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Compartiendo a mi pequeña con cargadores gordos y pitudos!!

Compartiendo a mi pequeña con cargadores gordos y pitudos!!
Cornudo

Llevé a Liliana al almacén de la ferretería de sus papás. Ella creía que iban a ser dos chicos jóvenes para un “intercambio”. Cuando vio a Ramiro y Julio, esos dos cargadores viejos, gordos, feos y sudados, se quedó helada.
—Amor… no… por favor, vámonos —me suplicó bajito, con los ojos ya llenos de miedo.
Yo cerré la puerta con llave y le dije:
—Hoy te van a coger estos dos, Liliana. Son los que siempre te miran el culo cuando venís con short o falda. Disfrutá, mi cornudita.
Los dos viejos no esperaron. La levantaron entre los dos como si pesara nada (y la verdad es que con sus 40 kilos era facilísimo). Le subieron la falda y le arrancaron las bragas. Liliana pataleaba y lloraba:
— ¡Suéltenme! ¡No quiero! ¡Bájenme!
Julio se bajó el pantalón primero. Su verga gruesa y venosa estaba asquerosa: sucia de polvo, sudor y grasa del trabajo, y ya chorreaba líquido preseminal espeso y transparente que le caía por la cabeza morada. Ramiro tenía la suya igual: sucia, con olor fuerte a macho viejo y también empapada en precum.
—Mirá cómo están de calientes por vos —me reí yo, masturbándome ya.
Julio le metió esa verga sucia y mojada de precum directo en el coño de un empujón. Liliana gritó.
— ¡Ayyy! ¡Me duele! ¡Está muy grande y sucia!
Empezaron a follársela alzada, rebotándola con fuerza brutal entre los dos. Su cuerpo liviano subía y bajaba mientras las vergas sucias entraban y salían, dejando rastros de precum y sudor.
—Mira qué putita más fácil de mover —se burlaba Ramiro—. 40 kilos de carne para viejos. Y el noviecito cornudo solo mira y se pajea. ¿Te gusta ver cómo te ensuciamos a tu novia con nuestras vergas mugrosas, maricón?
Julio le escupió en la cara y le dijo riéndose:
—Sos un cornudo de mierda. Te encanta que dos viejos feos y sudados le metamos verga sucia a tu Liliana, ¿verdad? Admitilo, perdedor.
Después de un rato la bajaron. Ramiro se acostó y la sentaron encima, empalándola en su verga sucia. Liliana gritó cuando la penetró hasta el fondo. Julio se puso atrás, le abrió las nalgas con sus manos callosas y puso esa verga gruesa, sucia y chorreando precum contra su culito virgen.
Liliana entró en pánico total y empezó a forcejear con todas sus fuerzas:
— ¡NOOO! ¡AHÍ NO POR FAVOR! ¡ES VIRGEN! ¡ME VAN A ROMPER! ¡AMOR, DETÉNLOS! ¡NO QUIERO! —aullaba llorando desconsolada, retorciéndose, intentando cerrar las piernas y empujando a Julio.
Yo solo le dije mientras me pajeaba más rápido:
—Déjalos que te destrocen el culo, Liliana. Quiero verlo.
Julio empujó con fuerza bruta. La cabeza gruesa y sucia de su verga, mojada en precum, forzó su ano diminuto y extremadamente estrecho.
— ¡AAAAAHHHHHHHHH! ¡SÁCALA! ¡ME ESTÁS ROMPIENDO! ¡QUEMA! ¡ME QUEMA HORRIBLE! ¡ES DEMASIADO GRUESA Y SUCIAAAA! —gritó Liliana con un aullido desgarrador, el cuerpo convulsionando entero, lágrimas cayendo a chorros mientras intentaba escapar desesperada, pataleando en el aire.
Julio siguió metiendo sin piedad, centímetro a centímetro, gruñendo:
—Joder… qué culo más apretado y virgen… me está apretando la polla. Llora todo lo que quieras, puta. Te la voy a dejar destruida.
Ramiro desde abajo se reía y la insultaba mientras la follaba:
—Sentí cómo te abren el culito, Liliana. Tu noviecito cornudo patético nunca te va a dar esto. Él solo sirve para pajearse mirando cómo dos viejos sucios y feos te convierten en una puta rota y llena de semen. ¿Verdad, cornudo? Decilo: sos un maricón impotente que necesita ver a su novia destruida por vergas mugrosas.
— ¡Me duele demasiado! ¡Sáquenla del culo! ¡Me está desgarrando! ¡No aguanto más! —suplicaba Liliana entre sollozos y gritos de dolor, el cuerpo temblando violentamente.
La tuvieron alzada un buen rato en doble penetración salvaje, levantándola y bajándola con fuerza, follándola como una muñeca rota. Sus vergas sucias y mojadas de precum entraban y salían sin parar, ensuciándola por dentro. Cada embestida profunda en el culo le arrancaba nuevos aullidos de dolor.
Al final, después de correrse varias veces dentro de ella (llenándole el coño y el culo de leche espesa mezclada con toda la suciedad), la tiraron al suelo. Liliana quedó tirada, temblando sin control, el culito rojo, hinchado y abierto de par en par, semen blanco y sucio escurriéndole por ambos agujeros, el cuerpo lleno de marcas.
Yo me acerqué y le acaricié el pelo sudado:
—Mirate… destrozada y sucia por dos cargadores viejos. Todo porque soy un cornudo patético.
En ese momento escuchamos la puerta principal:
— ¿Liliana? ¿Estás ahí? ¿Por qué hay luz en el almacén? —era mi suegra.
Liliana abrió los ojos con terror absoluto. Apenas podía moverse del dolor. Ramiro y Julio se escondieron rápido. Yo la ayudé a sentarse y a bajarse la falda, pero el olor a sexo y semen era fuerte y ella todavía temblaba.
Mi suegra asomó la cabeza y preguntó con desconfianza. Liliana, con la voz rota, logró responder casi susurrando que estaba buscando cosas. Mi suegra nos miró raro unos segundos eternos… y al final se fue.
Liliana se derrumbó llorando otra vez, con el culo palpitándole de dolor.
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