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Mis buenos amigos

Conozco a Erika y Mauro desde hace unos 15 años, desde que erannovios. Es normal acostumbrarse a la gente con el tiempo, y solo cuando nosparamos a pensarlo nos damos cuenta de cuánto cambian las cosas. Son una parejanormal, amigos, divertidos, siempre participando en fiestas, celebraciones yviajes. A Mauro le encantan las fiestas con sus amigos, siempre hace barbacoasen casa, con mucha cerveza. De vez en cuando se emborracha, pero como está encasa, nunca hay problema. Erika es un poco más recatada, lo que no le impide aveces ponerse un poco ebria. Como dije, son personas absolutamente normales.Siempre admiré el cuerpo de Erika. Tiene una cara normal, no es ni linda nifea, ¡pero qué cuerpazo! A veces voy a visitarlos y me vuelvo loca cuando medoy cuenta de que no lleva corpiño debajo de la camisa. La verdad es que creoque nunca lleva corpiño en casa. Y es un placer admirar discretamente esospezones que se asoman por su blusa. Siempre parecen excitados, siempre listospara la acción, provocativos. Sus tetas parecen bastante firmes, de tamañomediano a grande. Muy atractivas. Me doy cuenta de lo duros que se ponen suspezones cuando hay fiestas y la veo bailar. Es para chuparse los dedos. Nuncame había fijado en esto, pero ahora que lo menciono, recuerdo que rara vez usafaldas muy cortas.
 
Casi siempre lleva pantalones largos, o cuando está en casa, siemprelleva shorts  o calzas, que no hacen másque resaltar su buen culo. Muy firme y turgente. Siempre estuve secretamenteenamorado de ella, un deseo muy fuerte, pero nunca fui más allá de admirarlacon la mirada.

Mis buenos amigos

Hace meses, durante una fiesta en su casa, sucedió algo que me dejóboquiabierto y, al mismo tiempo, me hizo sospechar. Estaba hojeando algunoslibros en la vieja estantería del pasillo, entre la sala de estar y un pequeño depósito.Mauro tiene una estantería repleta de libros, aunque nunca lee ninguno. Siempreintento llevarme sus libros, pero lo máximo que consigo es que me prestealgunos de vez en cuando. Estaba hojeando unos volúmenes muy grandes y pesados​​sobre historia del arte cuando, de repente, se cayeron tres fotos de uno deellos. Las recogí para volver a colocarlas, pero es normal en una situación asíechar un vistazo primero; cualquiera lo hace cuando agarra una fotografía. Puesbien, resulta que esas fotos eran de todo menos ordinarias. Me quedéboquiabierto... Eran fotos de Erika en situaciones que jamás habría imaginado.En la primera foto, estaba sentada en un banco de un parque, probablemente dentrode un centro comercial, a juzgar por la cantidad de tiendas y gente quepaseaba. Llevaba un vestido morado con las piernas lo suficientemente abiertascomo para que se viera que no llevaba ropa interior. Su concha era visible,casi completamente afeitada. Tenía una leve sonrisa en los labios y una posealgo provocativa, lo que no dejaba lugar a dudas de que la foto había sidotomada conscientemente; no era uno de esos deslices ocasionales. Había unapareja sentada en el mismo banco junto a ella, pero miraban hacia otro lado conbolsas de compras entre las piernas, lo que demostraba que no se habían dadocuenta de lo que estaba sucediendo justo a su lado. Las otras dos fotos eranparte de una secuencia. En ellas, Erika aparecía hablando con un tipo extraño,al que nunca había visto antes, en un enorme estacionamiento mal iluminado conpoca gente al fondo y lejos de ellos; era de noche. Ella estaba sentada en un cochey  él estaba parado frente a ella, muycerca, con las manos en los bolsillos, mirando sus muslos y su bombachaclaramente visible.
 

La tercera foto era aún más increíble. Ella lo abrazaba, de espaldas ala cámara, besándole el cuello, mientras él, a su vez, le levantaba la faldacon una mano y con la otra le agarraba el culo. La foto no era de muy buenacalidad, pero se notaba que le estaba metiendo los dedos en el ano.

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Me quedé atónito, mirando las fotos durante un buen rato. No podíacreerlo. Erika siempre me había parecido tan normal, alguien incapaz de talesescenas. Lo más increíble no era que le hubiera sido infiel a su marido; al finy al cabo, es algo que ocurre con frecuencia hoy en día. Lo que me dejóperplejo fue que tuviera el valor de inmortalizarlo en fotografías y,descuidadamente, dejarlo dentro de un libro. Curiosamente, sentí algo de celos,como si la traición me hubiera ocurrido a mí, pero al mismo tiempo mi vergaempezó a palpitar dentro de mis pantalones. No podía volver a guardar las fotosen el libro. Las miré una y otra vez, con ganas de robármelas, pero sabía quesi lo hacía, pronto sabría quién las había robado, ya que yo era el único quesolía tener esos libros en sus manos. De repente, vi que alguien se acercaba,así que puse rápidamente las fotos en el interior del libro y lo devolví a sulugar en el estante. Justo a tiempo, porque era la propia Erika quien venía.
 
“Ah, sabía que te encontraría acá. ¿Nunca te cansas de rebuscar entreesos libros viejos?”, preguntó. "Para nada, sabés que me encantan loslibros. Pero ya vuelvo a la fiesta".
 
“Bueno. ¿Me ayudás a sacar una bolsa de carbón de este cuartito?”
 
“Claro. Puedo llevártela; no estaría bien que una mujer se ensuciaralas manos, ¿verdad?”. Sonrió levemente y me dio las gracias.
 
Al irse, giró hacia mí y me dijo: “¿Estás bien? Te veo un poco pálido…“
 
“Oh, sí, estoy bien, solo un poco somnoliento. Estuve trabajando muchoestos últimos días. Incluso estaba pensando en irme a casa, pero primero queríahablar con Mauro sobre pedirle prestados algunos libros.”
 
“Bueno, creo que podés llevártelos; al fin y al cabo, siempre te prestaalgunos. Ni siquiera sabe cuándo los traes de vuelta, parece que valorás esoslibros mucho más que él. Esto es lo que tenés que hacer: llevate los libros quequieras a tu casa, después se lo diré. Está un poco "eufórico" ahora,hablaré con él mañana.”
 

“De acuerdo. Podés irte, yo llevaré el carbón.” Ella se fue y yo laseguí mientras caminaba con gracia hasta que desapareció. Mi corazón latía confuerza y ​​mi emoción estaba por las nubes. Revisé el álbum de fotos de nuevo,tomé cuatro más, las metí todos en una bolsa de papel y lo dejé separado en elestante. Tomé el carbón y pasé el resto de la fiesta tratando de ocultar minerviosismo. Miré a Erika mientras bailaba y hablaba con la gente, y lospensamientos más locos pasaron por mi cabeza. Me recriminé a mí mismo esospensamientos, ya que era la esposa de mi amigo, pero al mismo tiempo babeaba dedeseo por ella y pensé: "Si se acuesta con otro tipo y se toma fotos conél, ¿por qué no se acostaría conmigo también?". En el momento justo puseuna excusa y me fui a casa, llevándome los libros conmigo.

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Escaneé las fotos y devolví los originales, junto con los libros, tressemanas después. Mauro incluso se sorprendió de la rapidez con la que losdevolví, ya que normalmente me quedaba con los libros prestados durante uno odos meses. Me excusé diciendo que eran muy buenos y que los había leído todosmuy rápido. La verdad es que los habría devuelto al día siguiente para podervolver a revisar en ese estante buscando más fotos, pero eso habría sidodemasiado obvio. Pasé esas tres semanas admirando esas fotografías todos losdías al llegar a casa después del trabajo; estaba literalmente hipnotizado porellas. Pero necesitaba ver más, y mi esperanza era encontrar otras entre los libros.Dije que vería si había alguno más que pudiera ser interesante para tomarprestado, y Mauro me dijo que siguiera adelante. Había muchos libros; los hojeétodos, uno por uno, pero no encontré nada. Pasé más de una hora buscando,revolviendo el estante de arriba abajo varias veces, pero ni rastro defotografías. Mauro trajo una cerveza y comentó que parecía estar buscando algoen concreto. Cambié de tema y, como ya lo había visto todo, agarré dos librospara disimular y me fui a casa frustrado. Como dije al principio, esto ocurrióhace ocho meses y desde entonces estuve obsesionado con la idea de ver másfotos de Erika en esa situación. Algo me decía que había más; al fin y al cabo,alguien con ese tipo de fetiche no se conforma con solo tres. Estaba casicompletamente seguro de que había más, pero no estaban en la estantería.Probablemente las dejaron allí por error. Simplemente no tenía la libertad debuscarlas por toda la casa, aunque mis visitas habían aumentadoconsiderablemente.
 
El mes pasado, los dos se fueron de vacaciones y, por primera vez enaños, viajaron a otro estado. Poco antes del viaje, Mauro me llamó,preguntándome si podía hacerle el favor de vigilar la casa de vez en cuando, yaque temía robos durante su ausencia. Mis ojos se iluminaron de satisfacción yrápidamente acepté cuidar su casa. Incluso dije que podía dormir allí una nocheu otra, para que no se preocupara tanto, siempre y cuando dejara cerveza en elrefrigerador. Dijo que no sabía cómo agradecerme el favor y que pasaría al díasiguiente para dejar las llaves en mi oficina de camino al aeropuerto. A lasdiez de la mañana del día siguiente, él y Erika entraron a mi oficina con lasllaves en la mano, me dieron las gracias de nuevo y se despidieron. Iban apasar dos semanas en Salvador, lo que ya me hacía imaginarla en bikini en laplaya. ¿Se sacaría fotos con algún desconocido en las playas de Salvador? Maurohabía mencionado que siempre había querido ir a una playa nudista, y ahoratendría su gran oportunidad.
 

Era un placer imaginarla desfilando con toda su belleza en las arenasde Salvador, con ese sol maravilloso bañando su cuerpo completamente desnudo.  A las cuatro de la tarde, tomé las llaves delcajón y fui directamente a su casa. Había llegado mi gran oportunidad.

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Mauro había dejado mucha cerveza, pero no tomé ninguna en ese momento.Inmediatamente me puse a buscar. Empecé por la estantería. Ahora tenía todo eltiempo del mundo, y sin prisas, volví a hojear todos los libros, empezando porel que contenía las fotos. Seguían en el mismo sitio, lo que demostraba que lashabían olvidado allí. Pero de nuevo mi búsqueda fue en vano. Nada nuevo.Ninguna fotografía nueva. Entonces pensé: ¿Dónde guardaría las fotos si lasquería esconder de su marido? Tenía que ser en algún sitio que él no tocarahabitualmente, algún lugar escondido, de difícil acceso. Efectivamente: pusepatas arriba el depósito. Busqué en cada rincón de ese desorden, pero de nuevo,decepción. Ni una foto. Nada en absoluto. Rebusqué entre las cajas de revistasviejas que estaban encima del armario del baño, detrás de los muebles de lacocina, incluso dentro de las ollas y sartenes, ¡y nada! Después de unas treshoras sin obtener ningún resultado, abrí una cerveza y me senté en el salón,todo cubierto de hollín y polvo. Ya era bastante tarde, pero decidí pasar laprimera noche allí, pues no podría dormir sin estar seguro de haber buscado portodas partes. Sentado en el sofá frente al televisor, estiré las piernas y merelajé un poco, pensando en dónde más podría buscar. Di un largo sorbo a mibebida y fijé la mirada en el techo de la sala. Sabía que su dormitorio estabaarriba. Claro, ese sería el último lugar donde ella escondería algo de sumarido, pero subí de todos modos y comencé a registrar la habitación. Una partede mí odiaba lo que estaba haciendo; después de todo, estaba violando laprivacidad de dos amigos, pero esas fotos me habían obsesionado y dejé de ladomi moral. Abrí los cajones del armario e inmediatamente vi sus bombachas.Mientras lo hacía, pensé sonriendo: "Los Diez Mandamientos dicen que nodebemos codiciar a la mujer de nuestro prójimo. Pero, ¡mierda!... ¿Por qué lamujer de nuestro prójimo siempre tiene que ser más atractiva que lanuestra?". Y me reí aún más fuerte cuando recordé que estoy soltero, nisiquiera tengo esposa... jajajajaja.
 

En el segundo cajón encontré unas bombachas muy indecentes. Había detodo tipo: con abertura frontal, con abertura trasera, tangas, transparentes,ligueros, bombachas de látex negras, rojas, lo que sea...  las había de todo tipo, pero la talla erainvariablemente pequeña. Muy pequeña, de hecho. Nunca eran más grandes que lapalma de mi mano. Y con cada nueva bombacha que veía, mi verga palpitaba,imaginando a Erika con ellas. Miré las bombachas por detrás e imaginé su enormeculo cubierto solo por ese pequeño trozo de tela. Miré otro par de bombachaspor delante, y casi podía ver su concha a través de la cremallera abierta.Sentí un poco de envidia de Mauro, después de todo, puede que fuera un cornudo,pero estaba muy bien atendido por su mujer.

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Cada vez que abría un cajón, me aseguraba de dejarlo exactamente comoestaba antes, prestando atención a cada detalle para que nadie sospechara quealguien lo había manipulado.
 

Revisé todos los cajones, pero no encontré ninguna de las fotos,aunque tampoco esperaba encontrar nada allí. Había un televisor de 29 pulgadasjunto a la cama. Lo encendí y me recosté un rato, ya que estaba cansado desubir y bajar de los muebles y de todos los rincones de la casa. El televisorestaba encima de uno de esos muebles antiguos y muy bonitos, y como ya estabaallí, decidí ver qué había dentro, pero para mi sorpresa, estaba cerrado conllave. Sentí curiosidad; después de todo, no es común que alguien guarde unmueble bajo llave en su propia habitación, a menos que esté tomandoprecauciones contra un curioso. Tomé dos clips y comencé a intentar abrir lacerradura. Nunca lo había hecho antes, pero siempre había visto a gente abrircerraduras con alambre en las películas. No perdía nada con intentarlo. ¡Y,para mi sorpresa, funcionó! Con las manos temblorosas por la ansiedad, recogíunas cintas de vídeo que estaban ordenadas dentro del escritorio, como unacolección. Las etiquetas solo tenían escritos nombres de lugares y fechas. Lasdejé a un lado y fui directamente a los álbumes de fotos que estaban en unacaja al pie del escritorio. Con el corazón latiendo con fuerza, vi a Erikacompletamente desnuda en la primera página del álbum, de frente a la cámara,con las piernas abiertas, sentada en el borde de una silla. En este primerálbum aparecía sola, en todas las posiciones: de frente, de espaldas, en cuatropatas, recostada, de pie, con unas diminutas bombachas y, la mayoría de lasveces, sin ellas. Las primeras fotos eran de muy mala calidad, pero después deunas páginas empezaron a mejorar considerablemente, hasta que comenzaron aaparecer algunas muy nítidas. Había tres álbumes, y cada uno tenía al menos 150fotos. Estaban numerados secuencialmente. Después de devorar todas las fotosdel primer álbum, empecé a hojear el segundo...

Mis buenos amigos

El segundo álbum contenía fotos de ella exhibiéndose en lugarespúblicos, como esa foto del centro comercial. Simplemente aparecía, abriendolas piernas y dejándose fotografiar sin bombacha, o levantando discretamente suvestido mientras paseaba por calles y parques llenos de gente. La mayoría delas fotos fueron tomadas de noche, pero había algunas a plena luz del día. Enuna de las fotos, ella estaba en uno de esos pequeños bares con mesas en laacera, muy comunes. Estaba sentada, levantando discretamente un vestido corto,abriendo su abrigo y mostrando su concha afeitada y sus tetas a la cámara,mientras la gente pasaba a su alrededor sin notar nada. Hubo una foto que medejó sin palabras. Estaba detrás de uno de los pilares de soporte de un famosomuseo en São Paulo, justo en la Avenida Paulista, durante un día soleado. Erauna secuencia de cuatro fotos, todas muy bien tomadas, con alta calidad. Enestas fotos, aparecía mostrando su concha, sus tetas y su delicioso culo,mientras la gente y los coches pasaban apresuradamente al fondo. El tercerálbum fue el más caliente. Si alguien me lo hubiera contado, no lo habríacreído. Pero vi, varias fotos de Erika chupando, siendo chupada, masturbándosey cogiendo con hombres extraños, gente que no conocía. En algunas fotos,aparecía siendo penetrada por dos hombres al mismo tiempo, siempre mirando a lacámara. Algunas fotos eran simplemente increíbles. En tres de ellas, Erikaaparecía haciendo una mamada muy voraz a un hombre vestido con uniforme deportero. El tipo era feo, algo barrigón y calvo. Un tipo raro que nadie seimaginaría que le resultaría atractivo. En la última foto, mostraba su boca yel escote de su vestido negro con el semen del hombre goteando, mientrassostenía su verga todavía rígida y le lamía los testículos. Los cochesalrededor, las tuberías en las paredes y la iluminación indicaban que las fotosfueron tomadas en el garaje de un edificio.

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En otras fotos aparecía una mujer que conocía. Era vecina suya. Estasfotos habían sido tomadas en diferentes momentos y mostraban a la vecina enfiestas en su casa, lo que sugería que había habido interés en ellaanteriormente.
 
En algunas fotos aparecía yo al fondo, ya que habían sido tomadasdurante las fiestas. Al pasar la página, me sorprendió ver a Erika y a lavecina besándose apasionadamente en la boca. Ambas estaban desnudas, en lamisma cama en la que yo estaba ahora, en su habitación. También había fotos enprimer plano de la vecina lamiendo o chupando la concha de Erika, con la bocallena de saliva, y escenas de Erika devolviéndole el favor.
 
Para entonces, me había dado cuenta de que Mauro no era inocente enesta historia, sino que estaba involucrado. Él era quien tomaba las fotos. Aveces, aparecía discretamente, saludando a las mismas personas que teníanrelaciones sexuales con su esposa.  
 
Apenas en dos fotos, él aparecía participando activamente. En una, élestaba cogiendo a  Erika desde abajo,mientras un desconocido la cogía por el culo, en una doble penetración. En laotra foto, Erika y la vecina le estaban practicando sexo oral al mismo tiempo.Esto dejaba muy claro que a él no le gustaba participar activamente, sino másbien, solo fotografiar a Erika en acción. No sabía qué pensar. ¿Cómo podríaalguien fomentar y disfrutar deliberadamente ver a su propia esposa teniendorelaciones sexuales con otros hombres?
 

Más que observar, lo grababa todo en fotos y vídeos. Tenía una hermosacolección de fotos y películas eróticas, en las que la protagonista era supropia esposa. Mirar las fotos fue un placer, pero ver los vídeos lo fue aúnmás...

amiga puta

Los dos llegaron de su viaje, contando sus experiencias y mostrando fotosy videos de los lugares que visitaron, algo normal entre amigos. Era unmaravilloso sábado soleado. Algunos conocidos estaban en la barbacoa, como erahabitual, con mucha cerveza y música a todo volumen en la terraza. Con cadafoto que veía, imaginaba las que no mostraban, que probablemente estaban enotro álbum de su colección secreta. No pude contener mi erección constante yfui al baño a aliviar la resaca de la cerveza. Encendí la televisión en la salay vi un partido de fútbol cuando Erika se dirigió al baño y cerró la puerta conllave. Agucé el oído y logré distinguir el sonido de ella orinando, a pesar delruido que hacían en el patio. Todos estaban afuera, solo ella y yo estábamosdentro de la casa, y eso me inquietó. Quería hacer algo, el impulso era fuerte,pero no sabía qué. Oí el sonido de la cisterna del inodoro y la puerta del bañoabriéndose. Al entrar en la habitación, hizo un comentario al azar sobre mipresencia, algo aislada de todos, y luego se agachó para agarrar unos CDs delestante junto al televisor, dejando su culo justo delante de mí. Mientras lohacía, me hablaba de espaldas, y yo comenté lo bonitas que eran las fotos,pensando en cómo demostrarle lo excitado que estaba y lo mucho que quería cogerla,pero por mucho que lo intenté, la conversación no dio pie a nada. Empezó aguardar los CDs, indicando que estaba a punto de levantarse e ir a la barbacoade fuera. Sin pensarlo, respiré hondo, reuní valor, me bajé la cremallera delpantalón y saqué mi verga. Cuando giró y me vio masturbándome, se quedócompletamente desconcertada y sin palabras, sin ninguna reacción. Afuera, lagente seguía hablando en voz alta y riendo; incluso se les podía ver a travésde la ventana que daba al patio trasero. Como yo estaba sentado en el sofá,cualquiera que mirara dentro de la casa solo vería a Erika arrodillada, con esamirada de incredulidad en su rostro.
 
 

Pasó un tiempo hasta que finalmente apartó la mirada de mi verga y memiró directamente a los ojos. Con voz vacilante, casi tartamudeando, dijo:"¿Q-qué es esto?... ¿Qué creés que estás haciendo?... ¿Te volvisteloco?". Sin dejar de masturbarme, disimulé mi nerviosismo lo mejor que pudey respondí: "¡Quiero cogerte!". Incapaz de articular bien mispalabras y gestos, dijo que era absurdo, irrespetuoso, me ordenó que guardarami verga en los pantalones y me fuera de su casa inmediatamente, o se locontaría todo a Mauro. Tras la sorpresa inicial, pareció enfadada e inclusoindignada por mi actitud, diciendo que hablaba en serio y que debía parar inmediatamente,o armaría un escándalo y todo el mundo sabría que yo no era más que un amigoque había traicionado la confianza de su marido. Fue muy convincente en suspalabras, e incluso llegué a temer que cumpliera sus amenazas, pero me mantuvefirme en mi propósito. "Quiero que vengás acá y me chupés las pelotas. Silo haces, te dejaré en paz", le dije, sin dejar de masturbarme. Miconvicción la hizo perder completamente la confianza y comenzó a tartamudear denuevo. "¿Te… tenés idea de lo que estás hablando...? ¿Qué me estásdiciendo? ¿Qué creés que soy?" "Creo que sos la mujer más sexy queconozco, ¡y no descansaré hasta cogerte como a una puta!" "Pa… pará,ya te lo dije...” ¡Quiero oírte gemir en la punta de mi verga!" "Noseas loco... la casa está llena de gente... Ya fue suficiente, solo vine abuscar los CDs. Volveré afuera antes de que empiecen a sospechar." "¡Dejálos CDs y vení acá!" dije con confianza, esperanzado. En verdad, mispalabras eran mucho más firmes que mi estado mental. Hablé con autoridad ymostrando valentía, pero por dentro era un manojo de nervios. "De ningunamanera. Me llevaré los CDs y me quedaré allá hasta que termine la barbacoa y tevayas, ¡idiota!” Ella se fue, pero no sin antes echarle un largo vistazo a mi vergadura e hinchada.

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 En cuanto se fue, me metí la verga en los pantalones y me di cuenta dela locura que acababa de hacer. Me senté en el sofá a ver la tele, pero sinprestar mucha atención. Solo podía pensar en las consecuencias de mis actos.Quería salir y ver qué pasaba, qué le estaba diciendo a su marido, pero no tuveel valor.
 
Media hora después y nada. No había aparecido y estaba seguro de queestaba perdido, de que había cumplido su amenaza y se lo había contado todo a suesposo. De repente, Mauro asomó la cabeza por la ventana y me dio un buensusto. ”El fútbol está buenísimo, ¿eh? ¿Qué pasa? ¿No te gusta la barbacoa? Salíde ahí y vení acá, todavía hay mucha cerveza.”. Sus palabras me tranquilizaron,porque no se lo había contado a nadie, pero me sentí bastante mal porque mediahora antes había intentado seducir a su mujer. “Enseguida voy”.
 
“El juego ya casi termina. Depende de vos...”. Todavía me estabarecuperando del shock y hablando con él cuando Erika regresó a la casa y empezóa sacar más CDs del estante, sin siquiera mirarme, como si yo no estuviera ahí.Estuvo un buen rato revolviendo los CDs, y esa situación me dejó completamentedesconcertado, sin saber qué hacer. Mauro le pidió que buscara un CD de músicacountry y después volvió a la barbacoa. Tan pronto como se fue, ella se sentóen la alfombra y comenzó a revisar el estante más despacio, pero siempre deespaldas a mí.
 
“¿Todavía no te fuiste? ¿No te da vergüenza?”, dijo con calma. Laforma en que lo dijo fue como una contraseña que me hizo recordar lo que habíahecho y dicho.
 
Reuní el valor necesario y volví a sacar la verga de mis pantalones.
 
“Ya te dije que solo me iré después de que me chupés los huevos”..
 
De espaldas a mí, se arrodilló, estiró la cabeza y echó un vistazofurtivo por la ventana. Se detuvo unos segundos para asegurarse de que nohubiera nadie alrededor. Luego giró hacia mí, se agachó, separó mis piernas conambas manos y metió mi verga en su boca, enterrándola profundamente en sugarganta.
 
Todo mi coraje y audacia se desvanecieron en ese instante. Me quedéatónito, sin palabras, e incluso un poco asustado. Mauro acababa de alejarse deesa ventana. Podría haber olvidado algo y regresar, y lo habría visto todo. Esemomento fue muy extraño. Extremadamente excitante. Extremadamente aterrador.Hay cosas para las que solo el instinto y la lujuria nos dan valor. O mejordicho, nos quitan el sentido común. Eso fue exactamente lo que sucedió allí. Sinrazón, sin sentido común. Solo su boca en mi verga, haciéndome perder lacabeza.

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Con todo el ruido que venía de afuera, era imposible oír a nadieacercarse, y cualquiera que asomara la cabeza por la ventana o incluso seacercara presenciaría la voracidad con la que me estaba chupando la verga. Erauna experta en sexo oral, tragando con desesperación y cuidado. Mis pantalonesestaban empapados de saliva que le goteaba de la boca, pero ella nunca secansaba, succionando cada vez con más fuerza y ​​gimiendo fuerte... Tan fuerteque temía que alguien de afuera nos oyera. La forma en que me lamía el pene ylos testículos, sin preocuparse por la gente ni por su marido afuera, daba laimpresión de que estábamos solos, encerrados en una habitación. Me di cuenta deesto y me puse nervioso, porque estábamos en el sofá de la sala, con un montónde gente muy cerca, separados solo por una pared y una ventana enorme. Solotenían que acercarse a la ventana. Solo tenían que mirar hacia la sala y veríantoda la escena; nos atraparían con las manos en la masa. Le sujeté la cabeza yla aparté suavemente, diciéndole que era mejor parar, ya que no queríamostentar a la suerte. Podríamos continuar más tarde, en otro lugar. Ella apartómis manos con fuerza y ​​me miró con una mirada lasciva que jamás olvidaré:"¿Qué pasó? ¿Tenés miedo? Solo te irás de acá después de que eyacules enmi boca... Quiero tragármelo todo. Lo deseabas tanto y ahora te querés ir. Note vas a ir a ningún lado."
 

Al decir esto, apartó su rostro de mi verga, clavó firmemente las uñasde su mano izquierda en mi muslo y con la derecha comenzó a masturbarmefrenéticamente. Cuando sintió que estaba a punto de eyacular, soltó mi muslo yapretó mis bolas con fuerza. El primer chorro la tomó por sorpresa, y el fuertechorro de semen la golpeó de lleno. Inmediatamente, metió mi verga en su boca ycomenzó a tragar cada disparo de semen en firmes tragos, sin tomar aire.Eyaculé con tanta fuerza que algo goteó por la comisura de sus labios y colgóde su barbilla. Apretó y apretó mis huevos, como si me estuviera ordeñando,sacándome hasta la última gota. Terminé de eyacular, y mi verga palpitó, aúnatrapada entre sus labios, porque se negaba a soltarme.

Mis buenos amigos

Sentí su lengua girando alrededor de la cabeza y debajo del glande.Chupó con fuerza mis testículos y un último chorrito de semen brotó de la puntade mi verga. Hizo un puchero y, tomándolo con la punta de su lengua, tragó esaúltima gota, lamiéndose los labios después. “Sabía que todavía quedaba unpoquito. No me gusta dejar nada atrás”.
 
Me quedé paralizado en el sofá, con las piernas abiertas y la vergamedio erecta. Era impresionante, pero ella no bromeaba. Realmente le gustabatragar. Tiró de mi camisa y se limpió la cara. Cuando vio mi expresión deasombro, tiró un poco más y se limpió lo que quedaba en sus manos, dejando miropa inservible y manchada. Se arregló el pelo con las manos, se puso de pie yse ajustó la blusa usando el cristal de la estantería como espejo paraasegurarse de que todo estuviera bien.
 
Pasó los dedos por la comisura de los labios, como quien se limpia laboca después de comer helado. Sin mirarme, dijo que si alguien se enteraba delo que había pasado, yo estaría muerto. Si Mauro siquiera sospechaba lo quehabíamos hecho, diría que la habían obligado.
 
Estaba confundido, ya que todas las fotos que había visto dejaban muyclaro que ella y su marido eran extremadamente liberales en lo que respecta alsexo.
 
“No hay por qué tener miedo. Nunca se lo diré a nadie, no quieroperder la amistad de Mauro”.
 
“Por tu propio bien, espero que no. Mauro es una persona muy amable ytranquila, pero capaz de recurrir a la violencia cuando se siente traicionado”.
 
“Erika, sé que no fui muy honesto, pero... vi algunas fotos y videostuyos teniendo sexo con otros hombres, y sé que fue Mauro quien tomó las fotosy lo filmó. No tenés que mentirme, sé que ustedes hacen estas cosas, pero nosoy de los que andan contando los secretos de los demás”.
 
“Mientras estaba afuera pensando si venir o no, imaginé que la únicaexplicación para tu repentino comportamiento era que habías visto nuestrasfotos mientras viajábamos”.
 
“Lo lamento, sé que me equivoqué, pero...”
 
“Eso ya no tiene importancia. Solo quiero que sepas que no mentíacuando dije que Mauro reaccionaría violentamente si se enteraba de lo queacabamos de hacer”.
 
"No entiendo... ¿Por qué hace eso...?"
 
"Hablaremos en otro momento, ¿de acuerdo? Después arreglamos,ahora movete rápido porque viene gente para acá." Sin siquiera mirarme, semarchó como si nada hubiera pasado.
 
Me apresuré a agacharme y dirigirme al baño, y tan pronto como cerréla puerta, la oí.
 
Estaba hablando con dos personas en la puerta de la habitación.Mientras limpiaba las manchas de semen de mi camisa con papel húmedo, pensé ensus últimas palabras. ¿Por qué Mauro sería violento conmigo si era capaz defotografiar y filmar personalmente a su esposa teniendo sexo con hombresdesconocidos? No había duda. Lo había visto en esa foto donde ella le estabadando el culo a otro tipo y lo disfrutaba. Era una de dos cosas: o solo estabatratando de asustarme, o había algo más detrás de esa historia. Pero no tuvemucho tiempo para pensarlo, porque pronto oí gritos afuera y luego alguienempezó a golpear la puerta del baño. Era él, Mauro. Sin saber qué estabapasando y con miedo de ser descubierto, me quedé callado y no abrí la puerta,tratando de imaginar una buena excusa para mi camisa y mis pantalones manchadosde semen, mientras él golpeaba la puerta y gritaba:
 

“¡Gerson, abrí la puerta, maldición! ¡Sé que estás ahí adentro!”

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Al día siguiente, domingo, recibí un mensaje de Erika. Quedamos envernos en un pequeño bar al borde de un puerto deportivo cerca de mi casa. Lahora acordada era las 3 de la tarde. Llegó a las 3:20. Estaba buenísima, conuna blusa ajustada, algo transparente y estampada, que realzaba sus atractivospechos con un escote pronunciado, y unos vaqueros que marcaban a la perfecciónsu maravilloso culo. Para romper el hielo, hablamos de cómo había salido labarbacoa de la noche anterior. Cuando volvió al patio después de hacerme esamamada deliciosa, Mauro se mostró un poco receloso y preguntó por mí. Paradisimular, dijo que me sentía mal, que estaba encerrado en el baño, y que poreso había estado llamando insistentemente a la puerta, queriendo que le abrierapara ver si todo estaba bien.
 
Como tardaba tanto, se preocupó y casi tumba la puerta. Cuando me viocon la camisa y los pantalones mojados y la cara pálida, se me ocurrió laexcusa perfecta.
 
“Amigo, ¿vomitaste en tu ropa?”
 
“¿Eh?... Ah, sí... No me sentí  por la cerveza y estaba tratando de limpiarme,pero terminé mojándome todo.”
 
"Me asustaste mucho... Erika me dijo que no te sentías bien, asíque vine a ver cómo estabas”.
“Pero ya estoy bien. ¿Qué fue ese ruido? Parecía que estabandiscutiendo..."
 
“Ah, era Agenor el payaso, que estaba borracho y se cayó encima de laparrilla”.
 
Solo Dios sabe el miedo que sentí encerrado en el baño, pensando quelos gritos eran de Mauro discutiendo con Erika por haberlo descubierto todo.Una vez aclarado el malentendido, solo quedaron las cosas buenas. Recuerdos yrisas por lo sucedido.
 
Pero ahora estaba allí, justo delante de mí, más sexy que nunca, y losrecuerdos de la felación que me había hecho el día anterior no dejaban devolver, colocándome en un estado de excitación constante.
 

Lo que me molestó fue lo que dijo al final, que Mauro reaccionaríaviolentamente si sospechaba lo que había sucedido.

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“Dejame explicarte algo, Gerson... A Mauro y a mí nos encanta hacerlocuras, y con el tiempo, fuimos arriesgándonos cada vez más y probando cosasfuera de lo común, como seguramente habrás visto en las fotos y en los videos.Llegó un punto en que descubrí que le gustaba verme tener sexo con otraspersonas, hombres o mujeres. Tardó un tiempo, pero finalmente lo admitió, y desdeentonces, todo eso fue posible. Me encanta esta situación y siempre intentocomplacer todos sus deseos. Me siento deseada y admirada por él por tener esto.Su comportamiento hacia mí y su aliento a mis encuentros sexuales con otroshombres”.
 
“¿Y cómo los eligen?”
 
“Cuando veo a un hombre que me interesa, hablo con Mauro, y si a él legusta, me deja iniciar una conversación e intentar convencerlo para tenerrelaciones sexuales”.
 
“Bueno... nunca lo hubiera imaginado...”
 
“Imaginá las caras de los hombres cuando inicio una conversación y lesdoy pie para coquetear. Al principio, parecen dispuestos a intentar cualquiercosa, pero cuando les cuento que estoy casada y que mi marido siempre nosobserva y graba durante nuestras relaciones sexuales, se quedan completamentesin palabras; algunos incluso piensan que intento  aprovecharme de ellos. O me estoy burlando ocreen que estoy loca, pero con un poco de persuasión algunas personas terminanaceptándolo”.
 
“Todavía no entiendo por qué dijiste que Mauro sería violento conmigo”.
 
“Sencillo. Por motivos de privacidad, solo tenemos relaciones sexualescon desconocidos, personas ajenas a nuestro círculo. Mauro jamás aceptaría queun conocido, especialmente un amigo de tantos años como vos, se enterara, ymucho menos que participara. Desde el principio, acordé con él que solo tendríarelaciones sexuales con desconocidos y siempre con su consentimiento. Si tuvierauna sospecha de que sabés de nuestra vida íntima, se sentiría completamenteavergonzado. Ahora, el verdadero peligro es que descubra que tuve relacionessexuales con vos delante de sus narices. ¿Entendés mi preocupación?”
 

Eso fue demasiado para mí. ¡Él animaba a su esposa a tener relacionessexuales con desconocidos, pero sería capaz de matarla si ella cediera ante unamigo! ¡Qué locura! Por mucho que insistí, rechazó mi invitación para ir a unmotel cercano. Dos horas de conversación después, me besó en la mejilla y sedespidió. Estaba furioso, porque estaba seguro de que iríamos al motel esatarde. Pasé la semana obsesionado con sus fotos y videos mientras intentabaencontrar la manera de ponerle mis manos encima a ese delicioso culo.

friends

El fin de semana siguiente, allí estaba yo ayudando a Mauro a pintarel garaje, emocionándome cada vez que Erika pasaba con sus pantalones cortoscerca de nosotros. Después de terminar de pintar, los tres nos sentamos acharlar y beber cerveza en el patio trasero, porque hacía un calorinsoportable. De repente, le dijo a Erika que fuera a buscar las fotos de suviaje que acababan de revelar, ya que tenían muchas y las estaban revelandopoco a poco. Aproveché para pedirle que trajera también las otras fotos, porquequería volver a verlas. Ella fue a buscar las fotos y él empezó a poner carbónen la parrilla. Me quedé sentado, viéndola alejarse, con la mirada fija en su culo,tragando mi cerveza con cierta ansiedad. Media hora después, todavía no habíaregresado. Mauro estaba a punto de levantarse para ver por qué tardaba tantocuando apareció con los álbumes en las manos. Se había duchado y cambiado deropa. Llevaba una camiseta blanca de tirantes finos y otros pantalones cortos,más ajustados que los anteriores. No llevaba corpiño, como siempre, pero ahorasus pezones estaban erectos y claramente visibles bajo la fina tela. Su cabellono estaba seco y goteaba sobre sus hombros, humedeciendo la parte superior desu blusa, y pronto el contorno de sus tetas apareció tentadoramente bajo latela mojada. Mauro incluso bromeó, diciendo que tenía los faros encendidos,pero a ella no le importó ni puso mala cara. Se rió y lo llamó"aburrido", todo en un ambiente muy relajado, como había sucedidoantes. Pero noté algo diferente en su forma de hablar y bromear. Estaba un pocomás desinhibida de lo habitual. Tragué saliva con dificultad y me retorcídebajo de la mesa.

sexo oral

Mauro, a mi lado, hojeaba el álbum, describiendo las escenas, y yointentaba fingir interés, pero siempre que podía, la miraba rápidamente a ellay a su camiseta mojada, que estaba justo delante de mí. En un momento dado, seestiró, bostezando levemente, y casi perdí el control cuando sus pezonesapuntaron hacia arriba, intentando abrirse paso, presionados contra la telamojada. Me estaba matando; me estaba atormentando, pero siempre mantenía unacara inocente, como si nada estuviera pasando. De repente, Mauro golpeó subrazo con un vaso de cerveza que cayó sobre la mesa, y en su afán por evitarque las fotos se mojaran, apartó rápidamente los álbumes, provocando que unmontón de fotos cayeran sobre la mesa y el suelo. Tras el susto inicial,empezamos a recoger las fotos, y fue entonces cuando ocurrió la sorpresa. Entrelas fotografías que estábamos viendo, aparecieron otras que mostraban a Erikapaseando por las calles de Salvador, levantándose la falda, mostrando su conchaen bares y discotecas, completamente desnuda en una playa nudista, posando parala cámara con las piernas abiertas o en cuatro patas, con su gran culoclaramente visible, e incluso había algunas donde acariciaba discretamente laverga de un hombre negro cerca de algunos bañistas, mientras jóvenes, ancianosy parejas aparecían jugando al voleibol al fondo. Todos estaban desnudos,después de todo era una playa nudista, pero si miraban en su dirección, veríanla escena de su hermosa manito acariciando la verga del hombre negro, y a sudueño actuando con toda la naturalidad del mundo, manejando el instrumento.Mauro estaba paralizado, sin saber qué decir. Intentó recoger rápidamente lasfotos, pero estaban demasiado dispersas, y yo ya había tomado algunas. Erikafingió sorpresa y vergüenza delante de mí. No sé qué cara puse en ese momento.Los tres nos quedamos sin palabras, congelados. Mi verga palpitaba, muycaliente, debajo de la mesa.

Mis buenos amigos

Todo había sido planeado. Unos días después, cuando estábamos a solas,me contó que había colocado a propósito las fotos prohibidas entre las normalespara iniciar la conversación y crear un ambiente propicio. Era su manera deconseguir que Mauro me revelara sus aventuras íntimas con ella. Todavía hoy mesorprende, al recordarlo, la audaz solución que encontró para que viera lasfotos en presencia de su marido.
 
Cuando él se recuperó de la sorpresa y estaba a punto de hablar, ellatomó la iniciativa.
 
“Mauro, ¿cómo pudiste ser tan descuidado?”
 
“¿Yo...?”
 
“¡Sí, vos! Fuiste vos quien agarró los álbumes anoche, ¿te acordás?Fuiste vos quien los guardó. ¿Cómo pudiste olvidar separar esas fotos? ¡Diosmío, no puedo creer que esto esté pasando!”
 
Con otra jugada maestra, le dio la vuelta a la situación y la culparecayó sobre él, quien, tras respirar hondo, dijo con cierta reticencia: “¡Gerson,por Dios, no le digás a nadie que viste esas fotos!”.
 
“Todo bien, amigo. No diré nada, podés confiar en mí. No me meto en lavida de la gente, ¿sabés?».
 
“Gracias... Muchas gracias. ¡Mierda, necesito otra cerveza!”
 
"Yo también", dijo Erika.
 
Unas cervezas después, la calma volvió, y Mauro me contó todo lo queya sabía pero fingí sorpresa y comprensión, reforzando siempre que no teníanada de qué preocuparse, ya que no saldría ni una palabra de mi boca. Cayó lanoche y entramos. Ya estábamos completamente acostumbrados a la idea de que yolo supiera todo e incluso bromeábamos sobre lo que había pasado, pero no pudeencontrar la manera de invitarme a tener sexo con Erika en su presencia. Dijeque iba a ducharme para quitarme la pintura del cuerpo y luego me iría a casa.Agarré mi ropa y fui al baño, con las hormonas a flor de piel. Mientras el aguacaliente corría por mi cuerpo, recordé todo lo que acababa de pasar y sonreípara mis adentros, con la esperanza de que ahora sería más fácil encontrar lamanera de tener algo de acción con ese maravilloso culo, ya que la historiahabía sido revelada. Cuando llegué a la sala, vi que Mauro también se habíaduchado y ahora estaba sentado junto a su esposa viendo televisión en el sofá.
 
“Bueno, amigo, me voy, se está haciendo tarde. Nos vemos”.
 
“Gerson, de verdad que no se lo vas a contar a nadie, ¿verdad?”
 
“No te preocupés, Mauro”.
 
“Bueno, bueno... gracias de nuevo”.
 
“Nos estamos viendo”.
 
“Gerson, eh... ¿Por qué no te quedas a dormir acá esta noche? Ya esmuy tarde”.
 
“No te preocupés, Mauro. No quiero parecer entrometido, sobre todoesta noche”.
 
“Entonces, antes de que te vayas, solo decime una cosa”.
 
“Sí, claro.
 
“¿Qué pensás de lo que Erika y yo estamos haciendo? ¿Qué sentistecuando viste las fotos?”.
 
“Voy a ser honesto... me excité muchísimo y realmente hasta pensé entener sexo con Erika”.
 
“Lo imaginé... ¿Y qué te parece hacer una pequeña fiesta con nosotros?Mientras te duchabas, hablamos y ella dijo que le gustaría tomarse algunasfotos con vos”.
 
Ahora que el susto había pasado y ya lo sabía todo, le dije a Mauroque no habría ningún problema en tener relaciones sexuales con alguien deconfianza.
 
“¿Qué te parece?”, agregó Mauro.
 
“Bueno, ya que todo salió a la luz, solo puedo decir que estoy muyilusionado y que podés confiar plenamente en mí”.
 

“Voy a buscar la cámara”, dijo Mauro mientras se levantabaapresuradamente y subía corriendo las escaleras hacia el dormitorio.

sexo anal

Me senté en el sofá y ella, a mi lado, empezó a acariciarme la vergapor debajo de los vaqueros. Eso bastó para que me estremeciera, y al notar mireacción, empezó a apretar más fuerte. En ese momento, Mauro, que estababuscando el equipo en la habitación de arriba, bajó, y confieso que supresencia me incomodó un poco, pero ella continuó al mismo ritmo:"Relajate, imaginá que solo estamos nosotros dos", dijo con unasonrisa pícara. "Para que salga bien, tenés que entrar en ambiente... Note preocupés por mí", dijo Mauro, sonriendo también. Puso un colchón en elsuelo del salón y, en cuanto preparó la cámara, se acercó a nosotros y dijo:"Todo está listo, podemos empezar ya".
 
"Empecemos acá en el sofá y sigamos en el colchón. Quedatesentado y dejame empezar, ¿de acuerdo?", dijo, apretándome la verga conmás fuerza.
 
"Vos mandás", respondí.
 
Ella permaneció arrodillada entre mis piernas y giró hacia la cámara:"Podés empezar a grabar".
 

La luz de la cámara se encendió y se detuvo un instante, haciendo zoomen su rostro, que ella volvió hacia mí. Acarició mi verga durante unos momentosmás y me bajó la cremallera del pantalón por completo, bajándolo hasta mispies, me lo sacó y lo tiró a un lado, dejándome solo en ropa interior. Mi vergapalpitabasalvajemente. Lentamente me lamió por encima de la ropa interior hasta quecomenzó a bajármela con ambas manos a la vez. La punta emergió gradualmente,luego el resto, hasta que quedó completamente expuesta, apuntando hacia arriba,hacia su rostro, que se transformó por la excitación. Dejó que un hilo desaliva corriera por la punta roja hasta mis testículos. Con su mano, extendióla saliva por toda mi verga hasta que quedó completamente cubierta y brillantebajo la luz de la cámara, que no se perdió ni un solo movimiento, haciendo zoompara capturar el mejor ángulo. Cuando se la tragó hasta la mitad mientrasmiraba a la lente, noté la satisfacción y la excitación grabadas en el rostrode su marido, que lo devoraba todo con los ojos muy abiertos y mordiéndose loslabios. La agarré del pelo y ella sonrió en respuesta. Entendí el mensaje ycomencé a forzarla hasta el fondo. Empujé su cabeza hacia abajo con ambasmanos, la enterré hasta el fondo y la mantuve ahí. Ella comenzó a ahogarse yforcejear, y cuando le levanté la cabeza un rato después, noté lágrimascorriendo por sus ojos y mezclándose con la saliva extendida por su rostro. Apesar de la relativa violencia que usé, el marido no hizo la menor señal de protesta;al contrario, mostró gran excitación. Ella, a su vez, me llamó hijo de puta,todavía tosiendo un poco, pero sonriendo levemente. Abrí más las piernas y ellase arrojó completamente sobre mi verga, chupándola con fuerza. Se metió mis dostestículos en la boca al mismo tiempo y comenzó a masturbarme con su manoderecha, con cuidado de no interferir con la cámara. Cuando Mauro, sin dejar defilmar, le preguntó maliciosamente si lo estaba disfrutando, ella giró hacia ély respondió: "Me encanta la verga de este tipo, y después de cogérmela unbuen rato, voy a hacer que eyacule en mi boca para poder tragarme todo. Voy atragarme todo el semen de este tipo, vas a ver...” Parece que eso fue demasiadopara Mauro, quien sacó su pene y comenzó a masturbarse mientras filmaba.

amiga puta

Nunca me había visto en una situación así. Otro tipo masturbándosemientras me veía tener sexo con una mujer, y encima, con su propia esposa. Lomiré de reojo y pensé: "Mierda, conozco a este tipo desde hace siglos.¿Cuándo me habría imaginado algo así?". Confieso que al principio me sentíincómodo, pero pronto dejó de importarme. Después de chuparme y babear sobre mídurante unos 20 minutos, se levantó, me tomó de la mano y me llevó al colchónde la sala. Había un montón de almohadas esparcidas; agarré algunas y me tumbésobre ellas, boca arriba, cumpliendo su petición. Antes de subirse encima demí, le dijo a la cámara: "Ahora te voy a coger muy bien". Dicho esto,no dudó y se sentó sobre mi verga hasta el fondo. Sentí cómo mis huevos eranaplastados por su culo. La puta estaba cogiendo sin control; se podía oír elsonido de su carne golpeando la mía mientras el sudor salpicaba. Sin previoaviso, comenzó a temblar por completo y a poner cara de llanto... Estaballegando al orgasmo y gimiendo fuerte. No sabía que una mujer pudiera llegar alorgasmo tan rápido y tan deliciosamente. Solo mirar su rostro me daba placer.Le pedí a su esposo que lo filmara, y él accedió con gusto, haciendo zoom en surostro sonrojado, empapado de lágrimas, saliva y sudor. Tan pronto como cesaronlos gemidos, se volvió algo letárgica, débil. La levanté y la acosté bocaabajo, y ella obedeció sin resistencia. Coloqué cuatro almohadas debajo de suestómago, haciendo que sus nalgas quedaran completamente levantadas. Ellacooperó, abriendo un poco más las piernas y permaneciendo en silencio,sollozando suavemente, solo esperando mi entrada. Me coloqué detrás de ella, yMauro preguntó, como si fuera un comentarista de cine, ¿qué iba a hacer?
 
“Voy a cogerla por el culo a esta puta”, respondí sin mirarlo,pensando que la palabra ´puta´enfadaría a mi amigo, pero no fue así.
 
“¿Vas a cogerla con fuerza o con suavidad?”, preguntó Mauro.
 
“Me masturbé mucho y solo pensando en ver ese culo, y ahora que tengola oportunidad, voy a cogérmela con fuerza. No podrá sentarse bien durante unosdías.” –
 
“¿Ya te masturbaste pensando en mi mujer? ¡Qué linda sorpresa!”
 
“Muchas veces.”
 

“Adelante, entonces... a ella le gusta... ¡Rompele el culo!”.

friends

El marido se bajó los pantalones y se colocó a su lado con la vergaerecta. Ella empezó a lamerle los testículos mientras él se masturbaba con unamano y seguía filmando con la otra. Pronto empezó a eyacular, pero solo vi elprimer chorro porque ella se metió toda su verga en la boca y se tragó el restode la eyaculación, lo cual era evidente por los movimientos de su garganta. Mequedé asombrado, preguntándome cómo no se atragantó, ya que tenía todo el penedentro de la boca y la eyaculación ocurrió directamente en su garganta.
 

Aceleré mis movimientos en su culo solo para ver qué haría, tratandode gritar de dolor pero con la boca llena. Lo que vi fue su rostro de agonía,mientras gemía fuerte y desesperadamente por sus fosas nasales, que estaban muyabiertas. Tan pronto como Mauro sacó su verga medio blanda y pegajosa de suboca, dejé su culo y tomé el lugar de su marido. Estaba cansada, parecíasomnolienta, y ya no reaccionaba con la misma energía que antes, ya habíatenido un orgasmo y la había penetrado por el culo con cierta violencia. Aunasí, demostró que quería más y más, negándose a rendirse. Acomodé su cabeza enmi regazo, como quien acomoda un paquete muy delicado. Estaba toda sudorosa, yeso la hacía aún más deseable. Abrió la boca y me miró, con ojos soñolientos,mostrando claramente lo que quería que hiciera. Casi exploto solo con ver laescena. En realidad, el clímax estuvo muy cerca, y no necesité meterla en suboca muchas veces para que el semen saliera disparado con fuerza, pero adiferencia de lo que había hecho con su marido, esta vez no se metió mi vergaen la boca. Mi eyaculación salió a chorros fuertes, y ella giró lentamente lacara de un lado a otro, como si se estuviera duchando y mi verga fuera la florde la ducha, que sostenía en su mano y dirigía hacia donde quería que cayera elsemen. Su cara, cuello y pelo estaban pegajosos, y después de limpiarse lo quetenía en los ojos, miró a la cámara y me chupó la verga profundamente,apretando mis testículos y tragándose el resto de la eyaculación en tragoslentos. Cuando todo terminó, Mauro me pidió que me tumbara a su lado en laesterilla y mirara a la cámara. Erika, siempre mirando hacia el objetivo, memasturbó lentamente la verga, que no se había ablandado del todo, con su manosudorosa y pegajosa.

sexo oral

Cuando por fin dejó de filmar, tomó la cámara de fotos y sacóalgunas,  principalmente de su caramanchada y de su mano sujetando mi verga. Luego dejó todo en la estanteríajunto al televisor y fue a la cocina, de donde regresó con una botella de vino,una de cerveza y tres vasos. Llevamos los vasos llenos al baño y nos dimos unaducha muy caliente. Bajo la ducha, Érika se colocó entre nosotros, de espaldasa mí, mientras besaba a su marido en la boca durante un buen rato y me acercabala cabeza a su hombro. Fue una ducha deliciosa, y ya no sentía ningunavergüenza por la presencia de Mauro. Relajados por el agua caliente, terminamosnuestras bebidas, desnudos en el sofá del salón, con luz tenue y música suavede fondo. Apenas hablamos, sobre todo nos mirábamos. La expresión desatisfacción en sus rostros era evidente, y en ese momento me di cuenta de loenamorados que estaban. Incluso me sentí un poco avergonzado de estar allí,como si fuera superfluo en esa situación. Lo notaron, y Erika comenzó aacariciar suavemente mis muslos y mi verga, que mostraba signos de erecciónnuevamente, mientras besaba y era besada por su esposo. Me invitaron a dormircon ellos en la cama de la pareja, y acepté de inmediato. Esas sábanasperfumadas, el cuerpo suave y desnudo de Erika entre nosotros, mis manos librespara tocar donde quisiera: toda la atmósfera reavivó nuestros deseos. Solo unalámpara iluminaba la habitación, intensificando aún más la atmósfera erótica.Música suave y tranquila, y las cervezas y el vino que habíamos traído avivaronnuestro fuego. Bajo la delgada sábana, pude ver su mano masturbando a suesposo. Eso me excitó por completo, y le susurré al oído que se diera vuelta yabriera las piernas, lo cual hizo de inmediato. Bajé hacia su culo y comencé alamer profundamente dentro de su ano. Ella aprobó mi iniciativa, arqueando laespalda hacia mí, facilitando el trabajo de mi lengua. Estaba lamiendo ese culogrande y firme con deleite. De vez en cuando le pasaba la lengua por la concha,pero en realidad estaba concentrado en su culo. No podía ver nada, pero la oísusurrarle algo a su marido, y luego el sonido vino del cajón de la mesita denoche junto a la cama.

Mis buenos amigos

 Después de un rato, me entregó un tubo de lubricante por debajo de lasábana. Toda mi excitación regresó cuando comprendí el significado de esegesto. Apliqué el lubricante y luego enterré mi dedo, de modo que ninguna partequedara desprotegida. No solo estaba lubricando. Estaba masajeando condedicación y entusiasmo. A veces me apartaba un poco solo para ver mejor yapreciar la visión de mis dedos enterrados en su culo, y eso aumentó miexcitación aún más. Pasé una buena media hora en ese delicioso juego, porquerealmente disfrutaba lo que estaba haciendo, tengo una verdadera adoración porel sexo anal. Más aún cuando es con un culo de ese tamaño. Me coloqué detrás deella, que continuó besando y masturbando a su marido, pero ahora sin la sábana,porque ya estábamos calientes de nuevo.
 
Con su ayuda, mientras colocaba mi verga en la entrada de su ano consu mano, comencé a abrirme paso a la fuerza. Pero esta vez la penetración fuemás difícil, y ya no tenía el impulso de entrar violentamente. Así que entrépoco a poco, sin prisa. Después de que la punta entró, abrió sus nalgas con lamano y pude continuar. Sentí su ano contraerse con cada centímetro que entrabay escuché los inevitables y deliciosos gemidos, hasta que mi verga estuvocompletamente dentro de nuevo. Cuando eso sucedió, me rodeó la espalda con elbrazo y me sujetó. Inmediatamente comprendí que era para darme un poco detiempo, y me quedé quieto. Pensé que no quería tener sexo anal de nuevo, perono era así en absoluto. Aún sujetándome, con mi verga completamente enterrada einmóvil en su ano, le habló gimiendo a su marido:
 
“Su verga está toda adentro de mi culo... Ahora te deseo...”.Continuaron besándose y Mauro se fue colocando poco a poco, hasta quefinalmente ocurrió la penetración. Los tres estaban tumbados de lado en lacama. Yo enterrado hasta el fondo en su culo, Mauro firmemente en su concha, yella en medio de nosotros siendo doblemente penetrada.
 
“Quedensé quietos, chicos…”, dijo ella, gimiendo. La sujeté firmementepor los hombros y Mauro la agarró por la cintura. Estábamos tan adentro quepodía sentir su verga rozando la mía desde dentro. Erika se apoyó en nosotroscomo pudo y empezó a frotarse contra nosotros.

sexo anal

Enderecé todo mi cuerpo para apoyar los movimientos de Erika, y Maurohizo lo mismo. Éramos como dos estatuas, sobre las que ella se apoyaba y semasturbaba a la vez por el ano y la vagina. La ducha le había devuelto toda laenergía, y se aseguró de no escatimar esfuerzos. Sentí el sudor correr por suespalda y me deleité al ver sus caderas moverse como serpientes, a pesar deestar atrapada entre su marido y yo.
 
Pensé que era una lástima que esa escena no estuviera siendo grabada,porque sin duda me habría encantado verla después. Me asombró su resistencia;no se detuvo ni un instante, hasta que empezó a gemir sin aliento. Entre todoslos movimientos y gemidos, dijo... "Aiii, chicos... voy a llegar... lleguenconmigo... empujen fuerte... Aahhhhhhhonnnnnn....”
 
Al oír eso, Mauro y yo respondimos de inmediato y empujamos tan fuerteque casi la atravesamos. Él empezó a eyacular ruidosamente y yo no me quedéatrás, explotando casi al mismo tiempo, eyaculando copiosamente dentro de suculo.
 
“Sí, chicos... Los estoy sintiendo... a los dos al mismo tiempo... Estan cálido... tan delicioso... Hhuuummmnnnn…”
 
Los tres permanecimos paralizados, como si una fuerza nos mantuvieraunidos, o mejor dicho, sin la fuerza para separarnos después del orgasmo, hastaque poco a poco nos relajamos y nos soltamos, y ella finalmente pudo bajar lapierna que había permanecido levantada durante todo el acto.
 
Al despertar por la mañana, sentía como si hubiera mantenido la piernaen alto durante más de media hora. Tenía los muslos muy doloridos y pesados. Megiré de lado y seguían profundamente dormidos. Ya era lunes, día laborable,pero nadie se había levantado.
 
Los tres nos quedamos dormidos, pero no nos molestó en absoluto. Alcontrario, nos levantamos poco a poco, aprovechamos la mañana para despertarnoscon calma, tomar café sin prisas y relajarnos. Pasamos el resto del díacharlando. Al principio, fue extraño sentirnos tan a gusto allí después de todolo sucedido, pero todo se desarrolló con tanta intensidad y, a la vez, contanta naturalidad que no nos incomodó en absoluto. Nuestra amistad no aumentóni disminuyó; no cambió mucho. Quizás solo se intensificó la intimidad, pero elrespeto entre los tres permaneció intacto.
 
La mayor diferencia es que, después de aquel fin de semana, empezamosa vernos más a menudo y a hacer cosas que la mayoría de la gente solo ve enpelículas y revistas. Siempre que tenían alguna idea para una salida diferente,me llamaban. Y yo nunca estaba demasiado ocupado como para no atender a misbuenos amigos Erika y Mauro.
 

FIN

amiga puta

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