Más tarde, cuando casi todos se fueron, Lucas y Diego se miraron en el pasillo.
—Lucas, tu mamá está pidiendo que la usemos entre los dos. Ese culo grande y firme merece más. ¿Estás de acuerdo? La acorralamos en la cocina y la hacemos nuestra —susurró Diego.
—Trato hecho, primo. Siempre supe que era una zorra. Vamos —respondió Lucas.
Cerraron la puerta de la cocina. Elena se giró alarmada.
—Chicos… ¿qué hacen? Abran esa puerta.
Lucas la sujetó por detrás contra la pileta. Diego le subió la falda y le bajó la tanga, exponiendo su culo enorme y tonificado.
—Diego, por favor… soltame. Lucas, soy tu madre. Esto no puede pasar —suplicó Elena con voz temblorosa, forcejeando.
Diego apoyó su verga gruesa contra su agujero y empujó lentamente, abriéndole las nalgas grandes.

—Ahh… Diego, sacala… duele… soy tu tía, no hagas esto… Lucas, hijo, decile que pare… me estás abriendo demasiado… —gemía Elena con lágrimas.
—Mirá cómo entra en ese culo jugoso, primo —gruñó Diego, empezando a moverse con embestidas profundas.
Elena lloraba y se resistía, pero después de varios minutos sus caderas empezaron a moverse apenas hacia atrás.
—Dios… no… esto está mal… Diego, tu verga es demasiado gruesa… Lucas, no me hagas chupártela… soy tu mamá… ahh… no tan profundo… me están llenando… pero se siente… tan lleno…

—¿Te gusta cómo te estamos usando, tía? —preguntó Diego acelerando, haciendo rebotar sus nalgas carnosas.
Elena jadeaba entre lágrimas y placer creciente:
—No… sí… no sé… me están presionando y mi cuerpo reacciona… Diego, metela más profundo en mi culo… Lucas, dame tu verga… chupala mientras me follan… soy una madre, no debería… pero rómpanme este culo grande que tanto entrené… ¡ahh, sí! ¡Más fuerte! ¡No paren!
Los dos se turnaron intensamente: Diego follándola profundo por atrás, Lucas alternando entre su boca y su coño. Elena gemía sin control, empujando hacia ellos.

—Sigan… llénenme toda… soy su puta ahora… Diego, descargá en mi culo… Lucas, llename la boca y la cara… quiero sentir su semen caliente por todos lados… ¡me vengo…!
Diego se clavó hasta el fondo y eyaculó con fuerza dentro de su culo, inundándola con chorros espesos y calientes.

Lucas sacó su verga y le cubrió la cara, las tetas y la lengua con abundante semen.

Elena quedó temblando contra la pileta, chorreando semen por todas partes: culo dilatado, muslos, cara, tetas y piso. Su cuerpo espectacular brillaba completamente cubierto y marcado por la leche espesa de los dos.
—Mirá cómo quedaste, tía… llena y bañada de semen de tu hijo y tu sobrino —dijo Diego.
Elena, respirando agitada con semen goteando de su barbilla, susurró entre sollozos y placer:
—Estoy… completamente llena y cubierta… Dios… ¿qué hice…?
Lucas y Diego sonrieron. La dejaron ahí, chorreando y se marcharon.
—Lucas, tu mamá está pidiendo que la usemos entre los dos. Ese culo grande y firme merece más. ¿Estás de acuerdo? La acorralamos en la cocina y la hacemos nuestra —susurró Diego.
—Trato hecho, primo. Siempre supe que era una zorra. Vamos —respondió Lucas.
Cerraron la puerta de la cocina. Elena se giró alarmada.
—Chicos… ¿qué hacen? Abran esa puerta.
Lucas la sujetó por detrás contra la pileta. Diego le subió la falda y le bajó la tanga, exponiendo su culo enorme y tonificado.
—Diego, por favor… soltame. Lucas, soy tu madre. Esto no puede pasar —suplicó Elena con voz temblorosa, forcejeando.
Diego apoyó su verga gruesa contra su agujero y empujó lentamente, abriéndole las nalgas grandes.

—Ahh… Diego, sacala… duele… soy tu tía, no hagas esto… Lucas, hijo, decile que pare… me estás abriendo demasiado… —gemía Elena con lágrimas.
—Mirá cómo entra en ese culo jugoso, primo —gruñó Diego, empezando a moverse con embestidas profundas.
Elena lloraba y se resistía, pero después de varios minutos sus caderas empezaron a moverse apenas hacia atrás.
—Dios… no… esto está mal… Diego, tu verga es demasiado gruesa… Lucas, no me hagas chupártela… soy tu mamá… ahh… no tan profundo… me están llenando… pero se siente… tan lleno…

—¿Te gusta cómo te estamos usando, tía? —preguntó Diego acelerando, haciendo rebotar sus nalgas carnosas.
Elena jadeaba entre lágrimas y placer creciente:
—No… sí… no sé… me están presionando y mi cuerpo reacciona… Diego, metela más profundo en mi culo… Lucas, dame tu verga… chupala mientras me follan… soy una madre, no debería… pero rómpanme este culo grande que tanto entrené… ¡ahh, sí! ¡Más fuerte! ¡No paren!
Los dos se turnaron intensamente: Diego follándola profundo por atrás, Lucas alternando entre su boca y su coño. Elena gemía sin control, empujando hacia ellos.

—Sigan… llénenme toda… soy su puta ahora… Diego, descargá en mi culo… Lucas, llename la boca y la cara… quiero sentir su semen caliente por todos lados… ¡me vengo…!
Diego se clavó hasta el fondo y eyaculó con fuerza dentro de su culo, inundándola con chorros espesos y calientes.

Lucas sacó su verga y le cubrió la cara, las tetas y la lengua con abundante semen.

Elena quedó temblando contra la pileta, chorreando semen por todas partes: culo dilatado, muslos, cara, tetas y piso. Su cuerpo espectacular brillaba completamente cubierto y marcado por la leche espesa de los dos.
—Mirá cómo quedaste, tía… llena y bañada de semen de tu hijo y tu sobrino —dijo Diego.
Elena, respirando agitada con semen goteando de su barbilla, susurró entre sollozos y placer:
—Estoy… completamente llena y cubierta… Dios… ¿qué hice…?
Lucas y Diego sonrieron. La dejaron ahí, chorreando y se marcharon.
0 comentarios - La mamá puta en el colectivo 3