Esto me pasó hace unos meses. Estoy en el internado de medicina y, sin duda, esa etapa me cambió, me marcó y me incentivó a hacer cosas más fuertes, experiencias más fuertes y más calientes. Vivía con mi mamá. Mis padres como saben están separados, así que los fines de semana me quedaba con papá y entre semana con mamá. Ella trabajaba todo el día y llegaba como a las 8:00 de la noche. Yo salía temprano a la universidad y pasaba todo el día en mi internado entre guardias y cosas de la escuela. Llegaba a casa entre las 3 o 4 de la tarde, y algunos días a las 7 u 8. Depende de mis guardias o a veces me tocaba quedarme a dormir en el hospital.
Una tarde, después de clase, se me hizo tarde. Todos los micros pasaban llenos y, como vivo en una zona alejada, los que hacían mi ruta eran más escasos. Mi solución fue pedir un moto taxi, ahorita que están de moda. Entré a la app, hice la solicitud y, a los pocos minutos, me aceptaron. Jorge Luis, con una moto negra, vendría a buscarme. Hasta ahí todo normal. Yo regresaba de una exposición en la escuela por lo que traía un conjunto blanco ajustado que la verdad se metía un poquito entre mis pompis así que lo tenía que usar con tanga para evitar que se marcara pero me encantaba usarlo porque hacía lucir muy bien mi culito y me gusta que me lo voltee a ver.

No estaba muy lejos, así que no tardó mucho. Cuando llegó, era un hombre alto, como de 1,90 y unos 36 años, moreno oscuro, musculoso, con barba.
—Buenas tardes, señorita Daniela —dijo con una voz ni grave ni aguda, pero con un tono muy lindo.
Al saludarme noté un acento que no era de México. Ese tono me tenía la cabeza vuelta. “Venezolano o colombiano”, pensé mientras subía a la moto, se escuchaba muy sensual jajaja.
Me subí, me apoyé en su hombro para alcanzar el asiento y el viaje comenzó. Nos quedaba un buen trecho hasta casa, así que me sostuve de su cintura. Él traía un pantalón jean algo sucio por el trabajo y una playera roja con negro.
Durante el camino buscó charla. Hablamos del clima, del tráfico y de cómo estaba el día. Yo no me atreví a preguntarle de dónde era; me daba vergüenza. Suena ilógico, pero así soy.
Todavía quedaban varios kilómetros. Cada bache, cada tope y hasta la vibración del motor la sentía directamente en la vagina. Las mujeres sabemos lo que conlleva andar en moto… esa vibración constante que te va mojando sin que quieras jajaja, la moto te va estimulando muy rico como si te ayudara darte placer.
Era bueno conduciendo. A veces me daba miedo y me aferraba con fuerza a él cuando pasaba entre los autos o aceleraba. Estábamos a unas cuadras de mi casa y a veces sentía que me hablaba, pero por el ruido de los autos y la moto no lograba escucharlo.
Llegamos a mi calle, una calle de tierra pero bonita y algo poco iluminada.
—Buenito, señorita, hemos llegado —dijo con tono amigable y ese acento cantado que tienen los venezolanos.
—Muchas gracias. Lo hicimos rápido, había mucho tráfico —dije riendo.
—Jeje, sí, la verdad que sí —respondió—. Son 94 pesos. ¿Efectivo ?
—Efectivo, porfis —dije con voz suave y femenina mientras abría la mochila buscando mi carterón.
Saqué el efectivo y se lo pagué. Él estaba buscando para darme cambio y yo le dije que estaba bien, que lo dejara así.
—Muchas gracias, vale. Que tenga una linda noche. Hasta luego.
—Hasta luego, señor —respondí sonriendo coquetamente.
Me despedí y fui a abrir la reja de la casa. Él seguía allí, esperando a que entrara… o mirándome el culo y la verdad que no me molestaba así que agarré y me saqué la tanguita de mi culito sobre del pantalón para darle un pequeño espectáculo aparte la tanguita ya estaba hasta lo más profundo jajaja. Entré y me volví a despedir desde adentro después de darle tremenda vista de mi sacándome la tanga. Vi cómo encendía la moto y se iba. Cerré la puerta, dejé mis cosas tiradas y me di cuenta de que estaba más caliente que cansada.
Durante el viaje había sentido su olor a perfume barato y sudor, y por alguna extraña razón me prendía. Solo imaginaba cochinadas.
Fui a mi habitación y empecé a desvestirme. La ropa estaba sudada y sucia por todo el día. Cuando me bajé el pantalón y quedé en tanga, me di cuenta de lo mojada que estaba. No sabía si era por la moto, por él o por las dos cosas.
Me recosté y empecé a tocarme por encima del calzón. Estaba buscando algo en internet para masturbarme cuando me llegó una notificación de un número desconocido.

**Número desconocido:**
Buenas noches, mi jefa. Soy el chamo de la moto. ¿Llegó fina? Cualquier cosita me pega un grito, quedo a la orden.
Al leerlo frené en seco. Me dio un calor en la cara y el corazón se me aceleró. Más adelante sabrán por qué.
*Dani:**
Holiii, síii llegué bien, gracias. Claro, cualquier cosita le hablo. ¿Usted cómo está?
**Número desconocido:**
Super bien, jefa. Llegando a mi parada. Me tocó un pedido por su zona después de que la dejé.
**Dani:**
Qué super, me alegro mucho. Disculpe, ¿su nombre era…?
**Número desconocido:**
Jorge. Jorge Luis Guevara, para servirle.
**Dani:**
Qué lindo nombre. Disculpe, usted no es de acá, ¿cierto? Perdón, es que me dio vergüenza preguntarle.
**Número desconocido:**
Nooo, qué va, jefa. Su nombre es más lindo que el mío. Soy venezolano. Hace unos años que estoy en México y me ha gustado mucho.
**Dani:**
Ay, gracias me sonrojo jaja. Algo me decía que era venezolano, pero me daba cosa equivocarme. Me alegro mucho de que le haya gustado México.
**Número desconocido:**
He estado en Cancún y luego me vine a CDMX.
Sin pensarlo, la charla seguía y seguía. No sé en qué momento estuve hablando con él. Hasta ahí nada malo. Dejé de masturbarme para responder, pero lo hacía semi desnuda, con las piernas abiertas y el calzón para un lado con mi vagina a la vista para recibir verga.
**Dani:**
Qué lindo. ¿Y qué tal CDMX?
**Número desconocido:**
Muy lindo, me encantó, mami… y aún más las mujeres tan lindas como usted.
**Dani:**
Ay, qué cosas dice jeje. Pues gracias me sonrojó bastante.
Aquel comentario, más que sonrojarme, me calentó. Me daban ganas de responderle que él era un flaco delicioso y que tenía ganas de que me llenara de semen.
Lo agendé como “Jorge Luis uber”. Las charlas se volvieron más frecuentes. Yo estaba casi al pendiente de si escribía para responderle. Le preguntaba cómo estaba y qué tal el día. Fuimos haciendo un vínculo de amistad que pronto llegaría a ser otra cosa.
Había veces que me recogía de clases, íbamos a comer o me llevaba a casa. Incluso lo acompañaba a hacer pedidos: yo me ponía la mochila y un casco para no revelar mi identidad claramente. Las charlas eran cada vez más profundas y con doble sentido.
Una vez me enseñó a manejar moto, pero más que enseñar fue un arrimón de verga. Nos fuimos a un área remota de la ciudad donde no había muchos carros. En una calle que se estaba pavimentando me enseñó. Me senté adelante y él atrás. Me indicaba los cambios y él sostenía el manubrio. Aceleraba bruscamente y frenaba peor. Los cambios los metía mal y se me apagaba la moto… todo un desastre. Pero lo tenía atrás mío, empujándome la verga. La podía sentir medio dura rozando mi culo cada vez que la moto se movía. Yo no decía nada. No me molestaba. Me gustaba. Y creo que él lo sabía. Al final ya teníamos confianza.
Yo me escapaba de casa con el pretexto de ir a estudiar y hasta perdía clases solo por salir a dar una vuelta con él. La verdad me gustaba y no sólo para algo casual.
Una noche salí de clases. Justo él pasó a recogerme y le pedí si podía pasar a comprar cena para llevar a mi casa. Fuimos a comprar sushi (mi favorito) y nos dirigimos a mi casa.
Al llegar me despedí con un beso en la mejilla bastante tierno.
—Chau, Jorge. Cuídate
—Chau, mi reina. Tú también.
Me esperó mientras buscaba la llave. Abrí la reja y entré. Desde adentro me volví a despedir. Entré a la casa y me pareció raro que no hubiera luces encendidas. Mamá siempre enciende las del patio o está en la sala. Era temprano para que se hubiera dormido. Le escribí por WhatsApp.
**Dani:**
Mami, ya llegué a casa. ¿Dónde estás?
Tardó unos minutos en responder.
**Mamá:**
Hola, hijita. No, mami, no llegué a casa. Me olvidé de escribirte. Voy a llegar tarde. Duerme tranquila. Voy a estar fuera. Después me voy para la casa. Te amo. De seguro se la estaban echando jajaja así que no interrumpí más.
**Dani:**
Bueno, mami, está bien. Cuídate, ¿sí? Avísame cuando vengas por si estoy despierta.
**Mamá:**
Ya, hijita. Duérmete nomás. Fíjate que esté el gas cerrado y cerrá bien la puerta. Nos vemos mañana por las respuestas era obvio que estaba de calenturienta.
Como sea, yo tenía la casa sola. Normalmente cuando tengo casa sola me toco como piano embrujado jajaja ya casi no invito a nadie a mi casa y desde que mi vecino se fue ya no tengo verga disponible diario… pero esta vez se me ocurrió algo mejor.
**Dani:**
Holi, Jorge. ¿Cómo estás?
No tardó mucho en responder.
**Jorge Luis:**
Hola, mi reina. Aquí chambeando. ¿Y tú? Estoy dejando un pasajero.
**Jessica:**
En casita. Quería pedirte un favor. ¿Será que me puedes traer una bebida? Porfis, Coca-Cola.
**Jorge Luis:**
Claro que sí, mami. Ya te lo llevo.
Tardó unos 20 minutos en llegar. Mientras tanto yo me había cambiado y me puse ropa más de casa: un shorts de licra delgada que quedaba justo, y arriba una sudadera con sólo bra abajo y un chongo en el cabello.

Sonó la bocina. Era él.
Salí apresurada con la llave y el dinero en la mano.
—Holiii —le dije mientras abría la reja—. Perdón por molestar, me había olvidado lo más importante jaja.
—Jajja, qué onda, mami. Tranquila, para esto estoy. Aquí está tu soda.
—Muchas gracias, chamo jaja —le dije riéndome—. Oye, ¿qué harás ahora?
—Iba a ir a la parada a ver si me salen unas carreras más y luego para la casa. ¿Por qué, mami?
—Es que me preguntaba si te gustaría quedarte un rato. No sé… para que charlemos o no sé —dije tímidamente conocernos.
—Claro, mami, con gusto. Pero ¿tu mamá no se va a enojar?
—Tranquilo, mi mamá no se enoja. Ven, pasa —le dije, invitándolo y abriendo el portón. Él metió su moto. Mientras caminábamos sentía su mirada encima de mí, desnudándome con los ojos.
Pasamos a la casa y se sentó en la mesa. Yo saqué dos vasos y serví refresco mientras hablábamos.
—Naguara, mami, qué linda casa.
—Gracias jajaj, no es para tanto. ¿Qué tal estuvo el día?
—Estuvo movido. Hubo buenas carreras. ¿Y tú? ¿Cómo te fue en la Universidad?
—Me fue bien. Algo cansada, pero todo estuvo bueno.
La charla continuó, cada vez yendo más a lo privado.
—Mami, ¿ese de allá es tu cuarto?
—Sí, es mi cuarto.
—¿Me lo enseñas?
—Ya, ¿y el cuarto? Jajajaja —bromeé con doble sentido.
Él se rio también.
—Diablo, mami… también si tú quieres yo gutoso jajaja.
Me levanté y él me siguió.
—Está algo desordenado, no le des mucha importancia.
Entré, encendí la luz y rápidamente escondí mi ropa íntima que tengo la costumbre de dejar a la vista todas mis tangas tanto limpias como sucias.
—Tranquila, mami. Ni que fuera la primera vez que veo unas jajaja. Tenés un cuarto lindo, lindo.
Miró cada rincón, analizando a su manera. Donde más se detenía era en mi ropa sucia y ropa interior.
—¿Tu mamá no se va a enojar?
—¿Mi mamá? Nop. Salió y no sé cuándo llega.
Sus ojos se iluminaron como cuando el lobo mira a su presa.
—Ah, bueno… eso está bien, jeje.
—Sip.
La tensión era demasiado. Yo lo quería y él también.
Seguimos hablando cuando, en una de esas…
—Tu habitación es grande.
—Sí, la verdad que sí.
—Pero, ¿sabés cuál es más grande?
No pensé que me iba a tirar su típico chiste.
—Nop. ¿Cuál?
—Eeeeeeeestaaaaaaa —dijo agarrándose la verga y riéndose.
—Ja ja ja, sí, cómo no. No creo.
—Te asustarías si te lo muestro.
—No te atreves —dije en tono retador.
—Si la saco, ¿me la chupás? —dijo directamente.
No era la primera vez que me decían algo así. El mismo chiste venía hace tiempo, solo que esta vez sería diferente la verdad si quería verla y también chuparla.
—No la vas a sacar, te conozco —dije segura.
Él hizo el movimiento de desabrochar el pantalón. Yo esperaba que solo fuera un amague… pero esta vez no lo fue.
Se desabrochó el pantalón y lo bajó junto con el bóxer, dejando caer una verga negra, peluda, grande y gorda, con dos huevos medianos colgando. La cabeza ya brillaba un poco de precum.
—Ay, carajo… —respondí—. Sí lo hiciste…
No podía sacar la vista de aquel tremendo semental. La verdad es que me prendió y me sorprendió. Mi conchita dio un pequeño espasmo solo de verlo se calentó.
—Yo ya cumplí. Ahora te toca a vos cumplir.
—¿Yo qué?
—Chupala. Te dije que si me la sacaba me la chupabas. Ahora vení, perrita.
Me agarró de la mano y la puso en su verga. Sentirla fue una sensación increíble: la textura caliente, las venas gruesas, ese pedazo de carne pesada y viva. Me tenía la conchita empapada.
La agarré con las dos manos y la moví hacia dentro y fuera. Nos besamos mientras yo le tocaba la verga. Un beso sucio, profundo, con lengua. Podía sentir su saliva, su aliento a cigarro barato y algo dulce. No podía creer lo que estaba pasando.
Me agarró del pelo y me hizo agacharme. Al estar cerca de su verga, al tenerla de frente a centímetros de mi boca, sentí el olor fuerte a sudor, a bolas, a hombre que había estado trabajando todo el día. Aquel aroma me puso como puta instantáneamente.
Abrí la boca y la metí. Ya estaba medio dura, pero no del todo. Empecé a chupársela hasta el fondo, atragantándome, haciendo ruidos húmedos “gluck… gluck…”. Escupí sobre ella para que resbalara mejor y seguí bajando. Le besaba la cabeza, lamía por debajo y en cada chupada lo miraba a los ojos. Podía verlo con su camiseta de Uber puesta. Me estaba atragantando con la verga de un moto taxista venezolano en mi propio cuarto.


Se la chupé por un buen rato hasta que quedó completamente dura, brillante de saliva y lista para que me la metiera. Aunque tenía miedo, estaba preparada: ya había lidiado con vergas de ese tamaño y hasta me han dado por el culito y obviamente si termino bien abierta adolorida y rosada pero me gusta.
Me levantó y me empujó hacia la cama. Me puse en cuatro, todavía con el shorts puesto, el culito empinado y la espalda arqueada como perra en celo. Sentí cómo ese hombre me agarraba de la cintura con manos grandes y callosas y me bajaba el shorts hasta las rodillas, dejándome el culo al descubierto. Así me daba mucho morbo
—Ufff, mami… qué culo más rico tenés —gruñó mientras me pasaba los dedos desde el culo hasta mi conchita empapada—. ¿Estás mojadita, eh, perra? —dijo seguido de una nalgada fuerte que hizo temblar todo mi culo y me arrancó un gemido.
—Metémela, porfavor, papi… culéame duro —supliqué, moviendo el culo hacia atrás.
—¿Querés pija? ¿Será que te entra toda esta verga negra?
—Averigüemos —dije en tono retador, mirándolo por encima del hombro mientras me picaba mi vagina para lubricar más.
Me agarró del culo, me abrió las nalgas con los pulgares y puso su pija dura y palpitante entre ambas. Escupió directamente sobre mi conchita y me la refregó por todo el culo, por mis labios hinchados, por el clítoris, haciéndome pedir a gritos que me la metiera. De pronto sentí cómo la sacaba y la ponía en la entrada de mi conchita. Empujó de un solo saque hasta el fondo, abriéndome de golpe.
—¡Ahhhhhhh! ¡Mmmmmm… mierda, está muy grande! —exclamé excitada entre suspiros y quejidos. Sentí cómo me estiraba, cómo mi conchita se abría alrededor de esa verga gruesa, el roce de las venas, la cabeza golpeando contra mi fondo y me sentía muy llena.
—¿Ahora sí me creés, puta? —me dijo, haciendo referencia a cuando yo le decía que no creería que estuviera tan grande. Empezó a moverse: metía y sacaba con fuerza, a veces sacándola casi toda y volviéndola a clavar hasta el fondo. Sus huevos pesados chocaban contra mi conchita, su pelvis golpeaba mi culo con sonidos húmedos y obscenos que resonaban en toda la casa. Mi conchita mojada siendo destrozada y abierta por una verga venezolana…

Me sostuvo del pelo con una mano y me cogió con violencia, tirando de mí hacia atrás cada vez que embestía. También me sujetaba del culo con la otra mano y me la plantaba hasta el fondo, haciéndome gemir como puta barata.

Después de un rato en cuatro recibiendo pija violentamente, no aguanté más. Me corrí fuerte, con espasmos. Salió un chorro enorme que me corrió por las piernas, pero él seguía duro y yo quería más.
Me volteó, me sacó completamente el shorts y abrió mis piernas de par en par. Él aún con su camiseta de Uber pero sin pantalón. Pude ver su verga negra y gorda brillando de mis jugos entrando poco a poco en mi conchita mientras yo me masturbaba y tocaba el clítoris con la mano.
Las embestidas eran rudas y fuertes. Me sostuvo las piernas con sus manos grandes, abriéndome del todo, casi hasta los hombros. Me escupió en la cara y en la boca, me besó apasionadamente mientras me follaba, me mordía los pezones con fuerza mientras me culeaba duro. Cada mordida me hacía contraer la conchita alrededor de su verga.


Me volví a correr. No pude aguantar y tiré chorros otra vez, empapando su pelvis y las sábanas. Excitada total. La violencia, sumada a su verga gruesa y su forma de cogerme y hablarme, era lo más top.
Se recostó en la cama y yo, con las piernas temblando y la cara roja, me subí encima de él. Lo abracé por detrás de la cabeza mientras él me la metía. Nos besábamos con lengua y le gemía al oído.
—Sí, papi… sí, porfavor, no pares… mmmmmm —exclamaba como toda una puta, moviendo las caderas mientras lo montaba.
—Dame más, dame más… así, papi —gemía, apretando mi conchita alrededor de su verga.

—¿Te gusta, puta? Se nota que querés pija. Tu culito está rico, mami —gruñó él, dándome nalgadas mientras yo rebotaba.
—¿Querés que te dé en el culo?
—Sí, papi… metémela. Donde tú quieras —le respondí sin pensarlo.
Me bajé de él y me recosté en la cama, mirando hacia abajo, con el culito levantado por una almohada. Sentí cómo metía sus dedos grandes y gruesos en mi culo: primero uno, bien lubricado con mi propia saliva y jugos, luego dos. Me abrió despacio, preparándome. Hasta que sentí su cabeza gruesa en la entrada y luego una presión inmensa. Estaba completamente mojada y abierta. Me fue abriendo el culo poco a poco. Sentía cómo su verga seguía entrando y no dejaba de entrar, estirándome, quemando rico.
Una tarde, después de clase, se me hizo tarde. Todos los micros pasaban llenos y, como vivo en una zona alejada, los que hacían mi ruta eran más escasos. Mi solución fue pedir un moto taxi, ahorita que están de moda. Entré a la app, hice la solicitud y, a los pocos minutos, me aceptaron. Jorge Luis, con una moto negra, vendría a buscarme. Hasta ahí todo normal. Yo regresaba de una exposición en la escuela por lo que traía un conjunto blanco ajustado que la verdad se metía un poquito entre mis pompis así que lo tenía que usar con tanga para evitar que se marcara pero me encantaba usarlo porque hacía lucir muy bien mi culito y me gusta que me lo voltee a ver.

No estaba muy lejos, así que no tardó mucho. Cuando llegó, era un hombre alto, como de 1,90 y unos 36 años, moreno oscuro, musculoso, con barba.
—Buenas tardes, señorita Daniela —dijo con una voz ni grave ni aguda, pero con un tono muy lindo.
Al saludarme noté un acento que no era de México. Ese tono me tenía la cabeza vuelta. “Venezolano o colombiano”, pensé mientras subía a la moto, se escuchaba muy sensual jajaja.
Me subí, me apoyé en su hombro para alcanzar el asiento y el viaje comenzó. Nos quedaba un buen trecho hasta casa, así que me sostuve de su cintura. Él traía un pantalón jean algo sucio por el trabajo y una playera roja con negro.
Durante el camino buscó charla. Hablamos del clima, del tráfico y de cómo estaba el día. Yo no me atreví a preguntarle de dónde era; me daba vergüenza. Suena ilógico, pero así soy.
Todavía quedaban varios kilómetros. Cada bache, cada tope y hasta la vibración del motor la sentía directamente en la vagina. Las mujeres sabemos lo que conlleva andar en moto… esa vibración constante que te va mojando sin que quieras jajaja, la moto te va estimulando muy rico como si te ayudara darte placer.
Era bueno conduciendo. A veces me daba miedo y me aferraba con fuerza a él cuando pasaba entre los autos o aceleraba. Estábamos a unas cuadras de mi casa y a veces sentía que me hablaba, pero por el ruido de los autos y la moto no lograba escucharlo.
Llegamos a mi calle, una calle de tierra pero bonita y algo poco iluminada.
—Buenito, señorita, hemos llegado —dijo con tono amigable y ese acento cantado que tienen los venezolanos.
—Muchas gracias. Lo hicimos rápido, había mucho tráfico —dije riendo.
—Jeje, sí, la verdad que sí —respondió—. Son 94 pesos. ¿Efectivo ?
—Efectivo, porfis —dije con voz suave y femenina mientras abría la mochila buscando mi carterón.
Saqué el efectivo y se lo pagué. Él estaba buscando para darme cambio y yo le dije que estaba bien, que lo dejara así.
—Muchas gracias, vale. Que tenga una linda noche. Hasta luego.
—Hasta luego, señor —respondí sonriendo coquetamente.
Me despedí y fui a abrir la reja de la casa. Él seguía allí, esperando a que entrara… o mirándome el culo y la verdad que no me molestaba así que agarré y me saqué la tanguita de mi culito sobre del pantalón para darle un pequeño espectáculo aparte la tanguita ya estaba hasta lo más profundo jajaja. Entré y me volví a despedir desde adentro después de darle tremenda vista de mi sacándome la tanga. Vi cómo encendía la moto y se iba. Cerré la puerta, dejé mis cosas tiradas y me di cuenta de que estaba más caliente que cansada.
Durante el viaje había sentido su olor a perfume barato y sudor, y por alguna extraña razón me prendía. Solo imaginaba cochinadas.
Fui a mi habitación y empecé a desvestirme. La ropa estaba sudada y sucia por todo el día. Cuando me bajé el pantalón y quedé en tanga, me di cuenta de lo mojada que estaba. No sabía si era por la moto, por él o por las dos cosas.
Me recosté y empecé a tocarme por encima del calzón. Estaba buscando algo en internet para masturbarme cuando me llegó una notificación de un número desconocido.

**Número desconocido:**
Buenas noches, mi jefa. Soy el chamo de la moto. ¿Llegó fina? Cualquier cosita me pega un grito, quedo a la orden.
Al leerlo frené en seco. Me dio un calor en la cara y el corazón se me aceleró. Más adelante sabrán por qué.
*Dani:**
Holiii, síii llegué bien, gracias. Claro, cualquier cosita le hablo. ¿Usted cómo está?
**Número desconocido:**
Super bien, jefa. Llegando a mi parada. Me tocó un pedido por su zona después de que la dejé.
**Dani:**
Qué super, me alegro mucho. Disculpe, ¿su nombre era…?
**Número desconocido:**
Jorge. Jorge Luis Guevara, para servirle.
**Dani:**
Qué lindo nombre. Disculpe, usted no es de acá, ¿cierto? Perdón, es que me dio vergüenza preguntarle.
**Número desconocido:**
Nooo, qué va, jefa. Su nombre es más lindo que el mío. Soy venezolano. Hace unos años que estoy en México y me ha gustado mucho.
**Dani:**
Ay, gracias me sonrojo jaja. Algo me decía que era venezolano, pero me daba cosa equivocarme. Me alegro mucho de que le haya gustado México.
**Número desconocido:**
He estado en Cancún y luego me vine a CDMX.
Sin pensarlo, la charla seguía y seguía. No sé en qué momento estuve hablando con él. Hasta ahí nada malo. Dejé de masturbarme para responder, pero lo hacía semi desnuda, con las piernas abiertas y el calzón para un lado con mi vagina a la vista para recibir verga.
**Dani:**
Qué lindo. ¿Y qué tal CDMX?
**Número desconocido:**
Muy lindo, me encantó, mami… y aún más las mujeres tan lindas como usted.
**Dani:**
Ay, qué cosas dice jeje. Pues gracias me sonrojó bastante.
Aquel comentario, más que sonrojarme, me calentó. Me daban ganas de responderle que él era un flaco delicioso y que tenía ganas de que me llenara de semen.
Lo agendé como “Jorge Luis uber”. Las charlas se volvieron más frecuentes. Yo estaba casi al pendiente de si escribía para responderle. Le preguntaba cómo estaba y qué tal el día. Fuimos haciendo un vínculo de amistad que pronto llegaría a ser otra cosa.
Había veces que me recogía de clases, íbamos a comer o me llevaba a casa. Incluso lo acompañaba a hacer pedidos: yo me ponía la mochila y un casco para no revelar mi identidad claramente. Las charlas eran cada vez más profundas y con doble sentido.
Una vez me enseñó a manejar moto, pero más que enseñar fue un arrimón de verga. Nos fuimos a un área remota de la ciudad donde no había muchos carros. En una calle que se estaba pavimentando me enseñó. Me senté adelante y él atrás. Me indicaba los cambios y él sostenía el manubrio. Aceleraba bruscamente y frenaba peor. Los cambios los metía mal y se me apagaba la moto… todo un desastre. Pero lo tenía atrás mío, empujándome la verga. La podía sentir medio dura rozando mi culo cada vez que la moto se movía. Yo no decía nada. No me molestaba. Me gustaba. Y creo que él lo sabía. Al final ya teníamos confianza.
Yo me escapaba de casa con el pretexto de ir a estudiar y hasta perdía clases solo por salir a dar una vuelta con él. La verdad me gustaba y no sólo para algo casual.
Una noche salí de clases. Justo él pasó a recogerme y le pedí si podía pasar a comprar cena para llevar a mi casa. Fuimos a comprar sushi (mi favorito) y nos dirigimos a mi casa.
Al llegar me despedí con un beso en la mejilla bastante tierno.
—Chau, Jorge. Cuídate
—Chau, mi reina. Tú también.
Me esperó mientras buscaba la llave. Abrí la reja y entré. Desde adentro me volví a despedir. Entré a la casa y me pareció raro que no hubiera luces encendidas. Mamá siempre enciende las del patio o está en la sala. Era temprano para que se hubiera dormido. Le escribí por WhatsApp.
**Dani:**
Mami, ya llegué a casa. ¿Dónde estás?
Tardó unos minutos en responder.
**Mamá:**
Hola, hijita. No, mami, no llegué a casa. Me olvidé de escribirte. Voy a llegar tarde. Duerme tranquila. Voy a estar fuera. Después me voy para la casa. Te amo. De seguro se la estaban echando jajaja así que no interrumpí más.
**Dani:**
Bueno, mami, está bien. Cuídate, ¿sí? Avísame cuando vengas por si estoy despierta.
**Mamá:**
Ya, hijita. Duérmete nomás. Fíjate que esté el gas cerrado y cerrá bien la puerta. Nos vemos mañana por las respuestas era obvio que estaba de calenturienta.
Como sea, yo tenía la casa sola. Normalmente cuando tengo casa sola me toco como piano embrujado jajaja ya casi no invito a nadie a mi casa y desde que mi vecino se fue ya no tengo verga disponible diario… pero esta vez se me ocurrió algo mejor.
**Dani:**
Holi, Jorge. ¿Cómo estás?
No tardó mucho en responder.
**Jorge Luis:**
Hola, mi reina. Aquí chambeando. ¿Y tú? Estoy dejando un pasajero.
**Jessica:**
En casita. Quería pedirte un favor. ¿Será que me puedes traer una bebida? Porfis, Coca-Cola.
**Jorge Luis:**
Claro que sí, mami. Ya te lo llevo.
Tardó unos 20 minutos en llegar. Mientras tanto yo me había cambiado y me puse ropa más de casa: un shorts de licra delgada que quedaba justo, y arriba una sudadera con sólo bra abajo y un chongo en el cabello.

Sonó la bocina. Era él.
Salí apresurada con la llave y el dinero en la mano.
—Holiii —le dije mientras abría la reja—. Perdón por molestar, me había olvidado lo más importante jaja.
—Jajja, qué onda, mami. Tranquila, para esto estoy. Aquí está tu soda.
—Muchas gracias, chamo jaja —le dije riéndome—. Oye, ¿qué harás ahora?
—Iba a ir a la parada a ver si me salen unas carreras más y luego para la casa. ¿Por qué, mami?
—Es que me preguntaba si te gustaría quedarte un rato. No sé… para que charlemos o no sé —dije tímidamente conocernos.
—Claro, mami, con gusto. Pero ¿tu mamá no se va a enojar?
—Tranquilo, mi mamá no se enoja. Ven, pasa —le dije, invitándolo y abriendo el portón. Él metió su moto. Mientras caminábamos sentía su mirada encima de mí, desnudándome con los ojos.
Pasamos a la casa y se sentó en la mesa. Yo saqué dos vasos y serví refresco mientras hablábamos.
—Naguara, mami, qué linda casa.
—Gracias jajaj, no es para tanto. ¿Qué tal estuvo el día?
—Estuvo movido. Hubo buenas carreras. ¿Y tú? ¿Cómo te fue en la Universidad?
—Me fue bien. Algo cansada, pero todo estuvo bueno.
La charla continuó, cada vez yendo más a lo privado.
—Mami, ¿ese de allá es tu cuarto?
—Sí, es mi cuarto.
—¿Me lo enseñas?
—Ya, ¿y el cuarto? Jajajaja —bromeé con doble sentido.
Él se rio también.
—Diablo, mami… también si tú quieres yo gutoso jajaja.
Me levanté y él me siguió.
—Está algo desordenado, no le des mucha importancia.
Entré, encendí la luz y rápidamente escondí mi ropa íntima que tengo la costumbre de dejar a la vista todas mis tangas tanto limpias como sucias.
—Tranquila, mami. Ni que fuera la primera vez que veo unas jajaja. Tenés un cuarto lindo, lindo.
Miró cada rincón, analizando a su manera. Donde más se detenía era en mi ropa sucia y ropa interior.
—¿Tu mamá no se va a enojar?
—¿Mi mamá? Nop. Salió y no sé cuándo llega.
Sus ojos se iluminaron como cuando el lobo mira a su presa.
—Ah, bueno… eso está bien, jeje.
—Sip.
La tensión era demasiado. Yo lo quería y él también.
Seguimos hablando cuando, en una de esas…
—Tu habitación es grande.
—Sí, la verdad que sí.
—Pero, ¿sabés cuál es más grande?
No pensé que me iba a tirar su típico chiste.
—Nop. ¿Cuál?
—Eeeeeeeestaaaaaaa —dijo agarrándose la verga y riéndose.
—Ja ja ja, sí, cómo no. No creo.
—Te asustarías si te lo muestro.
—No te atreves —dije en tono retador.
—Si la saco, ¿me la chupás? —dijo directamente.
No era la primera vez que me decían algo así. El mismo chiste venía hace tiempo, solo que esta vez sería diferente la verdad si quería verla y también chuparla.
—No la vas a sacar, te conozco —dije segura.
Él hizo el movimiento de desabrochar el pantalón. Yo esperaba que solo fuera un amague… pero esta vez no lo fue.
Se desabrochó el pantalón y lo bajó junto con el bóxer, dejando caer una verga negra, peluda, grande y gorda, con dos huevos medianos colgando. La cabeza ya brillaba un poco de precum.
—Ay, carajo… —respondí—. Sí lo hiciste…
No podía sacar la vista de aquel tremendo semental. La verdad es que me prendió y me sorprendió. Mi conchita dio un pequeño espasmo solo de verlo se calentó.
—Yo ya cumplí. Ahora te toca a vos cumplir.
—¿Yo qué?
—Chupala. Te dije que si me la sacaba me la chupabas. Ahora vení, perrita.
Me agarró de la mano y la puso en su verga. Sentirla fue una sensación increíble: la textura caliente, las venas gruesas, ese pedazo de carne pesada y viva. Me tenía la conchita empapada.
La agarré con las dos manos y la moví hacia dentro y fuera. Nos besamos mientras yo le tocaba la verga. Un beso sucio, profundo, con lengua. Podía sentir su saliva, su aliento a cigarro barato y algo dulce. No podía creer lo que estaba pasando.
Me agarró del pelo y me hizo agacharme. Al estar cerca de su verga, al tenerla de frente a centímetros de mi boca, sentí el olor fuerte a sudor, a bolas, a hombre que había estado trabajando todo el día. Aquel aroma me puso como puta instantáneamente.
Abrí la boca y la metí. Ya estaba medio dura, pero no del todo. Empecé a chupársela hasta el fondo, atragantándome, haciendo ruidos húmedos “gluck… gluck…”. Escupí sobre ella para que resbalara mejor y seguí bajando. Le besaba la cabeza, lamía por debajo y en cada chupada lo miraba a los ojos. Podía verlo con su camiseta de Uber puesta. Me estaba atragantando con la verga de un moto taxista venezolano en mi propio cuarto.


Se la chupé por un buen rato hasta que quedó completamente dura, brillante de saliva y lista para que me la metiera. Aunque tenía miedo, estaba preparada: ya había lidiado con vergas de ese tamaño y hasta me han dado por el culito y obviamente si termino bien abierta adolorida y rosada pero me gusta.
Me levantó y me empujó hacia la cama. Me puse en cuatro, todavía con el shorts puesto, el culito empinado y la espalda arqueada como perra en celo. Sentí cómo ese hombre me agarraba de la cintura con manos grandes y callosas y me bajaba el shorts hasta las rodillas, dejándome el culo al descubierto. Así me daba mucho morbo
—Ufff, mami… qué culo más rico tenés —gruñó mientras me pasaba los dedos desde el culo hasta mi conchita empapada—. ¿Estás mojadita, eh, perra? —dijo seguido de una nalgada fuerte que hizo temblar todo mi culo y me arrancó un gemido.
—Metémela, porfavor, papi… culéame duro —supliqué, moviendo el culo hacia atrás.
—¿Querés pija? ¿Será que te entra toda esta verga negra?
—Averigüemos —dije en tono retador, mirándolo por encima del hombro mientras me picaba mi vagina para lubricar más.
Me agarró del culo, me abrió las nalgas con los pulgares y puso su pija dura y palpitante entre ambas. Escupió directamente sobre mi conchita y me la refregó por todo el culo, por mis labios hinchados, por el clítoris, haciéndome pedir a gritos que me la metiera. De pronto sentí cómo la sacaba y la ponía en la entrada de mi conchita. Empujó de un solo saque hasta el fondo, abriéndome de golpe.
—¡Ahhhhhhh! ¡Mmmmmm… mierda, está muy grande! —exclamé excitada entre suspiros y quejidos. Sentí cómo me estiraba, cómo mi conchita se abría alrededor de esa verga gruesa, el roce de las venas, la cabeza golpeando contra mi fondo y me sentía muy llena.
—¿Ahora sí me creés, puta? —me dijo, haciendo referencia a cuando yo le decía que no creería que estuviera tan grande. Empezó a moverse: metía y sacaba con fuerza, a veces sacándola casi toda y volviéndola a clavar hasta el fondo. Sus huevos pesados chocaban contra mi conchita, su pelvis golpeaba mi culo con sonidos húmedos y obscenos que resonaban en toda la casa. Mi conchita mojada siendo destrozada y abierta por una verga venezolana…

Me sostuvo del pelo con una mano y me cogió con violencia, tirando de mí hacia atrás cada vez que embestía. También me sujetaba del culo con la otra mano y me la plantaba hasta el fondo, haciéndome gemir como puta barata.

Después de un rato en cuatro recibiendo pija violentamente, no aguanté más. Me corrí fuerte, con espasmos. Salió un chorro enorme que me corrió por las piernas, pero él seguía duro y yo quería más.
Me volteó, me sacó completamente el shorts y abrió mis piernas de par en par. Él aún con su camiseta de Uber pero sin pantalón. Pude ver su verga negra y gorda brillando de mis jugos entrando poco a poco en mi conchita mientras yo me masturbaba y tocaba el clítoris con la mano.
Las embestidas eran rudas y fuertes. Me sostuvo las piernas con sus manos grandes, abriéndome del todo, casi hasta los hombros. Me escupió en la cara y en la boca, me besó apasionadamente mientras me follaba, me mordía los pezones con fuerza mientras me culeaba duro. Cada mordida me hacía contraer la conchita alrededor de su verga.


Me volví a correr. No pude aguantar y tiré chorros otra vez, empapando su pelvis y las sábanas. Excitada total. La violencia, sumada a su verga gruesa y su forma de cogerme y hablarme, era lo más top.
Se recostó en la cama y yo, con las piernas temblando y la cara roja, me subí encima de él. Lo abracé por detrás de la cabeza mientras él me la metía. Nos besábamos con lengua y le gemía al oído.
—Sí, papi… sí, porfavor, no pares… mmmmmm —exclamaba como toda una puta, moviendo las caderas mientras lo montaba.
—Dame más, dame más… así, papi —gemía, apretando mi conchita alrededor de su verga.

—¿Te gusta, puta? Se nota que querés pija. Tu culito está rico, mami —gruñó él, dándome nalgadas mientras yo rebotaba.
—¿Querés que te dé en el culo?
—Sí, papi… metémela. Donde tú quieras —le respondí sin pensarlo.
Me bajé de él y me recosté en la cama, mirando hacia abajo, con el culito levantado por una almohada. Sentí cómo metía sus dedos grandes y gruesos en mi culo: primero uno, bien lubricado con mi propia saliva y jugos, luego dos. Me abrió despacio, preparándome. Hasta que sentí su cabeza gruesa en la entrada y luego una presión inmensa. Estaba completamente mojada y abierta. Me fue abriendo el culo poco a poco. Sentía cómo su verga seguía entrando y no dejaba de entrar, estirándome, quemando rico.
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