso, mi amor. Enséñales a estos dos machos lo puta que puedes llegar a ser.
Después de dar unas tres vueltas alrededor de la mesa, provocándolos, me detuve al lado de Julio. Le agarré el mentón con firmeza, lo miré a los ojos con cara de puta y le metí un beso con lengua bien profundo. Lo besé como una desesperada, chupándole la lengua, mordiéndole los labios y gimiendo bajito en su boca durante más de dos minutos, mientras mi marido nos miraba sentado, sin poder hacer nada.
Cuando por fin separé mi boca de la de Julio, un hilo de saliva nos unió por un segundo.
—Ahora me toca a mí, princesa —reclamó Germán con voz ansiosa.
—Ah-ah… De ninguna manera, señor —le respondí con una sonrisa maliciosa—. De aquí en adelante usted solo va a mirar y a sufrir rico. Siéntate y calladito.
Me puse a bailar de forma bien puta, . Me daba la vuelta, les movía el culo en círculos lentos y provocadores, abriéndome las nalgas con las manos para que vieran el hilo de la tanga perdiéndose entre mis cola . Luego me giraba, agarraba mis tetas grandes y se las acercaba a la cara, casi rozándoles la nariz con mis pezones duros.
Los dos se tocaban la verga por encima del pantalón, acariciándose las pollas duras mientras me devoraban con la mirada.
Sin decir nada, me quité el brasier lentamente, lo hice girar en el aire y se lo tiré a Julio en la cara. Mis tetas grandes saltaron libres, pesadas y con los pezones bien parados.
Seguí bailando, contorneándome , haciendo que mis tetas rebotaran frente a sus caras. Luego, sin dejar de mirarlos, me bajé la mini tanga despacio, la hice pasar por mis muslos y se la tiré a Germán. Me quedé completamente desnuda
Los dos se quedaron mudos, con la boca abierta y la verga a punto de reventarles el pantalón.
—Chicos… vamos a la sala —dije con voz ronca—. Allí vamos a estar más cómodos para lo que viene.
Caminé delante de ellos contoneando exageradamente el culo, sabiendo que me estaban gozando cada paso. Sentía sus miradas clavadas en mi culo grande y mis piernas.
Cuando llegamos a la sala les ordené:
—Tú, Julito, siéntate aquí en el medio del sofá. Y tú, maridito mío, te sientas a la derecha, bien cerquita, para que veas todo lo que le voy a hacer a tu mejor amigo.
Tomé un cojín grande, lo tiré al suelo entre las piernas de Julio y me arrodillé sobre él como una puta obediente. Sin decir una palabra, le bajé el cierre del pantalón, metí la mano y le saqué la verga. Era gruesa, venosa y estaba durísima, palpitando en mi mano con la cabeza hinchada y ya mojada de presemen.
La miré un segundo, mordiéndome el labio, y luego levanté la vista hacia Julio con cara de viciosa.
—Mmm… Julito, qué buena verga —gemí visiblemente excitada, resoplando—. De haber sabido antes que tenías esta pinga gruesa y venosa, ya me la habría estado comiendo hace rato.
. Mi marido ya se había sacado la pija y se tocaba despacio, mirándonos con los ojos vidriosos.
—Es más larga y más gruesa que la tuya, mi amor… Mira nomás qué hermoso ejemplar. Ahora tu mujercita va a disfrutar de esta rica pija .
—A partir de ahora voy a ser la puta de los dos… —dije mirándolos con ojos viciosos—. Y quién sabe… quizás de otros más. Dime, Germancito… ¿Te gustaría que tu mujercita sea una una puta para otros hombres? ¿Te calentaría que me cojan otros
—Sí, me pone muy cachondo —respondió mi marido casi sin aliento, masturbándose sin parar—. Quiero verte cogida por otros, quiero verte convertida en puta.
Finalmente abrí bien la boca y me metí su pija gruesa hasta donde pude, empezando a chuparla con ganas, haciendo ruidos húmedos y obscenos mientras mi marido miraba todo a solo unos centímetros.
—No se imaginan chicos, qué placer siento cuando me tratan como una puta. Sigan así, sigan así, recuerden que soy su puta, su puta insaciable…
Me metí, otra vez, la verga gruesa de Julio hasta el fondo de la garganta y empecé a chuparla con hambre,
Sacaba la verga casi hasta la cabeza hinchada, le daba besitos babosos en el glande y luego volvía a tragármela entera, sintiendo cómo me abría la garganta.
—¿Te gusta verme así, Germán? ¿Verme convertida en una mamadora de vergas ajenas? —pregunté mientras seguía masturbando la pija mojada de Julio con la mano
Sin esperar respuesta, bajé la cabeza y empecé a lamerle los huevos a Julio, metiéndomelos uno por uno en la boca,
Me la volví a meter toda, haciendo gargantas profundas, dejando que la cabeza me golpeara el fondo de la garganta una y otra vez.
Lo miré con ojos de puta y, sin sacar la verga de Julio de mi boca, empecé a masturbar a mi marido con la otra mano, alternando: Me encanta cómo me abre la boca.
Julio me agarró más fuerte del pelo y empezó a cogerme la boca con ganas, empujando las caderas hacia arriba.
—¿Quieres que te acabe en la boca, preguntó Julio entre dientes—. ¿O prefieres que te llene esa cara de puta con mi leche?
Julio empezó a cogerme la boca con más fuerza, agarrándome del pelo con las dos manos Me metía la verga hasta el fondo, golpeándome la garganta sin piedad, mientras yo babeaba como una perra.
—Así, puta… trágatela toda. ¡Qué boca tan caliente y babosa tienes, carajo! —. Te voy a llenar esa garganta de leche
Germán se tocaba la pija rapidísimo al lado mío,
—¡Dale, Julito… ! ¡acabale en la boca a mi mujer! Quiero ver cómo se traga tu semen delante de mí.
Yo solo gemía alrededor de la gruesa verga, con los ojos llorosos, la saliva chorreándome por las tetas Estaba completamente entregada,
De repente Julio se puso más rígido, sus huevos se contrajeron y empezó a gruñir como un salvaje:
—¡Me vengo, puta! ¡Me vengo! ¡Aaaahhh, carajo… tómala toda!
El primer chorro potente me golpeó directo en el fondo de la garganta. Era espeso, caliente y abundante. Intenté tragarlo, pero era demasiado. Sacó la verga de mi boca y siguió corriéndose con fuerza: el segundo, tercer y cuarto chorro me cayeron en plena cara, en los labios, en la nariz, en las mejillas y hasta en un ojo. Sentí cómo me bañaba la cara con su semen espeso y blanco.
—Trágatelo, putita… trágatelo todo —ordenó Julio, todavía temblando.
Sin pensarlo dos veces, abrí la boca, saqué la lengua llena de semen y empecé a tragarlo delante de los dos. El sabor era fuerte, salado y un poco amargo. Tragué una, dos, tres veces, haciendo ruido adrede para que escucharan.
—Mmm… qué rico semen tienes, Julito —gemí con voz afónica, mientras me pasaba los dedos por la cara recogiendo los restos y metiéndolos a la boca.
Germán estaba al borde del colapso.
. El semen me chorreaba por la cara y caía sobre mis tetas. Me pasé la lengua por los labios, recogiendo más, y miré a mi marido con ojos de viciosa:
—¿Te gusta ver a tu esposa con la cara llena de leche ajena, mi amor? ¿Te excita que me haya tragado el semen de tu mejor amigo
Germán solo asintió, masturbándose frenético.
Julio, todavía recuperando el aliento, me miró con una sonrisa satisfecha
1 comentarios - Por culpa de mi marido me convertí en una puta 2da parte