Me senté en lasgradas del estadio de fútbol viendo a Christopher y Gwen graduarse. Miré a míalrededor a todas las demás madres sonriendo con orgullo. No podía ser laúnica, ¿verdad? Había tantas. Al menos unas cuantas debían ser tan pervertidascomo yo. Y al menos una o dos de ellas debían haber actuado en consecuencia.Claro, incluso si se hubieran acostado con sus hijos, era poco probable quetambién ellas tuvieran una novia en la clase de graduados. Ojalá pudieraencontrar de alguna manera a mis compañeras madres degeneradas y contarles todosobre mi año loco. Y me encantaría escuchar lo que tuvieran que decir.
"Ahí vieneChristopher." Carl me palmeó la mano. Si tan solo supiera que su esposaestaba viviendo la vida de una adolescente salvaje. "¿No se veguapo?"
"Sí, muyguapo." Era tan malvada. Solo podía pensar en abrirle las piernas a Christophermás tarde ese día. Lo haría usar su ridícula toga y birrete mientras memontaba. "Tenemos el hijo perfecto, Carl." Mi esposo asintió en señalde acuerdo.

El institutoterminó y las semanas pasaron. Con Gwen y Christopher fuera del colegio,pasamos muchísimo tiempo juntos. Mi barriga crecía cada vez más, pero eso nopareció disminuir su interés por mi cuerpo. Todo lo contrario.
"Quieroque se ponga el bikini otra vez, Sra. Green." Gwen se estaba poniendo supropio bikini mientras nos cambiábamos en mi habitación. Christopher ya estabajunto a la piscina esperándonos.
"Me veoridícula, Gwen." Me desabroché el sujetador y me lo quité. La vi meter sucuerpo en el traje de baño. Estaba enamorada de todo en ella, incluso de laforma en que me perseguía agresivamente. Tendrás que admitir que el chantaje esbastante agresivo. Pero, por muy prendada que estuviera, era solo una pruebamás de cuánto me deseaba.

"Sé unabuena novia y hacé lo que te digo, ¿sí?" Su sonrisa era tan traviesa comosiempre. "No te preocupes por el protector solar. Yo me lo pondré." Suspiré."Apuesto a que sí." Como era de esperar, antes de que pudiera ponermeel bikini, se dejó llevar aplicándome protector solar. Nos besamos durante unbuen rato. Finalmente, me separé y nos unimos a Christopher en la piscina.
"¿Por quédemoraron tanto tiempo?" Christopher estaba flotando en una tumbonainflable. No podía apartar la vista de su cuerpo musculoso. Iba a romper muchoscorazones en la universidad.
"Tuvimosque ponernos protector solar." Gwen posó un poco para él y le guiñó unojo. Parecían más coquetos a medida que avanzaba el verano. "La seguridadante todo, ¿cierto?"
"Lo dijola chica que me hizo acostarme con mi madre sin protección." Christophersalpicó agua a Gwen. Al principio pensé que estaba enojado, pero estabasonriendo. Ese era mi hijo, siempre tan tranquilo con todo.
"Silencio,Christopher." Miré la cerca del vecino. No pensé que estuvieran en casa.
"Memojaste." Gwen saltó a la piscina con un gran chapoteo. "Y ahoraestoy empapada." Empujó a Christopher al agua y se montó en su espalda.
Miré la cercapor última vez, me relajé y me senté bajo una sombrilla. Los observé jugar comocualquier otra pareja de dieciocho años en público, agarrándose con ciertainocencia sus jóvenes y firmes cuerpos. Me conmovió. Todo parecía tan natural.Si no lo supiera, me habría sorprendido saber que ambos habían estadoacostándose conmigo durante meses.

Nos divertimostodo el verano. A veces estaba con los dos, a veces con Gwen y a veces conChristopher. Muy rara vez estaba sola. No hablamos mucho sobre su próximapartida en otoño, aparte de discutir las necesidades prácticas con Christopher.Pero creo que todos sentimos que el alegre verano llegaba a su fin mientrasavanzábamos en agosto.
Un díaabrasador, me encontré con uno de esos raros momentos de soledad. Amaba a miesposo, a mi hijo y a mi novia, pero era agradable tener un momento de paz ytranquilidad. Gwen y Christopher estaban haciendo algo con sus amigos. Carlestaba en el trabajo. Yo estaba leyendo en la sala cuando creí oír algo en lacasa.
Incliné lacabeza y escuché. ¿Podría venir del sótano? Me levanté lentamente y me dirigí alas escaleras. No era el viento, ya que el aire exterior era cálido, húmedo ysin vida. Bajando las escaleras, agucé el oído. Voces suaves se elevaron desdeel sótano. Eran Christopher y alguien más. Entré en la sala de máquinas y peguéla oreja a la pared. Hablaban en voz baja, así que no pude oír las palabras.Pero, por supuesto, reconocí el tono y la cadencia del habla de Gwen.
¿Qué demonioshacían juntos? Sé que Christopher aprovecharía la oportunidad de estar con suexnovia, pero Gwen había dejado muy claro que no quería novio. Me entristecedecir que estaba un poco celosa. Especialmente cuando sus gemidos familiares seabrieron paso a través de la pared.

"Como enlos viejos tiempos", susurré y me levanté el vestido. Me masturbé mientrasChristopher hacía lo que fuera que le estuviera haciendo. Llegué al clímaxjusto cuando comenzaron sus profundos gruñidos. Era hora de colarme en lafiesta. Dejé mi sitio junto a la pared y caminé hacia la habitación deChristopher. La puerta estaba cerrada, pero sin llave. La abrí un poco.
"Dios...Chris... uuuggghhhhhhh... más despacio... es más grande que todos misvibradores juntos." Gwen estaba de rodillas, mirando por encima del hombroa Christopher.
"No...puedo... evitarlo. Sos... eh... eh... eh... tan caliente." Las caderas deChristopher eran un borrón. Habiendo estado en el lado receptor de esa vergamuchas veces, podía ver por qué ella quería que fuera un poco más despacio. Misdedos y mi lengua no eran los mismos. Y supongo que sus juguetes tampoco. Miréde cerca y me sentí aliviada al ver que su gruesa verga estaba cubierta delátex. Estaban siendo precavidos.
"Vas a...ugh... romperme, gran... oooohhhhh... tonto." Gwen apretó los dientes y seaferró a las sábanas con fuerza.
"Por elamor de Dios, Christopher. Bajá la velocidad." Entré en la habitación conlas manos en las caderas. "Ella no está acostumbrada a tu verga."
Las caderas deChristopher se ralentizaron de inmediato. Me miró sin sorpresa, como si mehubieran estado esperando. "Lo siento, mamá. Es que... eh... eh... me excitomucho... a veces."
"Ya loveo." Dirigí mi atención a Gwen. "¿Así está mejor, cariño?"
"Oooohhhhh,sí." Sus ojos se pusieron en blanco. "Mucho mejor." Se mordió ellabio y asintió.
"¿Quéestán haciendo ustedes dos? Pensé que lo de ustedes había terminado."Intenté que los celos no se notaran en mi voz.
"Nos vamosa ir... pronto", dijo Gwen. "Una última... ugh... caída por losviejos tiempos... por el bien de..." Cuando vio mi ceño fruncido, me hizouna seña para que me acercara. Me senté en la cama, me incliné y la besé. Fueextraño besarla mientras su cabeza se inclinaba hacia adelante con cada lentaembestida de las caderas de Christopher. Rompimos el beso y me sonrió. "Noesté ugh... triste, Sra. Green. Seguiré visitándola."
"No estoytriste", mentí. "Estoy feliz por ustedes dos". Eso era cierto."Van a tener tantas aventuras en la universidad. Ojalá pudiera ir conustedes".
"Mamá...¿puedo... hacer... que vos también?" Christopher asintió hacia el espaciovacío junto a Gwen. Entendí la idea.
"Estábien, el deber llama". Besé a Gwen rápidamente esta vez y me desvestí. Mearrastré hasta la cama y me puse a cuatro patas junto a ella.

Al principio,Christopher me acarició mientras se acostaba con Gwen. Eso fue agradable. Luegose retiró de ella, se quitó el preservativo y se deslizó adentro mío. Eso fuecelestial. Giré la cabeza y miré a los ojos de Gwen. "Voy... ugh... voy aextrañarte mucho... uh... uh... uh... mucho".
"Sos lamejor... mamá... de todas." La voz de Christopher estaba cargada deplacer. Me dio una palmada en el culo y grité. "¡Pensá en... cuánto... tevoy a extrañar!"
"Yotambién, Sra. Green. Yo también." Gwen me besó. Era mi turno de lanzarmecontra ella con cada embestida de Christopher. Fue perfecto. Pero incluso losublime debe terminar eventualmente.
Pasaron un parde semanas más, y Gwen vino para su última visita de verano. Christopher estabacon sus amigos, y mi esposo estaba en casa de un amigo viendo el partido. Conlas luces apagadas en la sala, Gwen y yo nos besamos un rato, y luego nostocamos sentadas una al lado de la otra en el sofá.

"No meolvidarás... cuando salgas con chicos universitarios... ¿verdad... Gwen?"Se veía bastante seductora bajo la luz de la farola que entraba por lasventanas. Su sonrisa era brillante en la oscuridad.
"¿Quiéndijo algo... sobre chicos universitarios... Sra. Green?" Me bajó elvestido y el sujetador, y me lamió el pecho. Sus dedos continuaron con sumagia. "Voy a ir tras una... ugh... mujer mayor. Algún profesorinteligente y estirado... que necesita aprender a relajarse. ¿Qué piensa?¿Tengo... alguna posibilidad?"
"No tengoninguna duda de que saldrás con... quien sea que te propongas... oh..." Mederretí en el sofá. Todos mis nervios vibraban. En lugar de celos, la idea deque ella domara a uno de sus profesores aumentó mi deseo. "Cabalgame...una última vez."

Gwen se rió."Claro que sí." Nos desvestimos, me ayudó a ponerme boca arriba yentrelazó sus piernas con las mías. Tenía lágrimas en los ojos cuando medespedí esa noche. Ella iba a forjar su propio destino. De eso estaba segura.
A pesar de sertan grande como una casa, insistí en llevar a Christopher a la universidad. Miesposo se ofreció a acompañarme, pero cuando vio que estaba decidida a pasartiempo a solas con Christopher, accedió. Se alegró de evitar el viaje. Noquería perderse el golf con sus amigos.
Conduje yChristopher durmió casi todo el camino. El auto se llenó con los sonidos deAbba, y mi mente se llenó de recuerdos del último año. Había vivido los sueñosde toda adolescente rebelde. Pero al final del día, seguía siendo una madre casadade cuarenta y tantos años. No me iba a la universidad, ni me mudaba a ningúnlado, ni conocía gente nueva. En cambio, iba a tener un bebé.
Desperté aChristopher cuando llegamos y fuimos a buscar su habitación en la residencia.Estaba tan celosa de que la emoción de la juventud se extendiera ante él comoun fabuloso banquete de nuevas experiencias. Pero mantuve mis palabraspositivas y de apoyo, señalando una estatua genial aquí o un edificiointeresante allá. Conocimos a su consejero de residencia, conseguimos su llavey encontramos su habitación. Su compañero de cuarto aún no había llegado.
"¿Bueno,qué te parece?" Una mezcla de emociones me invadió. Me concentré en mifelicidad por él y sonreí.
"Es unpoco pequeña." Christopher tenía razón. Su habitación tenía lasdimensiones de una celda de prisión. Me pregunté cómo se sentiría teniendo quecompartir un espacio tan reducido.
"Apuesto aque todo tipo de chicas visitarán esta habitación." Le di una palmaditaamistosa en el culo. "Lo vas a pasar muy bien."
"¿Mamá?"
"¿Sí?"Me sorprendió cuando cerró rápidamente la puerta, la cerró con llave y me besócon la pasión que ya esperaba de él. Interrumpió el beso y me miró seriamente.
"Quieroque seas la primera chica en mi habitación de la residencia." Christopherme desnudó con dedos torpes y apresurados. Creo que estaba nervioso porque sucompañero de cuarto podría aparecer en cualquier momento. Sabía que la idea mepreocupaba un poco. Me encontré desnuda, observándolo quitarse la ropa.
"¿Querésinaugurar tu nueva habitación conmigo?" Me arrodillé y lo tomé en mi boca.Mi hijo nunca dejaba de excitarme.
"Sí...sí... mamá."
Christopher meagarró del pelo y me frotó la cabeza contra su verga. Ambos sabíamos que prontoestaría nadando en una vagina, pero aun así me deseaba. Estaba emocionada.
Después de unamamada rápida y descuidada, me monté sobre él en su colchón sin hacer. Bueno,¡al menos esperaba que fuera suyo! Podría haber sido de su compañero de cuarto,supongo. Lo animé a que eyaculara dentro de mi concha, y lo hizo.

Después nosvestimos rápidamente. Justo cuando me estaba poniendo el vestido, oí una llaveen la puerta. Un segundo después, entró su nuevo compañero de cuarto con suspadres. No suelo sonrojarme, pero sentí que mis mejillas se calentaban. Mepregunté si podrían oler lo que habíamos estado haciendo. Terminamosrápidamente con la charla trivial y salimos de la residencia.
Esa noche llevéa Christopher a cenar. Nos reímos y hablamos de Gwen, preguntándonos cómo leiría en la universidad. Christopher estaba seguro de que ya había seducido aalguna mujer desprevenida. Yo pensaba que era más probable que hubiera idoprimero por el sexo.
Después decenar, dimos un paseo del brazo en la cálida noche de septiembre. Caminamostranquilamente por un parque. No parecía haber nadie más alrededor.
"Te voy aextrañar mucho." Lo abracé con fuerza.
"Yotambién, mamá." Me abrazó de vuelta.
"¿Teacordás de la primera vez que te la chupé?" Lo miré y por la sonrisa en surostro pude ver que la recordaba bien. "Fue una locura." Caminamos ensilencio un rato. "Me alegro mucho de que lo hiciéramos."
Se rió con buenhumor. "¿Estás segura de que estarás bien para conducir de regreso estanoche?"
"Son soloun par de horas, cariño. Estaré bien."
“¿Podemoshacerlo una vez más?” Me levantó el vestido y me empujó suavemente contra unárbol. “Quiero que vuelvas a casa con papá con la vagina llena de semen”.

“Y tu bebé enmi panza”. Dejé que hiciera lo que quisiera conmigo. Me tomó por detrásmientras yo me resistía. Mi vagina rebosaba cremosa leche cuando terminamos. Lollevé de vuelta a su residencia estudiantil, le di un beso en la mejilla y lehice prometer que nos visitaría pronto.

De camino acasa, seguía con una mezcla de emociones. Algo que sí tenía claro era la suerteque tuve de haber oído a Christopher y Gwen a través de la pared. ¡Quéoportunidad me habían dado! Me gustaba pensar que la había aprovechado almáximo. Esperaba que otras madres tuvieran la misma oportunidad.
FIN
"Ahí vieneChristopher." Carl me palmeó la mano. Si tan solo supiera que su esposaestaba viviendo la vida de una adolescente salvaje. "¿No se veguapo?"
"Sí, muyguapo." Era tan malvada. Solo podía pensar en abrirle las piernas a Christophermás tarde ese día. Lo haría usar su ridícula toga y birrete mientras memontaba. "Tenemos el hijo perfecto, Carl." Mi esposo asintió en señalde acuerdo.

El institutoterminó y las semanas pasaron. Con Gwen y Christopher fuera del colegio,pasamos muchísimo tiempo juntos. Mi barriga crecía cada vez más, pero eso nopareció disminuir su interés por mi cuerpo. Todo lo contrario.
"Quieroque se ponga el bikini otra vez, Sra. Green." Gwen se estaba poniendo supropio bikini mientras nos cambiábamos en mi habitación. Christopher ya estabajunto a la piscina esperándonos.
"Me veoridícula, Gwen." Me desabroché el sujetador y me lo quité. La vi meter sucuerpo en el traje de baño. Estaba enamorada de todo en ella, incluso de laforma en que me perseguía agresivamente. Tendrás que admitir que el chantaje esbastante agresivo. Pero, por muy prendada que estuviera, era solo una pruebamás de cuánto me deseaba.

"Sé unabuena novia y hacé lo que te digo, ¿sí?" Su sonrisa era tan traviesa comosiempre. "No te preocupes por el protector solar. Yo me lo pondré." Suspiré."Apuesto a que sí." Como era de esperar, antes de que pudiera ponermeel bikini, se dejó llevar aplicándome protector solar. Nos besamos durante unbuen rato. Finalmente, me separé y nos unimos a Christopher en la piscina.
"¿Por quédemoraron tanto tiempo?" Christopher estaba flotando en una tumbonainflable. No podía apartar la vista de su cuerpo musculoso. Iba a romper muchoscorazones en la universidad.
"Tuvimosque ponernos protector solar." Gwen posó un poco para él y le guiñó unojo. Parecían más coquetos a medida que avanzaba el verano. "La seguridadante todo, ¿cierto?"
"Lo dijola chica que me hizo acostarme con mi madre sin protección." Christophersalpicó agua a Gwen. Al principio pensé que estaba enojado, pero estabasonriendo. Ese era mi hijo, siempre tan tranquilo con todo.
"Silencio,Christopher." Miré la cerca del vecino. No pensé que estuvieran en casa.
"Memojaste." Gwen saltó a la piscina con un gran chapoteo. "Y ahoraestoy empapada." Empujó a Christopher al agua y se montó en su espalda.
Miré la cercapor última vez, me relajé y me senté bajo una sombrilla. Los observé jugar comocualquier otra pareja de dieciocho años en público, agarrándose con ciertainocencia sus jóvenes y firmes cuerpos. Me conmovió. Todo parecía tan natural.Si no lo supiera, me habría sorprendido saber que ambos habían estadoacostándose conmigo durante meses.

Nos divertimostodo el verano. A veces estaba con los dos, a veces con Gwen y a veces conChristopher. Muy rara vez estaba sola. No hablamos mucho sobre su próximapartida en otoño, aparte de discutir las necesidades prácticas con Christopher.Pero creo que todos sentimos que el alegre verano llegaba a su fin mientrasavanzábamos en agosto.
Un díaabrasador, me encontré con uno de esos raros momentos de soledad. Amaba a miesposo, a mi hijo y a mi novia, pero era agradable tener un momento de paz ytranquilidad. Gwen y Christopher estaban haciendo algo con sus amigos. Carlestaba en el trabajo. Yo estaba leyendo en la sala cuando creí oír algo en lacasa.
Incliné lacabeza y escuché. ¿Podría venir del sótano? Me levanté lentamente y me dirigí alas escaleras. No era el viento, ya que el aire exterior era cálido, húmedo ysin vida. Bajando las escaleras, agucé el oído. Voces suaves se elevaron desdeel sótano. Eran Christopher y alguien más. Entré en la sala de máquinas y peguéla oreja a la pared. Hablaban en voz baja, así que no pude oír las palabras.Pero, por supuesto, reconocí el tono y la cadencia del habla de Gwen.
¿Qué demonioshacían juntos? Sé que Christopher aprovecharía la oportunidad de estar con suexnovia, pero Gwen había dejado muy claro que no quería novio. Me entristecedecir que estaba un poco celosa. Especialmente cuando sus gemidos familiares seabrieron paso a través de la pared.

"Como enlos viejos tiempos", susurré y me levanté el vestido. Me masturbé mientrasChristopher hacía lo que fuera que le estuviera haciendo. Llegué al clímaxjusto cuando comenzaron sus profundos gruñidos. Era hora de colarme en lafiesta. Dejé mi sitio junto a la pared y caminé hacia la habitación deChristopher. La puerta estaba cerrada, pero sin llave. La abrí un poco.
"Dios...Chris... uuuggghhhhhhh... más despacio... es más grande que todos misvibradores juntos." Gwen estaba de rodillas, mirando por encima del hombroa Christopher.
"No...puedo... evitarlo. Sos... eh... eh... eh... tan caliente." Las caderas deChristopher eran un borrón. Habiendo estado en el lado receptor de esa vergamuchas veces, podía ver por qué ella quería que fuera un poco más despacio. Misdedos y mi lengua no eran los mismos. Y supongo que sus juguetes tampoco. Miréde cerca y me sentí aliviada al ver que su gruesa verga estaba cubierta delátex. Estaban siendo precavidos.
"Vas a...ugh... romperme, gran... oooohhhhh... tonto." Gwen apretó los dientes y seaferró a las sábanas con fuerza.
"Por elamor de Dios, Christopher. Bajá la velocidad." Entré en la habitación conlas manos en las caderas. "Ella no está acostumbrada a tu verga."
Las caderas deChristopher se ralentizaron de inmediato. Me miró sin sorpresa, como si mehubieran estado esperando. "Lo siento, mamá. Es que... eh... eh... me excitomucho... a veces."
"Ya loveo." Dirigí mi atención a Gwen. "¿Así está mejor, cariño?"
"Oooohhhhh,sí." Sus ojos se pusieron en blanco. "Mucho mejor." Se mordió ellabio y asintió.
"¿Quéestán haciendo ustedes dos? Pensé que lo de ustedes había terminado."Intenté que los celos no se notaran en mi voz.
"Nos vamosa ir... pronto", dijo Gwen. "Una última... ugh... caída por losviejos tiempos... por el bien de..." Cuando vio mi ceño fruncido, me hizouna seña para que me acercara. Me senté en la cama, me incliné y la besé. Fueextraño besarla mientras su cabeza se inclinaba hacia adelante con cada lentaembestida de las caderas de Christopher. Rompimos el beso y me sonrió. "Noesté ugh... triste, Sra. Green. Seguiré visitándola."
"No estoytriste", mentí. "Estoy feliz por ustedes dos". Eso era cierto."Van a tener tantas aventuras en la universidad. Ojalá pudiera ir conustedes".
"Mamá...¿puedo... hacer... que vos también?" Christopher asintió hacia el espaciovacío junto a Gwen. Entendí la idea.
"Estábien, el deber llama". Besé a Gwen rápidamente esta vez y me desvestí. Mearrastré hasta la cama y me puse a cuatro patas junto a ella.

Al principio,Christopher me acarició mientras se acostaba con Gwen. Eso fue agradable. Luegose retiró de ella, se quitó el preservativo y se deslizó adentro mío. Eso fuecelestial. Giré la cabeza y miré a los ojos de Gwen. "Voy... ugh... voy aextrañarte mucho... uh... uh... uh... mucho".
"Sos lamejor... mamá... de todas." La voz de Christopher estaba cargada deplacer. Me dio una palmada en el culo y grité. "¡Pensá en... cuánto... tevoy a extrañar!"
"Yotambién, Sra. Green. Yo también." Gwen me besó. Era mi turno de lanzarmecontra ella con cada embestida de Christopher. Fue perfecto. Pero incluso losublime debe terminar eventualmente.
Pasaron un parde semanas más, y Gwen vino para su última visita de verano. Christopher estabacon sus amigos, y mi esposo estaba en casa de un amigo viendo el partido. Conlas luces apagadas en la sala, Gwen y yo nos besamos un rato, y luego nostocamos sentadas una al lado de la otra en el sofá.

"No meolvidarás... cuando salgas con chicos universitarios... ¿verdad... Gwen?"Se veía bastante seductora bajo la luz de la farola que entraba por lasventanas. Su sonrisa era brillante en la oscuridad.
"¿Quiéndijo algo... sobre chicos universitarios... Sra. Green?" Me bajó elvestido y el sujetador, y me lamió el pecho. Sus dedos continuaron con sumagia. "Voy a ir tras una... ugh... mujer mayor. Algún profesorinteligente y estirado... que necesita aprender a relajarse. ¿Qué piensa?¿Tengo... alguna posibilidad?"
"No tengoninguna duda de que saldrás con... quien sea que te propongas... oh..." Mederretí en el sofá. Todos mis nervios vibraban. En lugar de celos, la idea deque ella domara a uno de sus profesores aumentó mi deseo. "Cabalgame...una última vez."

Gwen se rió."Claro que sí." Nos desvestimos, me ayudó a ponerme boca arriba yentrelazó sus piernas con las mías. Tenía lágrimas en los ojos cuando medespedí esa noche. Ella iba a forjar su propio destino. De eso estaba segura.
A pesar de sertan grande como una casa, insistí en llevar a Christopher a la universidad. Miesposo se ofreció a acompañarme, pero cuando vio que estaba decidida a pasartiempo a solas con Christopher, accedió. Se alegró de evitar el viaje. Noquería perderse el golf con sus amigos.
Conduje yChristopher durmió casi todo el camino. El auto se llenó con los sonidos deAbba, y mi mente se llenó de recuerdos del último año. Había vivido los sueñosde toda adolescente rebelde. Pero al final del día, seguía siendo una madre casadade cuarenta y tantos años. No me iba a la universidad, ni me mudaba a ningúnlado, ni conocía gente nueva. En cambio, iba a tener un bebé.
Desperté aChristopher cuando llegamos y fuimos a buscar su habitación en la residencia.Estaba tan celosa de que la emoción de la juventud se extendiera ante él comoun fabuloso banquete de nuevas experiencias. Pero mantuve mis palabraspositivas y de apoyo, señalando una estatua genial aquí o un edificiointeresante allá. Conocimos a su consejero de residencia, conseguimos su llavey encontramos su habitación. Su compañero de cuarto aún no había llegado.
"¿Bueno,qué te parece?" Una mezcla de emociones me invadió. Me concentré en mifelicidad por él y sonreí.
"Es unpoco pequeña." Christopher tenía razón. Su habitación tenía lasdimensiones de una celda de prisión. Me pregunté cómo se sentiría teniendo quecompartir un espacio tan reducido.
"Apuesto aque todo tipo de chicas visitarán esta habitación." Le di una palmaditaamistosa en el culo. "Lo vas a pasar muy bien."
"¿Mamá?"
"¿Sí?"Me sorprendió cuando cerró rápidamente la puerta, la cerró con llave y me besócon la pasión que ya esperaba de él. Interrumpió el beso y me miró seriamente.
"Quieroque seas la primera chica en mi habitación de la residencia." Christopherme desnudó con dedos torpes y apresurados. Creo que estaba nervioso porque sucompañero de cuarto podría aparecer en cualquier momento. Sabía que la idea mepreocupaba un poco. Me encontré desnuda, observándolo quitarse la ropa.
"¿Querésinaugurar tu nueva habitación conmigo?" Me arrodillé y lo tomé en mi boca.Mi hijo nunca dejaba de excitarme.
"Sí...sí... mamá."
Christopher meagarró del pelo y me frotó la cabeza contra su verga. Ambos sabíamos que prontoestaría nadando en una vagina, pero aun así me deseaba. Estaba emocionada.
Después de unamamada rápida y descuidada, me monté sobre él en su colchón sin hacer. Bueno,¡al menos esperaba que fuera suyo! Podría haber sido de su compañero de cuarto,supongo. Lo animé a que eyaculara dentro de mi concha, y lo hizo.

Después nosvestimos rápidamente. Justo cuando me estaba poniendo el vestido, oí una llaveen la puerta. Un segundo después, entró su nuevo compañero de cuarto con suspadres. No suelo sonrojarme, pero sentí que mis mejillas se calentaban. Mepregunté si podrían oler lo que habíamos estado haciendo. Terminamosrápidamente con la charla trivial y salimos de la residencia.
Esa noche llevéa Christopher a cenar. Nos reímos y hablamos de Gwen, preguntándonos cómo leiría en la universidad. Christopher estaba seguro de que ya había seducido aalguna mujer desprevenida. Yo pensaba que era más probable que hubiera idoprimero por el sexo.
Después decenar, dimos un paseo del brazo en la cálida noche de septiembre. Caminamostranquilamente por un parque. No parecía haber nadie más alrededor.
"Te voy aextrañar mucho." Lo abracé con fuerza.
"Yotambién, mamá." Me abrazó de vuelta.
"¿Teacordás de la primera vez que te la chupé?" Lo miré y por la sonrisa en surostro pude ver que la recordaba bien. "Fue una locura." Caminamos ensilencio un rato. "Me alegro mucho de que lo hiciéramos."
Se rió con buenhumor. "¿Estás segura de que estarás bien para conducir de regreso estanoche?"
"Son soloun par de horas, cariño. Estaré bien."
“¿Podemoshacerlo una vez más?” Me levantó el vestido y me empujó suavemente contra unárbol. “Quiero que vuelvas a casa con papá con la vagina llena de semen”.

“Y tu bebé enmi panza”. Dejé que hiciera lo que quisiera conmigo. Me tomó por detrásmientras yo me resistía. Mi vagina rebosaba cremosa leche cuando terminamos. Lollevé de vuelta a su residencia estudiantil, le di un beso en la mejilla y lehice prometer que nos visitaría pronto.

De camino acasa, seguía con una mezcla de emociones. Algo que sí tenía claro era la suerteque tuve de haber oído a Christopher y Gwen a través de la pared. ¡Quéoportunidad me habían dado! Me gustaba pensar que la había aprovechado almáximo. Esperaba que otras madres tuvieran la misma oportunidad.
FIN
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