You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

Dale duro a Mamá VIII

La advertencia, el nuevo trabajo de Sofi y las noches que ahora eran solo nuestras

Después de esa primera cogida brutal en la nueva casa, las cosas cambiaron. Ya no era solo un juego cachondo escondido. Ahora mi madre era mi mujer por las noches, aunque de día siguiera siendo mi mamá frente al mundo. Cada vez que mi hermana Sofi salía o se dormía, mi madre se convertía en la puta más deliciosa que un hombre pueda imaginar.

Esa misma noche, después de que Sofi se fue a dormir, Mi madre me jaló de la mano hasta nuestra habitación. Apenas cerró la puerta se quitó la bata y se quedó solo con unas braguitas negras de encaje que apenas le cubrían la mitad de esas nalgotas enormes.

Dale duro a Mamá VIII

—Ven, papito… hoy quiero que me des duro desde el principio —me dijo volteándose y empinándose sobre la cama, separando las piernas y mirándome por encima del hombro con esa cara de perra que me volvía loco.

No me hice del rogar. Me bajé el short, saqué mi verga ya tiesa como piedra y se la restregué entre las cachas calientes. Ella movía el culo en círculos, apretándome la verga con esas carnes suaves y firmes.

— ¿Sientes cómo te quiere este culo, mi rey? —gemía bajito—. Es todo tuyo… métemela toda.

De un solo empujón se la enterré hasta el fondo. — ¡Aaaahhh chingada madre! —gritó ahogando la voz en la almohada.

Empecé a darle con fuerza, agarrándola de las caderas anchas, viendo cómo sus nalgotas rebotaban y se ponían rojas con cada metida. PLAF PLAF PLAF PLAF. El sonido llenaba la habitación. Le soltaba nalgadas fuertes que le hacían temblar toda la carne.

— ¡Así, Dany! ¡Dale duro a mamá! ¡Rompe este culote que te parió! —me pedía entre gemidos.

La cogí en cuatro, de lado, en misionero con las piernas en mis hombros… la hice correrse dos veces antes de llenarle la concha de leche caliente. Cuando me corrí dentro de ella, se apretó tanto que casi me saca la verga. Se quedó temblando, sudada, con mi corrida escurriéndole por los muslos.

—Eres mi hombre ahora… —susurró besándome mientras aún la tenía empalada.

Los días siguientes fueron una locura de sexo. Por las mañanas, antes de que Sofi despertara, me la cogía en la cocina, en la sala, hasta en el baño. Mi madre se había vuelto insaciable. Cada vez que me veía solo, se agachaba “a recoger algo” y me enseñaba el culo o se tocaba la concha por encima de la ropa solo para ponerme duro.

relatos

Pero había una cosa que no se me quitaba de la cabeza: la advertencia.

—No te acerques a tu hermana, Dany. Te lo advierto —me repetía cada vez que me cachaba mirando el culo de Sofi más de la cuenta.

Y era difícil no mirar. Sofi con su nuevo trabajo de edecán estaba más buena que nunca. Llegaba a la casa con faldas cortas, leggins que le marcaban el culo joven y firme, tops que le apretaban las tetas más grandes que las de mi mamá. Tenía 19 años y el culo se le estaba poniendo tan rico como el de mi madre, solo que más durito y respingón.

relatos de incesto

Una tarde llegué de la facultad y las encontré a las dos en la sala probándose ropa del trabajo de Sofi. Mi mamá estaba sentada en el sillón y Sofi parada frente a ella con unos shorts de mezclilla tan cortos que se le veía la mitad de las nalgas.

— ¿Qué tal, ma? ¿Se me ve bien el culo? —preguntó Sofi girando.
—Se te ve… provocador —contestó Ana, pero me miró a mí con cara de “ni se te ocurra”.

madura

Yo solo tragué saliva. Tenía la verga medio dura solo de verlas.
Esa noche, después de que Sofi se durmió, Ana vino a mi cuarto más cachonda que nunca. Cerró la puerta con llave y se me tiró encima.

— ¿Te gustó ver el culito de tu hermana hoy, eh? —me dijo mientras me bajaba el bóxer y me agarraba la verga dura.
—Ma… no es eso…
—Mentiroso —me interrumpió y se la metió a la boca hasta el fondo de un golpe. Me hizo una mamada brutal, con arcadas y todo, mirándome a los ojos como diciendo “esta verga es mía”.

madre

Después se subió encima y empezó a darme sentones salvajes, rebotando ese culazo enorme.

—Dime que prefieres estas nalgotas… dime que este culo de mamá es mejor… —gemía mientras me montaba como loca.

— ¡Sí ma! ¡Tu culo es el mejor! ¡Nadie tiene nalgotas como tú!

La agarré de las nalgas con fuerza y empecé a levantarla y bajarla con violencia. FAP FAP FAP FAP. El sudor nos corría a los dos. Cuando estaba a punto de correrme la saqué, la puse en cuatro y le metí dos dedos en el culo mientras le cogía la concha.

— ¡Ayyy cabrón! ¡Ahí no… todavía no! —gimió, pero empujaba el culo hacia atrás.
—Algún día te voy a reventar este culo, mamita… te lo voy a llenar de verga —le susurré al oído.

Ella solo tembló y se corrió con fuerza, apretándome los dedos.
Pero la advertencia de mi mamá no era lo único que me tenía caliente. Sofi cada día llegaba más tarde, más arreglada y con más ganas de presumir su cuerpo. Y yo… bueno, soy hombre. Empezaba a preguntarme hasta dónde llegaría todo esto.
________________________________________
Estábamos tirados en la cama, sudados y jadeando. Yo todavía tenía la verga semi-dura dentro de ella, escurriendo los restos de mi corrida mezclada con sus jugos. Ana respiraba agitada, con la cara enterrada en la almohada y ese culazo enorme todavía empinado, temblando ligeramente.
Le acaricié las nalgas con ambas manos, amasándolas, separándolas. Mi dedo pulgar rozó su agujerito fruncido, todavía virgen. Se contrajo al instante.

madre e hijo

—Ma… —le dije con la voz ronca, todavía enterrado en su concha—. Quiero cogerte el culo.
Ana se tensó. Giró la cara para mirarme por encima del hombro, con los ojos muy abiertos.
—Dany… no.
—Vamos, mamita… te va a gustar. Te lo voy a meter despacito al principio —insistí, moviendo la cadera y restregándole la verga todavía dentro de su panocha.

Ella negó con la cabeza, aunque su culo se movió ligeramente hacia atrás, traicionándola.

—No, mi amor… de verdad no. Nunca lo he hecho. Ni con tu padre. Me da miedo que me duela… y tienes una verga bien gruesa, papito. No quiero que me lastimes ahí.
Intenté convencerla, le di besos en la espalda y le metí dos dedos en la concha mientras le acariciaba el ano.
—Te juro que te voy a preparar bien… vas a disfrutar…
—Dany, no insistas —dijo más firme, aunque con voz temblorosa—. Todavía no. Cuando esté más relajada… y cuando yo te diga. Por ahora solo quiero que me sigas cogiendo esta concha y este culo por fuera. ¿Sí?

Suspiré, pero acepté. Saqué la verga de su concha y se la restregué entre las nalgas, masturbándome con ellas hasta correrme por segunda vez sobre su espalda baja. Ana gimió bajito, disfrutando el calor de mi leche.

—Eres un cabrón ansioso… —murmuró sonriendo.
________________________________________
Al día siguiente Ana llegó tarde. Me mandó un mensaje diciendo que se iba a quedar un rato más con mi papá para “platicar de papeles y de Sofi”. La casa se quedó solo para mí y mi hermana.
Eran como las 9:30 de la noche. Yo estaba en la sala viendo televisión cuando Sofi bajó. Traía puesto un short de algodón gris muy corto que apenas le cubría la mitad de las nalgas y una playerita blanca sin bra, se le marcaban los pezones perfectamente. El pelo suelto y cara de recién bañada.

— ¿Y mi mamá? —preguntó sentándose a mi lado en el sofá, más cerca de lo normal.
—Va a llegar tarde. Se quedó con mi papá.
—Ah… —dijo ella, y se quedó callada un rato. Luego cruzó las piernas, pero de forma que su muslo quedaba pegado al mío.

Dale duro a Mamá VIII

Empezamos a platicar de tonterías, pero Sofi estaba rara. Me miraba mucho, sonreía de lado y movía el pie descalzo rozándome la pierna.

—Oye Dani… —dijo de repente, bajando un poco la voz—. ¿Tú crees que soy bien culona?

Casi se me cae el control. La miré. Ella estaba mordiéndose el labio inferior.

— ¿Qué pedo, Sofi?
—Digo… comparada con mi mamá —continuó, girándose un poco y sacando el culo hacia mí en el sofá—. Sé que a ti te gustan bien grandes y paradas… como las de ella.

Se me secó la boca. Sentí cómo se me empezaba a poner dura.

relatos

—Sofi, ¿qué estás diciendo?

Ella soltó una risita nerviosa pero provocadora.

—Te he escuchado, ¿sabes? —confesó mirándome directo a los ojos—. Las noches que mi mamá “baja por agua” o que se queda “platicando” contigo hasta tarde… los gemidos, los golpes de la cama, las nalgadas… No soy pendeja, hermanito.
Me quedé helado. Ella siguió:
—Al principio pensé que estaba loca… pero una noche bajé y los vi por la rendija de la puerta. Mi mamá montándote como loca, moviendo ese culo enorme encima de ti… y tú agarrándola como si fuera tuya.

relatos de incesto

Se acercó más, casi pegando su cara a la mía. Su respiración estaba agitada.

— ¿Te gusta cogértela duro, verdad? Como a ella le gusta… “Dale duro a mamá”, te dice. La he oído.
Mi verga ya estaba completamente dura dentro del short. Sofi bajó la mirada y la vio.
—Vaya… sí que te pone cachondo que lo sepa —susurró, y se mordió el labio—. ¿Qué? ¿Ahora también quieres probar estas nalgas? —dijo dándose una nalgada suave en su propio culo—. Son más jóvenes y duritas que las de mamá… aunque las de ella están bien ricas, ¿no?

El ambiente estaba cargadísimo. Yo no sabía si besarla, callarla o sacarla de la casa. Sofi estaba jugando con fuego y lo sabía.

—Sofi… esto está mal —logré decir, aunque la voz me salió ronca.
— ¿Más mal que cogerte a tu propia madre? —respondió ella sonriendo con picardía y acercando su mano peligrosamente a mi pierna—. Tranquilo, hermanito… solo quería que supieras que sé tu secreto. Y que… tal vez no me molesta tanto como debería.

Se levantó del sofá contoneando exageradamente el culo y antes de subir las escaleras me miró por encima del hombro:

—Cuando llegue mamá… dile que estoy dormida. O no le digas nada… tú decides.

Y subió, moviendo esas nalgas jóvenes y firmes con cada escalón.
Me quedé solo en la sala, con la verga palpitando y la cabeza hecha un caos.

0 comentarios - Dale duro a Mamá VIII