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Las putas del colegio: Miss Danny y sus confesiones

Alejandra llegó a casa pasadas las 8:30 pm, todavía con el vestido ceñido de la cena. Nada más cerrar la puerta, arrugó la nariz y sonrió con malicia. El salón olía a coño fresco y semen. Se acercó, te olió el cuello y luego bajó directo a tu entrepierna.
—Mmm… hueles a puta barata —ronroneó excitada—. Hueles a Miss Danny, a su coño empapado y a tu leche espesa. Esa tetona te ordeñó hoy, ¿verdad, bebe? Te agarró la cara con fuerza.
—Esta tarde en la cena se sentó pegada a mí. Sin sostén, con esa blusa transparente… se le veían perfectamente esos pezones grandes y oscuros, bien duros todo el tiempo. Cada vez que se reía me rozaba las tetas en el brazo a propósito. Me miró a los ojos y me dijo con esa vocecita inocente: “Tu esposo es tan atento… hoy tuvimos una reunión muy larga y productiva sobre tu hijo”. La muy puta apretaba los muslos mientras hablaba, como si todavía estuviera sintiendo tu verga dentro de ella. Alejandra te bajó el pantalón con ansia y sacó tu polla, todavía hinchada y con restos de Miss Danny.
—Joder… mírala. Todavía tienes la verga marcada. Huele al coño de esa maestra putita 
—gimió, oliéndola profundamente antes de lamerla desde los huevos hasta la cabeza
—. Cuéntame todo mientras te la chupo, mi amor. Quiero detalles bien sucios. Se la metió entera en la boca, chupando con hambre mientras te miraba.
—Le metí toda la verga de un golpe en su boca —empezaste—. Miss Danny se arrodilló y se la tragó hasta la garganta, babeando como una perra en celo. Me dijo que llevaba meses tocándose pensando en mi verga gruesa. Alejandra soltó tu verga un segundo, jadeando:
—Sigue… dime cómo se la metiste.
—La senté en el escritorio, le abrí las piernas y se la clavé hasta el fondo. “¡Ay papi, qué verga tan gruesa! ¡Me estás abriendo el coño!” gritaba la puta. Sus tetas gigantes saltaban como locas mientras la reventaba. Alejandra se quitó el vestido y las bragas de un tirón. Su coño estaba chorreando. Se subió encima de ti en el sofá y se empaló de golpe, soltando un gemido largo y gutural.
— ¡Joder sí! Esa zorra tenía tu semen adentro de su coño mientras cenaba conmigo —jadeó empezando a cabalgarte con fuerza—. Cuéntame más… ¿le llenaste ese coñito depilado?
—Le di vuelta y la puse en cuatro sobre la alfombra —continuaste, agarrándole las caderas—. La follaba como a una perra. “¡Más duro! ¡Rómpeme el coño como se lo rompes a tu esposa!” me suplicaba. Le nalgueaba el culo blanco mientras le metía toda la verga. “Quiero ser tu puta favorita”, repetía gimiendo. Alejandra aceleró el movimiento, follándote con furia. Sus tetas rebotaban en tu cara.
— ¡Sí! ¡Esa hija de puta! —gritó cachonda perdida—. Quiero que se la sigas metiendo bien duro. Quiero que le destroces ese coño cada vez que quieras. ¿Le dijiste que mi coño es más rico que el de ella? ¿Le dijiste que soy yo la que recibe tu leche todas las noches? Le agarraste las tetas y se las apretaste fuerte.
—Le dije que ella solo era otro coño más para follar —respondiste.
— ¡Mmm sí! ¡Dile eso la próxima vez! —gemía Alejandra desatada—. Dile que su coño es solo un agujero para descargar tu verga gruesa. Quiero que la folles más fuerte que a mí… y luego vengas a casa a contármelo mientras me llenas de esa leche. Quiero oler su puta vagina en tu verga todos los días. Se inclinó hacia ti, mordiéndote el cuello mientras cabalgaba más rápido.
—Quiero que la próxima vez te corras adentro de ella y me traigas tu verga llena de tu semen mezclado con sus jugos. Quiero chuparte la verga todavía caliente y babosa de su jugo. ¿Le chupaste esos pezones oscuros tan grandes? ¿Le metiste los dedos en el culito mientras la partías?
—Le chupé las tetas y le metí un dedo en el culo —contestaste, follándola desde abajo con fuerza.
— ¡Qué linda putita! —gritó Alejandra corriéndose por primera vez, apretándote la polla con espasmos—. Quiero que la invites a una “reunión” los tres. Quiero verla de rodillas mamándote mientras yo la miro… y luego quiero que nos folles a las dos. Quiero ver cómo le descargas en esa cara de santa que tiene.
Estaba completamente desatada. Su coño chorreaba por tus huevos.
— ¡Córrete dentro, bebe! ¡Lléname como llenaste a esa zorra tetona! ¡Quiero tu leche mezclada con la de Miss Danny chorreándome por los muslos! No aguantaste más. Le descargaste chorros espesos y calientes bien profundo, gruñendo. Alejandra tuvo un segundo orgasmo más fuerte, temblando encima de ti. Cuando terminó, se quedó sentada sobre tu verga, sintiendo cómo todo se escurría. Te besó con lengua sucia y te susurró al oído, todavía palpitando:
—Dile a Miss Danny que la próxima vez quiero oler su coño en tu verga… o mejor, que me mande fotos de cómo te la follas. Porque si va a ser tu puta del preescolar… yo quiero ser la que reciba la verga sucia después y limpiarla con mi boca. Te miró con una sonrisa perversa y satisfecha.
Alejandra seguía empalada en tu verga, moviendo las caderas en círculos lentos y profundos mientras sentía cómo tu semen mezclado con los restos de Miss Danny le chorreaba por los muslos y te mojaban los huevos. Tenía la cara roja, los ojos vidriosos de morbo y una sonrisa perversa.
—Sigue… no pares —jadeó, apretando su coño alrededor de tu polla—. Cuéntame todo sobre la directora Adriana y las otras putas del colegio. Especialmente esa hija de puta de Leticia, la mamá chismosa que siempre anda hablando mierda de mí. Quiero detalles bien sucios mientras te monto. Aceleró el ritmo, sus tetas rebotando contra tu pecho.
—Adriana es una hipócrita total —empezaste, agarrándola fuerte del culo—. La semana pasada me mandó mensaje: “Venga a mi oficina Papito, necesitamos revisar unos documentos de su hijo”. Apenas cerré la puerta se transformó. Se arrodilló, me sacó la verga y me miró con esa cara de directora seria: “He oído que estás dejando a todas mis maestras y mamás con el coño bien abierto y mojado. Quiero que me folles como a las demás putas”. Le subí la falda de tubo, le arranqué las bragas y se la metí hasta el fondo en su escritorio. “¡Sí! ¡Qué verga tan gruesa! ¡Rómpeme este coño de directora responsable!” gemía mientras la taladraba. Me confesó que le encanta saber que sus maestras son mis putas. Alejandra gimió alto y empezó a frotarse el clítoris.
—Ahora cuéntame de Leticia… esa puta chismosa —exigió, cabalgando más fuerte—. La que siempre anda diciendo que soy una mantenida y que seguro me pones los cuernos. Sonreíste y le apretaste las tetas.
—Leticia es de las peores. La semana pasada, después de la reunión de padres, me esperó en el estacionamiento. Vestía una blusa escotada y una falda corta. Me dijo directamente: “Sé que te estás follando a Miss Danny y a la directora. Y sé que tu esposa Alejandra se cree la gran cosa… pero yo quiero probar esa verga que tanto chismea”. La metí en el asiento trasero de mi coche. Le subí la falda, le bajé las bragas y le metí dos dedos: estaba empapada. “¿Quieres que te folle mejor que a tu marido?” le pregunté. Ella abrió las piernas como una perra: “¡Sí! ¡Fóllame más duro de lo que te follas a tu esposa! Quiero que me dejes el coño más abierto que a esa presumida”. 
Alejandra soltó un gemido fuerte y te clavó las uñas.
— ¡Qué zorra! Sigue…—La puse a cuatro en el asiento y se la metí entera de un golpe. Gritaba: “¡Joder, es enorme! ¡Me estás partiendo!”. Mientras la reventaba le agarraba el pelo y le decía: “Esto es por cada vez que hablaste mierda de mi esposa”. Leticia se corría como loca: “¡Sí! ¡Dile a Alejandra que me estás cogiendo mientras ella cena con las demás! ¡Quiero que sepa que su marido me llenó el coño hoy!”. Le descargué todo adentro, bien profundo, y ella se quedó temblando con mi semen chorreándole por los muslos. Antes de bajarse me susurró: “La próxima vez quiero que me folles en el baño de la escuela mientras tu esposa está en la reunión”. 
Alejandra estaba desatada, follándote con furia salvaje.
— ¡Me encanta! Quiero que te sigas cogiendo a esa chismosa. Quiero que la llenes todos los días y que luego venga a contarme chismes con tu semen todavía dentro. ¿Qué otras?
—También me cogí a la maestra Carla en el almacén. La tenía contra la pared, follándola por atrás mientras le tapaba la boca para que no gritara. “¡Más fuerte! ¡Quiero caminar raro mañana en clase!” suplicaba. Y a la mamá de Mateo, esa rubia casada, la follé dos veces en el mismo estacionamiento: una vez de día, rápido y sucio, corriéndome en su boca antes de que entrara a recoger a su hijo. 
Alejandra se inclinó y te mordió el cuello.
—Quiero una orgía en la oficina de Adriana —jadeó—. Todas juntas: Adriana de rodillas mamándote como la directora puta que es, Miss Danny rebotando esas tetas gigantes en tu cara, Leticia abriendose el coño al lado de mi oreja para que oiga cómo te suplica que la llenes, y yo sentada en tu cara mirando todo. Quiero oír a Adriana diciéndole a Leticia: “Chúpale los huevos mientras yo me monto en esta verga que nos tiene a todas convertidas en putas”. Quiero que Leticia le diga a las demás: “El esposo de Alejandra me folló mejor que a su propia esposa y mucho más delicioso que mi propio marido”. Alejandra se corrió violentamente, apretándote la polla con espasmos fuertes y chorros de jugo.
— ¡Córrete otra vez, bebe! ¡Lléname pensando en todas esas zorras! ¡Imagínate viniendote en el coño de Leticia mientras Adriana y Miss Danny lamen lo que sobra! Quiero que llegues a casa todas las tardes con la verga oliendo a coño de directora, coño de maestra y coño de mamá chismosa… y yo te voy a limpiar todo con mi boca como la esposa caliente y puta que soy. Te besó con lengua sucia y profunda mientras sentías cómo le descargabas la leche otra vez bien adentro, mezclando todo. Cuando terminó, se quedó sentada sobre ti, chorreando semen por todos lados, y te susurró al oído con voz ronca y satisfecha:
—Dile a Adriana, a Miss Danny y especialmente a Leticia que la próxima “reunión de padres” la quiero con todas presentes… quiero verlas en cuatro, una al lado de la otra, compitiendo por quién recibe más verga y más leche. Porque si van a ser tus putas del colegio… yo quiero ser la que reciba la polla más sucia y usada al final del día.

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