Capítulo 4 – Adicción Prohibida
Suly llegó a casa pasadas las 4:30 de la tarde. Todavía sentía las piernas débiles y el coño hinchado, palpitando con cada paso. Entre sus muslos escurría una mezcla caliente de sus jugos y el semen espeso de Ramón. El tanga negro estaba completamente empapado y pegado a su piel.
Entró por la puerta principal intentando parecer normal. Paulo estaba en la sala viendo fútbol y apenas levantó la vista.

—¿Cómo te fue? —preguntó sin mucho interés.
—Bien… tuve que hacer unos mandados —respondió Suly con la voz ronca. Todavía sentía la garganta irritada de haberle mamado la verga tan profundo a Ramón.
Andrés y Anai llegaron poco después. Su hijo la miró un segundo más de lo normal, pero no dijo nada. Suly se metió rápido al baño de su habitación, cerró la puerta con llave y se miró en el espejo.
Estaba hecha un desastre delicioso: el cabello revuelto, los labios hinchados, marcas de chupetones en el cuello y en los pechos que apenas se podían ocultar. Se levantó el vestido y se bajó el tanga. Su coño estaba rojo, abierto y todavía goteando semen blanco y espeso de Ramón. Un hilo grueso le corrió por el interior del muslo.
Se mordió el labio con fuerza. La culpa la golpeó como una ola.
«Dios mío… ¿qué hice? Soy una madre, una esposa… y acabo de dejar que un chico de 16 años me llene el coño como a una puta barata.»
Pero al mismo tiempo, su clítoris palpitaba de solo recordar cómo Ramón la había follado en todas las posiciones, cómo la había llamado perra, cómo le había llenado el útero de leche caliente. Se tocó suavemente el coño sensible y soltó un gemido bajito.

Su celular vibró sobre el lavabo.
**Ramón:**
¿Ya llegaste a casa, mi puta?
¿Todavía tienes mi semen escurriendo de ese coño que ahora me pertenece?
Suly dudó solo dos segundos. Se sentó en la tapa del inodoro, abrió las piernas y tomó una foto bien explícita: sus dedos separando los labios hinchados de su coño, mostrando claramente cómo el semen blanco de Ramón salía lentamente de su agujero rojo y usado. Envió la foto sin texto.
**Ramón:**
Joder… qué vista tan rica.
Mándame un video corto metiéndote dos dedos y sacando mi leche.
Suly obedeció como en trance. Grabó un video de 15 segundos: metió dos dedos en su coño, los sacó cubiertos de semen espeso y los chupó lentamente mirando a la cámara con cara de culpa y excitación. Lo envió.
**Ramón:**
Buena niña. Ahora quiero una foto de tus tetas con los chupetones que te dejé. Y otra con tu anillo de casada bien visible mientras te tocas el clítoris.
Suly se bajó el vestido hasta la cintura. Sus grandes tetas estaban marcadas con varios chupetones morados. Tomó una foto apretándolas con ambas manos, el anillo de matrimonio brillando en su dedo. Luego otra foto más sucia: sentada con las piernas abiertas, el dedo medio frotando su clítoris hinchado mientras el anillo de casada quedaba en primer plano.
Mientras tanto, en la sala, Paulo gritó:
—¡Suly! ¿Qué quieres de cenar?
Ella respondió con voz temblorosa:
—¡Lo que tú quieras, amor!
Y al mismo tiempo le envió a Ramón las dos fotos.
**Ramón:**
Mírate… la devota esposa mandándome fotos de su coño lleno de mi semen mientras su marido y sus hijos creen que fue hacer simples mandados..
Esto apenas empieza, Suly.
Quiero que todos los días me mandes fotos y videos desde tu casa, desde tu oficina, desde la iglesia.
Quiero que te toques pensando en mí mientras estás al lado de tu familia.

Suly sintió otra oleada de culpa mezclada con una excitación enfermiza. Sabía que estaba cayendo cada vez más profundo. Pero no podía parar.
Se limpió lo mejor que pudo, se cambió de ropa y salió del baño con una sonrisa falsa para su familia.
Esa noche, después de cenar y mientras Paulo y los niños veían televisión, Suly se metió al baño de visitas otra vez. Se bajó los pantalones, se abrió de piernas frente al espejo y le mandó a Ramón un nuevo video: masturbándose con fuerza, mordiéndose el labio para no gemir fuerte, susurrando su nombre bajito mientras se corría por segunda vez ese día pensando en él.

**Ramón:**
Buena puta.
Mañana te quiero en la iglesia con falda corta sin bragas.
Y te voy a mandar un mensaje cuando esté aburrido para que vayas al baño y me mandes más fotos.
Suly se quedó mirando la pantalla, el corazón latiéndole fuerte y el coño palpitando de nuevo.
La culpa estaba ahí… pero la adicción era mucho más fuerte.
El lunes por la mañana, Suly estaba en su escritorio del despacho de arquitectos cuando recibió el primer mensaje del día.
**Ramón:**
Buenos días, mi puta casada.
Quiero una foto ahora mismo de tus tetas sacadas por el escote de la blusa, en tu lugar de trabajo. Que se vean los pezones.

Suly miró alrededor. Sus compañeros estaban concentrados en sus computadoras. Con el corazón acelerado, se desabotonó dos botones de la blusa blanca, sacó uno de sus grandes pechos y tomó una foto rápida. El pezón estaba duro. La envió.

**Ramón:**
Buena niña. Ahora métete al baño del trabajo y mándame un video de 20 segundos metiéndote los dedos en el coño mientras dices mi nombre.

Suly obedeció. Se encerró en el baño, se subió la falda, apartó las bragas y grabó el video: dos dedos entrando y saliendo de su coño mojado, gimiendo bajito “Ramón… ay Ramón…” mientras su cara reflejaba culpa y placer. Lo envió.
Durante toda la semana el juego se volvió más arriesgado.
Martes, en la oficina durante una reunión con su jefe:
**Ramón:**
Quiero una foto desde abajo de tu escritorio. Abre las piernas y que se vea tu coño sin bragas.

Suly, sentada en la larga mesa de reuniones, separó discretamente los muslos bajo la falda y tomó una foto. Su coño depilado brillaba de humedad. La envió. El riesgo de que alguien viera la pantalla de su celular la hacía temblar de excitación.

Miércoles por la tarde, mientras recogía a Anai del catecismo:
**Ramón:**
Estás en la iglesia, ¿verdad?
Ve al baño de mujeres y mándame una foto con el vestido levantado, el culo contra el espejo y los dedos metidos en el coño. Quiero ver tu anillo de casada en la foto.
Suly, con el corazón en la garganta, se metió al baño de la iglesia. Se puso de espaldas al espejo, levantó el vestido, separó las nalgas y metió dos dedos en su agujero. El flash iluminó el anillo dorado en su dedo. Envió la foto.

**Ramón:**
Qué puta tan enferma. Mamá de familia masturbándose en el baño de la iglesia donde su hijo es monaguillo.
Me la estoy jalando pensando en ti.

Y le mandó un video: Ramón en su habitación, completamente desnudo, jalándose la verga gruesa y venosa con fuerza mientras gemía “Suly… mi puta casada… te voy a llenar otra vez”. El video terminaba con él corriéndose, chorros gruesos de semen saliendo disparados.
Suly se corrió en silencio en el baño de la iglesia solo con ver eso.
Jueves por la noche, durante la cena familiar. Paulo y los niños estaban en la mesa. Suly recibió el mensaje:
**Ramón:**
Quiero una foto ahora mismo desde debajo de la mesa. Abre las piernas y que se vea tu coño. Quiero que estés mojada mientras cenas con tu familia.

Suly sintió pánico y excitación al mismo tiempo. Fingió que se le caía la servilleta, se agachó y, con el celular en modo silencioso, tomó una foto rápida entre sus piernas abiertas. Su coño estaba empapado, brillando bajo la luz de la lámpara del comedor. La envió.
**Ramón:**
Joder… eso es lo que me gusta. La esposa perfecta cenando con su marido e hijos mientras me manda fotos de su coño chorreando.
Tócate un poco debajo de la mesa. Discretamente.
Suly obedeció. Mientras conversaba normalmente con Paulo sobre el trabajo, metió una mano bajo la falda y se frotó el clítoris suavemente durante toda la cena. Tuvo que morderse el labio para no gemir cuando llegó un orgasmo silencioso y violento.
Ramón le mandó otra foto suya: su verga dura, tomada desde arriba, con un mensaje:
**Ramón:**
Esto es lo que te va a estar esperando mañana.
Quiero que vengas a la iglesia con falda corta sin bragas. Durante la misa te voy a mandar mensajes para que vayas al baño y te toques pensando en mí.
Y después de misa… te voy a coger otra vez en el motel. ¿Entendido, puta?
Suly, aún con los dedos húmedos debajo de la mesa, respondió con manos temblorosas:
**Suly:**
Sí, Ramón… entendido.

La culpa la consumía por dentro. Cada noche se prometía que era la última vez. Pero cada vez que recibía un mensaje de Ramón, su coño se mojaba al instante y obedecía como una adicta.
El juego se estaba volviendo cada vez más peligroso… y ella no quería que terminara.
Esa misma noche, pasadas las 11:30 p.m., la casa estaba en silencio. Paulo dormía profundamente a un lado de la cama, roncando suavemente con la boca entreabierta. Andrés y Anai ya llevaban horas en sus habitaciones. Suly, en cambio, no podía dormir. Su cuerpo todavía vibraba por los mensajes y orgasmos del día.
Su celular vibró en silencio sobre la mesita de noche.
**Ramón:**
¿Tu marido ya está dormido?
Quiero que te desnudes completamente en tu habitación, al lado de él, y me mandes fotos y videos. Ahora.
Suly sintió un golpe de pánico y excitación. Miró a Paulo, que dormía ajeno a todo. Con mucho cuidado, se levantó de la cama, se quitó el camisón y las bragas, quedando completamente desnuda. Sus grandes tetas colgaban pesadas, los pezones ya duros. Se acercó a la ventana para que entrara un poco de luz de la calle y empezó a enviar.
Primero una foto de cuerpo entero: desnuda frente al espejo del armario, con Paulo durmiendo de fondo en la cama. El anillo de casada brillaba en su dedo.

Luego un close-up de sus tetas, apretándolas con ambas manos.
Y finalmente un video corto: se abrió de piernas frente a la cámara, metió dos dedos en su coño empapado y los sacó brillantes, susurrando bajito:

—Ramón… estoy desnuda al lado de mi marido… mi coño está chorreando por ti…
**Ramón:**
Joder, qué puta tan enferma.
Ahora quiero videollamada. Enciende la cámara y no hagas ruido.
Suly dudó solo un segundo. Aceptó la videollamada y colocó el celular apoyado contra la lámpara de la mesita, con la cámara apuntando hacia la cama. Se arrodilló en la cama, al lado de Paulo, completamente desnuda.
En la pantalla apareció Ramón, también desnudo en su habitación, jalándose la verga gruesa y dura con la mano.

—Mírate… —susurró Ramón con voz ronca—. La mamá respetable, desnuda al lado de su marido dormido, abriéndole las piernas a un chico de 16 años por videollamada.
Suly separó los muslos, mostrando su coño hinchado y mojado a la cámara. Empezó a tocarse lentamente, frotando su clítoris mientras miraba la verga de Ramón.
—Ramón… por favor… —susurró apenas audible.
—Más fuerte. Métete los dedos y di mi nombre —ordenó él, jalándose la verga más rápido.
Suly obedeció. Metió dos dedos en su coño y empezó a follarse con ellos, haciendo sonidos húmedos que intentaba amortiguar. Su respiración se volvía más agitada.
—Ramón… ay Ramón… me estoy tocando al lado de mi marido… —gimió bajito.
Paulo se movió ligeramente en la cama. Suly se congeló por un segundo, el corazón latiéndole a mil, pero no despertó. Eso solo la excitó más.
Ramón sonrió con arrogancia en la pantalla.
—Qué puta tan adicta. Mira cómo te corres por mí mientras tu marido ronca al lado.
Quiero que te corras sin hacer ruido. Y quiero que mires a tu marido mientras te corres pensando en mi verga.

Suly aceleró los dedos, frotando su clítoris con la otra mano. Sus grandes tetas rebotaban suavemente con el movimiento. Miró a Paulo dormido y sintió una oleada de culpa tan fuerte que la hizo gemir más fuerte de lo que pretendía.
—Ramón… me voy a correr… —susurró temblando.
—Córrete, perra. Córrete para mí.
El orgasmo fue intenso y silencioso. Suly arqueó la espalda, mordiéndose el labio hasta casi sangrar, mientras su coño se contraía alrededor de sus dedos y chorros de jugo le escurrían por el muslo. Todo su cuerpo tembló visiblemente.
Ramón, al verla, gruñó bajito y se corrió también. Chorros gruesos de semen salieron disparados de su verga, cayendo sobre su abdomen mientras gemía el nombre de Suly.

Cuando ambos terminaron, Ramón sonrió satisfecho.
—Buena puta. Mañana te quiero en la iglesia sin bragas. Y después de misa… te voy a coger otra vez.
Duerme con mi semen en la mente, mamacita.
Suly apagó la videollamada, se limpió como pudo y se acostó al lado de Paulo, desnuda y todavía temblando. El semen de Ramón ya no estaba dentro de ella, pero su culpa y su adicción sí.
Sabía que estaba perdida.
Suly llegó a casa pasadas las 4:30 de la tarde. Todavía sentía las piernas débiles y el coño hinchado, palpitando con cada paso. Entre sus muslos escurría una mezcla caliente de sus jugos y el semen espeso de Ramón. El tanga negro estaba completamente empapado y pegado a su piel.
Entró por la puerta principal intentando parecer normal. Paulo estaba en la sala viendo fútbol y apenas levantó la vista.

—¿Cómo te fue? —preguntó sin mucho interés.
—Bien… tuve que hacer unos mandados —respondió Suly con la voz ronca. Todavía sentía la garganta irritada de haberle mamado la verga tan profundo a Ramón.
Andrés y Anai llegaron poco después. Su hijo la miró un segundo más de lo normal, pero no dijo nada. Suly se metió rápido al baño de su habitación, cerró la puerta con llave y se miró en el espejo.
Estaba hecha un desastre delicioso: el cabello revuelto, los labios hinchados, marcas de chupetones en el cuello y en los pechos que apenas se podían ocultar. Se levantó el vestido y se bajó el tanga. Su coño estaba rojo, abierto y todavía goteando semen blanco y espeso de Ramón. Un hilo grueso le corrió por el interior del muslo.
Se mordió el labio con fuerza. La culpa la golpeó como una ola.
«Dios mío… ¿qué hice? Soy una madre, una esposa… y acabo de dejar que un chico de 16 años me llene el coño como a una puta barata.»
Pero al mismo tiempo, su clítoris palpitaba de solo recordar cómo Ramón la había follado en todas las posiciones, cómo la había llamado perra, cómo le había llenado el útero de leche caliente. Se tocó suavemente el coño sensible y soltó un gemido bajito.

Su celular vibró sobre el lavabo.
**Ramón:**
¿Ya llegaste a casa, mi puta?
¿Todavía tienes mi semen escurriendo de ese coño que ahora me pertenece?
Suly dudó solo dos segundos. Se sentó en la tapa del inodoro, abrió las piernas y tomó una foto bien explícita: sus dedos separando los labios hinchados de su coño, mostrando claramente cómo el semen blanco de Ramón salía lentamente de su agujero rojo y usado. Envió la foto sin texto.
**Ramón:**
Joder… qué vista tan rica.
Mándame un video corto metiéndote dos dedos y sacando mi leche.
Suly obedeció como en trance. Grabó un video de 15 segundos: metió dos dedos en su coño, los sacó cubiertos de semen espeso y los chupó lentamente mirando a la cámara con cara de culpa y excitación. Lo envió.
**Ramón:**
Buena niña. Ahora quiero una foto de tus tetas con los chupetones que te dejé. Y otra con tu anillo de casada bien visible mientras te tocas el clítoris.
Suly se bajó el vestido hasta la cintura. Sus grandes tetas estaban marcadas con varios chupetones morados. Tomó una foto apretándolas con ambas manos, el anillo de matrimonio brillando en su dedo. Luego otra foto más sucia: sentada con las piernas abiertas, el dedo medio frotando su clítoris hinchado mientras el anillo de casada quedaba en primer plano.
Mientras tanto, en la sala, Paulo gritó:
—¡Suly! ¿Qué quieres de cenar?
Ella respondió con voz temblorosa:
—¡Lo que tú quieras, amor!
Y al mismo tiempo le envió a Ramón las dos fotos.
**Ramón:**
Mírate… la devota esposa mandándome fotos de su coño lleno de mi semen mientras su marido y sus hijos creen que fue hacer simples mandados..
Esto apenas empieza, Suly.
Quiero que todos los días me mandes fotos y videos desde tu casa, desde tu oficina, desde la iglesia.
Quiero que te toques pensando en mí mientras estás al lado de tu familia.

Suly sintió otra oleada de culpa mezclada con una excitación enfermiza. Sabía que estaba cayendo cada vez más profundo. Pero no podía parar.
Se limpió lo mejor que pudo, se cambió de ropa y salió del baño con una sonrisa falsa para su familia.
Esa noche, después de cenar y mientras Paulo y los niños veían televisión, Suly se metió al baño de visitas otra vez. Se bajó los pantalones, se abrió de piernas frente al espejo y le mandó a Ramón un nuevo video: masturbándose con fuerza, mordiéndose el labio para no gemir fuerte, susurrando su nombre bajito mientras se corría por segunda vez ese día pensando en él.

**Ramón:**
Buena puta.
Mañana te quiero en la iglesia con falda corta sin bragas.
Y te voy a mandar un mensaje cuando esté aburrido para que vayas al baño y me mandes más fotos.
Suly se quedó mirando la pantalla, el corazón latiéndole fuerte y el coño palpitando de nuevo.
La culpa estaba ahí… pero la adicción era mucho más fuerte.
El lunes por la mañana, Suly estaba en su escritorio del despacho de arquitectos cuando recibió el primer mensaje del día.
**Ramón:**
Buenos días, mi puta casada.
Quiero una foto ahora mismo de tus tetas sacadas por el escote de la blusa, en tu lugar de trabajo. Que se vean los pezones.

Suly miró alrededor. Sus compañeros estaban concentrados en sus computadoras. Con el corazón acelerado, se desabotonó dos botones de la blusa blanca, sacó uno de sus grandes pechos y tomó una foto rápida. El pezón estaba duro. La envió.

**Ramón:**
Buena niña. Ahora métete al baño del trabajo y mándame un video de 20 segundos metiéndote los dedos en el coño mientras dices mi nombre.

Suly obedeció. Se encerró en el baño, se subió la falda, apartó las bragas y grabó el video: dos dedos entrando y saliendo de su coño mojado, gimiendo bajito “Ramón… ay Ramón…” mientras su cara reflejaba culpa y placer. Lo envió.
Durante toda la semana el juego se volvió más arriesgado.
Martes, en la oficina durante una reunión con su jefe:
**Ramón:**
Quiero una foto desde abajo de tu escritorio. Abre las piernas y que se vea tu coño sin bragas.

Suly, sentada en la larga mesa de reuniones, separó discretamente los muslos bajo la falda y tomó una foto. Su coño depilado brillaba de humedad. La envió. El riesgo de que alguien viera la pantalla de su celular la hacía temblar de excitación.

Miércoles por la tarde, mientras recogía a Anai del catecismo:
**Ramón:**
Estás en la iglesia, ¿verdad?
Ve al baño de mujeres y mándame una foto con el vestido levantado, el culo contra el espejo y los dedos metidos en el coño. Quiero ver tu anillo de casada en la foto.
Suly, con el corazón en la garganta, se metió al baño de la iglesia. Se puso de espaldas al espejo, levantó el vestido, separó las nalgas y metió dos dedos en su agujero. El flash iluminó el anillo dorado en su dedo. Envió la foto.

**Ramón:**
Qué puta tan enferma. Mamá de familia masturbándose en el baño de la iglesia donde su hijo es monaguillo.
Me la estoy jalando pensando en ti.

Y le mandó un video: Ramón en su habitación, completamente desnudo, jalándose la verga gruesa y venosa con fuerza mientras gemía “Suly… mi puta casada… te voy a llenar otra vez”. El video terminaba con él corriéndose, chorros gruesos de semen saliendo disparados.
Suly se corrió en silencio en el baño de la iglesia solo con ver eso.
Jueves por la noche, durante la cena familiar. Paulo y los niños estaban en la mesa. Suly recibió el mensaje:
**Ramón:**
Quiero una foto ahora mismo desde debajo de la mesa. Abre las piernas y que se vea tu coño. Quiero que estés mojada mientras cenas con tu familia.

Suly sintió pánico y excitación al mismo tiempo. Fingió que se le caía la servilleta, se agachó y, con el celular en modo silencioso, tomó una foto rápida entre sus piernas abiertas. Su coño estaba empapado, brillando bajo la luz de la lámpara del comedor. La envió.
**Ramón:**
Joder… eso es lo que me gusta. La esposa perfecta cenando con su marido e hijos mientras me manda fotos de su coño chorreando.
Tócate un poco debajo de la mesa. Discretamente.
Suly obedeció. Mientras conversaba normalmente con Paulo sobre el trabajo, metió una mano bajo la falda y se frotó el clítoris suavemente durante toda la cena. Tuvo que morderse el labio para no gemir cuando llegó un orgasmo silencioso y violento.
Ramón le mandó otra foto suya: su verga dura, tomada desde arriba, con un mensaje:
**Ramón:**
Esto es lo que te va a estar esperando mañana.
Quiero que vengas a la iglesia con falda corta sin bragas. Durante la misa te voy a mandar mensajes para que vayas al baño y te toques pensando en mí.
Y después de misa… te voy a coger otra vez en el motel. ¿Entendido, puta?
Suly, aún con los dedos húmedos debajo de la mesa, respondió con manos temblorosas:
**Suly:**
Sí, Ramón… entendido.

La culpa la consumía por dentro. Cada noche se prometía que era la última vez. Pero cada vez que recibía un mensaje de Ramón, su coño se mojaba al instante y obedecía como una adicta.
El juego se estaba volviendo cada vez más peligroso… y ella no quería que terminara.
Esa misma noche, pasadas las 11:30 p.m., la casa estaba en silencio. Paulo dormía profundamente a un lado de la cama, roncando suavemente con la boca entreabierta. Andrés y Anai ya llevaban horas en sus habitaciones. Suly, en cambio, no podía dormir. Su cuerpo todavía vibraba por los mensajes y orgasmos del día.
Su celular vibró en silencio sobre la mesita de noche.
**Ramón:**
¿Tu marido ya está dormido?
Quiero que te desnudes completamente en tu habitación, al lado de él, y me mandes fotos y videos. Ahora.
Suly sintió un golpe de pánico y excitación. Miró a Paulo, que dormía ajeno a todo. Con mucho cuidado, se levantó de la cama, se quitó el camisón y las bragas, quedando completamente desnuda. Sus grandes tetas colgaban pesadas, los pezones ya duros. Se acercó a la ventana para que entrara un poco de luz de la calle y empezó a enviar.
Primero una foto de cuerpo entero: desnuda frente al espejo del armario, con Paulo durmiendo de fondo en la cama. El anillo de casada brillaba en su dedo.

Luego un close-up de sus tetas, apretándolas con ambas manos.
Y finalmente un video corto: se abrió de piernas frente a la cámara, metió dos dedos en su coño empapado y los sacó brillantes, susurrando bajito:

—Ramón… estoy desnuda al lado de mi marido… mi coño está chorreando por ti…
**Ramón:**
Joder, qué puta tan enferma.
Ahora quiero videollamada. Enciende la cámara y no hagas ruido.
Suly dudó solo un segundo. Aceptó la videollamada y colocó el celular apoyado contra la lámpara de la mesita, con la cámara apuntando hacia la cama. Se arrodilló en la cama, al lado de Paulo, completamente desnuda.
En la pantalla apareció Ramón, también desnudo en su habitación, jalándose la verga gruesa y dura con la mano.

—Mírate… —susurró Ramón con voz ronca—. La mamá respetable, desnuda al lado de su marido dormido, abriéndole las piernas a un chico de 16 años por videollamada.
Suly separó los muslos, mostrando su coño hinchado y mojado a la cámara. Empezó a tocarse lentamente, frotando su clítoris mientras miraba la verga de Ramón.
—Ramón… por favor… —susurró apenas audible.
—Más fuerte. Métete los dedos y di mi nombre —ordenó él, jalándose la verga más rápido.
Suly obedeció. Metió dos dedos en su coño y empezó a follarse con ellos, haciendo sonidos húmedos que intentaba amortiguar. Su respiración se volvía más agitada.
—Ramón… ay Ramón… me estoy tocando al lado de mi marido… —gimió bajito.
Paulo se movió ligeramente en la cama. Suly se congeló por un segundo, el corazón latiéndole a mil, pero no despertó. Eso solo la excitó más.
Ramón sonrió con arrogancia en la pantalla.
—Qué puta tan adicta. Mira cómo te corres por mí mientras tu marido ronca al lado.
Quiero que te corras sin hacer ruido. Y quiero que mires a tu marido mientras te corres pensando en mi verga.

Suly aceleró los dedos, frotando su clítoris con la otra mano. Sus grandes tetas rebotaban suavemente con el movimiento. Miró a Paulo dormido y sintió una oleada de culpa tan fuerte que la hizo gemir más fuerte de lo que pretendía.
—Ramón… me voy a correr… —susurró temblando.
—Córrete, perra. Córrete para mí.
El orgasmo fue intenso y silencioso. Suly arqueó la espalda, mordiéndose el labio hasta casi sangrar, mientras su coño se contraía alrededor de sus dedos y chorros de jugo le escurrían por el muslo. Todo su cuerpo tembló visiblemente.
Ramón, al verla, gruñó bajito y se corrió también. Chorros gruesos de semen salieron disparados de su verga, cayendo sobre su abdomen mientras gemía el nombre de Suly.

Cuando ambos terminaron, Ramón sonrió satisfecho.
—Buena puta. Mañana te quiero en la iglesia sin bragas. Y después de misa… te voy a coger otra vez.
Duerme con mi semen en la mente, mamacita.
Suly apagó la videollamada, se limpió como pudo y se acostó al lado de Paulo, desnuda y todavía temblando. El semen de Ramón ya no estaba dentro de ella, pero su culpa y su adicción sí.
Sabía que estaba perdida.
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