Esto ocurrió en 2021, en la última parte de la pandemia donde ya podíamos volver a salir pero hasta determinada hora nomás.
Yo como directiva cumplía guardias por la mañana en la escuela, en la época de verano. A veces estaba sola y otras había algún auxiliar de servicio (porteros) acompañandome.
Cómo aún no estaba confirmado el reinicio de clases para ese ciclo lectivo, también se aprovechó para realizar las tareas de mantenimiento que precisaba el edificio escolar. Y dentro de ese grupo de hombres que venía a trabajar estaba Darío, un joven de unos 28 años (yo contaba con 36 en ese momento). El era alto, delgado, buen físico, morocho y desde la primera vez que nos vimos creo que nos gustamos porque no parábamos de mirarnos. Siempre buscaba la forma de entablar una conversación o estar cerca mío. Aunque ellos trabajaban en el patio exterior de la escuela y yo en la oficina de la dirección.
Un día que yo estaba sola llenando unas planillas apareció Darío y me regaló un bombón de chocolate. Yo se lo agradeci y él a cambio me pidió mi número de teléfono. Después de dudarlo un poco de lo di. Y esa misma tarde comenzamos a escribirnos por whatsapp. Me contó que era separado y que tenía una hija y bueno todo lo demás que generalmente un hombre le va diciendo a una mujer cuando se la quiere levantar. Cómo que estaba muy linda, que desde que me vio no pudo sacarme de su pensamiento y cosas así. Yo por mi parte solo lo leía y me permitía ir conociéndolo un poco más. Todo marchaba más que bien entre nosotros. Fue una semana en que Darío y el grupo de mantenimiento iban todos los días a trabajar en la escuela así que nos veríamos casi a diario. Además de seguir en contacto a través de mensajes también.
Una mañana de jueves después de haberme tomado un café golpearon a la puerta de mi oficina y cuando abrí quede sorprendida al ver a Darío trayendome una rosa como regalo e inmediatamente me dio un beso en la boca rapidito pero muy lindo. Yo quede inmóvil con el café en una mano y la rosa en la otra. A los minutos a mi teléfono un mensaje de él preguntándome si me había gustado el regalo. Yo le dije que si, y Darío me contestó que a él le había encantado nuestro beso. Y que por la tarde si nos quedábamos solos me iba a dar más besos.
Paso ese día y no nos vimos porque además había auxiliares trabajando. Pero el día viernes a la tarde cuando ya me estaba preparando para irme apareció Darío en mi oficina y sin mediar palabra me agarró y comenzó a besarme apretándome con fuerza contra su cuerpo. Inmediatamente sus dos manos se posaron en mis nalgas mientras nuestras lenguas se fundían de deseo. Sin mediar palabra metió una de sus manos bajo mi remera y empezó a acariciar mis pechos. Mis pezones se endurecieron al toque, al igual que su pene a través del pantalon. Ambos comenzamos a frotarnos los sexos con la ropa puesta como si fueran los movimientos del coito. Yo sentía como mis
vagina se estaba empapando cada vez más y más. En ese momento comprendi que había mucha química entre nosotros dos y que no habría vuelta atrás.
Seguimos un ratito más porque de verdad que estábamos calientes. El metió la mano libre en mi calza y en mi tanga buscando la entrada a ni amiguita, la cual encontró muy mojadita y me dijo: -mmm bebota que suavecita, mojadita y depiladita la tenés. Es como la había imaginado, viéndote como te vestía y como sos de pulcra y que siempre estás impecable. Me encanta-.
A lo que le di las Gracias pero le dije que la cortaba mis ahí mismo porque enseguida entraban los guardias de seguridad. Así que como pude me lo despegue, pues me tenía contra la pared. Él me dijo si había alguna posibilidad de vernos al otro día en ir a "algún lado". A lo que le respondí que tenía que ver porque no sabía si no marido trabajaba o no. Así que nos despedimos con un beso rápido para no calentar de nuevo la situación.
Al otro día, sábado, Darío me escribió temprano y como no esposo no estaba en todo el día le dije que podía salir después de comer. Entonces acordamos encontrarnos en un lugar alejado así nadie me veía subir a su auto. Ya que desde hace años me mudé a un pueblo chico de Neuquén y donde casi todos se conocen.
Pasadas las 3 de la tarde yo caminaba por una plaza y un auto estacionó a ni lado. Era Darío. Subí rápidamente y salimos hacia Neuquén. Íbamos charlando de mi vida, de mi rutina y cosas así, triviales. Después de mas de media hora de viaje llegamos a la entrada de un motel que yo alguna vez había visitado hacia años. Por supuesto no me dije nada de eso. Él pago, le dieron la llave, llegamos y entramos. Estaban las luces rojas encendidas. Una cama de agua grande. El aire acondicionado estaba encendido, ya que hacía calor. Yo me había ido con un pantalón tipo jogging suelto gris y una musculosa blanca. Abajo tenía un corpiño deportivo blanco y la tanga color rosada y súper finita. Bien tranqui mi outfit, como para no despertar ningún tipo de sospechas.
Prendí la TV como para que haga ruido nomás y el me preguntó si quería tomar algo. Pero le dije que no mientras tenía el control remoto en no mano en intentaba cambiarle de canal.
De pronto sentí que Darío se pudo detrás mío tomándome por la cintura y empezó a besarme el cuello. Uno de mis puntos débiles. Yo comencé a respirar un poco más agitada mientras el me acariciaba los pechos y me los apretaba. Podía sentir en mi parte baja de la espalda como su miembro se iba endureciendo, al tiempo que ya me pasaba la lengua por el cuello y los hombros descubiertos. Me levantó la musculosa y el corpiño y mis senos quedaron al aire libre y con los pezones duros como piedras.
-Que pedazo de tetas que tenés mi amor- me dijo.
Y me dió vueltas y empezó a chuparlas con muchas ansias. Yo manotee su pedazo y se lo acariciaba fuerte. Cuando lo saco pude ver qué era bastante grande y bien morocho. El se sacó la remera, se bajó bien el pantalón y me bajo el mío, quedandome solo con la bombachita. Me hizo apoyar contra la cama, de espaldas a el, me abrió bien los cachetes de la cola, me corrió la tanguita a un costado y comenzó a darme un beso negro que casi me hace volar, mientras me dedeaba al mismo tiempo en mi conchis. Rápidamente me moje toda y deseaba ser penetrada ya. Después de unos minutos me tocó devolver gentilezas. Darío se quedó de pie al borde de la cama, yo me di vuelta, y sentadita en el borde tome su pito, me lo metí completo en lo boquita y empecé a succionarlo arrancando sus primeros gemidos de placer, mientras yo lamía sus testículos y le acariciaba y masturbaba todo el pedazo. Después de un rato de estar chupándosela decidí que ya era hora de disfrutar más profundamente de su miembro, así que le dije que me saque la tanguita. Yo me acosté en la cama boca arriba y abrí bien las piernas como invitando a mi joven amigo a entrar en mi. Él al toque se puso el presentativo, se subió encima mío y me penetró suavemente. Mi conchita estaba a full a esas alturas y deseaba muchísimo una buena cojida de mi amigo. Lentamente comenzamos los movimientos del coito. Podía ver cómo su gran pene entraba por completo en mi vagina y después salía provocándome bocanadas de placer.
-Que rico me cojes Darío!- le decía yo -segui, segui, no pares mi amor!
Y él me la metía y sacaba su miembro cada vez más fuerte y rápido.
Entonces le dije que quería cambiar un rato de posición.
-Quiero ir arriba- le dije. El se acostó y yo rápidamente me subí encima suyo, tome su pene con mi mano y me lo acomode en la entrada a mi vagina. Comencé a sentarme y a sentir como entraba todo su pito hasta lo más profundo.
-Que rica conchita que tenes- me dijo. Y empecé a moverme subiendo y bajando. Se sentía muy lindo eso y lo disfrutaba. Además Darío tenía muy buen estado físico y mucho aguante en la cama. Estuvimos así un rato y él me cambio de pose. Me puso de costado y así en cucharita me empezó a meter la pija de nuevo. Estaba tan mojada yo q no hacia falta empujar mucho. Entro toda de una y comenzó a bombearme de nuevo mientras me agarraba las tetas y me las masajeaba.
Después me puso en cuatro, me abrió los cachetes, me la paso un poco x toda mi zanjita, de arriba para abajo y entro de nuevo hasta el fondo. Yo pensaba: "este chabon no se cansa más" ja ja y era así.
Saco su pene y se me volvió a subir encima, está vez fue patitas al hombro. Era incansable. No paraba de bombearme la conchita. En eso le agarre como pude sus nalgas y lo apreté porque estaba por acabar.
-Dale que no doy más bebé, dale que acabo papi!- le dije jadeando y gimiendo cada vez más fuerte. No aguante mas y largué un grito más fuerte y termine. Darío seguía y seguía dándome bien duro. La saco de nuevo y me puso boca abajo, me tomo los brazos hacia atrás se me subió otra vez y entro de nuevo. Se notaba que ya estaba por correrse porque lo único que se escuchaban eran sus suspiros y los aplausos de sus huevos en mis nalgas en cada vez más rápidos en la habitación.
De pronto se detuvo y en esa misma pose abrió mi cola, y metió su lengua en mi ano otra vez. Se ve que había tomado nota de lo sensible y erogeno qué es ese orificio en mi. Yo me puse a tono de nuevo. Otra vez estaba cachonda y largando mis jugos otra vez. Darío se acostó boca arriba y me subió arriba de el pero de espaldas.
-Quiero ver esa cola como se abre cuando te cojo mamita- me decía muy caliente. Así q una vez arriba me hizo dar un senton y de una su pene entro por completo. Y empezó a cojerme de nuevo bien duro. Fue tan fuerte el ritmo que pronto ya estaba para tener mi segundo orgasmo de la tarde. Así q me salí, me di vueltas y lo empecé a cabalgar de frente otra vez. Estaba como loca de calentura por este chico. Empecé a gritar que me cojiera, que me encantaba su pija durísima dentro mío y que quería toda su leche. El me dio con todo, hasta que en un momento dado explotamos de placer los dos. Me baje con cuidado para que no se le saliera el preservativo y me yendo junto a el. Quedamos los dos desnudos un rato mirándonos. Por primera vez pude apreciar su hermoso y marcado cuerpo y la verdad que me sentía llena, satisfecha como hacía mucho que no me pasaba.
Nos vestimos y arrancamos para el pueblo de nuevo. En el camino nos besábamos cada tanto hasta que me dejó en la misma plaza donde me había levantado. Yo llegue a mi casa y como no había nadie me fui a pegar una ducha. Me sentía rara pero bien. Mi cuerpo estaba relajado y muy satisfecho. Fue como un desahogo de pandemia.
Yo como directiva cumplía guardias por la mañana en la escuela, en la época de verano. A veces estaba sola y otras había algún auxiliar de servicio (porteros) acompañandome.
Cómo aún no estaba confirmado el reinicio de clases para ese ciclo lectivo, también se aprovechó para realizar las tareas de mantenimiento que precisaba el edificio escolar. Y dentro de ese grupo de hombres que venía a trabajar estaba Darío, un joven de unos 28 años (yo contaba con 36 en ese momento). El era alto, delgado, buen físico, morocho y desde la primera vez que nos vimos creo que nos gustamos porque no parábamos de mirarnos. Siempre buscaba la forma de entablar una conversación o estar cerca mío. Aunque ellos trabajaban en el patio exterior de la escuela y yo en la oficina de la dirección.
Un día que yo estaba sola llenando unas planillas apareció Darío y me regaló un bombón de chocolate. Yo se lo agradeci y él a cambio me pidió mi número de teléfono. Después de dudarlo un poco de lo di. Y esa misma tarde comenzamos a escribirnos por whatsapp. Me contó que era separado y que tenía una hija y bueno todo lo demás que generalmente un hombre le va diciendo a una mujer cuando se la quiere levantar. Cómo que estaba muy linda, que desde que me vio no pudo sacarme de su pensamiento y cosas así. Yo por mi parte solo lo leía y me permitía ir conociéndolo un poco más. Todo marchaba más que bien entre nosotros. Fue una semana en que Darío y el grupo de mantenimiento iban todos los días a trabajar en la escuela así que nos veríamos casi a diario. Además de seguir en contacto a través de mensajes también.
Una mañana de jueves después de haberme tomado un café golpearon a la puerta de mi oficina y cuando abrí quede sorprendida al ver a Darío trayendome una rosa como regalo e inmediatamente me dio un beso en la boca rapidito pero muy lindo. Yo quede inmóvil con el café en una mano y la rosa en la otra. A los minutos a mi teléfono un mensaje de él preguntándome si me había gustado el regalo. Yo le dije que si, y Darío me contestó que a él le había encantado nuestro beso. Y que por la tarde si nos quedábamos solos me iba a dar más besos.
Paso ese día y no nos vimos porque además había auxiliares trabajando. Pero el día viernes a la tarde cuando ya me estaba preparando para irme apareció Darío en mi oficina y sin mediar palabra me agarró y comenzó a besarme apretándome con fuerza contra su cuerpo. Inmediatamente sus dos manos se posaron en mis nalgas mientras nuestras lenguas se fundían de deseo. Sin mediar palabra metió una de sus manos bajo mi remera y empezó a acariciar mis pechos. Mis pezones se endurecieron al toque, al igual que su pene a través del pantalon. Ambos comenzamos a frotarnos los sexos con la ropa puesta como si fueran los movimientos del coito. Yo sentía como mis
vagina se estaba empapando cada vez más y más. En ese momento comprendi que había mucha química entre nosotros dos y que no habría vuelta atrás.
Seguimos un ratito más porque de verdad que estábamos calientes. El metió la mano libre en mi calza y en mi tanga buscando la entrada a ni amiguita, la cual encontró muy mojadita y me dijo: -mmm bebota que suavecita, mojadita y depiladita la tenés. Es como la había imaginado, viéndote como te vestía y como sos de pulcra y que siempre estás impecable. Me encanta-.
A lo que le di las Gracias pero le dije que la cortaba mis ahí mismo porque enseguida entraban los guardias de seguridad. Así que como pude me lo despegue, pues me tenía contra la pared. Él me dijo si había alguna posibilidad de vernos al otro día en ir a "algún lado". A lo que le respondí que tenía que ver porque no sabía si no marido trabajaba o no. Así que nos despedimos con un beso rápido para no calentar de nuevo la situación.
Al otro día, sábado, Darío me escribió temprano y como no esposo no estaba en todo el día le dije que podía salir después de comer. Entonces acordamos encontrarnos en un lugar alejado así nadie me veía subir a su auto. Ya que desde hace años me mudé a un pueblo chico de Neuquén y donde casi todos se conocen.
Pasadas las 3 de la tarde yo caminaba por una plaza y un auto estacionó a ni lado. Era Darío. Subí rápidamente y salimos hacia Neuquén. Íbamos charlando de mi vida, de mi rutina y cosas así, triviales. Después de mas de media hora de viaje llegamos a la entrada de un motel que yo alguna vez había visitado hacia años. Por supuesto no me dije nada de eso. Él pago, le dieron la llave, llegamos y entramos. Estaban las luces rojas encendidas. Una cama de agua grande. El aire acondicionado estaba encendido, ya que hacía calor. Yo me había ido con un pantalón tipo jogging suelto gris y una musculosa blanca. Abajo tenía un corpiño deportivo blanco y la tanga color rosada y súper finita. Bien tranqui mi outfit, como para no despertar ningún tipo de sospechas.
Prendí la TV como para que haga ruido nomás y el me preguntó si quería tomar algo. Pero le dije que no mientras tenía el control remoto en no mano en intentaba cambiarle de canal.
De pronto sentí que Darío se pudo detrás mío tomándome por la cintura y empezó a besarme el cuello. Uno de mis puntos débiles. Yo comencé a respirar un poco más agitada mientras el me acariciaba los pechos y me los apretaba. Podía sentir en mi parte baja de la espalda como su miembro se iba endureciendo, al tiempo que ya me pasaba la lengua por el cuello y los hombros descubiertos. Me levantó la musculosa y el corpiño y mis senos quedaron al aire libre y con los pezones duros como piedras.
-Que pedazo de tetas que tenés mi amor- me dijo.
Y me dió vueltas y empezó a chuparlas con muchas ansias. Yo manotee su pedazo y se lo acariciaba fuerte. Cuando lo saco pude ver qué era bastante grande y bien morocho. El se sacó la remera, se bajó bien el pantalón y me bajo el mío, quedandome solo con la bombachita. Me hizo apoyar contra la cama, de espaldas a el, me abrió bien los cachetes de la cola, me corrió la tanguita a un costado y comenzó a darme un beso negro que casi me hace volar, mientras me dedeaba al mismo tiempo en mi conchis. Rápidamente me moje toda y deseaba ser penetrada ya. Después de unos minutos me tocó devolver gentilezas. Darío se quedó de pie al borde de la cama, yo me di vuelta, y sentadita en el borde tome su pito, me lo metí completo en lo boquita y empecé a succionarlo arrancando sus primeros gemidos de placer, mientras yo lamía sus testículos y le acariciaba y masturbaba todo el pedazo. Después de un rato de estar chupándosela decidí que ya era hora de disfrutar más profundamente de su miembro, así que le dije que me saque la tanguita. Yo me acosté en la cama boca arriba y abrí bien las piernas como invitando a mi joven amigo a entrar en mi. Él al toque se puso el presentativo, se subió encima mío y me penetró suavemente. Mi conchita estaba a full a esas alturas y deseaba muchísimo una buena cojida de mi amigo. Lentamente comenzamos los movimientos del coito. Podía ver cómo su gran pene entraba por completo en mi vagina y después salía provocándome bocanadas de placer.
-Que rico me cojes Darío!- le decía yo -segui, segui, no pares mi amor!
Y él me la metía y sacaba su miembro cada vez más fuerte y rápido.
Entonces le dije que quería cambiar un rato de posición.
-Quiero ir arriba- le dije. El se acostó y yo rápidamente me subí encima suyo, tome su pene con mi mano y me lo acomode en la entrada a mi vagina. Comencé a sentarme y a sentir como entraba todo su pito hasta lo más profundo.
-Que rica conchita que tenes- me dijo. Y empecé a moverme subiendo y bajando. Se sentía muy lindo eso y lo disfrutaba. Además Darío tenía muy buen estado físico y mucho aguante en la cama. Estuvimos así un rato y él me cambio de pose. Me puso de costado y así en cucharita me empezó a meter la pija de nuevo. Estaba tan mojada yo q no hacia falta empujar mucho. Entro toda de una y comenzó a bombearme de nuevo mientras me agarraba las tetas y me las masajeaba.
Después me puso en cuatro, me abrió los cachetes, me la paso un poco x toda mi zanjita, de arriba para abajo y entro de nuevo hasta el fondo. Yo pensaba: "este chabon no se cansa más" ja ja y era así.
Saco su pene y se me volvió a subir encima, está vez fue patitas al hombro. Era incansable. No paraba de bombearme la conchita. En eso le agarre como pude sus nalgas y lo apreté porque estaba por acabar.
-Dale que no doy más bebé, dale que acabo papi!- le dije jadeando y gimiendo cada vez más fuerte. No aguante mas y largué un grito más fuerte y termine. Darío seguía y seguía dándome bien duro. La saco de nuevo y me puso boca abajo, me tomo los brazos hacia atrás se me subió otra vez y entro de nuevo. Se notaba que ya estaba por correrse porque lo único que se escuchaban eran sus suspiros y los aplausos de sus huevos en mis nalgas en cada vez más rápidos en la habitación.
De pronto se detuvo y en esa misma pose abrió mi cola, y metió su lengua en mi ano otra vez. Se ve que había tomado nota de lo sensible y erogeno qué es ese orificio en mi. Yo me puse a tono de nuevo. Otra vez estaba cachonda y largando mis jugos otra vez. Darío se acostó boca arriba y me subió arriba de el pero de espaldas.
-Quiero ver esa cola como se abre cuando te cojo mamita- me decía muy caliente. Así q una vez arriba me hizo dar un senton y de una su pene entro por completo. Y empezó a cojerme de nuevo bien duro. Fue tan fuerte el ritmo que pronto ya estaba para tener mi segundo orgasmo de la tarde. Así q me salí, me di vueltas y lo empecé a cabalgar de frente otra vez. Estaba como loca de calentura por este chico. Empecé a gritar que me cojiera, que me encantaba su pija durísima dentro mío y que quería toda su leche. El me dio con todo, hasta que en un momento dado explotamos de placer los dos. Me baje con cuidado para que no se le saliera el preservativo y me yendo junto a el. Quedamos los dos desnudos un rato mirándonos. Por primera vez pude apreciar su hermoso y marcado cuerpo y la verdad que me sentía llena, satisfecha como hacía mucho que no me pasaba.
Nos vestimos y arrancamos para el pueblo de nuevo. En el camino nos besábamos cada tanto hasta que me dejó en la misma plaza donde me había levantado. Yo llegue a mi casa y como no había nadie me fui a pegar una ducha. Me sentía rara pero bien. Mi cuerpo estaba relajado y muy satisfecho. Fue como un desahogo de pandemia.
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