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La Noche Que Me Violaron

Holiss, hoy les traje algo distinto, este mini relato no tiene nada que ver con la serie que estoy publicando, es cien por ciento ficticio, solo tenía ganas de hacer algo diferente, espero les guste 😘


La noche estaba fría y húmeda, como siempre a esta hora. Eran casi las dos de la mañana cuando salí de la casa de una amiga del colegio. Habíamos pasado la tarde y parte de la noche viendo series, comiendo pochoclo y chusmeando sobre los pibes del barrio. No pensé que iba a volver tan tarde, pero el colectivo se demoró y al final decidí caminar las cuadras que faltaban. Total, no era tan lejos, ¿qué podía pasar?

Caminaba rápido, con las manos metidas en los bolsillos del buzo, el pelo suelto cayéndome sobre los hombros. Las luces de las calles estaban medio fundidas y había pocos autos. Sentí los pasos atrás mío como a las tres cuadras de una plaza descuidada. Al principio pensé que era paranoia, pero cuando aceleré, ellos también. Eran dos tipos. Uno alto y flaco, con cara de pocos amigos y una campera negra. El otro más fornido, barba crecida, jeans sucios. No dije nada, solo apreté el paso.

—Ey, piba, ¿dónde vas tan sola? —gritó uno.

No contesté. Empecé a correr, pero el flaco me alcanzó rápido y me agarró del brazo con fuerza.

—Soltame, hijo de puta —le dije, tratando de zafarme.

El fornido se rio y me tapó la boca con una mano enorme. Me arrastraron hacia el fondo de la plaza, donde había unos arbustos y un banco roto. Intenté gritar, pero solo salió un sonido ahogado. Me tiraron al piso. La tierra húmeda se me pegó a las medias.

—Mirá lo que tenemos acá —dijo el flaco mientras me subía la falda—. Qué putita vestida para la ocasión.

Les pegué patadas, pero el de barba me dio una cachetada tan fuerte que me zumbó la oreja. Sentí el gusto a sangre en la boca.

—Cállate, pendeja, o te vamos a hacer doler de verdad.

Me arrancaron el buzo corto de un tirón, rompiendo el cierre. La remera se me subió y me dejaron el corpiño al aire. El flaco me apretó las tetas por encima del corpiño mientras el otro me sujetaba las muñecas. Traté de morderme el labio para no llorar, pero las lágrimas ya me corrían por las mejillas.

—Por favor… no… déjenme... —supliqué con voz temblorosa.

—Solo nos vamos a divertir un ratito —respondió el fornido.

Me rompieron la tanga junto con las medias enterizas. Sentí el aire frío en mi concha pelada. El flaco se arrodilló entre mis piernas y me abrió los muslos con fuerza. Me metió dos dedos de golpe, seco, sin saliva ni nada. Dolía como el infierno. Grité y él me dio otro golpe en la cara.

—Está apretadita la conchita de esta puta.

Empezó a mover los dedos adentro mío, brusco, raspándome. Yo apretaba los ojos y trataba de cerrar las piernas, pero el fornido me las mantenía abiertas. Después se bajó los pantalones y sacó la pija dura, gruesa y venosa. Sin decir nada, me la clavó de un solo empujón. Sentí que me partían adentro. Era enorme y me dolía tanto que pensé que me desmayaba.

—Aaahhh… —grité llorando.

Pero él empezó a bombear fuerte, agarrándome de las caderas. Cada embestida era como un puñetazo en la panza. La falda se me había subido toda y las medias se me enredaban en los tobillos. El flaco me sacó el corpiño y me chupeteaba las tetas mientras me apretaba los pezones con saña. Me dolían, se me estaban hinchando.

El fornido me cogía cada vez más rápido, gruñendo como un animal. Yo solo sentía dolor y asco. No había placer, solo lágrimas y el sonido húmedo de su pija entrando y saliendo de mi concha que a pesar de todo se estaba humedeciendo. Al rato se puso más violento, me dio un puñetazo en la panza que me dejó sin aire y se corrió adentro mío. Sentí el chorro caliente llenándome. Cuando salió, me chorreaba por los muslos mezclándose con sangre.

—Te toca, che —le dijo al flaco.

Me dieron vuelta como a un trapo. Me pusieron en cuatro patas sobre la tierra. El flaco me escupió en el culo y me metió un dedo en el orto sin aviso. Grité de nuevo.

—No… ahí no… por favor…

Pero no les importó. El flaco se puso atrás y empujó su pija contra mi culo virgen. Era más delgada que la del otro, pero igual me dolió como si me estuvieran desgarrando. Entró despacio al principio, después de un empujón fuerte que me hizo ver estrellas. Empezó a cogerme el culo con ritmo, agarrándome del pelo como riendas. Cada vez que me embestía, me golpeaba las nalgas con la panza. El fornido se puso adelante y me metió la pija en la boca.

—Chupá, putita.

Me la metía hasta la garganta. Yo me ahogaba, vomitaba saliva y lágrimas. Me cogían por los dos lados al mismo tiempo. El dolor en el culo era insoportable, sentía que me quemaba por dentro. El flaco me daba cachetadas en las tetas mientras me rompía el orto. El fornido me cogía la boca tan profundo que me costaba respirar.

—Mirá cómo traga verga esta pendeja —decía riéndose.

Cambaron de posición varias veces. Me pusieron de lado, el fornido me levantó una pierna y me volvió a coger la concha mientras el flaco me metía los dedos en el culo. Después me sentaron encima del fornido, que me clavó la pija en la concha otra vez. El flaco se arrodilló atrás y me penetró el orto al mismo tiempo. Doble penetración. Sentía las dos pijas rozándose adentro mío a través de la pared fina. Era un dolor tan intenso que me desmayé por unos segundos.

Cuando volví en mí, seguían. Me golpeaban las tetas, me tiraban del pelo, me escupían en la cara. El fornido me apretaba el cuello mientras me cogía. Pensé que me iba a matar.

—Te vamos a llenar toda, trolita.

Se corrieron casi al mismo tiempo. Uno en mi concha, el otro en el orto. Sentí cómo me inundaban por dentro. Cuando terminaron, me tiraron al piso como un trapo usado. Estaba llena de semen, sangre, tierra y saliva. La tanga rota a un lado, las medias enterizas corridas y rotas, la falda hecha un bollo, la remera y el corpiño tirados lejos. El buzo corto manchado de barro.

Me quedé ahí tirada, temblando, mientras ellos se subían los pantalones.

—Si contás algo, volvemos y te matamos, ¿entendiste? —me amenazó el flaco dándome una patada en las costillas.

Se fueron riendo. Yo me quedé un rato largo sin poder moverme, pero con un sollozo mudo. El dolor en la concha y en el culo era constante, punzante. Me dolían las tetas, la cara hinchada de los golpes. Lentamente me acomode la falda y la remera como pude, dejando el buzo, las medias y la tanga rota ahí, aunque todo estaba mojado y sucio. Me vestí temblando y caminé a casa como pude, con el semen chorreándome por las piernas.

Llegué a mi habitación sin que mi vieja se despertara. Me metí en la ducha y me oville bajo el agua caliente llorando por todo lo que había vivido.

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Espero que les haya gustado este minirelato, tal vez de vez en cuando suba alguno cuando tenga ideas sueltas. Déjenme comentarios con sus opiniones. Ojalá lo disfruten papis 😘🖤
A la noche siguiente capitulo de la serie.

1 comentarios - La Noche Que Me Violaron

Metalkass2
Esta muy bueno 👌🏻, esperamos la parte 18 de la otra historia